sábado, 28 de marzo de 2015

"Adiós Mensajero Adiós"


     Grande o pequeño, sabiendo o sin saber, el ser humano es esencialmente un explorador. Entre quienes buscan sabiduría no son pocos los andariegos del mundo invisible al que se puede acceder por los caminos del corazón. Se llamen como se llamen son personas de gran porte espiritual -aunque no sean religiosas- y esta característica las anima a transmitir lo poco o mucho que puedan conocer acerca de esas leyes cósmicas que, no estando escritas en ninguna parte, son de cumplimiento obligatorio porque nada en el universo se puede hacer, o dejar de hacer, sin su consentimiento. Con frecuencia se las conoce como "leyes de la vida" y no son compatibles con legislación humana alguna porque estas leyes superiores -si bien nos involucran como almas vivientes-  parecieran estar promulgadas en consideración al conjunto de lo existente (dentro, fuera, cerca y lejos de nosotros).
    En la medida que se trata de patrones universales no es lógico pretender que sean de aplicación barrial si consideramos a nuestro planeta como un distrito insignificante entre tantos probables universos. Cada país, cada cultura,  y cada época, tienen las normas jurídicas y religiosas que fue configurando con mucho trabajo para concretar una convivencia más fácil entre los humanos que no nos caracterizamos por ser demasiado recomendables. Desde luego que en nuestro mundo ninguna legislación es inocente, como tampoco lo son sus destinatarios, de modo que toda ley es tan perfectible como aquellos que la promulgan (qué novedad) con el agregado de que es inútil reemplazarla por una disposición cósmica puesto que nosotros, los "juncos pensantes" de Pascal, estaríamos lejos de interpretarla y a años-luz de poder cumplirla.
   Hay una ley del cielo que debiera se tratada con mucha consideración: es la ley del karma. Enseñar que un niño fue asesinado por su madre porque el pobre le debía el haberla  asesinado en otra vida, por ejemplo, es declarar impunidad al crimen y el crimen debe ser sancionado para protegernos, como especie, de caer en nuestras propias garras porque hace falta imprimir en la mente colectiva la inconveniencia social de la ferocidad (o de tantas otras características humanas despreciables)
   La vapuleada ley de causa y efecto no sólo debe remitirse a vidas pasadas; además debería ser cuidadosamente considerada en la actualidad de cada ser humano porque en el presente también se saldan deudas incluso cada día lo cual es una regia oportunidad para ofrecer y recibir compensaciones. La del karma es una ley de oro convertida en nada cuando, sin ir más lejos, frente a un mendigo pensamos tranquilamente que ese ser está aprendiendo una lección sin aprender nosotros, de ese precioso instante, la ley del servicio, la comprensión y la misericordia. Las lecciones de vida son todas colectivas por muy individuales que parezcan: "mi" enfermedad tiene efecto en la empresa en la cual trabajo,  en una obra social determinada, en mi familia, en mi círculo de amigos, en el dueño de la casa que alquilo y, si es contagiosa, puede afectar al país donde resido y así hasta el infinito. Junto al aprendizaje existencial del otro está mi propio aprendizaje y, ya que estamos, las leyes de la vida son de aplicación automática en el momento más oportuno según ella lo considere. Las leyes del cielo son manejadas por él. Las leyes de la tierra son nuestra directa responsabilidad que no es poca y, por lo mismo, es pertinente separar los tantos. Si en lo personal somos tan responsables arriba como abajo -en público como en privado- en lo social somos arquitectos de todos los destinos.
   La auténtica comprensión de la leyes cósmicas nos vuelve doblemente responsables del conocimiento que merecimos alcanzar y enseñarlas no es dar un seminario; es vivir conforme al discurso que habitualmente ofrecemos o es dejar que las actitudes hablen por nosotros. Ser un maestro de la vida es caminar por ella alumbrando sólo por alumbrar y no hablando por hablar. Con toda seguridad hay muchas personas que necesitan  nuestras palabras pero, contradiciendo a Charles Boudelaire, cuidado: no nos emborrachemos con ellas o terminaremos haciendo el ridículo de defender lo indefendible  o apoyando lo absurdo.
   Quien comprende medianamente las leyes del universo no es un elegido ni se crea un privilegiado; es nada más que alguien que ha vivido con mucha atención y la consecuencia de tener los ojos bien abiertos es estar provisto de especiales herramientas para su evolución personal y colectiva. Ese instrumental le permite analizar con menos margen de error cualquier legislación humana en el caso de necesitar cuestionarla, modificarla o reemplazarla por otra de mejor factura. El crecimiento interior, además, le ofrece suficiente piolín para elevarse en esta vida con más soltura que otros... pero, al mismo tiempo, le demanda ser exquisitamente humano por estar menos expuesto a caídas fatales como aquellos que no cuentan con buena luz en su camino. Si alguna vez un hermano mayor, en su afán por compartir lo que sabe, olvida en qué dimensión está parado, o no sabe administrar sus pensamientos y, mucho menos sus ambiciones, automáticamente el cielo se encarga de ponerlo fuera de servicio y...¡adiós mensajero adiós!.
  


sábado, 21 de marzo de 2015

"El Impuesto Más caro"



