sábado, 20 de junio de 2015

"Dimensiones Desconocidas"

   "Un poeta joven de la dulce Francia/ que lleva sin mengua su estirpe gloriosa..." qué bueno (qué bueno, qué bueno) nuestro Belisario Roldán. "La Página Blanca" retumbó en mi memoria cuando me propuse escribir que un concertista argentino muy joven, compositor y director además, explica a los niños que el piano es su "nave espacial". Horacio Lavandera le habla así a la gente menuda sabiendo que la emoción es el principal motor de la infancia y que no necesita dar ninguna explicación extraordinaria para que un niño comprenda lo que significa salir pasear por el infinito que nos queda tan cerca como en el alma de cada uno. Tampoco a los científicos les llevaría todo el tiempo que les está llevando explicar la teoría de las cuerdas si se atrevieran a volver sus pasos al universo de sus primeros días es decir, los días de la emoción pura cuando no hay ningún velo cultural que tape los ojos a la sensibilidad pero, claro, ser sensible es lo primero que te prohiben con el cuento de que es necesario ser "fuerte" para no perecer en el intento de abrirte paso entre tanta humanidad desaforada.
   Sin embargo, la sensibilidad resiste abriendo cuanta ventana encuentra para tomar un respiro y seguir en carrera y si bien la gente no sufre el abandono de tantos que duermen en las calles, por ejemplo, las películas provocan ríos de lágrimas a lo largo y a lo ancho de la tierra. Esto indica que al ser humano no le está permitido dejar de serlo en ninguna de sus características esenciales lo cual me hace pensar en que el arte todavía tiene mucho qué hacer entre nosotros. Son los artistas quienes más se acercan a los misterios del universo y es una suerte que hoy puedan ser más conocidos para hacer mejor su labor de guías en el campo minado de las emociones. Si las personas enferman emocionalmente pudiera ser que esto suceda porque se intenta bloquearlas de tan subliminales maneras  que ellas no alcanzan a percibirlas con la claridad suficiente como para poder defenderse. El bloqueo más frecuente es el ataque a las vocaciones.
   Toda vocación es un llamado interior como todos lo sabemos pero no falta la intervención de la necedad para intentar desacreditarlas con argumentos como: "te vas a morir de hambre" ó "cómo va a ser talentoso si es hjo (o hermano) mío"... Hoy se incentiva a los jóvenes para que sean "prácticos" cuando no hay nada más práctico que ser feliz haciendo lo que se ama hacer lo cual es esquivalente a ser lo que somos. Muchas veces se necesita fuerza sobrehumana para defender una vocación pero quienes cumplen con ella son los más grandes afortunados porque la siembra y la cosecha no son episodios personales; son también acontecimientos sociales que hasta pueden incluir éxitos comerciales. Algún día las sociedades aprenderán a reconocer la deuda enorme que tienen con sus artistas. Esto podrá suceder cuando la mayoría sepa defender aquellos intereses que están bien subrayados en sus  genes o, si se prefiere, en su personalidad y -oh sorpresa- entonces casi todos seremos artistas... en cada una de nuestras actividades que no deben figurar en otro rubro que no sea el de "servicios".
   Toda vocación es un llamado; todo llamado desde la interioridad del ser es una misión y todo ser humano está llamado a cumplirla para estar en su debido lugar y no correr el riesgo de ser desgraciado. Yo aquí quiero declarar mi amor a los músicos que son capaces de usar un instrumento para salir de viaje por las emociones o, mejor dicho, por esas dimensiones desconocidas que conforman el multiverso en el que vivimos sin siquiera sospecharlo. Desde luego, estas bellas personas son las que no han perdido a su niño y saben cómo agasajarlo. Cuando disfruto y observo al pianista Horacio Lavandera, al  señor acordeón Chango Spasiuk o al maestro del charango Jaime Torres, como  a tantos otros músicos de raza, abrazados a un instrumento de paseo por vaya usted a saber qué maravillosas sensaciones, no puedo menos que pensar de cada uno: ¡su niño está bien! y el mío... en su salsa.



