sábado, 9 de mayo de 2015

"Excelencia Casi Cero"

  
   Los cambios formales y modificaciones funcionales que va imprimiendo a nuestra especie su propio aprendizaje existencial no implica que la estructura interna del ser humano haya alcanzado niveles óptimos de excelencia. Seguimos conviviendo con Caín y Abel así como los grandes temas de la humanidad continúan centrados en el odio y el amor. Un gran nazareno sabiendo que seríamos como somos nos ha dejado un mensaje interesante al formular aquella osada invitación de comer su cuerpo y beber su sangre nada menos que hasta la consumación de los siglos. El gran Rabí estaba muy al tanto de  la imperiosa necesidad de sublimar,  nuestra humana ferocidad que es lo mejor que podemos hacer con nuestras personales deformidades. La evolución intelectual no determina en los individuos el entierro de sus defectos; el intelecto -en el mejor de los casos- puede ayudar a preservarlos en delicados envoltorios para que la memoria poética no sólo los acepte de buena gana; también para que acceda a mantenerlos, entre decorados secretos, el mayor tiempo posible. 
   Esta gestión de camuflar nuestra sombra no es de tanta utilidad -depués de todo- porque a la primera grieta de la utilería exterior queda al descubierto uno que otro escondite donde los atributos de nuestra humanidad no están expuestos de la mejor manera. Lo que estaba guardado con un rótulo de "generosidad" bien puede aparecer como "egoísmo" y hasta lo que se señalaba como "cordialidad" puede que aparezca como "especulación"... Lo extraño es el interés por insistir en la idea de que el humano actual es superior al prototipo de épocas pasadas cuando lo real es que, si obviáramos el progreso científico y tecnológico, el humano -a secas- es tan insignificante como lo fue durante toda su historia huérfana de paz por culpa de sus limitaciones mentales. Por otra parte, recién está sospechando que habían sido ciertas las razones del corazón claro que le cuesta tanto admitirlo que apenas puede si hablar de "inteligencia emocinal" y, en concordancia con tan poca cabeza y tanto eufemismo es que, permanentemente, en algún lugar de este mundo, hay una masacre, una invasión, un atropello, un genocidio, traiciones al por mayor, injusticias, explotación... entre delincuentes innumerables que toda sociedad fabrica desde siempre, con suma dedicación, como para asegurarse esa cuota de horror establecida en algún decreto altamente confidencial convalidado por el silencio de toda la humanidad.
   Como el humano aún luce el mismo caudal de luz y sombra que vino con él desde que un guiño de la evolución le dio paso entre los ocupantes de este planeta, el hecho de ser más o menos bueno depende muy poco de su persona debido a la nula participación que ha merecido en esta puesta teatral gigantesca que es la danza de la vida en este punto azul de los cielos. No está inscripta en el genoma humano la santidad. Pudiera estarlo en su programación psíquica, o en los grados más altos de su evolución cósmica, para que ese rasgo virtual nos predisponga a desearla, alabarla y, en el mejor de los casos, buscarla.
   Las pretenciosas normas sociales -habidas y por haber- no son más que recursos funcionales a ese personaje ocasional que debemos interpretar entre semejantes lo cual no impide que nuestra personal humanidad esté siempre al acecho reclamando esas participaciones que, de vez en cuando, simulen darnos un lugar en alguna historia. Esas participaciones de mala muerte, nos sirven para recordar que, por mucha inteligencia que pueda acreditar una persona, el espíritu de su raza es joven y no le alcanza para presumir de demasiada excelencia sino, más bien, de aprendizajes de alto costo no sólo para su persona; también para el resto de sus congéneres recién nomás enterados de antiguas noticias como aquella referente al agua sin ir más lejos: ¡resultó que no es un recurso renovable y es más peciosa que todo el oro del mundo!!!!! Tanta información formateada rodando por nuestro planeta no es la aconsejable para nuestras pretensiones de excelencia porque nos están faltando datos valiosos que están muy bien especificados en la más refinada faceta de la inteligencia humana: la intuición. Cuanto más intuitiva sea la gente más se acercará a la evolución interna de su especie y después de animarse a iluminar lo impenetrable, dentro de cada individuo, el camino dejará de ser peligroso porque en lugar de misiles se verán mariposas nuevas volando al compás del corazón humano que todavía tiene guardado lo mejor de sí para mejores días cuando figurar entre los peores no sea motivo de orgullo ni de publicidad. Hoy es demasiado difícil enfrentarse a la excelencia casi cero pero, en todas partes hay personas de evolución más que media. Son ellas la esperanza de que la humanidad cambiará el paso para que su marcha sea más segura. Son ellas quienes trabajan -casi en secreto- creando tendencias firmes con respecto a los valores de cada cultura que -por falta intencional de promoción- se opacan. Por suerte la pasión  fortalece y será el tiempo quien, más temprano que tarde, dará Poder a los mejores para desplazar a la mediocridad instalada hasta en los más pequeños actos de la vida cotidiana que casi no es vida porque si es cierto que existen legiones nunca tan bien equipadas (y organizadas) de horribles, impresentables, indignas personas, es precisamente en esta época decadente que simula ser evolucionada pero no es más que la fachada de un siglo impostor.
   
   

sábado, 2 de mayo de 2015

"El Trabajo De Vivir"

 
   Los sociólogos opinan, y doy fe, que cuando realizamos una tarea que nos deleita, la barrera entre obligación y tiempo libre desaparece pero, se puede terminar pensando que nada nos complace más que realizar tal o cual actividad si esa actividad nos tiene en su poder cuando debiera ser ella la que esté en nuestras manos. He visto a muchos alardear con "el síndrome de la agenda completa" pero abrí los ojos -no mucho- y ya pude verlos aferrados a la querida agenda  en el preciso instante de perder al amor de sus vidas junto a las mejores oportunidades de crecer personalmente. Sus citas seguirán puntuales pero Ellos a la deriva porque quien carece de tiempo propio es mucho más que un indigente: es un desheredado total. Yo diría, recordando a Shopenhauer que "un hombre sin tiempo propio es la imagen de la muerte". (Con todo gusto cambio "tiempo" por "dinero").
   Que el ser humano ha trabajado siempre no es una novedad. Primero para subsistir y, más tarde, para ser "alguien" lo cual comenzó a ser problemático para los empleadores de todas las épocas. Éstos buscaron siempre "mano de obra" no mentes claras ni seres radiantes y en el siglo dieciocho, cuando fue tan serio el peligro de que "Alguien" se instalara para siempre, fue una genialidad rebautizarlo como "trabajador" para presentarlo como el perfil ideal que debía mostrar todo infeliz que se ufanara de serlo. A los nuevos esclavos se les implantó la noción de que ser un "trabajador" era un destino de gloria cuando, en realidad, era casi equivalente al de los bueyes.Tanto éxito tuvo esta campaña de degradación humana que en poco tiempo ser obrero significó, para ellos, ser "buena gente" y los victimarios ya pudieron quedarse tranquilos porque, con esa tramoya, a los pobres se los compensó psicológicamente por los sacrificios sobrehumanos que se les exigía en nombre de la revolución industrial. Pasados los años, el sufriente "honrado" fue recuperando su cabeza y hoy está casi totalmente reivindicado pero, en su fuero interno no ha ocurrido lo mismo y por eso, en el inconsciente de las masas, sigue arraigada la costumbre de  vivir para trabajar y morir trabajando, junto a una imagen absurda todavía bien sostenida por intereses que no sé si son sólo políticos: únicamente un obrero es un trabajador. Muchas madres sueñan para sus hijas un marido que "sobre todo sea trabajador". Que las ame, las cuide y sea buena persona,  es lo de menos  y no son pocos los imbéciles que cuando intentan un elogio al honrado le adjudican la dudosa virtud de ser una persona "de trabajo" (o asalariada) sin pensar, por ejemplo, que un violador taxista es un "trabajador" y un inspector municipal coimero también lo es. Por otra parte, la descalificación más frecuente consiste en acusar a alguien de no trabajar aunque por infeliz no pueda conseguir empleo o, por muy dichoso, ocupe sus días desarrollando tareas creativas de ésas  que los pobres queridos amigos "honrados" debieron olvidar. ¿Qué será lo de ser pobre pero honrado? ¿Y lo de tener más plata que los ladrones?.
   Conseguir empleo es el objetivo principal de la mayoría de las personas en edad de comenzar a llevar una vida "independiente" y lo de ser feliz va quedando para más adelante. Las metas personales suelen estar totalmente subordinadas al trabajo de encontrar empleo primero y al de soportarlo después. Cuando se me pregunta  cómo es posible vivir sin trabajar es porque se confunde vida con supervivencia.  Es imprescindible sobrevivir  ¡pero con la cláusula irrestricta de poder también vivir!. Trabajar subordinados como bestias nos puede proporcionar confort, probablemente poder y, en una de ésas, fama pero felicidad jamás porque ella no sabe respirar fuera de su aire que es el de nuestra Libertad. Estar vivo es ser dueño de un secreto personal hecho a la medida de cada uno y demasiado importante como para llevarlo con nosotros a la empresa en la cual trabajamos donde, por lo demás,  casi nunca estamos o estamos siempre a medias porque el trabajo que nos interesa es el de estar presentes en esta vida con todas las de la Ley. 
   Por suerte, a medida que la gente evoluciona se va imponiendo en todo el mundo la autogestión es decir, el trabajo generado por una meta personal o una vocación y uno no puede menos que festejar la tendencia de que mañana mismo lo importante será lo pequeño. ¿Qué empresas son hoy las más relevantes fuentes de trabajo?: causalmente las más pequeñas; las que en un futuro muy próximo darán cuenta de la importancia de vivir y de trabajar como humanos laboriosos que somos. Mientras tanto, cuando los libros quedan intocados por falta de mente fresca para leer, cuando el único tiempo que le dejan a una persona es el necesario para dormir, cuando alguien hace alarde de no tener tiempo para ocuparse de su estado salud, cuando un conocido nos cuenta que le va estupendamente porque tiene dos empleos... nos parece ver a este mundo arrasado por la anti-inteligencia que, en oleadas de partículas invisibles, nos está secando por dentro aunque por fuera  nos deje más o menos presentables para los festejos del 1° de Mayo que es un gran día para los trabajadores de todo el mundo lástima que, detrás de ellos, todavía se esconde la explotación, el hambre, la esclavitud, la injusticia... porque lo de trabajo digno -muchas veces- no es más que un cuentito.



sábado, 25 de abril de 2015

"Mujeres: ¡al ring!"