   El impuesto más caro por el simple hecho de vivir, en este siglo, bien podría ser el de la soledad y lo peor es que tratamos todo el tiempo de evitarla sin noticias claras de cómo es ese yugo del cual queremos escapar.
   La soledad tiene cierto parecido al antiguo temible viejo  "de la bolsa" a quien ningún chico pudo decir haberlo visto alguna vez y, sin embargo, más de uno temblaba despavorido frente a la sola mención de su nombre por no haber tenido oportunidad de hacer buenas migas con él. Ya grandes, todavía no sabemos que podríamos conocer, enfrentar o mantener excelentes relaciones con todos nuestros fantasmas puesto que todos ellos no pueden respirar en otra parte que no sea en la interioridad de quien decide darles una gran vida.
   La soledad, amenaza terrible para aquellos que no tienen buen trato con su ángel, ni con los ajenos, es la versión femenina de aquél viejo maldito que asustaba a los chicos que no se portaban bien. Ella tampoco puede existir en ninguna realidad que no sea en la trastienda de cada uno de sus gestores tan dispuestos a darle un lugar destacado en su vidas nada más que para pelear todo el tiempo con ella y, de ese modo, darle presencia o hacerla crecer. Buena hija del temor, y la imaginación, la vieja soledad es pícara; adopta cualquier aspecto con la única esperanza de ser aceptada como una moradora más de la inocencia y, llegado ese gran día, poder vivir -y acaso morir- en paz.
   -¿Cómo nacerá eso que, dicen, se llama "soledad"? Tal vez sea el fruto de nuestros secretos intentos de tenerla en nuestras manos -para destruirla- cuando se nos inculca con éxito el miedo de llegar a enfrentarla y como nadie que nos asuste con ella sabe lo que es porque LA soledad no existe como entidad, autónoma, en cuanto estamos ociosos no se nos ocurre nada mejor que colaborar con el susto escondido y fabricar nuestra incomparable soledad (por mucho que nos dejemos ver en variada compañía).
   Como toda obra personal, nuestra soledad no sólo nos toma el nombre y apellido para que se hable del solitario de fulano de tal. ¡Nos pinta de cuerpo entero! la del materialista tiene  el peso de sus ambiciones así como la del lírico, que no es carga para Él, presenta el color de sus sueños más recurrentes. La del egoísta es demasiado grande -y dura- porque esta soledad no es más que una sombra del muro innecesario que se propuso levantar entre sus precaria humanidad y la del resto de sus congéneres. De todas las soledades ninguna tiene la fragilidad  de aquélla que se atreve con un alma generosa. Sucede que entre el dar, y el recibir, el aislamiento tiene que retirarse por el motivo menos pensado que siempre tendrá que ver con la alegría de la entrega y el servicio.
   Es comprensible, es humano que hasta el más pintado esté interesado en convivir con sus propias creaciones desde que hay algo en Él que las ama (aunque sea con dolor). No por otra causa todo creador necesita voluntad extraordinaria para eliminar aquel matiz, aquella idea o rasgo que pueda quitarle coherencia o esa armonía que desea imprimir en su trabajo. Quienes no son creativos no pueden siquiera imaginar cuántos abortos forzados debió sufrir una obra a la que -con total tranquilidad- se califica de mediocre o excelente. Únicamente los creadores pueden saber qué dolorosa es la faena de desechar elementos sólo porque los infelices se ven mal en determinadas combinaciones. El hecho es que pensadores y artistas han descartado mil trazos para poder contentarse con algunos y en tanto esto sucede, irremediablemente, la mayoría de las personas se resisten a tirar a la basura a la más inservible de sus creaciones: a  esa sensación llamada soledad que no tiene nada que ver con el  hecho de estar solos. Cómo descartarla si hasta se la lleva al especialista para ver si el buen señor puede con esa carga tan intolerable como la propia miseria interna de su portador porque -hay que decirlo- su peso es directamente proporcional a la falta  de nutrientes esenciales del ser: conocimientos, idealismo, una vocación bien atendida, proyectos, dolores, amores...
   A todo esto la soledad va. Muchas veces es sólo cuestión de mirarla fijo porque puede suceder que llamemos con su nombre a otros estados internos porque, ¡si todavía no lo dije! ese lamentable estado es nada más  que un desvelo. Consiste en perder hasta el sueño por estar en presencia de la nada y mitigar esa vigilia con sensaciones diversas que suelen describirse   como amargura, desasosiego, ansiedad... Aquellos que no tienen compañía humana sin darse por enterados, porque tienen la cabeza poblada de estrellas y por eso un horizonte siempre a la vista, pueden decir con autoridad que cada uno tiene en su soledad a un impuesto especial que se impone a sí mismo. Si es demasiado caro, si parece injusto, si luchamos por evadirlo, si es una carga que nunca imaginamos, y mucho menos deseamos, estamos inscriptos en el pésimo negocio de la inocencia porque -¿por qué será?- hasta somos capaces de imaginar que en cada esquina está la bruja soledad esperándonos, cuando no buscándonos, como si se tratara de una entidad poderosa que nada tiene que ver con nosotros y, para colmo de males, suponemos que de sus garras no es posible escapar.


sábado, 14 de marzo de 2015

"Creer y Reventar"

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   No son pocos los pensadores embarcados en el tema de la humanización de la economía o en un mejor reparto de la riqueza en este planeta que puede traducirse como más fácil acceso a mejores oportunidades de bienestar. Por supuesto, la mayoría de los políticos de carrera harán su trabajo en contra de semejante pretensión en tanto que hay legiones de seres que se ven en dificultades para derribar más de una tranquera de su campo interior donde hicieron prosperar el cultivo ancestral de sus creencias.
   La mayoría de la agente está jaqueada por suposiciones que no tienen por qué ser conscientes ni bien fundadas como cuando nos escuchamos decir, frente a un menú desconocido, que no nos va a gustar sin haberlo probado o cuando se asegura que tal o cual negocio no va a prosperar porque, sencillamente, así se nos ocurre. En ambos casos no existe el argumento que pueda modificar estas actitudes porque sólo con hechos, o experiencias, se puede alterar lo sembrado por mandatos inconscientes.
   Cuando alegamos que "en algo hay que creer" no tenemos ni la más leve sospecha acerca de que una creencia es una creación mental como cualquier otra que, positiva o no, tiene vida propia. La creencia no está en nuestras manos; es su propio mentor quien está en su poder -y qué poder- porque ingenua como es, o precisamente por serlo, la creencia ejerce total fascinación en la mente humana. Por ella se muere y se mata así como en su nombre se divide y subdivide la humanidad hasta límites inimaginables. Desde que la creencia se presta gustosa para cualquier negocio desde el turístico, hasta el sucio (y aborrecible) de las armas, los mercenarios de este mundo tienen muy en claro que la credulidad es buena carnada para que muerdan el anzuelo tantos hambrientos de futuro que alberga toda corriente ideológica o religiosa. El sólo hecho de creer, en lo que sea, ya nos introduce en una manada donde no se nos permite ser personas para convertirnos en simples seguidores. Esta actitud tan comprensible explica por qué ni siquiera los supuestos liberados de los dogmas estamos libres de codearnos con las creencias porque tenemos ¡las de nuestra propia creación!!!!
   La creencia individual no tiene el peso de la colectiva, desde luego, pero se puede advertir su lento trabajo en los éxitos y fracasos de la vida personal. Instalada como sugestión, decreto, o mandato, hace de las suyas en cuando le prestamos alas. Si la gente tuviera siempre presente que las creencias son tan sólo dibujos animados no habría tantos desheredados en este mundo porque esas animaciones -a todo color- son las que cierran el paso a la audacia o, mejor dicho, a todo riesgo. "Creo en el destino" así que no hago nada por modificarlo; creo que "si Dios quiere" haré tal o cual cosa de modo que "Dios dirá" lo cual me convierte en mudo además de inútil; creo que "nadie la talla contra el destino" así que mi hambre, y mi desolación, tendrán que esperar y a soportarlo se ha dicho; creo que "nada se consigue sin sacrificio" lo cual me habilita ampliamente para ser ofrenda en el altar de las ambiciones de cualquiera o, si no me opongo, para ser sacrificado en beneficio de tantos descreídos que saben, de sobra, que "el vivo vive del zonzo y el zonzo de su creencia". Creer en la necesidad de sacrificarse por todo es una imbecilidad. Que todas las religiones estén regadas por la sangre de sus mártires no implica que todos tengamos que aportar la nuestra sobrellevando a un jefe mal nacido o realizando una labor que nos hace daño físico y espiritual. ¡QUE VIVA EL ESFUERZO! pero aquel que nos reconcilia con nuestras internas necesidades y, por tal motivo, con toda  la humanidad. El sufrimiento es un aprendizaje  más en toda existencia humana siempre y cuando no nos instalemos en él por creer que es un designio sobrenatural que ha caído sobre nuestras pobres cabezas.
   A poco de hablar con personas sufrientes ya sabemos que son poco advertidas. Por la ceguera que causa el dolor, o por cansancio de remar sin rumbo, inmediatamente se las descubre resignados a su suerte. Sus primeras palabras describen cómo creyeron equivocadamente en tal o cual persona, en tal o cual zoncera, y que ¡siguen creyendo en muchas otras!. En tales casos un llamado al trabajo de reflexionar,mediante sugerencias pautadas por la realidad, los asusta de tal manera que cuesta mucho sacarlos de esa parálisis total que las suposiciones pueden provocar en la gente y en su entorno. La "creencia cierta" es un contrasentido puesto que al asomar la certeza ya hay conocimiento en lugar de dibujos animados. En honor a una  mínima honestidad intelectual hay que aclarar que las creencias positivas ayudan a vivir porque en lugar de paralizar son movilizadoras pero, justamente por eso, también son peligrosas de manera que un consejo referente a las creencias habidas, y por haber, podría ser: mucho cuidado con creer....¡y reventar!.
    

