viernes, 19 de febrero de 2016

"Círculo de Fuego"



   Dos mundos paralelos disputan nuestra presencia: el virtual y el real es decir,  una trastienda que nos fascina con su inquietante penumbra y un escaparate a toda luz solar del que no podemos quitar la vista si tenemos en mente continuar siendo almas vivientes en el planeta donde puedo escribir esta página. Desde que el ser humano es presencia, y ausencia, la mayoría de nosotros somos peligrosos habitantes de ambos mundos sin renunciar a ser visitantes de muchos otros. Siempre seremos bienvenidos en el  planeta de la ciencia  o en el de los sueños, cuando no en el universo del arte o en la galaxia de las ideas. Además, siempre se nos aguarda en el territorio de la política, y en el de las finanzas, sin olvidar que no faltan invitaciones  para hacer simples actos de presencia en la dimensión de la oscuridad donde el delito es rey. En resumidas cuentas, bajo un mismo rostro y con nuestra habitual sonrisa, somos mutantes sin noticias de serlo. Tan es así que, muchas veces, escuchamos hablar acerca de nosotros como si se tratara de alguien que desconocemos por lo mucho que nos cuesta reconocernos en la mirada del otro que vaya uno a saber desde qué dimensión puede vernos.
    En el transcurso del tiempo nos hemos convertido en portadores de características muy propias de todos los ámbitos que la humanidad ha frecuentado hasta que hoy estamos de estreno: ¡somos cibernautas! No podemos cometer la imprudencia de negarnos a ser personajes del espacio cibernético si bien con una particularidad in quie tan te: no sabemos de qué se trata es decir, ignoramos dónde estamos parados. Metemos mano, hacemos enter, enviamos, recibimos, aceptamos... sin la más mínima idea acerca de qué es el "espacio virtual". Es demasiado fácil hacer clic y compartir NADA porque NADA es lo que somos en ausencia. Es la presencia lo que nos completa y nos proporciona entidad porque aún siendo cambiantes, los humanos somos concretos: somos carne y hueso. El gran aporte del mundo ciber  es permitirnos el lujo de descubrir lo irreales que podemos llegar a ser cuando nos alejamos demasiado de la gente y de las cosas. No importa cuál sea para cada uno la realidad pero siendo elaborada, en nuestra comprensión, tal realidad es la dimensión en la cual nos movemos con mayor comodidad. Seguramente en nuestro propio clima nos desplomaremos y levantaremos mil veces para alcanzar cinco minutos de placer o una migaja de conocimiento pero, como humanos -como hijos del cielo y de la tierra- ¡estaremos en marcha! por mucho que nos detengamos en "las redes". Sí. Claro. Por supuesto que seguiremos conectados pero,  no nos conviene desconectarnos de nosotros. Nuestra mente espera que hagamos un clic en alguno de sus enlaces. Nuestro corazón necesita un toque cada vez con más frecuencia. Nuestra energía solicita ser aceptada en un  círculo de luz, o de fuego, que guarde a todos los moradores de la tierra porque este bellísimo planeta todavía nos acepta y vivir con el corazón contento sigue siendo posible.

viernes, 12 de febrero de 2016

"Música de Alas"


   ¿Cómo se llamará y de dónde vendrá esa alocada mariposa que un buen día nos despierta con música de alas en el corazón por habernos elegido (¡al vuelo!) como continente de su brevísima vida? Cualquiera lo sabe. Esa mariposa es el amor y llega de ninguna parte  por haber nacido con nosotros y vivir, y mil veces morir, a la espera de un rayo de sol que le permita regalarnos su primer aleteo. Criatura tan leve, embrujadora, ella es nuestra mejor creación porque le damos vida con nuestras más antiguas memorias en colaboración con las ilusiones más sofisticadas que seamos capaces de concebir. Como es nuestro, porque es nuestra obra, el amor es tan confiable y perdura tanto como nuestra vida. Si pasa, si se olvida, fue cualquier cosa menos amor así que cuando nos olvidamos de un "amor"... tranquilos que en cualquier momento podrá estar a punto nuestro mejor invento para  sorprendernos ¡locamente enamorados!.
  
A mí, como a cualquier chica, me hicieron creer que una mujer al conseguir el amor de un hombre ya tenía quien la defendiera. El hacer cursos de karate, de  magia o de negocios, no me iba a servir para nada sin un gran señor al lado que fuera algo así como un dios, exclusivamente mío, claro que no  uno con tus defectos de identidad. ¿Defectos?. No los quise descubrir porque debió estar escrito que tenía que volverme a suceder lo que a mis no tan lejanos antepasados frente a ciertos conquistadores a los que te pareces mucho más de lo que imaginas.
   India, al fin, yo creí que volvías del otro lado del mar para cumplir con la promesa de mis sueños y con una que otra profecía y, nada más que por creer, he vivido un sueño incomparable al salir otra vez a recibirte aunque para mí no tuvieras el nombre que te daban otros. Es que me resultaba familiar el que tenías antes de ser legendario y era de esperar, además, que el hombre terminara desplazando al mito si bien -¡pobre de mí!- la leyenda fue más fuerte que yo y te confundí nomás con ese dios que me enseñaron a esperar desde la infancia: restaurador de todas las ilusiones que en mi vida ya no eran más que retazos; gran médico de almas vagabundas entre las cuales la más dolorida era la mía; gigante entre los astros más grandes y, a pesar de todo, apenas perceptible en el centro de mi cabeza muy bien acomodado como un bebé siempre a punto  de nacer. Lo extraordinario fue que no naciste de inmediato por quedarte ahí, a la más prudencial de las distancias, marcándome no sé cuántas lunas en lugar de las nueve habituales como si tres años terrestres no fueran más que tres segundos galopantes de aquellos que no vemos pasar. 
   Como bien sabes, quien espera desespera pero mi vigilia fue fascinante porque siempre fuiste algo de mí y mi espera  también fue la tuya. Estoy enterada de que me llamaste de miles de millones de maneras y que, al no poder escuchar mi respuesta, dicidiste salir por el mundo a buscarme aunque sólo hayas logrado que mi voz se confundiera con muchas otras y que, durante años, mi mirada codiciosa se confundiera con la tuya de tanto ser hermanas. Lo que no sabes es que hemos crecido muy juntos hasta que, al llegar a hombre, mi cabeza empezó a limitarte demasiado y decidiste abandonarla para ingresar a mi vida sin demasiada premura pero con ganas de vivir tu mejor sueño: ser tú en mí, conmigo, para mí y colorín colorado... los planes concretados.