    Son alentadores los datos de que ya no es rosa el ajuar de  la nena ni azul el que se prepara para un niño que está por nacer. Lo mismo puede decirse de los colegios mixtos donde ellas y ellos estudian en igualdad de condiciones. También es excelente que, en algunas partes del mundo, las mujeres puedan ganarse la subsistencia y gozar de libertad -delicia que es, ante todo, económica. Lo preocupante es que, entre tanta lucha por liberarnos, la mayoría de nosotras insistimos en no desplazarnos de ciertos esquemas mentales considerados "femeninos" tal como están grabados en nuestra mente a golpe de siglos. Sucede que los garrotazos continuan sin que se los pueda advertir masivamente como cuando las guardianas de la vida festejamos chistes adversos a las suegras o cuando aprendemos canciones que nos denigran sin piedad. Hay letras de canciones que ninguna mujer despierta debiera aplaudir como aquella referente a que "la cosecha de mujeres nunca se acaba" como si la mujer fuese un vegetal. Un viejo tango formulaba la siguiente pregunta: "quién sos que no puedo librarme/muñeca maldita/castigo de Dios" ¿y qué tal la letra de "Angélica"?: "un águila fue tu cariño/paloma mi pobre alma/mi corazón en tus garras sangró/y no le tuviste lástima". ¡Cuidado! si no somos verdurita somos fieras cuando no se nos ningunea de frente mar en "Amor Salvaje" donde no hay reparos para decir: "la llevé sin preguntarle ni su nombre..." ¿Para qué? la mujer sigue siendo, en la cabeza de muchos, una cosa que vale casi nada.
   Está tan bien hecho el trabajo machista, en lo referente a la sumisión de la mujer, que no  nos extraña que  un hombre diga a los cuatro vientos que lo más importante para Él son sus hijos y que a la madre de esos niños ni la mencione. Cada vez que escucho a un sujeto llamar "bruja" a su esposa, señora o pareja, me indigna que no estemos resistiendo -como es debido- al destrato de los machos  que infinidad veces se niegan a tomar nota de las denuncias de atentados contra nuestra integridad física. Las mujeres estamos indefensas desde que los varones de la familia trabajan arduamente para cortarnos las alas desde pequeñas y ese trabajo en equipo, por bajarnos la moral y desprestigiarnos, será eterno de parte del chiquitaje masculino miestras esté ausente el elevado concepto de su género que toda mujer necesita para poder SER. Mientras tanto la mujer mediocre simplemente se deja estar. Vive esperando casi todo sin ponerse en movimiento para conseguirlo y se conforma con protestar en rueda de amigas donde cada una se siente en su lugar por obra de decretos culturales antiguos que continuarán siendo cuidadosamente transmitidos a sus hijos con una inocencia y una irresponsabilidad espeluznante. Es por ingenuidad que  la mujer desdibuja su inteligencia al punto de combatir sin descanso a la hermana de especie que tiene algún vuelo. ¿Acaso toda mujer descollante desconoce que sus pares femeninos son sus más temibles adversarios? Culturalmente programadas para serlo, no se puede alegar que se trate de una programación encriptada cuando está tan visible en ese hábito de maltratarnos que cotidianamente tenemos las mujeres al hablar de nosotras:
   -De burra que soy.
   -De animal que soy.
   -¡Estúpida yo...!
   -Siempre la misma idiota... y las propias descalificaciones femeninas que no sólo refuerzan el trabajo sucio de desnaturalizar a la mujer: lo legitiman sin ningún inconveniente para tener a los señores ¡encantados! como si no se pudiera violar el decreto de no irritarlos por ninguna causa y por las dudas. Esta actitud no difiere demasiado de la que todavía se repite en millones de hogares del mundo donde se pretende exhibir -sin disimulo- la figura del "jefe de hogar" que si no es marido puede ser el hijo mayor o un abuelo o suegro, a falta de yerno disponible. De primera intención "el hombre de la casa" aparece como necesidad de contar con un macho que gobierne a las hembras cuando, en realidad, se trata de una imaginaria comodidad de tener a quién cargar con las responsabilidades a cambio de obedecer, servir y padecer... al precio de una humillante protección que es, muchas veces, equivalente a casa, comida y pequeñas cosas.
   Toda vez que se recurre al tema de la protección como excusa para legitimar el sometimiento femenino, uno se ve obligado a preguntar dónde están los triunfadores que lo son gracias a una madre, hermana o esposa admirables tan pocas veces calificadas como inteligentes, o geniales, porque apenas si dirán de ellas que son astutas o vivarachas. Cuando un machito con aspiraciones frustradas de hombre no tiene más remedio que admitir los valores personales, o el alto coeficiente intelectual de una señora, ahí nomás saca  a relucir descalificaciones canallas como la de llamarla "insoportable", "peligrosa", "resentida", "histérica", "loca"... lo cual no es tan grave después de todo porque, con sólo dos dedos de frente, cualquiera de nosotras puede poner en su lugar al energúmeno. 
  

sábado, 18 de abril de 2015

"Hermanos del Alma"


   Resultó que el universo está constituido por los mismos elementos y que  el ADN es común a todos los seres vivos de modo que el presumido ser humano viene a ser un pariente más de los microbios. Para  manifestarse como Mamífero Top cada terrícola tiene su peculiar configuración genética pero para para manifestarse como partícula del universo le queda al patrón psíquico hacer la diferencia para determinar la singularidad de cada alma viviente que, aún gemela, es única portadora de su "ánima" es decir, de esa estructura cósmica que los místicos suelen llamar "ser interno" y el común de los occidentales conoce como "psiquis". Atractivo y fascinante, como ninguno, ese cristo interior es inmune a todo tipo de manipulación que no sea la autorizada por quien esté suministrándole presencia física. La autorización más frecuente tiene la firma del miedo y le sigue aquélla extendida por la necesidad: necesito dejar de comportarme de cierta manera -o de hacer tal cosa- y entonces me dejo manipular para corregirme o curarme. Yo puedo permitir, hasta cierto punto y en determinadas circunstancias, que otros manejen algunos comandos de mi procesador interno.
   El hecho de que el "ánima" sea infanqueable no impide, sin embargo, que cada sociedad dibuje externamente a sus integrantes de determinada manera lo cual implica que la humanidad está señalada por diferencias descomunales (idioma y raza incluidos) que, de verdad, sólo son variaciones de un mismo arpegio. En lo esencial todo es igual y no hay mejor ejemplo que el de las llamadas diferentes religiones en un mundo superpoblado de seres que practican una misma religión bajo modalidades, intereses y denominaciones distintas. Así como a lo largo y a lo ancho de nuestra aldea planetaria se requieren idénticos nutrientes que se consumen bajo variadas presentaciones: la raza humana sólo ofrece diversidad aparente o superficial. En lo esencial somos todos semejantes. "Semejantes", sin embargo, no significa "idénticos" y, al final de cuentas, además de cósmicamente inviolables, somos seres impares o, si se prefiere, solitarios pasajeros de una travesía particular donde los hermanos del alma apenas asoman, o no aparecen, y todo lo que podemos encontrar es "gente como uno" esto es personas que, compartiendo aristas de la propia sigularidad, pueden configurar desde parejas hasta países bien diferenciados.
   De aquí o de allá seguirán rotando los capitales sin que sea posible ninguna mudanza completa de rasgos culturales. No es posible transportar tradiciones y costumbres de una comunidad a otra aún compartiendo idioma -y creencias- porque cuando se trata de bienes intangibles, como es el caso de los valores, a lo sumo se los puede adaptar para recién incorporarlos. Por esto, hablar de países suponiendo que se trata exclusivamente de extensiones territoriales generadoras de productos primarios, o negocios, es desconocer lo más importante que es el alma de los pueblos con sus notas predominantes que determinan un ritmo propio en el tan bien llamado "concierto de las naciones" ¡Qué expresión perfecta! Muchas veces, cuando el alma de una potencia mundial termina por rendirse frente a la de un  país insignificante, imaginarios expertos atribuyen la derrota a los motivos más inverosímiles sin poder admitir que la determinante del fracaso  fue esa energía formidable de la simple silueta de un inconsciente colectivo que no está a la vista pero reconoce sus fronteras, y no tiene nada de golondrina, ni está a la venta porque su precio es tan caro, tan querido y valioso, como su destino. 
   De pronto se escucha hablar de un mundo sin fronteras en el cual las distancias se acortaron, y los intereses económicos son universales, dos vulgares mentiras agravadas por el hecho de que la pretendida globalización es sólo una estrategia inconfesable dentro de la cual la mayoría de la humanidad no se siente involucrada ni desea hacerlo. Desde que los ilégitimos administradores de la riqueza de este mundo dieron a conocer este discurso, cada grupo social -de mayor a menor- está de regreso a su ánima. Por todo el planeta los países vecinos no sólo se hermanan cada día más; también vigorizan su música nativa, recuperan a sus científicos, premian a sus artistas como mejor saben hacerlo, leen mejor a sus escritores y ni qué hablar de la fortaleza que están logrando las economías regionales dentro de las cuales los hermanos, y semejantes, pueden muy bien seguir sintiéndose singulares. Hoy ha dejado de ser novedad que los ciudadanos de este planeta han vuelto a prestarle atención a la "madre tierra". Cada día con  mayor determinación están regresando "tierra adentro" en procura de verde, aire más limpio y pajaritos pero,  en primer lugar y tal vez sin saberlo, en el intento de reforzar la auténtica personalidad de sus pueblos que dejan ver una legítima aspiración de llegar a ser invencibles en sus objetivos primero y, ahí nomás, formidables gladiadores en el circo eterno de la política internacional tan experta ella en caídas espectaculares como en estruendosos papelones entre los que siempre estamos viendo a uno que otro león hervívoro ofreciendo su último espectáculo: el de su merecida caída bajo el peso de la historia que no suele ser piadosa porque siempre ha mostrado interés por ser justa.
  