sábado, 7 de marzo de 2015

"La Primera Vez"

   

    Estaba todo tan bien en su perfecto lugar, y daban tantas ganas de profanar tanta perfección con un disparate, que no por otra causa decidí hacer mi primera torta. Contaba entonces con la complicidad de mi adolescencia para convertirme al instante en una señorona de delantal a cuadros que recibía instrucciones de un  libro gordo para cumplirlas -ceremoniosamente- como tratándose de un místico ritual: primero una operación, después la otra ... hasta que el menjunje fue a parar al infierno avivado por mí con leña del monte.
    De cualquier manera no faltaba más que esperar pero, como nunca se dice no cuando catorce años nos vienen a buscar, me fui con ellos a billones de años-luz de la cocina tratando, tal vez, de buscar algún adorno espacial que, en el supuesto caso de haberlo encontrado, hubiera tenido que ocultárselo a mi vanidad porque mi primera torta se hizo carbón en el infierno en tanto que yo vagaba -como loca- por mi primavera recién nacida. Mi gran compañera, la fantasía, me ha seguido hasta acá por todas partes con el tácito acuerdo de sacarme a flote después de cada uno de esos naufragios innumerables a los que suelo prestarme gustosa. Y si no reniego de semejante negociado es porque nada se ha hecho sin ella primero y sin afanes después. Me gusta encontrarla en el trabajo o en cualquier tipo de servicio que uno sea capaz de ofrecer y, francamente, cuántas veces la extraño en el quehacer de mis hermanas, las mujeres.
    Siendo muy chica me enseñaron a ser esta mujer que no sólo cuando escribe se embarca en la fantasía. Contaba con siete abriles cuando ya sabía poblar nuestra mesa con diminutos "barquitos de mouse de naranja" que, al decir de mi padre, se veían muy vistosos con tanta espuma del "mar de las gacelas" del cual tuve noticias, veinte años después, al enterarme de su probable antigua ubicación donde hoy se extiende el desierto del Sahara. El copete de merengue -batido por mamá- resultó estar emparentado con algo tan desconocido para mí como era el mar.
    Aquellas experiencias culinarias de mi niñez no despertaron ninguna de esas vocaciones que aún tomaban como propias las mujeres de mediados del siglo veinte porque yo pasaba más tiempo haciendo garabatos en el escritorio de mi padre que en cualquier otro lugar si bien el destinado a la preparación de alimentos lucía sagrado por lo que tenía que ver con el fuego, seguramente, y porque era terreno de los mayores. Hoy la cocina sigue luciendo misteriosa porque en su perímetro hay una brisa de intenciones, expectativas, errores, ensayos, triunfos y fracasos -mínimos o espectaculares- que no trascienden al quedar tan bien guardados dentro del "secreto profesional" que, en realidad, es un secreto de identidad desde que no hay dos seres de idénticas vibraciones por muy clonados que pudieran estar.
    ¿Qué tendrán que ver las vibraciones con los alimentos preparados o sin preparar? La energía tiene que ver con todo y la de cada persona afecta lo que toca (y alrededores) razón por la cual es correcto decir que hay tantas recetas culinarias como personas poniéndolas en práctica. La técnica o el modo de sembrar, cultivar, fabricar o preparar -lo que sea- es una cuestión de energía desde que el ser humano en todo lo que hace "pone lo suyo" que para unos será "un sello" y, para otros, buenas o malas ondas. Esta realidad es tempranamente advertida por quienes preparan alimentos  puesto que la receta más perfecta terminará en un fracaso si hay mal talante o si no hay cabeza en su debido lugar como fue el caso de la mía en mi debut como repostera.
    Cuando me inicié -con delantal ajeno- en ese gran acto de amor que es alimentar, el cerebro, la panza y los sueños incluidos, eran días de beatitud en mi vida porque el juicio de valor aún no estaba implementado en mi programación personal es decir: yo estaba simplemente receptiva y en aquel estado, al que ahora en la madurez me cuesta tanto regresar toda vez que lo necesito, nunca escuché en boca de ninguna mujer el concepto de cocinar como actividad denigrante, o siquiera desdeñable, si bien se protestaba cuando no había quien lavara los platos lo cual es tema para otra historia.
    Desde luego, se puede presumir que la cocina tendría bien ganado el nombre de "laboratorio de la muerte" por culpa de tan pésimas mixturas que se pueden ensayar en sus instalaciones. Yo destacaría los milagros que se logran con casi nada si se conoce el arte de combinar los sabores y el tiempo. Agregaría, además, que es preferible ni acercarse al imperio de las hornallas si es que no se puede contar con uno que otro reflejo de esas mínimas transmutaciones  que provienen de la alegría de hacer las cosas con la inocencia, con la vanidad, con las mismas expectativas... incluyendo, por qué no, el frenesí de la primera vez.
  













sábado, 28 de febrero de 2015

"Ella"