viernes, 5 de febrero de 2016

"Gina"

   En argentina ser considerado "piola" implica no tener un pelo de zonzo así que es frecuente escuchar la expresión "no te hagas el piola"  cuando alguien se quiere pasar de vivo y, aunque parezca un chiste, Piola era el apellido de Gina que a sus noventa y dos años me escuchaba preguntarle muy seguido:
   -¿Quién es la más piola del país del Ceibo?
   -Yo quién más- Me respondía su alma vanidosa.
   -¿Y quién  sería la más alocada?
   -Quién va a ser: una fulana que tengo delante de mis ojos.
    Si algo la caracterizaba era tener a flor de labio la palabra justa en el momento preciso. Eduardo, su buen hijo,  festejaba esta condición y le encantaba tentar a la lengua de su madre para "hacerla engranar".Yo, además, le reconocía muchas otras cualidades pero en secreto porque de los mayores sólo está bien visto decir que casi no les llega agua al tanque, en alusión a una supuesta escasa irrigación sanguínea  causante de real -o imaginaria- falta de lucidez claro que, hablando con franqueza, expresiones como ésta no son más que excusas para ni siquiera llamarlos por teléfono y, cuando no queda más remedio que acercárseles, las visitas duran cinco minutos alegando que "no pueden verlos tan desmejorados" es decir, sin preparar la pasta o sin atender la parrilla los fines de semana.
   Era aquél un domingo de la madre. No faltaba nadie -ni siquiera yo-  alrededor de aquella mesa bien provista donde cada cual esperaba turno para decir su discurso en favor del gobierno o en contra del Vaticano. Así las cosas, Gina y yo nos dejábamos agasajar mientras disfrutábamos de la buena mesa como convidadas de piedra si bien yo me hacía notar, de vez en cuando,  con mis demandas de más bebida para volver a desaparecer inmediatamente.  
 Todos los temas de aquella reunión le interesaban muchísimo a Gina pero, como ni siquier le preguntaban qué quería que le sirvieran Ella, simplemente, lidiaba con los cubiertos como una reina, se cuidaba de no hacer rodar la servilleta y casi en privado brindaba conmigo:
   -"Por nosotras" me decía casi sin decirlo. Yo asentía con la cabeza y aprovechaba para empinar el codo.

   -¿Qué te dijo? Quería saber alguien
   -No le entendí- mentía yo descaradamente.
   Después  de los dulces Gina y yo nos retiramos. Ya en su casa no tuvo ningún apuro por la siesta. Me invitó al living acompañada de muchas inquietudes.
   -¿Cuándo dijeron que bautizan a María Luz? No entendí por qué razón  todavía no sabemos en qué iglesia será la ceremonia estando a tres cuadras la parroquia más próxima.
   -Al final: ¿cuándo se mudará Verónica al nuevo departamento?
   -Escuché mal o  Rosalía ya encontró empleo. Espero que dure esta vez.
   -Cómo quisiera ver el ajuar de mi bisnieta...
  -Todavía no lo trajeron. Había que hacerle unos retoques -otra vez tuve que mentir  para no lastimar- y durante largo rato nuestro tema fue lo rico que había estado el tiramisú y lo bien que se había portado el día con las madres argentinas pero, a todo esto, ¿por qué Gina era invisible en el seno de su familia? por una razón muy simple: al adulto mayor  le damos la baja mucho antes de su ausencia definitiva. Como no tiene celular: no existe. Como no usa internet: está fuera de circulación. Ni siquiera puede escuchar bien de modo que... ¿qué puede entender? Sucede que después de haber dado  pelea, durante casi un siglo, la gente añosa está harta de contiendas y si se calla es por sabia; no por tonta. Los inmbéciles son precisamente quienes desaprovechan tanta vida a disposición para aprender gratis, sin esfuerzo, todo lo que a esas personas les enseñaron las pruebas, los trabajos y los días. Como "conozco la triste pena de las ausencias y del mal pago", como decía en "La Pobrecita" el inolvidable Atahualpa Yupanqui, hoy voy a pedir a todo color:
                                   ¡Un Aplauso Para Gina!

viernes, 29 de enero de 2016

"Tarea Pendiente"