sábado, 11 de abril de 2015

"Mentiras Verdaderas"

   Si bien cada profesión requiere un determinado perfil, y cada actividad exige aptitudes específicas, el trabajo rutinario nos da lo suyo al extremo de afectar nuestra manera de plantarnos frente al mundo. No se debiera olvidar, sin embargo, que cada persona es lo que es haciendo lo que haga: el irresponsable lo será en cualquier actividad así como el mal nacido habrá de serlo desempeñando cualquier labor; el desprolijo lo será en todos los rubros; el distraído hará papelones en todos sus empleos... de modo que Juan Peréz será ante todo Juan Pérez y, mucho después, los roles que pueda desempeñar en este mundo. Los mitos que circulan alrededor de las diferentes gestiones laborales son pruebas contundentes de lo poco que atrae el trabajo de pensar. Damos por hecho todo aquello que podría ser cierto sin permitirnos el lujo de razonarlo y es así como aprendemos una enciclopedia de famosas mentiras. Algunas de ellas tan arraigadas que uno se ve en aprietos para explicar, sin ir más lejos, que los artistas no son gente extraña; que los intelectuales no tienen por qué ser aburridos y ni qué hablar de las jefas de hogar con tan inmerecida fama de ignorantes, o zopencas, cuando infinidad de veces son profesionales exitosas además de lectoras calificadas y no del horóscopo precisamente.
   Es común recibir desmesurados calificativos según las actividades que desempeñamos y, por culpa de tanta confusión, quienes se destacan en una especialidad no cuentan con permiso social para lucirse en otras. Como se nos quiere rotulados, y en caja, una renombrada actriz -aunque haya ganado un Oscar- puede ser ridiculizada hasta por sus propias colegas si la descubren barriendo la vereda. Con cuánta frecuencia las intelectuales por poco no piden perdón por disfrutar de sus actividades hogareñas como si el hecho de ser hacendosas menoscabara sus talentos y  más de una vez desconcierta el asombro que genera el simple hecho de desentonar  con la imagen que nos demanda el entorno partiendo de la profesión o el quehacer habitual.
   Tal vez no se debiera tomar tan en serio ninguna gestión existencial porque siempre habrá alguien que la desempeñará mejor; no es raro que estemos realizando una labor que detestamos y hasta podría suceder el milagro de ser personales en todo cuanto hacemos. Si de verdad se aceptara que somos microscópicos universos pero universos al fin, no debiera sorprendernos el talento de pintora que pueda tener una concertista, la habilidad para cocinar de un intelectual ni la inclinación por las letras de un boxeador. En ninguna jurisprudencia se contempla que las personas deban sacrificar un talento o un deleite por otros pero, en el trato cotidiano genera cierta inquietud todo aquel que muestre una personalidad rica en matices. Esto es tan así que hasta puede llegar a parecer imprescindible convalidar al portador de semejante atrevimiento. En tales casos nos creemos obligados a decir zonceras como éstas: es genial pero no es una persona complicada; es ama de casa pero inteligente; es comerciante pero tiene un corazón de oro o, el colmo de los colmos, es escritora pero "es una más" así como pareciera necesario aclarar acerca de alguien importante que, a pesar de serlo, es un familiar muy cercano.
   Tal vez esta visión tan corta entre humanos no sea una característica individual. Bien pudiera ser simple deformación de nuestras percepciones tan vapuleadas desde la más temprana edad. El grueso de nuestro aprendizaje no académico se desarrolla mediante asociaciones nada libres por cierto. Durante la mayor parte de nuestra vida somos copias de no sabemos quiénes porque aquellos que nos manipulan no existen para nosotros porque de tanto tenerlos al alcance... ¡se nos vuelven invisibles! Precisamente es esta condición la que genera el poder para convertirnos en ecos más o menos lejanos de sus características personales y, por tal motivo, casi todos repetimos -como autómatas- que los poetas son locos sin aclarar que de enloquecerlos  nos encargamos prolijamente cuando los pobres caen en nuestras manos. Además hasta somos capaces de decir con total convicción que "nada de consigue sin sacrificio" en lugar de explicar que todo se consigue con trabajo, pasión, determinación y entusiasmo, que nada tienen que ver con martirologio alguno (salvo que hagamos pésimas elecciones). La pregunta del millón sería: ¿así somos?. Por supuesto que NO. Así, con manejos clandestinos, limitan nuestra comprensión los deformadores sociales que, además de no estar a la vista por cotidianos, suelen esconderse entre los pliegues de nuestra pereza por mirar alto y lejos. Nuestra existencia sigue su curso a través de realidades más o menos ficticias de modo que no hay acto más sospechoso de fraude, o simulación, que el de mostrar una característica individual auténtica.
   La inclinación humana por el juego -y la ficción- juega en contra de la verdad  no tan codiciada como nos gusta creer. Francamente, lo que nos gusta hacer con ella es verla rodar por el piso hasta convertirla en una pelota de trapo, o de viejas mentiras - cuando no de nuevas falsedades- y buscar la primera oportunidad para hacer un buen pase de modo que el delantero, de cualquier equipo, pueda hacer un gol de media cancha y... todos contentos en el programa más visto por la minoridad:"Mentiras En Juego".

sábado, 4 de abril de 2015

"Marías y Magdalenas"




   Fueron doce varones los discípulos del fundador del cristianismo y quién sabe si el maestro Jesús pudo haber sospechado que serían las mujeres quienes expadirían y conservarían su luz en occidente donde los hombres se entregaron a la nueva fe por influencia de sus madres, esposas o hermanas. Allá por el 313 Flavia Helena, la madre del emperador Constantino convirtió a su marido Constancio Cloro a la naciente religión cristiana y gracias a Ella el cristianismo se transformó en religión oficial del imperio romano. En el 403, Clodoveo, el rey de los  franceses sálicos de la Galia Romana que más tarde sería lo que es hoy Francia, se casó con Clotilde que lo llevó a la doctrina  de Jesús así como la reina Gisella -hermana de Enrique de Baviera- una vez casada con  San Esteban de Hungría, fue la responsable de la conversión de sus súbditos a la fe pregonada por "el Hombre de Galilea". Fueron las damas quienes lograron la transformación religiosa de los reyes bárbaros como antes lo habían hecho con los emperadores romanos. Amaury de Riencourt en su libro "La Mujer y el Poder en la Historia", de la editorial venezolana "Monte Ávila", explica que cuando el Papa Gregorio VII tuvo su famoso choque con Enrique IV, gobernante del sacro imperio romano, fue Matilda -duquesa de Toscana- quien lo refugió en su castillo de Canosa cuando se temía una agresión armada de Enrique. No conforme con esa asistencia, la buena Matilda decidió legar sus dominios al Papado para asegurarle autonomía económica y, desde luego, estabilidad política. Más tarde, cuando al Papa le tocó defenderse del emperador alemán, buscó ayuda en Francia -se instaló en Aviñón- y otra vez una señora lo asistió para liberarlo de sesenta y ocho años de "cautividad babilónica" del protectorado francés puesto que Catalina de Siena convenció  y ayudó al Papa Gregorio XI para que reinstalara en Roma la Santa Sede donde tendría verdadera independencia hasta nuestros días.
   En general las mujeres de alto rango, y los miembros femeninos de las casas imperiales, se convertían con frecuencia al Cristianismo y solían involucrar a sus hombres en la nueva fe. Puesto que las damas eran el elemento principal de su creciente éxito, el Cristianismo les hizo algunos favores promoviendo mayor respeto como madres y la seguridad económica mediante la conversión del matrimonio en sacramento. El más grande obsequio cristiano para la condición de la mujer consistió  en la exaltación de lo femenino reinstalando la idea del nacimiento virginal proveniente del paleolítico cuando los hombres no se consideraban incluidos en la maternidad por creer que a las hembras las embarazaba una entidad espiritual, la luna o algo así.Todo el simbolismo acumulado a lo largo de los siglos ayudó a renovar la creencia en la madre virgen que dio vida real a una divinidad. A diferencia de lo que sucedía en Asia Menor con los simulacros de Osiris y Attis, periódicamente crucificados en un árbol y resucitados según antiguos ritos de fecundidad, Jesús de Nazareth fue un personaje real "porque el verbo se hizo carne". Este técnica subliminal fue precisamente lo que permitió que el culto a María, "la Mariolatría", fuera el mecanismo perfecto para atraer -y conservar- a las mujeres dentro del Cristianismo que siempre necesitó de sus donaciones después de tanto ayudarlas en sus afanes por heredar.
   Durante siglos Ellas incrementaron la riqueza de lo que  es actualmente el Vaticano  además de mantener a Ellos a la sombra de la Iglesia Romana. Los hombres casi siempre estuvieron en Misa y se casaron de acuerdo al rito católico  arrastrados por sus mujeres que, afanadas en tantas cosas, no advirtieron que a la madre del Hijo de Dios la fueron transformando en la madre del mismísimo Creador porque ¿acaso el Padre no era "uno y trino"?  En el año 451, Concilio Ecuménico de Calcedonia, los cristianos ortodoxos declararon que la Virgen María era Theotokos es decir, la Madre de Dios. Si bien este ascenso de María pudo haber sido mejor explotado por el costado femenino de la cristiandad, no fue así. La mujer cristiana se conformó con algo de respeto (no el suficiente), con un poco de protección económica y una mísera educación sin que se le reconocieran méritos para acceder a la autoridad clerical. No reclamó cargos eclesiásticos o,mejor dicho, ni siquiera que le lavaran los pies en la ceremonia pascual del jueves santo -hasta el Papa Francisco I-. Desde luego, dio algunos manotazos de ahogada como cuando abandonó a más de uno que esperaba conservarla como esclava, hasta que la muerte los separara, o como cuando tiró la mantilla para entrar en el templo. Los hechos cuentan que entonces, ya con la marías en la perisferia, los popes de la Iglesia Romana tuvieron que pensar en hacer buenos negocios con sus pares más opulentos del orbe para poder mantener la riqueza de la Santa Sede y sucedió lo inevitable: poco a poco la mujer dejó de sentirse representada por una institución que la ignoró toda la vida a menos que la recordaran para mandarla a pedir limosna durante la Misa, o para renovar el agua de los floreros de los altares. Si bien actualmente no sólo pasa la bolsa -porque le permiten hacer nuevas pequeñas tareas- cada vez con más énfasis las marías fueron haciéndose notar, como seres pensantes y ejecutivos, hasta que muchas de ellas terminaron por no aceptar despropósitos tales como el hecho de que a Madre Teresa de Calcuta le costara tantísimo ser aceptada dentro del catolicismo oficial siguiendo, como seguía, las enseñanzas de Jesús. Madre Teresa, otra vez una mujer, fue la propagandista cristiana más grande del siglo XX y debiera agradecérsele la expansión actual de la Santa Sede en África. Esa grandiosa madre moderna ya no está; muchas otras siguen sus pasos en la soledad más absoluta y son millones las que continúan alejadas de la fé católica desde que se despabilaron si bien no del todo porque, hablando con franqueza, pudieron haber presentado más batallas y no lo hicieron sin advertir que así como la ausencia de la mujer en el hogar terminó con la familia biológica, su alejamiento de una fe determinada implica muy corta vida para la institución que la pregona.
   El maestro Jesús, en nuestra época, ya sin la presión varonizada de sus días, probablemente se encontraría en mejores condiciones para elegir representantes. Hay un runrun de que María Magdalena fue su discípula dilecta pero, de cualquier manera, hubo demasiada ausencia femenina en los albores de la religión cristiana. Tal vez el maestro amaba a las mujeres mucho más de lo que se cree y, por tal motivo, al no elegirlas como seguidoras oficiales haya querido preservarlas de los martirios que debieron soportar los primeros apóstoles. Él, como ser evolucionado, hacía gala de un gran femenino cuando enseñaba el amor y la caridad; cuando lloró en Getsemaní; cuando perdonaba a la pecadora o disfrutaba de largas charlas con María de Betania mientras Marta "se afanaba en tantas cosas". Hoy, entre tantos Judas, los pescadores de almas ya no son tales; los pastores de su rebaño son los mismos que Él echó del templo; Poncio Pilatos sigue haciendo su tarea de lavarse las manos religiosamente pero las Marías y las Magdalenas -nada distraídas por cierto- ahora sí, con total seguridad, podrán ofrecer al instaurador del cristianismo el mejor de los servicios a su causa.