   Ella nunca está cuando se la necesita. No es agradecida ni generosa y, sin embargo, el mundo entero corre tras Ella desde tiempo inmemorial. Nadie podría decir cuántos mataron y murieron por servirla. Los hombres que le entregan su alma olvidan amar para siempre y las mujeres que esta mujer seduce suelen terminar prostituidas cuando no pobres, desprestigiadas y en el olvido.
   A Ella se la nombra todo el tiempo porque mete las narices en cada recoveco de nuestras vidas sin ninguna autorización pero -eso sí- con la autoridad que le dan siglos y siglos  de vigencia. La señora, además, se cobra cada desaire con un golpe de aire frío que paraliza si bien cuando se la ignora con prepotencia Ella se muestra más tentadora que nunca hasta que, si te impones con tu firmeza, no le queda más remedio que darte el privilegio de dejarte vivir en paz porque tampoco es tonta:  al gran adversario lo respeta en serio aún teniéndolo constantemente en la mira para ver si, por fin, lo ve caer a sus pies.
   Suele ser presentada como una gran "seductora" que en verdadero castellano significa "engañera" sin que a Ella este apelativo la incomode en lo más mínimo porque la mala fama no es tan mala después de todo. El desprestigio impacta en esos lugares tan oscuros de la mente humana que son los que, precisamente, a Ella le interesa frecuentar o, mejor dicho, dominar. Por cierto, ya no puede sorprender demasiado en este tramo de la historia. Es la basura que es después de haber convertido a la presente civilización en un basural donde se siente de lo más cómoda manipulando desechos humanos a los que aparenta convertir en proezas de la raza más pensante de la tierra. Se podría pensar que la fulana consigue maravillas porque hipnotiza pero no se engañe: nunca se la ve por ningún lado porque para sus habituales tramoyas cuenta con secuaces designados por alguien que es casi como Ella en tanto que La Doña no aparece.  Sus infaltables, eficientes y sinvergüenzas  colaboradores, por expresa orden de Su Señoría, pueden y suelen aparecer en los medios de comunicación masiva pero, ni un paso más puesto que a la realidad no deben ni asomar.
    ¡Cómo engaña esta mujer!
    Sus operadores tienen que aportar lo peor de su condición humana; deben ser sedientos de poder lo cual los capacita para ser vanidosos, ególatras, cínicos, embusteros, desalmados, agresivos y, "si pinta", travestidos. Con tan humanos antecedentes estos operadores simulan trabajar para Ella mientras aparentan hacerlo por su patria o, al menos, por un municipio ya que, según dicen, si cobran tan buenos sueldos es por  trabajar "¡por el bienestar general"!.
    Como este planeta está infectado por tipos de esta calaña, a Ella nunca le faltarán seguidores ni serviles. Tampoco le hará falta postularse para cargo alguno porque las mayorías viven y mueren esperando, de sus imaginarias gestiones, un nivel de vida supuestamente mejor como si las sociedades en su conjunto -o por separado- no pudieran lograr lo que necesitan sin contar con la delictiva participación de personajes tan nefastos como Ella. A todo esto, la señora tiene larga vida porque la humanidad es como es y, como a cualquier hijo dilecto se le permite cualquier  despropósito, una consentida como ésta siempre va por más.
    Después de siglos de simulación todavía son legiones los que siguen creyendo en Ella y es interesante observar cómo se la transforma todo el tiempo sin modificarla demasiado en esencia porque ése es el truco; ¡ahí está el genio! Ella, tan práctica, no quiere engañar a nadie. Si se engañan con Ella no será por su culpa; es por causa de la mente de los mortales que, además de darle vida, la hizo eterna lo cual le ofrece todas las ventajas. Puede aparecer y desaparecer a la sombra de los héroes, o los próceres, que aún siendo también muy hijos de la condición humana no sólo tienen corta vida pública, y mala prensa, también deben contar con el olvido siempre asediándolos claro que este fantasma no puede con Ella porque en el tren del tiempo, la muy zorra, se las ingenia para estar siempre presente hasta el punto de que no hay suceso importante en este mundo  donde no se sospeche su presencia aunque más no sea por un instante. En lo mejor y lo peor de nuestras vidas  Ella asoma en puntas de pie, o llevándose todo por delante, cuando no se la descubre debajo de una mesa de negociaciones o, muy campante, en el asiento delantero del coche de los recién casados. Como los señores se sienten fascinados con esta ubicuidad, a Ella la incorporan a sus empresas y la hacen participar hasta en negocios de Estado desde siempre porque -para qué mentir- a Cristo no lo mataron los judíos ni los romanos; fue Ella la culpable de su calvario como el de tantos otros sin ir más lejos como el de aquel egipcio idealista que eligió llamarse Akhenaton en honor al sol. No contenta con la destrucción de Tell-El-Amarna, no conforme con expulsar del la historia a la pareja solar, cómo debe haber gozado Ella con la humillación de Nefertitis frente al clero de Tebas cuando debió renegar de Atón para que su hijo pudiera ser faraón. Cómo no disfrutar de aquel momento si estaba venciendo nada menos que al mismísimo sol claro que a los dioses no se los vence así nomás: con el tiempo Atón se hizo invisible, para que no lo liquidaran, y se convirtió en  un verbo; después en una voz; más tarde en una zarza ardiente; luego en un misterio... hasta nuestros días que comienza a ser inteligencia cósmica o, naturalmente, universo.
No lejos de Egipto estuvieron los griegos con dioses para elegir pero Ella decidió endiosar a una pareja humana que era funcional a sus planes: Pericles y Aspasia y, a partir del éxito de aquel  experimento Ella repite la fórmula para manejar incautos. Que las parejas útiles terminen colgadas de una plaza o incendiadas en un búnker cuando no prófugas de la justicia, es lo de menos. Lo que a Ella le interesa es que no pueda  haber paz en la tierra mientras hace creer que falta casi nada para alcanzarla. ¡Mentiras!. Si hay alguien interesado en que la injusticia sea reina es ELLA que, en definitiva, es la historia más o menos oficial pero... qué estoy escribiendo... Ella ES la historia claro que no la verdadera porque no deja de ser simple apariencia por mucho que influya en nuestras vidas. Es como si nuestra historia personal no fuese más que un libreto retocado con miras de seguir re escribiéndose lo cual no deja  de ofrecer  garantía total  de eternidad a su falsa autora que es sencillamente -una vez más- Ella.
    No bien asoma en el horizonte algo así como un proyecto personal, o colectivo, la fulana es la primera asistente en las reuniones o en la cabeza del ideólogo. De hecho no asoma por asomar porque su juego predilecto, de "sálvese quien pueda", recién será advertido cuando ya no haya manera de barajar de nuevo sin sacrificar ideales, principios y objetivos.
    Con frecuencia la gente opta por la traición a sus ideales cuando cree que no cuenta con armas personales para concretarlos pero, lo habitual es renunciar a todo por cumplir planes de Ella creyéndolos propios. Las víctimas de esta embustera suponen que sacrifican los medios sólo por una vez para alcanzar objetivos sin advertir que, en manos de semejante manipuladora, una concesión hace miles y que, una vez encontrándose en su poder, cualquier individuo ya forma parte de planes ajenos aún cuando todo lo lleve a suponer que actúa por cuenta propia.
    En el inconsciente colectivo de los pueblos parece estar instalado el convencimiento de que nada se hará sin Ella porque la humanidad no ha querido confiar su evolución al arte ni a la ciencia, por ejemplo, como no ha querido saber nada de darle debida participación en sus asuntos al nivel más elevado de conciencia humana que es el de la intuición, tan mal promocionada y relegada a la magra categoría de virtual sexto sentido. La intuición no es una figura poética ni es cosa de locos. Es una de las tantas funciones, actividades o atributos de la mente que va desarrollándose con la evolución de la especie que la cultiva. El tema es que si la intuición estuviera bien crecida entre los humanos, la más genial mentirosa no tendría nada qué hacer en este mundo ni lograría incendiar continentes enteros tan sólo para, después de un buen rato, apagarlos con su fingida naturalidad.
    Si Ella luce experta en extinguir fuegos es porque sabe encenderlos o, al menos, avivarlos: de un descontento popular puede lograr una masacre así como al asesinato ocurrido  en  pueblo escondido es capaz de convertirlo en una guerra mundial y, hablando de fuegos, la primera institución en ponerse a disposición de Ella fue el matrimonio porque, bodas mediante, los diferentes grupos humanos fueron consolidando subsistencia  y  poderío económico . Al cabo de los siglos Ella sigue muy cómoda en su papel de madrina no sólo de  cuanta boda se festeje; también de cuanta actividad amague con organizarse.
    Se trata, sin dudas, de una insana vocación por servirse de todo lo que pueda expropiarle a la humanidad con su mejor cara de póker. Como quien no quiere la cosa, siempre se queda con las cenizas de los matrimonios que caen en tanta inútil batalla librada en su nombre. Sus siervos más devotos deben olvidarse de tener una familia, como también deben saber que sus amantes terminarán siendo traidoras si es que no lo son de antemano. Por otra parte, les está vedado detenerse en la búsqueda de amigos ya que, a lo sumo, pueden disfrutar de aliados eventuales. Si terminan siendo tan enemigos de  sí mismos ¿cómo cultivar la fraternidad o siquiera la solidaridad? Imposible. Desde luego, deben reunir el requisito de no ser ingenuos porque, en tal caso, el devoto servidor terminará llorando como un niño en un programa de televisión o se presentará en sociedad acompañado por sus abogados para explicar que alguna vez soñó con ayudar a la humanidad como ciudadano independiente. Pobre tipo. Al final de cuentas, Ella disfruta encantada con estos papelones y ya nos tiene habituados a decir, acerca de su perfil, que ¡La Política Partidaria es así!.

sábado, 21 de febrero de 2015

Mi primer Lector

                      Mi Primer Lector






                          




      Gracias por amarme pudiendo y sin poder.

                       ¡Felicidades Amor!