   Vieja enfermedad. Ataca sin discriminar sexo, raza, edad o condición social. Sus primeras manifestaciones se  pueden observar en el rostro: ceño fruncido y mirada brutal. Muy pronto aparecen trastornos en la personalidad ya que el paciente se muestra agresivo y hace alarde de "tener pocas pulgas" de modo que en poco tiempo todo lo irrita como si fuese una llaga viviente y, sin advertirlo, se ha vuelto búho es decir, su nueva condición de noctámbulo lo pasea por toda la casa como un fantasma hasta el amanecer. Su hígado comienza a mostrar mal funcionamiento. Los alimentos parecen de plomo o salpimentados con cal viva y, por tal motivo, la comida ha dejado de brindarle placer si es que alguna vez lo hizo. Sus visitas al médico son cada vez más frecuentes porque hasta siente fuertes palpitaciones en el pecho, de sólo estar, y las piernas pesan demasiado por causa de una retención fenomenal de líquidos...
   ¿Quién será esta pobre alma? Sus amistades son escasas y, en muchos casos, tormentosas. Tiene un empleo donde le pagan bien por dar unos cuantos gritos  diarios ."Me pagan para ser hijo de perra"- suele aclarar a quien quiera escucharlo y, a decir verdad, le encanta que le teman porque en su limitada comprensión "temor" significa "respeto". Esta persona -aparentemente como cualquier otra- vive tomando medicamentos si bien alguna de sus enfermedades, como su psoriasis,  sólo tienen tratamiento porque son más emocionales que físicas. Pero no se crea que todo esto es problemático para el perfil que nos ocupa ¡qué esperanza! Su cabeza  "trabaja a mil" porque de sus gestiones dependen muchas personas que, en sus pensamientos, son menos que nada desde que se llaman "enemigos" ¡Ah... son un montón!, están en todas partes, a su criterio no merecen ni justicia y se siente capacitado y con derecho para destruirlos uno a uno sin piedad porque su querida enfermedad es el odio.
   Del amor se habla todo el tiempo pero del odio no decimos gran cosa como si reconocerlo fuese legitimar una parte nuestra que quisiéramos tener a buen recaudo. Como simulamos ser buenos todo el tiempo, no vaya a ser que arruinemos nuestra imagen pública con sólo nombrar el virus del odio que cada día ataca a más personas en todas partes. Con cualquier excusa pero el hecho es que nos tiende sus tentáculos todo el tiempo y si nos alcanza, no hay escapatoria.  Moriremos enroscados.
   El odio comienza por tomar nuestro vocabulario y caemos en el insulto, la ofensa gratuita, la violencia verbal. Muy pronto el virus nos quita visión y nuestra mirada ya es parcial es decir, injusta. De esto a nublar nuestra razón hay un pequeño paso y ya estamos en su poder. Pobre de nosotros si algún día nos enrolamos en sus legiones porque lo primero que destruiremos será nuestra propia vida que incluye a quienes más amamos y a todo aquello que más nos interesa.
    Esta enfermedad emocional,  tan antigua como la mismísima humanidad, hoy es plaga social extendida en todos los rincones de la tierra.  Se transmite de padres a hijos, de generación en generación además de ser producida por la injusticia, el dolor, la miseria y la desesperación pero, la situación de millones de víctimas actuales nos exige que pisemos la cabeza al reptil venenoso que es el odio. No será fácil hacerlo porque es invisible y, cuando no tiene más remedio que dejarse ver, se presenta como una linda mariposa con aleteos de justicia y libertad claro que tenemos un recurso infalible: miremos con atención  la cara de sus mensajeros.Eso ayudará a percibir que así cómo el miedo y el coraje pueden trabajar en equipo, de tan parecidos que son, así el amor y el odio pueden presentarse con nombre y apariencia cambiados para inocularnos el virus fatal de este último que, como antídoto,reclama fabricación de armas y multiplicación de las miserias humanas.

viernes, 22 de enero de 2016

"La Trama"

    No pocos hacen lo imposible para asistir a los cursos y seminarios más sofisticados con la esperanza de aprender nuevas técnicas de crecimiento personal para ser lo que se dice una persona evolucionada y, por lo tanto, de lo más exitosa y feliz entre tantos desventurados que hay en este mundo. Es bellísima gente con las mejores intenciones no sólo en lo personal; también en lo social porque, además de saberse merecedores de una buena vida, se sienten con energía de sobra para asistir a quienes pudieran necesitarlos. Muchas de estas personas son amigos con quienes comparto ideas, ideales y sentimientos que, más temprano que tarde, van quedando fuera de foco a medida que aparecen los nuevos instructores de los "cursos imperdibles".
              Pero cada día aparecen problemas de más difícil resolución como si las crisis económicas, y familiares, se ensañaran con esas  pobres almas hermanas de la mía. A todo esto, las interminables conversaciones están de más y rosarios de sugerencias caen en saco roto por falta de estabilidad emocional para pisar tierrra firme.
    -¿A vos qué te parece? es la pregunta habitual.
   -¿Para qué preguntar si la mirada ajena no tiene importancia? sería la respuesta perfecta porque, sin que puedan advertirlo, están en punto muerto. Están a la deriva.
   Quien más, quien menos, ha concurrido a clases de grandes guías de los más tentadores caminos pero no siempre lo hacemos para aprender. Con demasiada frecuencia asistimos por curiosidad, por simple inquietud, para distraernos o, sencillamente, para matar al ocio... de manera que las más sabias enseñanzas de un instructor pueden sonar muy lejanas y ser apenas perceptibles y así ninguna lección puede ser exitosa. 
   -Yo sé de qué me hablas. Conozco el tema pero, no sé cómo manejarlo. ¿Qué hago?
   Ni se te ocurra preguntármelo, porque la respuesta es tuya desde que cuando a uno le enseñan, lo que sea, uno debe prestar atención y, si es de nuestro interés, ponerlo en práctica para después no andar averiguando dónde estamos parados o quién se anima a llevarnos de su mano.
   Es bueno que asistas a los cursos que se te antoje pero no faltes a las clases de la vida.
   Presta atención a las constelaciones familiares pero no olvides que en el centro de ellas está nada menos que tu bella persona.
   Abre tu cabeza a las propuestas de vida, teorías, técnicas y enseñanzas habidas -y por haber- pero no cierres tus ojos frente a las cosas ni le niegues tu pecho a las balas porque el experimento y la práctica afianzan en nosotros la leyes de la vida.
   Escucha a todos los mensajeros pero no olvides seleccionar los mensajes porque no hay maestro más grande que ese ser fascinante y poderoso que lleva causalmente tu nombre, porta tu cara y (¡adivina!) tiene TU VOZ que es la única que te conviene escuchar para ser autor/a de la trama de tu destino.
                                            