sábado, 28 de marzo de 2015

"Adiós Mensajero Adiós"


     Grande o pequeño, sabiendo o sin saber, el ser humano es esencialmente un explorador. Entre quienes buscan sabiduría no son pocos los andariegos del mundo invisible al que se puede acceder por los caminos del corazón. Se llamen como se llamen son personas de gran porte espiritual -aunque no sean religiosas- y esta característica las anima a transmitir lo poco o mucho que puedan conocer acerca de esas leyes cósmicas que, no estando escritas en ninguna parte, son de cumplimiento obligatorio porque nada en el universo se puede hacer, o dejar de hacer, sin su consentimiento. Con frecuencia se las conoce como "leyes de la vida" y no son compatibles con legislación humana alguna porque estas leyes superiores -si bien nos involucran como almas vivientes-  parecieran estar promulgadas en consideración al conjunto de lo existente (dentro, fuera, cerca y lejos de nosotros).
    En la medida que se trata de patrones universales no es lógico pretender que sean de aplicación barrial si consideramos a nuestro planeta como un distrito insignificante entre tantos probables universos. Cada país, cada cultura,  y cada época, tienen las normas jurídicas y religiosas que fue configurando con mucho trabajo para concretar una convivencia más fácil entre los humanos que no nos caracterizamos por ser demasiado recomendables. Desde luego que en nuestro mundo ninguna legislación es inocente, como tampoco lo son sus destinatarios, de modo que toda ley es tan perfectible como aquellos que la promulgan (qué novedad) con el agregado de que es inútil reemplazarla por una disposición cósmica puesto que nosotros, los "juncos pensantes" de Pascal, estaríamos lejos de interpretarla y a años-luz de poder cumplirla.
   Hay una ley del cielo que debiera se tratada con mucha consideración: es la ley del karma. Enseñar que un niño fue asesinado por su madre porque el pobre le debía el haberla  asesinado en otra vida, por ejemplo, es declarar impunidad al crimen y el crimen debe ser sancionado para protegernos, como especie, de caer en nuestras propias garras porque hace falta imprimir en la mente colectiva la inconveniencia social de la ferocidad (o de tantas otras características humanas despreciables)
   La vapuleada ley de causa y efecto no sólo debe remitirse a vidas pasadas; además debería ser cuidadosamente considerada en la actualidad de cada ser humano porque en el presente también se saldan deudas incluso cada día lo cual es una regia oportunidad para ofrecer y recibir compensaciones. La del karma es una ley de oro convertida en nada cuando, sin ir más lejos, frente a un mendigo pensamos tranquilamente que ese ser está aprendiendo una lección sin aprender nosotros, de ese precioso instante, la ley del servicio, la comprensión y la misericordia. Las lecciones de vida son todas colectivas por muy individuales que parezcan: "mi" enfermedad tiene efecto en la empresa en la cual trabajo,  en una obra social determinada, en mi familia, en mi círculo de amigos, en el dueño de la casa que alquilo y, si es contagiosa, puede afectar al país donde resido y así hasta el infinito. Junto al aprendizaje existencial del otro está mi propio aprendizaje y, ya que estamos, las leyes de la vida son de aplicación automática en el momento más oportuno según ella lo considere. Las leyes del cielo son manejadas por él. Las leyes de la tierra son nuestra directa responsabilidad que no es poca y, por lo mismo, es pertinente separar los tantos. Si en lo personal somos tan responsables arriba como abajo -en público como en privado- en lo social somos arquitectos de todos los destinos.
   La auténtica comprensión de la leyes cósmicas nos vuelve doblemente responsables del conocimiento que merecimos alcanzar y enseñarlas no es dar un seminario; es vivir conforme al discurso que habitualmente ofrecemos o es dejar que las actitudes hablen por nosotros. Ser un maestro de la vida es caminar por ella alumbrando sólo por alumbrar y no hablando por hablar. Con toda seguridad hay muchas personas que necesitan  nuestras palabras pero, contradiciendo a Charles Boudelaire, cuidado: no nos emborrachemos con ellas o terminaremos haciendo el ridículo de defender lo indefendible  o apoyando lo absurdo.
   Quien comprende medianamente las leyes del universo no es un elegido ni se crea un privilegiado; es nada más que alguien que ha vivido con mucha atención y la consecuencia de tener los ojos bien abiertos es estar provisto de especiales herramientas para su evolución personal y colectiva. Ese instrumental le permite analizar con menos margen de error cualquier legislación humana en el caso de necesitar cuestionarla, modificarla o reemplazarla por otra de mejor factura. El crecimiento interior, además, le ofrece suficiente piolín para elevarse en esta vida con más soltura que otros... pero, al mismo tiempo, le demanda ser exquisitamente humano por estar menos expuesto a caídas fatales como aquellos que no cuentan con buena luz en su camino. Si alguna vez un hermano mayor, en su afán por compartir lo que sabe, olvida en qué dimensión está parado, o no sabe administrar sus pensamientos y, mucho menos sus ambiciones, automáticamente el cielo se encarga de ponerlo fuera de servicio y...¡adiós mensajero adiós!.
  


sábado, 21 de marzo de 2015

"El Impuesto Más caro"