"Planeta Interior"

   Corría el año 1947. No faltaba mucho para que se cumpliera un siglo de la aparición del primer Manifiesto Comunista. Un año después -el 30 de enero- asesinarían al Mahatma Gandhi, nacería el Estado de Israel y el mundo aparentaba ser el de siempre. Ciertos personajes continuaban jugando a ser eternos como los beduinos del desierto de Judea donde uno de ellos encontró una colección de manuscritos en unas cuevas de Qumrán, en las cercanías del Mar Muerto.
   Los Rollos eran muy anteriores a la época de Jesucristo y hasta la fecha no todos han sido descifrados pero ya en el primero pudo leerse el relato de una guerra, interminable, entre los hijos de las tinieblas y los hijos de la luz que no fue la primera puesto que la historia de las guerras es la historia de la humanidad: desde reyes contra reyes hasta gordos versus flacos como cuenta "Sinué, el egipcio" de Mika Waltari, y así hasta nuestros días de guerra sin fin dentro de cada uno de los moradores de la tierra, y alrededor de todos ellos, por causa de las infaltables escaramuzas  entre la mente y el corazón. Dos colosales contrincantes frente a los cuales todavía no sabemos manejar arma alguna que pueda intimidarlos porque este conflicto tiene su origen en lo más profundo de la esencia humana.
   Por mucho que tratemos de justificarnos, los integrantes de la especie humana tenemos externamente los fuegos que no podemos contener entre los límites de nuestra estructura mental desde que se nos ha dado por desconocer al ánima y, como si no fuésemos capaces de crecer por evolución, intentamos conseguirlo por medio de esporádicos suicidios colectivos. Memoriosos de pura cepa, especialmente para vengarnos, un mal día las personas decidimos abandonar la custodia de esa llama sagrada del corazón que -para decirlo con José Ingenieros- si se apaga no se reenciende jamás y aquí estamos: con nuestros revolucionarios chispazos interiores de vida en su mínima expresión y tan necesitados de reavivarlos a toda costa -en todos los frentes- porque no podemos, no sabemos ni queremos vivir en la oscuridad. Mientras tratamos de reanimarnos vienen bien los fuegos de artificios si no hay otros. Horrendos. peligrosos. No importa en tanto que con algo  podamos alumbrarnos. ¿Así que el mundo entero está en llamas -visibles e invisibles-? Por supuesto. Sus gobernantes y gobernados las necesitamos como hijos de la luz que somos.
   A las llamadas épocas oscuras se les atribuye el despropósito de que la sabiduría fuera patrimonio de grupos muy reducidos exactamente como ocurre en nuestros días si bien  -oh, sorpresa- hoy la ausencia de luz puede ser hazaña de unos cuantos sabios,  oficializados o no, que para nublar la mente de las masas sólo necesitan un medio de comunicación sin contar con el hecho de que, empleando solamente cien megatones de combustible nuclear podrían instalar a la oscuridad como única sobreviviente de nuestro planeta azul al cual estamos convirtiendo en gris con todos gusto. Noche, muerte, nada... la ciencia terminaría siendo culpable de guerra desde que los conflictos bélicos pueden ser comandados por científicos y técnicos nucleares hoy convertidos en soldados de última generación. El coraje y la obediencia ya no sirven para nada porque los dirigentes de este mundo han decidido ponerse a los pies de su majestad, el electrón, dios padre del Poder Nuclear que como a todo poderoso le llegará su Waterloo. Pero esta derrota a la infección bélica instalada en la mente humana sólo podrá ser posible cuando los pasajeros de la tierra sean capaces de avivar sus fuegos secretos como para que a cada partículas enceguecedora pueda oponérsele una chispa de Iluminación que es conocimiento profundo de las leyes de la vida que no son ocultas ni misteriosas: son de elección libre si bien de difícil aplicación por lo que requieren auto entrenamiento.
   Las Leyes De La Vida al ser verificables, en nuestra propia historia, son científicas y si no son de enseñanza académica es porque no pueden incluirse en  programas de instrucción colectiva. Enseñarlas sistemáticamente sería como dar clases en un idioma que el estudiante desconoce porque una misma ley es algo diferente frente a cada gestión existencial por el tema de la singularidad  del sujeto y la de su circunstancia. Por otra parte, si al ser humano no le fue dado el privilegio de manejar a entera voluntad los comandos de su mundo, invisible, podría ser debido a que las señales del universo están incluidas en la programación psicogenética de cada individuo sólo para ser aplicada al pie de cada necesidad o misión que le toque enfrentar.
   Este sofisticado caminante intergaláctico, que es el ser llamado humano, tiene suficiente solvencia interna como para ser sabio y ya  está en sus primeros intentos de respetar al templo físico que la vida le prestó a su ser y al planeta que el cielo puso a su disposición. A estas horas está aprendiendo a preservar en lugar de destruir y se encuentra a un paso de comprender algo elemental: para que el sol siga siendo visible desde la tierra cada cual deberá contar con el suyo en su planeta interior porque harán falta todas las luces -¡todas!- para que los planes del universo sigan en pie y la convivencia entre humanos sea amable alguna vez esto es, en todos los colores en lugar de la primitiva opción del blanco o negro.-

sábado, 14 de febrero de 2015

"Peligrosa Devoción"