viernes, 15 de enero de 2016

"Amor y Amar"

     Aún el más pequeño de los sueños es demasiado grande incluso para cada uno de sus fabricantes que, una vez concretado, ni ellos mismos son capaces de conservarlo en su poder a menos que se propongan reducirlo a su mínima expresión. Elige cualquier lugar, a cualquier hora y ya tendrás a alguien que, frente al sueño consumado, advierte que sus manos no son lo suficientemente grandes como para guardar tanta importancia personal y que, después de tanto remar, hay que compactar el resultado cuanto antes para que no  se transforme en poca cosa o en una desventaja. Es que la realidad no es el campo propio de las ilusiones porque ellas pertenecen a territorio azul y no pueden sobrevivir ni al cuidado más atento de sus propios gestores que suelen preguntarse desolados:
    -Y...¿ésto era lo que yo tanto soñaba?
    A mí también me pasó. Tu amor, que era lo único que me había atrevido a soñar, no me permitía enfrentarme a esa pregunta demoledora si bien, en secreto, ya tenía contestación hasta que me animé a responderla a toda voz y, para mi tristeza, el hombre que eras estaba muy lejos de ser el de mis sueños. Yo sólo contaba con una buena imitación que aparecía muy seguido casi siempre para otros pero, cuando estabas para mí... ¡Ah! el hombre de mi cabeza te poseía para convertirme en la mujer que yo creía ser y a la que me parecía bastante cada vez que me encontraba sin salida entre tus brazos porque ¿por qué no ser la seductora triunfante cuando ya no era posible evitarlo? Más tarde, cuando el arco iris corría a guardarse en tu pelo -hasta la próxima- mi hombre ya no estaba y en su lugar había alguien muy dispuesto a reemplazarlo al estar también ausente esa mala especie de mujer con lo que no siempre podías contar. Ella debía estar siempre a la sombra tal como lo venía haciendo la mayor parte de mi vida ya que, antes de conocerte, yo viví entreverada con los buenos sin la menor intención de parecérmeles.
   Sin embargo de ellos recibí varias lecciones, como la de ser generosa con mis vencidos, no mucho después de que hicieran conmigo la imagen más parecida a la de aquella figura que nuestra sociedad ya casi no tiene en existencia: me refiero a La Señora. Presuponiendo que no quedaban muchas, ellos no hallaron nada mejor que tentarme con ese rol y yo no sólo lo acepté de mil amores: lo interpreté a la perfección porque a los quince años ya nadie me tenía por otra cosa. Cierto día intenté protestar diciéndole a mi peinadora:
   -Usted sabe que no soy casada ¿por qué "señora"?
   -Porque es demasiado formal para ser tan joven.
  Sencilla respuesta para asunto tan complejo.Yo había aprendido a adoptar posturas al margen de mi control consciente.
   Más tarde, cuando intenté enfrentarme con aquello que se tenía por mi persona, ocurrió algo inesperado. Al colocarme como espectadora de mi misma terminé enamorada de cierta bella dama que vi respirando en mi pellejo y ya no hubo nada que hacer. Habían logrado hacer conmigo una chica tan formal que una simple modificación de su peinado la convertían en un pobre bosquejo de aquélla, su propia imitación.
   Un buen día me sentí obligada a ser casi como yo para que lo nuestro tuviera color pero sabes bien que jamás tendré valor para desalojar de mi casa a la señora que me habita. A lo sumo puedo pedirle algunas veces que se retire no sin antes recordarle su obligación de volver lo más pronto posible pues he descubierto que ya no puedo vivir sin ella y que, ni se te ocurra negarlo, es la primera vez que  hay una señora en tu vida y ¡te encanta!.
    