   El impuesto más caro por el simple hecho de vivir, en este siglo, bien podría ser el de la soledad y lo peor es que tratamos todo el tiempo de evitarla sin noticias claras de cómo es ese yugo del cual queremos escapar.
   La soledad tiene cierto parecido al antiguo temible viejo  "de la bolsa" a quien ningún chico pudo decir haberlo visto alguna vez y, sin embargo, más de uno temblaba despavorido frente a la sola mención de su nombre por no haber tenido oportunidad de hacer buenas migas con él. Ya grandes, todavía no sabemos que podríamos conocer, enfrentar o mantener excelentes relaciones con todos nuestros fantasmas puesto que todos ellos no pueden respirar en otra parte que no sea en la interioridad de quien decide darles una gran vida.
   La soledad, amenaza terrible para aquellos que no tienen buen trato con su ángel, ni con los ajenos, es la versión femenina de aquél viejo maldito que asustaba a los chicos que no se portaban bien. Ella tampoco puede existir en ninguna realidad que no sea en la trastienda de cada uno de sus gestores tan dispuestos a darle un lugar destacado en su vidas nada más que para pelear todo el tiempo con ella y, de ese modo, darle presencia o hacerla crecer. Buena hija del temor, y la imaginación, la vieja soledad es pícara; adopta cualquier aspecto con la única esperanza de ser aceptada como una moradora más de la inocencia y, llegado ese gran día, poder vivir -y acaso morir- en paz.
   -¿Cómo nacerá eso que, dicen, se llama "soledad"? Tal vez sea el fruto de nuestros secretos intentos de tenerla en nuestras manos -para destruirla- cuando se nos inculca con éxito el miedo de llegar a enfrentarla y como nadie que nos asuste con ella sabe lo que es porque LA soledad no existe como entidad, autónoma, en cuanto estamos ociosos no se nos ocurre nada mejor que colaborar con el susto escondido y fabricar nuestra incomparable soledad (por mucho que nos dejemos ver en variada compañía).
   Como toda obra personal, nuestra soledad no sólo nos toma el nombre y apellido para que se hable del solitario de fulano de tal. ¡Nos pinta de cuerpo entero! la del materialista tiene  el peso de sus ambiciones así como la del lírico, que no es carga para Él, presenta el color de sus sueños más recurrentes. La del egoísta es demasiado grande -y dura- porque esta soledad no es más que una sombra del muro innecesario que se propuso levantar entre sus precaria humanidad y la del resto de sus congéneres. De todas las soledades ninguna tiene la fragilidad  de aquélla que se atreve con un alma generosa. Sucede que entre el dar, y el recibir, el aislamiento tiene que retirarse por el motivo menos pensado que siempre tendrá que ver con la alegría de la entrega y el servicio.
   Es comprensible, es humano que hasta el más pintado esté interesado en convivir con sus propias creaciones desde que hay algo en Él que las ama (aunque sea con dolor). No por otra causa todo creador necesita voluntad extraordinaria para eliminar aquel matiz, aquella idea o rasgo que pueda quitarle coherencia o esa armonía que desea imprimir en su trabajo. Quienes no son creativos no pueden siquiera imaginar cuántos abortos forzados debió sufrir una obra a la que -con total tranquilidad- se califica de mediocre o excelente. Únicamente los creadores pueden saber qué dolorosa es la faena de desechar elementos sólo porque los infelices se ven mal en determinadas combinaciones. El hecho es que pensadores y artistas han descartado mil trazos para poder contentarse con algunos y en tanto esto sucede, irremediablemente, la mayoría de las personas se resisten a tirar a la basura a la más inservible de sus creaciones: a  esa sensación llamada soledad que no tiene nada que ver con el  hecho de estar solos. Cómo descartarla si hasta se la lleva al especialista para ver si el buen señor puede con esa carga tan intolerable como la propia miseria interna de su portador porque -hay que decirlo- su peso es directamente proporcional a la falta  de nutrientes esenciales del ser: conocimientos, idealismo, una vocación bien atendida, proyectos, dolores, amores...
   A todo esto la soledad va. Muchas veces es sólo cuestión de mirarla fijo porque puede suceder que llamemos con su nombre a otros estados internos porque, ¡si todavía no lo dije! ese lamentable estado es nada más  que un desvelo. Consiste en perder hasta el sueño por estar en presencia de la nada y mitigar esa vigilia con sensaciones diversas que suelen describirse   como amargura, desasosiego, ansiedad... Aquellos que no tienen compañía humana sin darse por enterados, porque tienen la cabeza poblada de estrellas y por eso un horizonte siempre a la vista, pueden decir con autoridad que cada uno tiene en su soledad a un impuesto especial que se impone a sí mismo. Si es demasiado caro, si parece injusto, si luchamos por evadirlo, si es una carga que nunca imaginamos, y mucho menos deseamos, estamos inscriptos en el pésimo negocio de la inocencia porque -¿por qué será?- hasta somos capaces de imaginar que en cada esquina está la bruja soledad esperándonos, cuando no buscándonos, como si se tratara de una entidad poderosa que nada tiene que ver con nosotros y, para colmo de males, suponemos que de sus garras no es posible escapar.


sábado, 14 de marzo de 2015

"Creer y Reventar"

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   No son pocos los pensadores embarcados en el tema de la humanización de la economía o en un mejor reparto de la riqueza en este planeta que puede traducirse como más fácil acceso a mejores oportunidades de bienestar. Por supuesto, la mayoría de los políticos de carrera harán su trabajo en contra de semejante pretensión en tanto que hay legiones de seres que se ven en dificultades para derribar más de una tranquera de su campo interior donde hicieron prosperar el cultivo ancestral de sus creencias.
   La mayoría de la agente está jaqueada por suposiciones que no tienen por qué ser conscientes ni bien fundadas como cuando nos escuchamos decir, frente a un menú desconocido, que no nos va a gustar sin haberlo probado o cuando se asegura que tal o cual negocio no va a prosperar porque, sencillamente, así se nos ocurre. En ambos casos no existe el argumento que pueda modificar estas actitudes porque sólo con hechos, o experiencias, se puede alterar lo sembrado por mandatos inconscientes.
   Cuando alegamos que "en algo hay que creer" no tenemos ni la más leve sospecha acerca de que una creencia es una creación mental como cualquier otra que, positiva o no, tiene vida propia. La creencia no está en nuestras manos; es su propio mentor quien está en su poder -y qué poder- porque ingenua como es, o precisamente por serlo, la creencia ejerce total fascinación en la mente humana. Por ella se muere y se mata así como en su nombre se divide y subdivide la humanidad hasta límites inimaginables. Desde que la creencia se presta gustosa para cualquier negocio desde el turístico, hasta el sucio (y aborrecible) de las armas, los mercenarios de este mundo tienen muy en claro que la credulidad es buena carnada para que muerdan el anzuelo tantos hambrientos de futuro que alberga toda corriente ideológica o religiosa. El sólo hecho de creer, en lo que sea, ya nos introduce en una manada donde no se nos permite ser personas para convertirnos en simples seguidores. Esta actitud tan comprensible explica por qué ni siquiera los supuestos liberados de los dogmas estamos libres de codearnos con las creencias porque tenemos ¡las de nuestra propia creación!!!!
   La creencia individual no tiene el peso de la colectiva, desde luego, pero se puede advertir su lento trabajo en los éxitos y fracasos de la vida personal. Instalada como sugestión, decreto, o mandato, hace de las suyas en cuando le prestamos alas. Si la gente tuviera siempre presente que las creencias son tan sólo dibujos animados no habría tantos desheredados en este mundo porque esas animaciones -a todo color- son las que cierran el paso a la audacia o, mejor dicho, a todo riesgo. "Creo en el destino" así que no hago nada por modificarlo; creo que "si Dios quiere" haré tal o cual cosa de modo que "Dios dirá" lo cual me convierte en mudo además de inútil; creo que "nadie la talla contra el destino" así que mi hambre, y mi desolación, tendrán que esperar y a soportarlo se ha dicho; creo que "nada se consigue sin sacrificio" lo cual me habilita ampliamente para ser ofrenda en el altar de las ambiciones de cualquiera o, si no me opongo, para ser sacrificado en beneficio de tantos descreídos que saben, de sobra, que "el vivo vive del zonzo y el zonzo de su creencia". Creer en la necesidad de sacrificarse por todo es una imbecilidad. Que todas las religiones estén regadas por la sangre de sus mártires no implica que todos tengamos que aportar la nuestra sobrellevando a un jefe mal nacido o realizando una labor que nos hace daño físico y espiritual. ¡QUE VIVA EL ESFUERZO! pero aquel que nos reconcilia con nuestras internas necesidades y, por tal motivo, con toda  la humanidad. El sufrimiento es un aprendizaje  más en toda existencia humana siempre y cuando no nos instalemos en él por creer que es un designio sobrenatural que ha caído sobre nuestras pobres cabezas.
   A poco de hablar con personas sufrientes ya sabemos que son poco advertidas. Por la ceguera que causa el dolor, o por cansancio de remar sin rumbo, inmediatamente se las descubre resignados a su suerte. Sus primeras palabras describen cómo creyeron equivocadamente en tal o cual persona, en tal o cual zoncera, y que ¡siguen creyendo en muchas otras!. En tales casos un llamado al trabajo de reflexionar,mediante sugerencias pautadas por la realidad, los asusta de tal manera que cuesta mucho sacarlos de esa parálisis total que las suposiciones pueden provocar en la gente y en su entorno. La "creencia cierta" es un contrasentido puesto que al asomar la certeza ya hay conocimiento en lugar de dibujos animados. En honor a una  mínima honestidad intelectual hay que aclarar que las creencias positivas ayudan a vivir porque en lugar de paralizar son movilizadoras pero, justamente por eso, también son peligrosas de manera que un consejo referente a las creencias habidas, y por haber, podría ser: mucho cuidado con creer....¡y reventar!.
    

sábado, 7 de marzo de 2015

"La Primera Vez"

   