   Gran parte de la humanidad actual se ha quedado sin Dios pero esas mayorías cuentan con algo así como divinidades sustitutas. Una de ellas, la más promocionada, es la tecnología con sus misteriosos designios tan inquietantes en manos de una clerecía de dudosa autoridad.
   El problema se ve mayor al advertir que los devotos de la tecnología somos casi todos porque colectivamente adherimos a la creencia de que los avances tecnológicos nos hacen más fácil la vida negándonos a aceptar que, además, cuenta con inimaginables medios nada menos que para destruirla. En el preciso instante en el que los fanáticos se rinden a sus pies, no está de más detenerse a pensar en la querida tecnología.
   Si los medios de comunicación masiva nos han acercado tanto  -gracias a los adelantos tecnológicos- ¿por qué estamos cada vez más alejados no sólo de nuestros gobernantes, vecinos, conciudadanos y familiares, sino además, de quienes hubiésemos deseado y podido amar?. Si la tecnología es progreso ¿por qué hay tanta gente que no recibe  educación adecuada para dejar de ser esclava o no seguir buscando comida en los basurales?. Si la tecnología es maravillosa ¿por qué parece tan inminente el peligro de destrucción global que acosa a la actual humanidad? Si desde siempre el conocimiento dio Poder ¿por qué este novedoso conocimiento nos lleva a tanta inseguridad generalizada?.
   Como buenos hijos nuestros, los dioses son nuestra obra y estaría todo dicho pero no: habría por comenzar por aclarar que la tecnología puede lucirse en asuntos de tipo productivo, administrativo y, de sanidad, pero no están dentro de su órbita los temas existenciales que suman la mitad más uno de aquellos intereses humanos que van desde la posibilidad de respirar hasta la de poder sencillamente... dormir sin la peligrosa interferencia de una antena cercana, que ponga en jaque a nuestras ondas cerebrales, sin contar con la extravagancia de pretender consumir ¡agua potable!. Pequeñas necesidades de cualquier especie si se las compara con aquellas personalísimas urgencias de la interioridad del ser como las referidas a las emociones, sentimientos y sensaciones, que no figuran en el credo tecnológico desde que lo más exquisito y sofisticado de la condición humana están fuera de su contexto.
   En algún momento de su historia los dignatarios del culto a la tecnología, o quienes la proporcionan y promocionan, deben haber imaginado no ser  semejantes al resto de sus congéneres puesto que no les importa la infelicidad humana ni les preocupa la probable extinción de la especie a la que suponen no pertenecer porque, si vamos por más, no es ningún secreto que los tecnócratas parecen empeñados en hacerla desaparecer como si se tratara de cumplir un pacto inconfesable. Si quienes no adherimos al culto ciego a la diosa tecnología somos algo racionales, todavía, no deberíamos demorar un segundo más en la defensa de nuestro derecho a  no asistir a la procesión de ingenuos que se quedan sin amigos, casi sin huesos, sin vocabulario y sin tiempo propio por culpa del llamado "tiempo virtual". En esa dimensión, donde todo es apenas lo que parece ser, el universo de la individualidad quedó afuera sin que se advierta la talla de semejante inhumana expropiación.
   De continuar con este sometimiento ciego a la tecnología, dentro de muy poco todo será tramposo como el auge de los cocineros detrás del cual se oculta lo poco que queda del placer de comer y si ese lujo está casi perdido es porque al tiempo de robarle sabor a los alimentos naturales, el mal manejo de las nuevas técnicas biogenéticas reemplazan al disfrute de la vida por la adicción a la no-vida ya tan visible en la niñez por imposición de las llamadas comidas rápidas. Los niños del siglo veintiuno no sólo tienen devaluado el paladar; su sensibilidad también está en la misma situación gracias a la ausencia de aquel otro condimento desplazado que era el placer de jugar. Si las calesitas son más atractivas para los padres que  para sus hijos es porque a la infancia de nuestros días se le inyecta lecciones diarias de exterminio presentadas como juegos en los cuales la violencia aparece como inocente -natural- pasatiempo.
   En este "desvivir" hoy se descubre poca gente expresiva y ni qué decir comunicativa porque el ser humano se fue quedando sin ideas más o menos propias y, por tal motivo, sin siquiera ganas de abrir la boca para saludar lo cual no parece extraño porque nos hacen creer que estamos contactados con "todo el planeta, a toda hora, en todos los idiomas" lo cual significa estar conectado a una máquina  el tiempo que haga falta para sumar a nuestro cuerpo desmesurada cantidad de grasa, más azúcar y posibilidades muy ciertas de terminar como una simple partícula adherida a la pantalla de un monitor. En cuestión de pocos años dejaron de enseñarnos educación, arte y ciencias pero aprendimos sin quererlo, sin advertirlo siquiera, a necesitar más y más asistencia tecnológica hasta para calentar un café. Si hasta parece que todo lo que hay que saber es hacer nada porque nos han vendido comodidad al precio de nuestra soberana inutilidad. Los rituales tecnológicos nos desvalorizan de tal manera que (¡qué casualidad!) en estos tiempos de la estética personal hay crisis mundial de autoestima porque con ser personajes, con ser apariencias, no alcanza. Por cierto, la actual humanidad no debería asombrarse cuando el desmedido apego a la máquina nos lleva  a creer en la invalidez de los valores suponiendo que somos casi nada a su lado y que ella es lo definitivamente valiosos porque ella, la gran diosa, "puede más". Como si esto fuera poco, el deslumbramiento tecnológico puede hacernos suponer que no necesitamos, por ejemplo, amores. Las relaciones afectivas se van reemplazando por necesidad de casa, comida y afines. El hecho desgraciado de no poder encontrar pares, por creernos "únicos e irrepetibles", la descarada insolvencia para generar afectos duraderos por culpa del ejercicio cotidiano del desamor, nos hermana con la máquina hasta el extremo de desconectarnos de la vida que merecemos vivir. En la actualidad casi nadie se da cuenta de que es glorioso enamorarse, o tener ideales, porque lo que socialmente se demanda es puro acero donde bien pudo haber un divino corazón. ¿Romanticismo? ¡Qué romanticismo! Hoy se trata de ser anti misiles para  no quedar afuera de uno que otro entrevero de ésos que, en cadena, conforman un atropello conocido como "El Sistema". La mayoría de la gente hoy no canta después de haber guardado en la historia antigua a la contagiosa y liberadora carcajada si es que no a la mismísima sonrisa pero... a todo esto... ¿no era que lo único que necesitabas era amor?. Al paso que vamos, sólo falta firmar en público  la renuncia como "almas vivientes" para convertirnos en herramientas de la peor calidad. Siempre fue muy caro aportar humanidad pero, a no desesperar porque también hay buenas noticias: hay quienes pretenden continuar siendo humanos. Son aquellos que no mueren por invasión inútil de tecnología sino por la suma de años libremente vividos y son, además, quienes -por respeto a la máquina- no la dejan entrar en sus vidas a cualquier hora, ni a cualquier precio, porque la mayoría de las veces no hace falta y hasta puede tener la culpa de que nos controlen (¡todavía más!) desde el sitio más oscuro por el motivo menos pensado.

sábado, 7 de febrero de 2015

"Un Tal Amor"



   Un tal amor continúa siendo el más ilustre desconocido en la historia de la humanidad y, sin embargo, de tal desconocido continuamos esperando grandes novedades por no decir prodigios. Se lo invoca como a un dios padre de cuanta criatura pueda existir en el mundo de nuestros sueños y, desde una mirada hasta el precio de un perfume, todo pareciera servir para seducirlo primero y para esclavizarlo, no mucho después, como si alguien alguna vez hubiera podido tenerlo verdaderamente entre sus manos.
   Cuando una persona imagina haber encontrado al amor suele tratarse, en realidad, de un buen compañero de ruta o una pareja soñada. Cuando alguien hace "lo que sea" en nombre del amor no es arriesgado suponer que, en algún rincón de su ser tal buscador es un indigente cósmico con todas las de la ley y que, además, su solicitud de correspondencia amorosa es un pedido de amparo cuando no de sometimiento. Infinidad de veces suponemos descubrir al Amor en actitudes que suelen ser promovidas por los más bellos sentimientos -o motivos- sin que se trate  precisamente de Su Señoría El Amor pero, la magia es una de las tantas operaciones mentales que los humanos tenemos permitidas y tal vez sea la principal responsable de la supervivencia de tan indescriptible criatura en ese territorio tan incierto como lo es el de nuestras emociones.
   De hecho cada vez somos menos sensibles o, si se prefiere, menos sensitivos lo cual nos lleva a preguntarnos quiénes nos necesitan más dormidos que despiertos o más muertos que vivos. Una respuesta podría ser: "aquellos que operan con nuestros sentimientos, de miles de millones de maneras, mucho antes de tenernos al alcance". Ellos no están bien identificados; se dice que provienen de los cuatro puntos cardinales lo cual no tiene importancia. El hecho es que están implantados en nuestro ser y nos dominan a través de mandamientos y deseos que, por momentos, podemos llegar a creer que son nuestros porque esos tipos, nuestros patrones genéticos, nos acechan desde la oscuridad de los tiempos cuando la raza humana se inscribía a sí misma en la primera plana de su historia actual que lleva siglos de no muy buena edición.
   Mientras tanto, íntimamente nos desconocemos si bien insistimos en querer saber, por ejemplo, por qué hacemos lo que hacemos o dejamos de hacerlo y en esta indagación, por demás humana, el primer cabo suelto es el tema del amor que podría  definirse con el hijo mayor de la sensibilidad del homo sapiens. A este hijo maravilloso debió renunciar -por lo menos- cuatro veces es su historia conocida: primero para convertirse en cazador; no mucho después para ser comerciante; luego para ir a la guerra y, al final, para hacer política. Ninguna persona sensible puede ejercer con éxito ninguna de estas actividades. La hembra, aunque pueda quejarse de su suerte, tuvo la grandiosa oportunidad de ejercer su sensibilidad en el ejercicio de esa formidable labor de ingeniería humana que le demandó desarrollar -y sostener- a la familia tradicional hoy ya fuera de foco.
   Aún le queda a la guardiana de su especie el privilegio de la maternidad y todavía es un ser "con amor" hasta que la lucha por el sustento y por el poder ¡se lo arrebaten!". Cuando ese día llegue, Ella comprenderá que es injusto reclamarle al macho algo que ha perdido por traerle qué comer cuando ya no bastaba con que recolectaran juntos los frutos que la tierra les regateaba por sus cambios de humor. No es justo reclamarle al hombre que sea amoroso cuando las mujeres hemos celebrado durante siglos que fuera matador y aún hoy aplaudimos que "tenga garra" o que sea una fiera en los negocios y en su desempeño sexual mientras que la mayoría de nosotras, hasta ayer nomás, tocábamos el piano, soñábamos con el príncipe nada menos que azul, bordábamos, leíamos algún cuento, cantábamos canciones de cuna a niños propios o ajenos... actividades que un animal preparada para la caza , y para la riña,  nunca podrá valorar aunque millones de veces haya simulado o intentado hacerlas.
   Por último, aún hoy son mayoría aquellas que se degradan para conseguir protección masculina cuando se descubren atrapadas por los machos en el mercado laboral. Los los códigos falsos de femineidad tienen muchísimo que ver cuando Ellas pretenden mucho más de Ellos que de sí mismas al extremo de perder toda una vida esperando sentadas al hombre irreal que supuestamente les brindaría  amor  cuando lo más lógico -y acertado- sería darnos por bien servidas con algunas muestras de colaboración masculina. El sofisticado pero aparentemente sencillo acto de comprender a una mujer todavía es imposible para un hombre común y, por tal motivo, hay magia toda vez que un varón alcanza esa proeza y la magia, otra vez, nos hace creer que tal individuo ha nacido para nosotras;  que no hay otro como Él en el universo; que es  nuestro gemelo etcétera y, de tal señor, desde luego, bien se puede decir que es nada menos que...¡un amor"!.