  
   

viernes, 8 de enero de 2016

"Año de Reyes"

   Mi madre solía decir que le debía a cada santo una vela con la santa intención de enseñarnos la gratitud. La pobre no tuvo mucho éxito que digamos pero lo cierto es que agradecer es muchísimo más que una buena costumbre: es una puerta que da al bienestar de quien ofrece su ayuda, por el simple placer de hacerlo, y  de aquel que la recibe si sabe disfrutar el privilegio de merecer una gauchada o una simple muestra de afecto.
   Un conocido refrán, y conste que a los refranes no los promulgan los tontos, es inquietante cuando dice:
   -No sé qué favor le hice a fulano para que me odie tanto"
   Esta manera coloquial de acusar al desagradecido tiene asidero en el hecho de que no siempre el favor es bien recibido. El favor descoloca cuando hay una eficiente gestión del orgullo y no por otra causa escuchamos  mil veces decir:
   -No me asiste porque es bueno; lo hace porque le conviene.
   -No me da una mano por ayudarme; me tira lo que le sobra,
   -No es espléndida conmigo porque me quiera; lo es para hacerme notar que está mejor que yo.
   -Me tiró unos pesos...
   Si esta sarta de imbecilidades intenta justificar la ingratitud hacia nuestros semejantes ¿qué gratitud podría esperar la vida de nosotros? Suponemos que lo merecemos todo y desde luego suponemos bien  pero sucede, además, que somos desmemoriados porque cuando no podemos concretar nuestras metas, o nuestros sueños, pocas veces nos preguntamos  por qué. Sin más ni más nos sentimos desgraciados por no tener la suerte que supuestamente tienen otros y en el acto ya estamos instalados en la queja o en la conspiración, cuando no en el resentimiento, porque no nos gusta ni medio la ley de "Acción y Reacción". Tampoco nos detenemos a pensar en la sabiduría de la vida  con respecto a nosotros (niños aprendices) que presumimos, tantas veces, de ser maestros en lo nuestro pero, ¿qué es lo nuestro? NADA porque NADA hay para nosotros si ella no lo permite.
   Tengo por cierto que la mano para dar está siempre abierta sólo que la nuestra está casi todo el tiempo cerrada para recibir. También aprendí que para seguir recibiendo atenciones de la vida hace falta  aprender a dar gracias no sólo con palabras: con actitudes. Es un hecho que todos venimos a este mundo con un "debe" más un "haber" y que somos mayoría los nacidos con más deudas que con cheques al portador pero, todo es puro aprendizaje. Es urgente aprender a recibir con la misma naturalidad con la que miramos pasar los coches por la calle y, dentro de lo posible, "con buen ánimo y espíritu deportivo" como sugiere el periodista, músico, escritor y bella persona, el doctor Nelson Castro.
   Agradecer es una gran llave para acceder a la abundancia porque ella es afín a la calidad humana así que a no olvidar dar gracias por el desayuno de cada día después de haber agradecido, la noche anterior, la cama donde pudimos descansar. También recuerda que dones, bienes, mimos y favores son monedas corrientes que no cotizan en el mundo de los ingratos que, más temprano que tarde, terminan siendo verdaderos indigentes que darían toda su fortuna para conseguir una migaja de salud, afecto, serenidad o  alegría.
   Pensar que sólo quería contar que yo espero a los Reyes Magos todo el año porque todos los días pasan por mi puerta para entregarme lo que necesito, lo que sueño y algo más. Como no olvido agradecerles, mis zapatitos nunca se ven vacíos y, entre nosotros, a veces amanecen rebozantes de preciosos + que me hacen llegar unos Reyes Magos geniales del mundo virtual donde trato de hacer "Buena Letra".
 ¡GRACIAS! 
                                   

viernes, 1 de enero de 2016

"Invitación al Infinito"

   Por estos días es incómodo transitar por una calle o centro comercial. El empujón descomedido va entre discusiones al paso acerca de qué regalarle -o no- a fulana o a mengano. El personal de las tiendas ni se molesta en simular una sonrisa porque clientes hay de sobra. Y las ventas crecen. Y las tarjetas de crédito bailan al compás de la danza del fuego que aviva la fiebre consumista. Y, si bien la carne argentina está por las nubes, entre los argentinos el asado figura a la cabeza de la lista de compras para la cena de fin de año. Al día siguiente, cuando pregunte a mis vecinos cómo lo pasaron, más de uno  me responderá con franqueza: 
   -"Comiendo". 
   -Alguien me dirá: 
   "Para mí fue un día como cualquier otro" 
   Mientras tanto, millones de personas en el mundo ni quieren saber en qué maldito día viven porque como refugiados llevan una existencia infrahumana o porque el agua arrasó con todo lo que tenían o un aciago tornado no respetó ni a sus seres queridos. Los atropellos muy merecidos del cambio climático sin embargo, no podrán evitar los festejos de fin de año porque aquellos que gracias al cielo podemos celebrar debemos hacerlo para agradecer mil veces -a quien corresponda- por todo lo que nos ofrece la vida. Tenemos el deber de disfrutar de nuestras lindas vacaciones, la obligación de fijarnos nuevas metas, la oportunidad de reconciliarnos con gente valiosa  y hasta de seguir diciendo nuestras habituales tonterías porque la vida va... y nosotros con ella casi sin sentirla latir en el corazón porque apenas descubrimos nuestras canas y esa circunsferencia abdominal mal disimulada debajo de "ropa informal".
   Admito que valoro los rituales de toda celebración. Me gustan los brindis y si pinta un torrontés salteño mucho mejor. Me encanta compartir un buen asado, acomodarme con el asador cuando en los fuegos no estoy yo, y me alegra que me visiten los míos para compartir mi pan casero y mi helado de canela junto a mis lindas peras al vino blanco al que le sumo una sospecha de cúrcuma para que se vean tan doradas como el sol. Aunque las cámaras me detestan, me fascinan las fotos en familia que después me acompañarán desde el portaretrato digital que me regalaron Gabriela y su Martín y ya que estamos, muchas gracias Anita y  Coco por la  vaquita  de San Antonio gigante porque valoro los obsequios de estas fechas... pero no olvido que el tiempo no es el calendario. Tengo bien presente que el nuevo año está solamente en mi cabeza porque el tiempo es un camino que hacemos al compás de nuestro planeta también viajero del cosmos ¡lo mismo que nosotros! así que, como obsequio de fin de año, comparto esta propuesta de mi filosofía de vida:
... y que ni se le ocurra envejecer. Viva en el infinito así sabrá lo que es VIVIR LA VIDA en el 2016 y en el 10.000 ¡también!.

viernes, 18 de diciembre de 2015

"¿Tiempo Propio?"