    Estaba todo tan bien en su perfecto lugar, y daban tantas ganas de profanar tanta perfección con un disparate, que no por otra causa decidí hacer mi primera torta. Contaba entonces con la complicidad de mi adolescencia para convertirme al instante en una señorona de delantal a cuadros que recibía instrucciones de un  libro gordo para cumplirlas -ceremoniosamente- como tratándose de un místico ritual: primero una operación, después la otra ... hasta que el menjunje fue a parar al infierno avivado por mí con leña del monte.
    De cualquier manera no faltaba más que esperar pero, como nunca se dice no cuando catorce años nos vienen a buscar, me fui con ellos a billones de años-luz de la cocina tratando, tal vez, de buscar algún adorno espacial que, en el supuesto caso de haberlo encontrado, hubiera tenido que ocultárselo a mi vanidad porque mi primera torta se hizo carbón en el infierno en tanto que yo vagaba -como loca- por mi primavera recién nacida. Mi gran compañera, la fantasía, me ha seguido hasta acá por todas partes con el tácito acuerdo de sacarme a flote después de cada uno de esos naufragios innumerables a los que suelo prestarme gustosa. Y si no reniego de semejante negociado es porque nada se ha hecho sin ella primero y sin afanes después. Me gusta encontrarla en el trabajo o en cualquier tipo de servicio que uno sea capaz de ofrecer y, francamente, cuántas veces la extraño en el quehacer de mis hermanas, las mujeres.
    Siendo muy chica me enseñaron a ser esta mujer que no sólo cuando escribe se embarca en la fantasía. Contaba con siete abriles cuando ya sabía poblar nuestra mesa con diminutos "barquitos de mouse de naranja" que, al decir de mi padre, se veían muy vistosos con tanta espuma del "mar de las gacelas" del cual tuve noticias, veinte años después, al enterarme de su probable antigua ubicación donde hoy se extiende el desierto del Sahara. El copete de merengue -batido por mamá- resultó estar emparentado con algo tan desconocido para mí como era el mar.
    Aquellas experiencias culinarias de mi niñez no despertaron ninguna de esas vocaciones que aún tomaban como propias las mujeres de mediados del siglo veinte porque yo pasaba más tiempo haciendo garabatos en el escritorio de mi padre que en cualquier otro lugar si bien el destinado a la preparación de alimentos lucía sagrado por lo que tenía que ver con el fuego, seguramente, y porque era terreno de los mayores. Hoy la cocina sigue luciendo misteriosa porque en su perímetro hay una brisa de intenciones, expectativas, errores, ensayos, triunfos y fracasos -mínimos o espectaculares- que no trascienden al quedar tan bien guardados dentro del "secreto profesional" que, en realidad, es un secreto de identidad desde que no hay dos seres de idénticas vibraciones por muy clonados que pudieran estar.
    ¿Qué tendrán que ver las vibraciones con los alimentos preparados o sin preparar? La energía tiene que ver con todo y la de cada persona afecta lo que toca (y alrededores) razón por la cual es correcto decir que hay tantas recetas culinarias como personas poniéndolas en práctica. La técnica o el modo de sembrar, cultivar, fabricar o preparar -lo que sea- es una cuestión de energía desde que el ser humano en todo lo que hace "pone lo suyo" que para unos será "un sello" y, para otros, buenas o malas ondas. Esta realidad es tempranamente advertida por quienes preparan alimentos  puesto que la receta más perfecta terminará en un fracaso si hay mal talante o si no hay cabeza en su debido lugar como fue el caso de la mía en mi debut como repostera.
    Cuando me inicié -con delantal ajeno- en ese gran acto de amor que es alimentar, el cerebro, la panza y los sueños incluidos, eran días de beatitud en mi vida porque el juicio de valor aún no estaba implementado en mi programación personal es decir: yo estaba simplemente receptiva y en aquel estado, al que ahora en la madurez me cuesta tanto regresar toda vez que lo necesito, nunca escuché en boca de ninguna mujer el concepto de cocinar como actividad denigrante, o siquiera desdeñable, si bien se protestaba cuando no había quien lavara los platos lo cual es tema para otra historia.
    Desde luego, se puede presumir que la cocina tendría bien ganado el nombre de "laboratorio de la muerte" por culpa de tan pésimas mixturas que se pueden ensayar en sus instalaciones. Yo destacaría los milagros que se logran con casi nada si se conoce el arte de combinar los sabores y el tiempo. Agregaría, además, que es preferible ni acercarse al imperio de las hornallas si es que no se puede contar con uno que otro reflejo de esas mínimas transmutaciones  que provienen de la alegría de hacer las cosas con la inocencia, con la vanidad, con las mismas expectativas... incluyendo, por qué no, el frenesí de la primera vez.
  













sábado, 28 de febrero de 2015

"Ella"





   Ella nunca está cuando se la necesita. No es agradecida ni generosa y, sin embargo, el mundo entero corre tras Ella desde tiempo inmemorial. Nadie podría decir cuántos mataron y murieron por servirla. Los hombres que le entregan su alma olvidan amar para siempre y las mujeres que esta mujer seduce suelen terminar prostituidas cuando no pobres, desprestigiadas y en el olvido.
   A Ella se la nombra todo el tiempo porque mete las narices en cada recoveco de nuestras vidas sin ninguna autorización pero -eso sí- con la autoridad que le dan siglos y siglos  de vigencia. La señora, además, se cobra cada desaire con un golpe de aire frío que paraliza si bien cuando se la ignora con prepotencia Ella se muestra más tentadora que nunca hasta que, si te impones con tu firmeza, no le queda más remedio que darte el privilegio de dejarte vivir en paz porque tampoco es tonta:  al gran adversario lo respeta en serio aún teniéndolo constantemente en la mira para ver si, por fin, lo ve caer a sus pies.
   Suele ser presentada como una gran "seductora" que en verdadero castellano significa "engañera" sin que a Ella este apelativo la incomode en lo más mínimo porque la mala fama no es tan mala después de todo. El desprestigio impacta en esos lugares tan oscuros de la mente humana que son los que, precisamente, a Ella le interesa frecuentar o, mejor dicho, dominar. Por cierto, ya no puede sorprender demasiado en este tramo de la historia. Es la basura que es después de haber convertido a la presente civilización en un basural donde se siente de lo más cómoda manipulando desechos humanos a los que aparenta convertir en proezas de la raza más pensante de la tierra. Se podría pensar que la fulana consigue maravillas porque hipnotiza pero no se engañe: nunca se la ve por ningún lado porque para sus habituales tramoyas cuenta con secuaces designados por alguien que es casi como Ella en tanto que La Doña no aparece.  Sus infaltables, eficientes y sinvergüenzas  colaboradores, por expresa orden de Su Señoría, pueden y suelen aparecer en los medios de comunicación masiva pero, ni un paso más puesto que a la realidad no deben ni asomar.
    ¡Cómo engaña esta mujer!
    Sus operadores tienen que aportar lo peor de su condición humana; deben ser sedientos de poder lo cual los capacita para ser vanidosos, ególatras, cínicos, embusteros, desalmados, agresivos y, "si pinta", travestidos. Con tan humanos antecedentes estos operadores simulan trabajar para Ella mientras aparentan hacerlo por su patria o, al menos, por un municipio ya que, según dicen, si cobran tan buenos sueldos es por  trabajar "¡por el bienestar general"!.
    Como este planeta está infectado por tipos de esta calaña, a Ella nunca le faltarán seguidores ni serviles. Tampoco le hará falta postularse para cargo alguno porque las mayorías viven y mueren esperando, de sus imaginarias gestiones, un nivel de vida supuestamente mejor como si las sociedades en su conjunto -o por separado- no pudieran lograr lo que necesitan sin contar con la delictiva participación de personajes tan nefastos como Ella. A todo esto, la señora tiene larga vida porque la humanidad es como es y, como a cualquier hijo dilecto se le permite cualquier  despropósito, una consentida como ésta siempre va por más.
    Después de siglos de simulación todavía son legiones los que siguen creyendo en Ella y es interesante observar cómo se la transforma todo el tiempo sin modificarla demasiado en esencia porque ése es el truco; ¡ahí está el genio! Ella, tan práctica, no quiere engañar a nadie. Si se engañan con Ella no será por su culpa; es por causa de la mente de los mortales que, además de darle vida, la hizo eterna lo cual le ofrece todas las ventajas. Puede aparecer y desaparecer a la sombra de los héroes, o los próceres, que aún siendo también muy hijos de la condición humana no sólo tienen corta vida pública, y mala prensa, también deben contar con el olvido siempre asediándolos claro que este fantasma no puede con Ella porque en el tren del tiempo, la muy zorra, se las ingenia para estar siempre presente hasta el punto de que no hay suceso importante en este mundo  donde no se sospeche su presencia aunque más no sea por un instante. En lo mejor y lo peor de nuestras vidas  Ella asoma en puntas de pie, o llevándose todo por delante, cuando no se la descubre debajo de una mesa de negociaciones o, muy campante, en el asiento delantero del coche de los recién casados. Como los señores se sienten fascinados con esta ubicuidad, a Ella la incorporan a sus empresas y la hacen participar hasta en negocios de Estado desde siempre porque -para qué mentir- a Cristo no lo mataron los judíos ni los romanos; fue Ella la culpable de su calvario como el de tantos otros sin ir más lejos como el de aquel egipcio idealista que eligió llamarse Akhenaton en honor al sol. No contenta con la destrucción de Tell-El-Amarna, no conforme con expulsar del la historia a la pareja solar, cómo debe haber gozado Ella con la humillación de Nefertitis frente al clero de Tebas cuando debió renegar de Atón para que su hijo pudiera ser faraón. Cómo no disfrutar de aquel momento si estaba venciendo nada menos que al mismísimo sol claro que a los dioses no se los vence así nomás: con el tiempo Atón se hizo invisible, para que no lo liquidaran, y se convirtió en  un verbo; después en una voz; más tarde en una zarza ardiente; luego en un misterio... hasta nuestros días que comienza a ser inteligencia cósmica o, naturalmente, universo.
No lejos de Egipto estuvieron los griegos con dioses para elegir pero Ella decidió endiosar a una pareja humana que era funcional a sus planes: Pericles y Aspasia y, a partir del éxito de aquel  experimento Ella repite la fórmula para manejar incautos. Que las parejas útiles terminen colgadas de una plaza o incendiadas en un búnker cuando no prófugas de la justicia, es lo de menos. Lo que a Ella le interesa es que no pueda  haber paz en la tierra mientras hace creer que falta casi nada para alcanzarla. ¡Mentiras!. Si hay alguien interesado en que la injusticia sea reina es ELLA que, en definitiva, es la historia más o menos oficial pero... qué estoy escribiendo... Ella ES la historia claro que no la verdadera porque no deja de ser simple apariencia por mucho que influya en nuestras vidas. Es como si nuestra historia personal no fuese más que un libreto retocado con miras de seguir re escribiéndose lo cual no deja  de ofrecer  garantía total  de eternidad a su falsa autora que es sencillamente -una vez más- Ella.
    No bien asoma en el horizonte algo así como un proyecto personal, o colectivo, la fulana es la primera asistente en las reuniones o en la cabeza del ideólogo. De hecho no asoma por asomar porque su juego predilecto, de "sálvese quien pueda", recién será advertido cuando ya no haya manera de barajar de nuevo sin sacrificar ideales, principios y objetivos.
    Con frecuencia la gente opta por la traición a sus ideales cuando cree que no cuenta con armas personales para concretarlos pero, lo habitual es renunciar a todo por cumplir planes de Ella creyéndolos propios. Las víctimas de esta embustera suponen que sacrifican los medios sólo por una vez para alcanzar objetivos sin advertir que, en manos de semejante manipuladora, una concesión hace miles y que, una vez encontrándose en su poder, cualquier individuo ya forma parte de planes ajenos aún cuando todo lo lleve a suponer que actúa por cuenta propia.
    En el inconsciente colectivo de los pueblos parece estar instalado el convencimiento de que nada se hará sin Ella porque la humanidad no ha querido confiar su evolución al arte ni a la ciencia, por ejemplo, como no ha querido saber nada de darle debida participación en sus asuntos al nivel más elevado de conciencia humana que es el de la intuición, tan mal promocionada y relegada a la magra categoría de virtual sexto sentido. La intuición no es una figura poética ni es cosa de locos. Es una de las tantas funciones, actividades o atributos de la mente que va desarrollándose con la evolución de la especie que la cultiva. El tema es que si la intuición estuviera bien crecida entre los humanos, la más genial mentirosa no tendría nada qué hacer en este mundo ni lograría incendiar continentes enteros tan sólo para, después de un buen rato, apagarlos con su fingida naturalidad.
    Si Ella luce experta en extinguir fuegos es porque sabe encenderlos o, al menos, avivarlos: de un descontento popular puede lograr una masacre así como al asesinato ocurrido  en  pueblo escondido es capaz de convertirlo en una guerra mundial y, hablando de fuegos, la primera institución en ponerse a disposición de Ella fue el matrimonio porque, bodas mediante, los diferentes grupos humanos fueron consolidando subsistencia  y  poderío económico . Al cabo de los siglos Ella sigue muy cómoda en su papel de madrina no sólo de  cuanta boda se festeje; también de cuanta actividad amague con organizarse.
    Se trata, sin dudas, de una insana vocación por servirse de todo lo que pueda expropiarle a la humanidad con su mejor cara de póker. Como quien no quiere la cosa, siempre se queda con las cenizas de los matrimonios que caen en tanta inútil batalla librada en su nombre. Sus siervos más devotos deben olvidarse de tener una familia, como también deben saber que sus amantes terminarán siendo traidoras si es que no lo son de antemano. Por otra parte, les está vedado detenerse en la búsqueda de amigos ya que, a lo sumo, pueden disfrutar de aliados eventuales. Si terminan siendo tan enemigos de  sí mismos ¿cómo cultivar la fraternidad o siquiera la solidaridad? Imposible. Desde luego, deben reunir el requisito de no ser ingenuos porque, en tal caso, el devoto servidor terminará llorando como un niño en un programa de televisión o se presentará en sociedad acompañado por sus abogados para explicar que alguna vez soñó con ayudar a la humanidad como ciudadano independiente. Pobre tipo. Al final de cuentas, Ella disfruta encantada con estos papelones y ya nos tiene habituados a decir, acerca de su perfil, que ¡La Política Partidaria es así!.