sábado, 24 de enero de 2015

"Don Nadie"



La actividad política es eso y mucho más; es un arte y -también- algo menos; es un oficio o algo parecido y, para qué andar con vueltas, es una consagración al desafío de ser lo que somos porque la tarea política es el más vivo retrato de cada uno de sus ejecutores.
Desde luego, un político no es cualquier mortal. Su desempeño como tal lo requiere vanidoso, manipulador, ególatra, ambicioso, agresivo, fanfarrón, leguleyo y, casi siempre, cínico. Detrás de esas sombras, y a distancia considerable, aparecen algunas luces de santidad con las que Él sabe iluminar muy bien sus puestas teatrales habituales. La política partidaria es, ante todo, un señor espectáculo y es correcto hablar de actuación política cuando se descubre que los más diversos referentes partidarios defienden hoy aquella causa que ayer combatían con tanto fervor. Muchas veces pareciera que la actividad política partidaria se limitara a mentir con habilidad como si los destinatarios de los discursos fueran imbéciles perfectos y, desde esta perspectiva, triunfar en el ruedo  de un partido político es poder hallar el modo de ganar bienestar personal aún a costa de la mala vida que se pueda gestionar para los demás.
Así como en algunas sociedades se admira al ladrón que logra no ser descubierto y por muy poco no se desprecia en público al científico, o al decente, en determinados lugares es título de "político extraordinario" implica ser más delincuente que el resto de sus semejantes. Lo único que debe hacer un sujeto en tal caso es simular que hace algo tan importante como disponer que haya flores en algunas plazas públicas, o cambiar la hora solar por la de su agrado, y no debe olvidar de hacer negocios formidable con dinero que no es suyo además de tener muy en cuenta la regla de oro del éxito político que consiste en suponer, y hacer creer a más de un ingenuo, que este mundo no existiría sin su providencial participación.
El quehacer político como medio de vida es puro ejercicio de la egolatría humana claro que si existen quienes necesitan deslumbrar -para sentirse vivos- es porque hay legiones de ansiosos por ser seducidos. Pequeños, solos y con demasiado poco en su haber intelectual, millones de individuos hasta podrían desaparecer de su propia consciencia si la política partidaria no los ubicara en algún espacio virtual donde ellos pueden permanecer, decorosamente, sin necesidad de ser personas plenas. Son personajes que no se inmutan por figurar en la categoría de "Don Nadie" porque... ¿por qué habrían de temerle a semejante supuesta descalificación? Ellos, como hombres fantasmas, también suman desde que también votan y es en cada elección política cuando se vuelven importantes porque se hacen de pronto visibles al codearse con el electorado que significa: multitud. Como es la mayoría la que decide nada menos que suerte de un político con aspiraciones (no importa cuáles), quien elija ejercer el otro oficio más viejo de este mundo, el de político profesional, tiene eternidad garantizada si sabe convertirse en violador de multitudes porque se las destrata de tal manera, simulando asistirlas, que terminan convertidas en simples encuestas sincronizada con las  ambiciones de cualquier manipulador. Hasta no hace mucho las masas lucían como rebaños bajo diferentes denominaciones. En la actualidad, las multitudes de votantes son simples columnas de números que hasta pueden ser tentadores en manos de buenos dibujantes.
Por cierto, entre los integrantes de cualquier electorado -político o no-  hasta el más pintado se puede equivocar porque existen tratamientos para ofender y desafiar a la inteligencia de cualquiera. Tal vez las malas elecciones de los votantes no hagan más que certificar lo que hay de nefasto en la condición humana y es posible que, con tanto rasgo grueso en el boceto del perfil genético de los ciudadanos, ya sea hora de poner el acento en ciertas consideraciones: después de tantos siglos de afanes políticos no se han resuelto problemas tan acuciantes como la paz en este planeta, en el que no hubo un solo día de paz universal.  Tampoco se logró una equitativa distribución de la riqueza cada vez más concentrada en menor cantidad de personas y ni qué hablar de igualdad de oportunidades entre los seres humanos sin olvidar  el obsceno desinterés de los gobiernos del mundo por preservar nuestro planeta azul. En este sentido, la tan  mentada carrera política como elección de vida personal es prometedora pero, como servicio es el peor que se pueda esperar de la naturaleza humana porque está bien visto que la política partidaria es ineficiente -si no perversa-. 
Podría suceder que alguna vez La Política sea suplantada -o al menos controlada o asistida- por la ciencia, el arte y la tecnología, si es que antes no la secuestra el dinero claro que, hasta entonces, lo mejor será dejar de ser "Don Nadie" o, al menos, intentar la aventura de ser alguien que se llame, por ejemplo, ciudadano, usuario, consumidor, creador, ejecutivo... esto es: pura energía transformadora de lo inconveniente en conveniente para que aún aquello que consideramos teóricamente    imposible pueda aparecer -a velocidad atómica-como desafiante, gloriosa, realidad.

sábado, 17 de enero de 2015

"Mujercitas... sólo por hoy"