El asiento del tiempo propio vacío.
    Reflotar la idea de que "recordar es vivir" nos lleva a pensar en los adultos mayores que tanto respeto tienen por lo vivido y, que si se dieron el lujo de hacerlo intensamente, en sus últimos años son expertos en transmutar el presente por el pasado al olvidarse de lo inmediato cuando la actualidad ha dejado de resultarles novedosa. Llega un momento en la vida en el cual hasta los sabores se vuelven prescindibles. Rituales siempre remozados, como los de comer en familia, dejan de ser tan placenteros como el de perderse en la lejanía donde  la infancia les sale de nuevo al encuentro con detalles bellísimos que parecían olvidados pero no: ahí está la imagen de los padres colocada otra vez en un lugar de privilegio de la morada interior como si antes de la partida fuera contundente el mandato ancestral de ordenar la biblioteca genética mientras tanto bien les hace recordar porque hacerlo es revivir. Recordar, codificarlo todo, es la tarea más importante en la vida de quien ha tratado de ser humano en este planeta claro que, para realizarla, se necesita ser pudiente porque hay que disponer de tiempo propio al que no todos sabemos acceder.
   Lo que con tanta ligereza llamamos "tiempo libre" es un regalo del cielo recibido, muchas veces, como una herencia maldita causante de tragedias innumerables ya que semejante obsequio asusta al  desprovisto de solvencia interior por tratarse el tiempo libre de una dimensiaón en la cual lo material no tiene lugar. Ni dinero, ni amigos, ni sexo, ni tecnología... apenas si la sombra de nuestra presencia física puede abordarla de modo que el ocio no es para carenciados cósmicos. Esos pobres son los que necesitan cumplir horarios para no sentirse fuera de sí mismos y, tan cosificados, hasta llegan a creer en la necesidad de "cargar las pilas" por sentirse "aparatos" de un entorno o "productos" de una época o de cualquier escaparate donde su persona es apenas una insinuación. Aquello de creerse "fuera de serie" es la formal aceptación de ser objetos o "algo así" y es así como la gente se va olvidando de sentirse vibrante -o viviente- y si alguna vez le toca experimentarlo se la encuentra desprevenida:
   -¿Seré yo este pájaro tanto tiempo ausente que hoy, para mí, es un vulgar desconocido?
   -¿O acaso esta alondra libertaria que había sabido beberse sin permiso mío nada menos que mis días? El carenciado de tiempo propio es eterno amante de los números y tanto, que es incansable en la tarea de contabilizarlo todo incluyendo sus horas. En el balance habitual las suma o las resta pero ni en sueños se le ocurriría nutrirse con ellas.
   Quién sabe en qué momento de nuestra involución los humanos hemos perdido el dato de que el tiempo es un obsequio o, si se prefiere, un merecimiento. Tal vez por ocuparnos solamente en actividades lucrativas se nos olvidó el dato de que  nuestros días son relucientes monedas de sol, o de vida, con las que podemos conseguir verdadera fortuna personal en lo referente a energía, salud y disfrute en el trabajo por concretar nuestros sueños y cultivar nuestros dones. Creyendo que el tiempo es una llamarada que lo consume todo, la más humillante de las rendiciones consiste en entregarle nuestra vida como combustible y, sin embargo, eso es lo que hacemos con frecuencia viviéndola a toda velocidad. Mientras que el apuro la consume -por su cuenta- no nos permitimos el derecho de disfrutarla.
  
Nuestra niña/o todavía es un ángel.
  Desde la más temprana edad se nos enseña a tener cosas pero no a tener tiempo. Seríamos capaces de arriesgar nuestra integridad física para defender "lo que tenemos" pero no hacemos lo mismo para defender lo verdaderamente propio que es nuestro capital estelar resumido en nuestros días. Si no los valoramos en ese afán de querer "hacer cosas", que muy poco tienen que ver con la vida personal, rescatemos a nuestro niño interno. Él sigue estando en excelentes relaciones con el infinito y, aunque no lo creas, lo único que quiere es ser "per sonare": para sonar, ¡para vibrar!  En resumidas cuentas eso es lo que significa ser "persona".

viernes, 11 de diciembre de 2015

"Elecciones"

Lo mejor de esta vida es gratis. Uno no puede conseguir en una tienda juventud, genialidad, belleza, talento, salud, amor o amistad... lástima que, muchas veces, por obra de nuestras elecciones lo que es natural -y regalado- termina siendo poco menos que una quimera pero a todo esto ¿qué son nuestras elecciones? las llamamos personales aunque la mayoría de las veces sean inconscientes o involuntarias por ser inducidas. No por nada hay familias de solteros, de divorciados, de triunfadores y fracasados en todas partes. Nuestra vanidad, sin embargo, nos lleva a suponer que hacemos lo que se nos antoja lo cual bien podría ser cierto sólo que, como también son gratuitas las diferentes programaciones que cargamos como la psíquica, la genética y la cultural, los decretos habidos y por haber que cumplimos queriendo, y sin querer, son tan innumerables  como culpables de que mil veces nos preguntemos por qué razón  hemos llegado a un lugar al que intencionalmente ni siquiera nos hubiésemos acercado y... ¿entonces qué pasó? ¿Somos autómatas, estúpidos o títeres? No. Nada de eso. Simplemente, muchas veces elegimos mal porque dejamos que lo hagan nuestras emociones cuando hay elecciones, decisiones, que deben ser monitoreadas por la razón.