sábado, 21 de febrero de 2015

Mi primer Lector

                      Mi Primer Lector






                          




      Gracias por amarme pudiendo y sin poder.

                       ¡Felicidades Amor!

"Planeta Interior"

   Corría el año 1947. No faltaba mucho para que se cumpliera un siglo de la aparición del primer Manifiesto Comunista. Un año después -el 30 de enero- asesinarían al Mahatma Gandhi, nacería el Estado de Israel y el mundo aparentaba ser el de siempre. Ciertos personajes continuaban jugando a ser eternos como los beduinos del desierto de Judea donde uno de ellos encontró una colección de manuscritos en unas cuevas de Qumrán, en las cercanías del Mar Muerto.
   Los Rollos eran muy anteriores a la época de Jesucristo y hasta la fecha no todos han sido descifrados pero ya en el primero pudo leerse el relato de una guerra, interminable, entre los hijos de las tinieblas y los hijos de la luz que no fue la primera puesto que la historia de las guerras es la historia de la humanidad: desde reyes contra reyes hasta gordos versus flacos como cuenta "Sinué, el egipcio" de Mika Waltari, y así hasta nuestros días de guerra sin fin dentro de cada uno de los moradores de la tierra, y alrededor de todos ellos, por causa de las infaltables escaramuzas  entre la mente y el corazón. Dos colosales contrincantes frente a los cuales todavía no sabemos manejar arma alguna que pueda intimidarlos porque este conflicto tiene su origen en lo más profundo de la esencia humana.
   Por mucho que tratemos de justificarnos, los integrantes de la especie humana tenemos externamente los fuegos que no podemos contener entre los límites de nuestra estructura mental desde que se nos ha dado por desconocer al ánima y, como si no fuésemos capaces de crecer por evolución, intentamos conseguirlo por medio de esporádicos suicidios colectivos. Memoriosos de pura cepa, especialmente para vengarnos, un mal día las personas decidimos abandonar la custodia de esa llama sagrada del corazón que -para decirlo con José Ingenieros- si se apaga no se reenciende jamás y aquí estamos: con nuestros revolucionarios chispazos interiores de vida en su mínima expresión y tan necesitados de reavivarlos a toda costa -en todos los frentes- porque no podemos, no sabemos ni queremos vivir en la oscuridad. Mientras tratamos de reanimarnos vienen bien los fuegos de artificios si no hay otros. Horrendos. peligrosos. No importa en tanto que con algo  podamos alumbrarnos. ¿Así que el mundo entero está en llamas -visibles e invisibles-? Por supuesto. Sus gobernantes y gobernados las necesitamos como hijos de la luz que somos.
   A las llamadas épocas oscuras se les atribuye el despropósito de que la sabiduría fuera patrimonio de grupos muy reducidos exactamente como ocurre en nuestros días si bien  -oh, sorpresa- hoy la ausencia de luz puede ser hazaña de unos cuantos sabios,  oficializados o no, que para nublar la mente de las masas sólo necesitan un medio de comunicación sin contar con el hecho de que, empleando solamente cien megatones de combustible nuclear podrían instalar a la oscuridad como única sobreviviente de nuestro planeta azul al cual estamos convirtiendo en gris con todos gusto. Noche, muerte, nada... la ciencia terminaría siendo culpable de guerra desde que los conflictos bélicos pueden ser comandados por científicos y técnicos nucleares hoy convertidos en soldados de última generación. El coraje y la obediencia ya no sirven para nada porque los dirigentes de este mundo han decidido ponerse a los pies de su majestad, el electrón, dios padre del Poder Nuclear que como a todo poderoso le llegará su Waterloo. Pero esta derrota a la infección bélica instalada en la mente humana sólo podrá ser posible cuando los pasajeros de la tierra sean capaces de avivar sus fuegos secretos como para que a cada partículas enceguecedora pueda oponérsele una chispa de Iluminación que es conocimiento profundo de las leyes de la vida que no son ocultas ni misteriosas: son de elección libre si bien de difícil aplicación por lo que requieren auto entrenamiento.
   Las Leyes De La Vida al ser verificables, en nuestra propia historia, son científicas y si no son de enseñanza académica es porque no pueden incluirse en  programas de instrucción colectiva. Enseñarlas sistemáticamente sería como dar clases en un idioma que el estudiante desconoce porque una misma ley es algo diferente frente a cada gestión existencial por el tema de la singularidad  del sujeto y la de su circunstancia. Por otra parte, si al ser humano no le fue dado el privilegio de manejar a entera voluntad los comandos de su mundo, invisible, podría ser debido a que las señales del universo están incluidas en la programación psicogenética de cada individuo sólo para ser aplicada al pie de cada necesidad o misión que le toque enfrentar.
   Este sofisticado caminante intergaláctico, que es el ser llamado humano, tiene suficiente solvencia interna como para ser sabio y ya  está en sus primeros intentos de respetar al templo físico que la vida le prestó a su ser y al planeta que el cielo puso a su disposición. A estas horas está aprendiendo a preservar en lugar de destruir y se encuentra a un paso de comprender algo elemental: para que el sol siga siendo visible desde la tierra cada cual deberá contar con el suyo en su planeta interior porque harán falta todas las luces -¡todas!- para que los planes del universo sigan en pie y la convivencia entre humanos sea amable alguna vez esto es, en todos los colores en lugar de la primitiva opción del blanco o negro.-

sábado, 14 de febrero de 2015

"Peligrosa Devoción"