Cualquier tipo de superioridad en una hembra es todavía un fantasma para "Ellos" y, en confianza, también para nosotras por falta de familiaridad con semejante armatoste. A menudo el poder de una señora radica en su belleza pero no pocas veces reside en su coeficiente intelectual lo cual sigue siendo una novedad para las viejas miradas.
Lo cierto es que la fuerza física, patrimonio de los machos, tal vez sea lo que continúa hermanando internamente a los hombres desde que se volvieron cazadores. Fue cumpliendo los rituales de la caza que Ellos se convirtieron en cofrades para siempre. Frente a un peligro común que los acechaba necesitaron unirse lo mismo que a la hora de repartir lo ganado mediante el esfuerzo común. Individualmente, el macho hubiese cazado solamente pajaritos así que para la caza mayor debió aprender a sumar fuerzas. Semejante operación psicofísica le vino de perlas cuando un poco después fue guerrero y, no mucho más tarde, se encontró lidiando en el terreno de la política.
Las mujeres tuvieron otra historia con la recolección de alimentos, y la maternidad, dos actividades que no requieren fuerza bruta ni asociación alguna y, para acabarla de componer, la maternidad es experiencia personalísima sin olvidar que para obtener los frutos del campo no hacía falta sembrarlos así como para ser madre ni siquiera hacía falta desearlo. Las cosas llegaban naturalmente. Cuando apareció la novedad de la siembra, el sedentarismo sorprendió juntos a los dos géneros pero, emocionalmente, Ellas y Ellos ya estuvieron  a distancia sideral por efecto de muy diferentes programaciones a través de siglos.
Hoy es un hecho que en todos los rubros se sufre este distanciamiento pero hay uno que lo pone de manifiesto con más evidencia: el de la política. En estos afanes el varón ya es todo un experto en asociarse, repartirse el botín, guardar silencio... es decir: lograr plenamente el objetivo si bien después... ¡a otra cosa!. La mujer sabe poco de todo esto. Ella aprendió a arreglárselas siempre a solas porque, salvo en el terreno de la sexualidad, las demás gestiones existenciales fueron solitarias y en todo reparto ella estuvo ausente, o fue la última en recibir un huesito. Lo único que a Ella le quedó como característica -supuestamente femenina- fue la posibilidad de hablar demasiado lo cual al macho le molesta bastante porque Él siempre debió guardar silencio para no espantar a la presa y, sobre todo, para no perder compañeros lo cual significaba perder poder. Una mujer  no necesitaba -ni necesita- compañía para ser fuerte en sus gestiones familiares porque la maternidad  activó en su mente  ese rasgo tan sutil de la inteligencia  humana  que es el razonamiento intuitivo. La intuición le ha regalado a la mujer armas tan poderosas como lo es la percepción del detalle y la clariaudiencia. El dar a luz también le enseñó lo que es sufrir lo cual fue aprendido de tal manera que hoy no es  raro que encuentre placer en el dolor y aquí nos detenemos: la mujer está cómodamente instalada en la desventaja política. La sufre como sólo Ella sabe hacerlo sin poner demasiado interés en aprender a ser socia de sus hermanas y mientras esto no suceda, no podrá construir poder.
El poder es falso, irreal, fantástico, pura puesta en escena pero, hasta la más mínima actuación presupone un escenario. El requerido por el poder  todavía es extraño para la mujer porque es nada menos que un campo de batalla donde, si no hay un macho protector a su lado, la hembra cae herida de muerte. Curadora, sanadora, consoladora, amadora total, para Ella la ferocidad es algo muy lejano como en aquellos tiempos en los que otros mataban para darle de comer y otros morían para que Ella pudiera sobrevivir. Era cómodo -qué duda cabe- pero, frente a su actual necesidad de salir a pelear por cada centímetro de poder que necesita, la mujer se encuentra con la desventaja descomunal de no saber compartir espacios. Para su desgracia no sabe poner en su lugar a las fieras porque le falta puntería o le tiembla el pulso por falta de entrenamiento ancestral y resulta, además, que no tiene afinidad con el teórico poder porque su fuerte -como mujer- es la realidad. Como el Poder es breve ficción, a la hembra le cuesta dar con él. Ella ve hambre, desolación, necesidades, urgencias sociales... en los mis mismísimos lugares donde el varón sueña con ensayar alguna pirueta política con gran audiencia.
Pero no todo está perdido señoras. En el campo de la política la mujer tiene una desventaja de la cual podrá sacar gran provecho: ambas son femeninas. Cuando, entre mujeres, compartir pérdidas y ganancias sea un hecho cotidiano, entonces Diana -la cazadora- y Minerva- la pensadora- aportarán a la política la oportunidad de ser servicio para los pueblos y recién entonces no será vergonzante tener algo que ver con LA POLITICA puesto que, desde ese gran día, lucirá como la gente.

sábado, 10 de enero de 2015

Ejemplo Divino Tesoro



¿Autoridad? ¡Qué autoridad! Las instituciones que la ostentaban -familia, estado, religiones- están en bancarrota. El individuo se siente a la intemperie por mucha protección que simulen darle el dinero y la asistencia tecnológica. Si la soledad indeseada es epidemia social, en estos días, podría deberse a que el ser humano no se siente cómodo entre sus congéneres que casi como decir con Él en persona. Sucede que desde cualquier lugar de la tierra alguien está atentando en contra de su supervivencia ensuciando el aire que respira, o el agua que necesita beber, así como -en su narices- lo acorralan las ambiciones ajenas que no tienen por qué ser inferiores a las suyas.
A estas horas se podría suponer que cualquier control o dirección son imposibles pero, hay una maestría aliada de la humanidad que es la del ejemplo. Aunque la palabra esté desvirtuada, las leyes sean insuficientes, las autoridades no demasiado confiables... las actitudes enseñan de una vez y para siempre. Desde luego los valores del ejemplo pueden ser convenientes o no pero las aceptación corre por cuenta de la naturaleza del receptor y por mucha oscuridad que albergue un ser, o precisamente por tal motivo, el brillo de la excelencia atrae como nada a quien ha nacido humano salvo que esté acorralado por aciagas circunstancias o por la manipulación de alguno de esos seres que, por mucha pinta que tengan, han sido capturados por su propia oscuridad y son sombras de mucha masa es decir, de mucho peso, y pueden remarcar tendencias entre sus semejantes.
Los años nos enseñan de nuevo a desconfiar de las normas como cuando éramos principiantes  en sociedad pero los años, también, nos demuestran que hacen falta reglas de buen vivir para que no se nos haga la noche. Cuando una sombra ajena se superpone a la nuestra, nos oscurece el porvenir, o atenta contra nuestros ideales (que son nuestros propios senderos), es porque nos hemos quedado sin el sol de la sabiduría que, en la dimensión en la cual se escribe esta Nota, es el único con suficiente poder para disuadir de su rumbo a una sombra. Mientras tanto, pequeños soles en busca de uno que otro satélite, los humanos de hoy continuamos siendo voluntarios -o involuntarios-  paradigmas en muchas más vidas de las que podamos imaginar.


martes, 6 de enero de 2015

Telépatas En Camino

 La aventura de seguir siendo humanos

Muchas veces se nos da por pensar que todo está programado en alguna computadora cósmica pero, dentro de tan aterradora posibilidad ¡qué suerte el arte! Siendo esencialmente humano, el arte es el seguro de humanidad con que contamos los habitantes de este mundo. Mientras podamos disponer de expresión literaria, y artística en general, podremos contar con la posibilidad de ser humanos y comunicarnos como tales. Tal vez en un futuro cercano logremos hacerlo telepáticamente puesto que podría suceder que la crisis del vocabulario nos esté empujando a la comunicación telepática que viene desarrollándose sin que nos demos cuenta porque, como toda evolución, es imperceptible en tiempo presente. Gracias a semejante alternativa -salvadora,redentora, maravillosa- el humano se vería eternamente inhabilitado para desvirtuar este nuevo tipo de comunicación con su clásica aspiración de ser y hacer siempre "otra cosa" o "estar en cualquiera" como lo diría un argentino.