   En cierta oportunidad, acompañé a una amiga a la seccional de policía para rescatar a su hijo adolescente que había cometido un pequeño ilícito. De regreso a casa, llorando, comenzó a preparar revuelto gramajo que al chico le encantaba y escuché este diálogo desopilante entre mi amiga y su esposo:
   -¿Es un delincuente y lo premias?
   -Si su madre lo abandona qué puede esperar de los demás.
   Razonamientos de este tenor son generadores de gran parte de nuestras decisiones de las cuales ninguna es más importante que otra porque cada una de ellas, por muy insignificante que sea, es generadora de la siguiente. Aún sabiendo que en toda batalla entre la emoción y el pensamiento la emoción gana -por lejos-  estamos siempre expuestos al error por el habito de darle la delantera a la inteligencia emocional y no a la racional. ¡Pero cómo! ¿No era que en el corazón está el genio porque es el órgano más íntimamente ligado al infinito? Si. Claro. Por supuesto... pero hay un campo de acción para él y otro para la razón. El arte y los afectos son territorios del corazón mientras que el comercio y la ciencia son zonas donde el cerebro es rey aunque falta agregar algo importante:  la condición humana es falible y ése es el margen de error que se puede encontrar tanto en el pecho como en la cabeza pero a no desesperar porque falta el recurso infalible: el guiño de  la intuición. Si lo aceptamos estamos a salvo y en caso contrario tampoco  hay de qué preocuparse  demasiado, ni por qué sentirse culpable, porque las llamadas elecciones personales son todas muy buenas desde que, entre todos los seres de esta dimensión, somos los únicos que tenemos el regalo más formidable que haya podido darnos la evolución:  el de poder revisar, corregir, cambiar, descartar, y hasta de volver a empezar. ¡Qué suerte! ¡Cambiemos!.

viernes, 4 de diciembre de 2015

"Amigas"

   Una norteña muy joven, sola, pobre, fea..., no tiene las puertas abiertas de par en par en una ciudad como Buenos Aires pero, siempre aparece la amiga providencial que hace las veces de hermana mayor y esto fue Mary para Rosalía, una Tucumana desconcertada con los códigos de una gran ciudad empecinada en desconocerla y, sobre todo, descolocarla. Como lo único real es el cambio, las aspiraciones de Rosalía se fueron concretando y su cariño por Mary se hizo incondicional. ¿Qué habrá sido lo que no compartieron aquellas dos guerreras inseparables? Si hasta coincidieron en la ocurrencia de estudiar periodismo para después abandonarlo porque ellas eran así de ocurrentes y cambiantes. Vivían riéndose del mundo que insistía en dejar sin piolín a sus ansias de volar alto y lejos pero no importaba: ellas eran antimisiles... hasta que aparecieron ellos.
   Con cuánta ilusión se casaron cuando creyeron haber encontrado EL AMOR. De pronto, sin haberlo buscado, sintieron que no sólo Buenos Aires... el universo entero les ofrecía todo lo que, no sé por qué, se espera de la vida a través de un hombre. Si bien ninguna de las dos olvidó que la independencia es económica, y continuaron generando sus propios ingresos, aún les faltaba aprender una gran lección: la libertad no está relacionada con el dinero porque está en la capacidad de vuelo de cada persona. Libertad personal significa mantener y conservar nuestras alas que son nuestros sentimientos, creencias, principios, patrones culturales, ideas, proyectos, vocación, sueños... En un principio el recorte de alas puede ser apenas perceptible pero pronto se hace notar si lo queremos ver. La mismísima noche de bodas, antes de llevarla a la cama en sus brazos, a Mary su amado la tomó bien fuerte entre sus brazos para decirle en tono militar:
   -Bueno mi amor: tu madre, la mía; tu familia, mi familia y todos los demás pero, a partir de este momento, sólo somos vos y yo.
   -¡Perfecto! Era justamente lo que esa novia pretendía esa noche ¡pero no toda la vida! Cuando Mary pudo advertir que estaba alejada de "su gente" por obra y gracia de su señor marido... ya fue tarde. Sólo de Rosalía el gran simulador no había logrado separarla  -hasta ese momento- debido a que su hermana del corazón iba siempre un paso adelante de él defendiendo la hermandad que las unía lo cual no pudo  impedir que la relación entre ellas les costara cada día más porque no faltaba el consabido:
   -Esa es idea de Rosalía.
   -Cosas de tu amiga ¿verdad?
   -Ya te metió en la cabeza.... 
   ¡Nada que ver! pero llegó el momento en el que las amigas se visitaban sin que el jefe de Mary no lo supiera porque "¡hacía escenas de celos!".
   Como la humanidad está diseñada con códigos absolutamente masculinos, las mujeres vivimos en las nubes y caemos en la trampa de la discordia con total facilidad. Una mañana Rosalía encontró en la calle, sin proponésrselo, al esposo de su amiga del alma con quien tomó un café muy al paso y nada más pero, al hombre se le encendió la luz mala y ¿qué creen? de regreso a casa dio el gran golpe con una actuacióbn magistral:
   -A que no sabes. Tu gran amiga me mira como hombre. Hoy me di cuenta de las ganas que me tiene...
   ¡Y Mary  le creyó! y su vida finalmente terminó de la peor manera pero falta lo más importante: si alguien te separa o te aísla de tu entorno, y tus afectos, ¡cuidado! Podrías estar en serio peligro de terminar en las crónicas policiales como mujer golpeada,  secuestrada o víctima del trabajo esclavo.  Ser casada no significa renunciar a los seres queridos ni a nada que te interese. Quien te lo exija, o siquiera te lo insinúe, no es un amor: es un manipulador del que debes alejarte lo antes posible. En este caso necesitarás convertirte en tu propia libertadora y, si no puedes, pide ayuda.