   Gran parte de la humanidad actual se ha quedado sin Dios pero esas mayorías cuentan con algo así como divinidades sustitutas. Una de ellas, la más promocionada, es la tecnología con sus misteriosos designios tan inquietantes en manos de una clerecía de dudosa autoridad.
   El problema se ve mayor al advertir que los devotos de la tecnología somos casi todos porque colectivamente adherimos a la creencia de que los avances tecnológicos nos hacen más fácil la vida negándonos a aceptar que, además, cuenta con inimaginables medios nada menos que para destruirla. En el preciso instante en el que los fanáticos se rinden a sus pies, no está de más detenerse a pensar en la querida tecnología.
   Si los medios de comunicación masiva nos han acercado tanto  -gracias a los adelantos tecnológicos- ¿por qué estamos cada vez más alejados no sólo de nuestros gobernantes, vecinos, conciudadanos y familiares, sino además, de quienes hubiésemos deseado y podido amar?. Si la tecnología es progreso ¿por qué hay tanta gente que no recibe  educación adecuada para dejar de ser esclava o no seguir buscando comida en los basurales?. Si la tecnología es maravillosa ¿por qué parece tan inminente el peligro de destrucción global que acosa a la actual humanidad? Si desde siempre el conocimiento dio Poder ¿por qué este novedoso conocimiento nos lleva a tanta inseguridad generalizada?.
   Como buenos hijos nuestros, los dioses son nuestra obra y estaría todo dicho pero no: habría por comenzar por aclarar que la tecnología puede lucirse en asuntos de tipo productivo, administrativo y, de sanidad, pero no están dentro de su órbita los temas existenciales que suman la mitad más uno de aquellos intereses humanos que van desde la posibilidad de respirar hasta la de poder sencillamente... dormir sin la peligrosa interferencia de una antena cercana, que ponga en jaque a nuestras ondas cerebrales, sin contar con la extravagancia de pretender consumir ¡agua potable!. Pequeñas necesidades de cualquier especie si se las compara con aquellas personalísimas urgencias de la interioridad del ser como las referidas a las emociones, sentimientos y sensaciones, que no figuran en el credo tecnológico desde que lo más exquisito y sofisticado de la condición humana están fuera de su contexto.
   En algún momento de su historia los dignatarios del culto a la tecnología, o quienes la proporcionan y promocionan, deben haber imaginado no ser  semejantes al resto de sus congéneres puesto que no les importa la infelicidad humana ni les preocupa la probable extinción de la especie a la que suponen no pertenecer porque, si vamos por más, no es ningún secreto que los tecnócratas parecen empeñados en hacerla desaparecer como si se tratara de cumplir un pacto inconfesable. Si quienes no adherimos al culto ciego a la diosa tecnología somos algo racionales, todavía, no deberíamos demorar un segundo más en la defensa de nuestro derecho a  no asistir a la procesión de ingenuos que se quedan sin amigos, casi sin huesos, sin vocabulario y sin tiempo propio por culpa del llamado "tiempo virtual". En esa dimensión, donde todo es apenas lo que parece ser, el universo de la individualidad quedó afuera sin que se advierta la talla de semejante inhumana expropiación.
   De continuar con este sometimiento ciego a la tecnología, dentro de muy poco todo será tramposo como el auge de los cocineros detrás del cual se oculta lo poco que queda del placer de comer y si ese lujo está casi perdido es porque al tiempo de robarle sabor a los alimentos naturales, el mal manejo de las nuevas técnicas biogenéticas reemplazan al disfrute de la vida por la adicción a la no-vida ya tan visible en la niñez por imposición de las llamadas comidas rápidas. Los niños del siglo veintiuno no sólo tienen devaluado el paladar; su sensibilidad también está en la misma situación gracias a la ausencia de aquel otro condimento desplazado que era el placer de jugar. Si las calesitas son más atractivas para los padres que  para sus hijos es porque a la infancia de nuestros días se le inyecta lecciones diarias de exterminio presentadas como juegos en los cuales la violencia aparece como inocente -natural- pasatiempo.
   En este "desvivir" hoy se descubre poca gente expresiva y ni qué decir comunicativa porque el ser humano se fue quedando sin ideas más o menos propias y, por tal motivo, sin siquiera ganas de abrir la boca para saludar lo cual no parece extraño porque nos hacen creer que estamos contactados con "todo el planeta, a toda hora, en todos los idiomas" lo cual significa estar conectado a una máquina  el tiempo que haga falta para sumar a nuestro cuerpo desmesurada cantidad de grasa, más azúcar y posibilidades muy ciertas de terminar como una simple partícula adherida a la pantalla de un monitor. En cuestión de pocos años dejaron de enseñarnos educación, arte y ciencias pero aprendimos sin quererlo, sin advertirlo siquiera, a necesitar más y más asistencia tecnológica hasta para calentar un café. Si hasta parece que todo lo que hay que saber es hacer nada porque nos han vendido comodidad al precio de nuestra soberana inutilidad. Los rituales tecnológicos nos desvalorizan de tal manera que (¡qué casualidad!) en estos tiempos de la estética personal hay crisis mundial de autoestima porque con ser personajes, con ser apariencias, no alcanza. Por cierto, la actual humanidad no debería asombrarse cuando el desmedido apego a la máquina nos lleva  a creer en la invalidez de los valores suponiendo que somos casi nada a su lado y que ella es lo definitivamente valiosos porque ella, la gran diosa, "puede más". Como si esto fuera poco, el deslumbramiento tecnológico puede hacernos suponer que no necesitamos, por ejemplo, amores. Las relaciones afectivas se van reemplazando por necesidad de casa, comida y afines. El hecho desgraciado de no poder encontrar pares, por creernos "únicos e irrepetibles", la descarada insolvencia para generar afectos duraderos por culpa del ejercicio cotidiano del desamor, nos hermana con la máquina hasta el extremo de desconectarnos de la vida que merecemos vivir. En la actualidad casi nadie se da cuenta de que es glorioso enamorarse, o tener ideales, porque lo que socialmente se demanda es puro acero donde bien pudo haber un divino corazón. ¿Romanticismo? ¡Qué romanticismo! Hoy se trata de ser anti misiles para  no quedar afuera de uno que otro entrevero de ésos que, en cadena, conforman un atropello conocido como "El Sistema". La mayoría de la gente hoy no canta después de haber guardado en la historia antigua a la contagiosa y liberadora carcajada si es que no a la mismísima sonrisa pero... a todo esto... ¿no era que lo único que necesitabas era amor?. Al paso que vamos, sólo falta firmar en público  la renuncia como "almas vivientes" para convertirnos en herramientas de la peor calidad. Siempre fue muy caro aportar humanidad pero, a no desesperar porque también hay buenas noticias: hay quienes pretenden continuar siendo humanos. Son aquellos que no mueren por invasión inútil de tecnología sino por la suma de años libremente vividos y son, además, quienes -por respeto a la máquina- no la dejan entrar en sus vidas a cualquier hora, ni a cualquier precio, porque la mayoría de las veces no hace falta y hasta puede tener la culpa de que nos controlen (¡todavía más!) desde el sitio más oscuro por el motivo menos pensado.

sábado, 7 de febrero de 2015

"Un Tal Amor"



   Un tal amor continúa siendo el más ilustre desconocido en la historia de la humanidad y, sin embargo, de tal desconocido continuamos esperando grandes novedades por no decir prodigios. Se lo invoca como a un dios padre de cuanta criatura pueda existir en el mundo de nuestros sueños y, desde una mirada hasta el precio de un perfume, todo pareciera servir para seducirlo primero y para esclavizarlo, no mucho después, como si alguien alguna vez hubiera podido tenerlo verdaderamente entre sus manos.
   Cuando una persona imagina haber encontrado al amor suele tratarse, en realidad, de un buen compañero de ruta o una pareja soñada. Cuando alguien hace "lo que sea" en nombre del amor no es arriesgado suponer que, en algún rincón de su ser tal buscador es un indigente cósmico con todas las de la ley y que, además, su solicitud de correspondencia amorosa es un pedido de amparo cuando no de sometimiento. Infinidad de veces suponemos descubrir al Amor en actitudes que suelen ser promovidas por los más bellos sentimientos -o motivos- sin que se trate  precisamente de Su Señoría El Amor pero, la magia es una de las tantas operaciones mentales que los humanos tenemos permitidas y tal vez sea la principal responsable de la supervivencia de tan indescriptible criatura en ese territorio tan incierto como lo es el de nuestras emociones.
   De hecho cada vez somos menos sensibles o, si se prefiere, menos sensitivos lo cual nos lleva a preguntarnos quiénes nos necesitan más dormidos que despiertos o más muertos que vivos. Una respuesta podría ser: "aquellos que operan con nuestros sentimientos, de miles de millones de maneras, mucho antes de tenernos al alcance". Ellos no están bien identificados; se dice que provienen de los cuatro puntos cardinales lo cual no tiene importancia. El hecho es que están implantados en nuestro ser y nos dominan a través de mandamientos y deseos que, por momentos, podemos llegar a creer que son nuestros porque esos tipos, nuestros patrones genéticos, nos acechan desde la oscuridad de los tiempos cuando la raza humana se inscribía a sí misma en la primera plana de su historia actual que lleva siglos de no muy buena edición.
   Mientras tanto, íntimamente nos desconocemos si bien insistimos en querer saber, por ejemplo, por qué hacemos lo que hacemos o dejamos de hacerlo y en esta indagación, por demás humana, el primer cabo suelto es el tema del amor que podría  definirse con el hijo mayor de la sensibilidad del homo sapiens. A este hijo maravilloso debió renunciar -por lo menos- cuatro veces es su historia conocida: primero para convertirse en cazador; no mucho después para ser comerciante; luego para ir a la guerra y, al final, para hacer política. Ninguna persona sensible puede ejercer con éxito ninguna de estas actividades. La hembra, aunque pueda quejarse de su suerte, tuvo la grandiosa oportunidad de ejercer su sensibilidad en el ejercicio de esa formidable labor de ingeniería humana que le demandó desarrollar -y sostener- a la familia tradicional hoy ya fuera de foco.
   Aún le queda a la guardiana de su especie el privilegio de la maternidad y todavía es un ser "con amor" hasta que la lucha por el sustento y por el poder ¡se lo arrebaten!". Cuando ese día llegue, Ella comprenderá que es injusto reclamarle al macho algo que ha perdido por traerle qué comer cuando ya no bastaba con que recolectaran juntos los frutos que la tierra les regateaba por sus cambios de humor. No es justo reclamarle al hombre que sea amoroso cuando las mujeres hemos celebrado durante siglos que fuera matador y aún hoy aplaudimos que "tenga garra" o que sea una fiera en los negocios y en su desempeño sexual mientras que la mayoría de nosotras, hasta ayer nomás, tocábamos el piano, soñábamos con el príncipe nada menos que azul, bordábamos, leíamos algún cuento, cantábamos canciones de cuna a niños propios o ajenos... actividades que un animal preparada para la caza , y para la riña,  nunca podrá valorar aunque millones de veces haya simulado o intentado hacerlas.
   Por último, aún hoy son mayoría aquellas que se degradan para conseguir protección masculina cuando se descubren atrapadas por los machos en el mercado laboral. Los los códigos falsos de femineidad tienen muchísimo que ver cuando Ellas pretenden mucho más de Ellos que de sí mismas al extremo de perder toda una vida esperando sentadas al hombre irreal que supuestamente les brindaría  amor  cuando lo más lógico -y acertado- sería darnos por bien servidas con algunas muestras de colaboración masculina. El sofisticado pero aparentemente sencillo acto de comprender a una mujer todavía es imposible para un hombre común y, por tal motivo, hay magia toda vez que un varón alcanza esa proeza y la magia, otra vez, nos hace creer que tal individuo ha nacido para nosotras;  que no hay otro como Él en el universo; que es  nuestro gemelo etcétera y, de tal señor, desde luego, bien se puede decir que es nada menos que...¡un amor"!.