viernes, 27 de noviembre de 2015

"La Traductora"

   En un importante congreso de pensadores organizado en la ciudad de Buenos Aires, la conferencia más esperada fue la de cierto intelectual que no hablaba castellano pero para ese expositor, como para todos los extranjeros, había  un traductor disponible.
   En un suceso como éste no se descuida ni el menor de los detalles para que todo salga como se espera. B.B. estaba encargado de ubicar a los notables en un semicírculo de asientos  ubicados en el costado izquierdo de los oradores que subirían al escenario. Aquellos asistentes especiales portaban una cinta en sus solapas que los identificaba y cada asiento tenía un cartel con el nombre del eventual ocupante es decir, la misión de B.B. no era muy sofisticada que digamos.
   Sin embargo, a minutos de iniciarse el congreso B.B. descubrió haberse equivocado con los asistentes especiales al advertir entre ellos a una señora que no portaba el distintivo que la acreditara como tal. Más temprano que tarde no iba a tener más remedio que molestar a esa persona tan mal ubicada nada menos que por él pero, ¿y si ella se resistía o provocaba un escándalo?... el atribulado colaborador de aquel congreso de pensadores no sabía qué hacer. Por suerte, no apareció el destinatario de la butaca en cuestión y todo parecía transcurrir como se esperaba. Cada especialista dio lo mejor de sí y sólo faltaba la conferencia del gringo acerca de algo tan misterioso, por muy cotidiano que sea, como lo es "El Señor Tiempo". A esas horas los organizadores del encuentro  ya podían felicitarse por el nivel de servicio que habían brindado a público tan selecto y B.B. se sentía a salvo de cualquier bochorno.Quien debió preocuparse por algo así fue la traductora del último expositor al enterarse de que no podía con él porque el señor no hablaba inglés; hablaba americano y ella no entendía ni jota. Al verla en semejante aprieto, una congresista se acercó para tomar el lugar de la traductora  oficial y todo siguió sobre ruedas. Esa "salvadora" no fue otra que la mismísima mujer colocada por error, por intuición, o simplemente por orden del cielo, en el preciso lugar donde debía estar la señora en ese momento y para tal cometido. Cuando el discurso del norteamericano estaba por finalizar, a un perplejo B.B. se le ocurrió abrir su carpeta para revisar el esquema de trabajo de aquel día y advirtió que no faltaba ninguno de quienes estaban destinados a los asientos especiales que se colocaron en el estrado. En el listado de esas personas figuraban todos tildados como presentes. Había sucedido, sin más ni más, que ¡una silla estaba de más! ¿La traductora providencial se había ubicado por cuenta propia?. No sólo no portaba distintivo alguno en su solapa: ¡no había mujeres destinadas a ese espacio! y el tontín de B.B. sin  advertirlo porque, extraviado en algún recodo de su  tiempo personal, el muy zopenco había estado ausente el tiempo necesario para que la señora arrimara un asiento y se ubicara de lo más campante donde debía estar.
  
¡Ah; pero eso no iba a quedar así! El asistente burlado tenía que hablar con la usurpadora aunque no supiera qué diablos decirle una vez que la tuviera en frente. Tal vez era bueno comenzar por agradecerle su brillante, oportuna, asistencia al orador para, recién entonces, reclamarle por la pésima actitud de colocarse en un lugar que no le correspondía pero... faltaba un detalle a tener en cuenta: nadie en el universo podía hacer semejante cuestionamiento y mucho menos él que se distrajo sólo para dar un paseo por la cornisa peligrosa de una fracción de segundo olvidable. Sí; B.B. no había sido lo eficiente que se esperaba pero, así y todo, la traductora del salvataje no dejaba de ser una desubicada y el distraído crónico la hubiese puesto en su lugar de no haber ocurrido otra extraña situación: la muy pícara, al pasar cerca de B.B. cuando se retiraba del salón de conferencias, lo buscó con la mirada porque aún le quedaba por hacer algo tan importante como guiñarle un ojo con picardía y regalarle una sonrisa cómplice. Faltó que le dijera (tal vez lo hizo en secreto):
   -¿Qué tal bebé?
   -Es una reina -admitió mi amigo casi sin decírselo  y ahí nomás decidió olvidarse del asunto hasta que se le antojó permitirse una nueva escapada por el tiempo... y correr a contármelo.