   

sábado, 13 de junio de 2015

"¡Feliz Día Escritores!"

    Así como se nace genéticamente -o cósmicamente- programado para ser una persona irrepetible, así se nace escritor. Puedo dar fe de cierta niña que, sin saber escribir, en ausencia del padre ocupaba su escritorio y llenaba a lápiz hojas enteras de "rulitos" mientras decía en voz alta lo que pasaba por su cabeza. Sin siquiera conocer una letra, Ella escribía porque había nacido escritora.
   Lo más natural del mundo es llegar a él perfectamente capacitado para un servicio o misión predeterminados si bien tal predestinación es más notoria en el caso de los artistas por tratarse de personas nacidas fuera de serie. Esto que puede sonar como vanidosa presunción bien puede ser una desventaja descomunal como en el caso de los escritores que no saben dónde ni cómo ubicarse para lucir "como uno más" pero, a todo esto, ¿qué será ser escritor? Se trataría de aportar buen manejo del idioma en la factura de sus obras lo cual, siendo mucho, es casi nada cuando no hay imaginación ni originalidad. Por otra parte, el intento de adjudicar al escritor la característica de tener qué decir es un acto de burda inocencia porque ¿quién no tiene temas para compartir de manera oral o escrita?  Las pretensiones de que uno es escritor sólo después de publicar pretenden arrasar con la excelente literatura inédita que únicamente disfrutan los más cercanos al autor y la ocurrencia de que, para entrar en el rango de escritores, debemos realizar nuestros trabajos cumpliendo horarios como los de un oficinista me causa gracia porque lo cierto es que ninguna profesión se legitima por las horas trabajadas ni por los réditos económicos que pueda proporcionarnos. A un miembro de cualquier profesión lo  avala la capacitación y la capacidad para  ejercerla y, después de todo, la literatura no es estrictamente una profesión: es un acto creativo en el marco del cual la rutina y el reloj son accesorios por no decir lo de menos. La obligación y los horarios pueden figurar en el esquema del compromiso laboral pero no suman ni restan en el proceso creativo.
   La figura del escritor ha sido asociada a la indolencia, la miseria, la inutilidad y a la extravagancia porque, precisamente, lidiar con las letras no es un trabajo convencional por muy arduo que sea. La mayoría de la gente supone que sólo hace falta tener tiempo y un asiento para escribir un libro porque total... siempre aparece algo en la cabeza para estropear el papel o aporrear al procesador de texto. Esta apreciación descomedida  ha llevado al equívoco de desplazar a la palabra "literatura" para popularizar "escritura" como si fueran sinónimos.
   Cualquiera dibuja a su familia en un test pero no significa que en toda persona respire un dibujante; quien más quien menos puede preparar un plato de comida lo cual no certifica que seamos todos auténticos cocineros y, por más obvio que sea, saber escribir no nos trasforma en escritores porqrue un escritor es una persona que  piensa en grande lo que la mayoría ni siquiera llegó a imaginarlo.  Con horario o sin horario -con sueldo o sin sueldo- la literatura es, como ya se dijo, "la aventura del pensamiento" y no por otra causa el lector exclama a menudo: -"¡no se me había ocurrido!" expresión que avala rotundamente la condición de Pensador que asiste a quien se lleva bien con las letras. Esa reiterada sorpresa por la idea original -bien dibujada- también delata poca imaginación colectiva cuando al escritor es lo que le sobra como a todo artista y a no asustarse por serlo y a reivindicar esta palabra que también hemos devaluado reemplazándola por el término "creativo".
   A todo ésto ¿yo artista? ¿yo creativa?... ¡Ay! se me ocurre que no califico así que voy a poner punto final urgente no sin antes decir que en Argentina, hoy 13 de junio, no tan sólo es el día de San Antonio de Padua -santo patrono de mi norteña ciudad de "Tartagal"- también se conmemora el nacimiento del grandioso escritor y poeta Leopoldo Lugones designando a esta fecha como "El Día del Escritor". En nuestro mundo hay tantos que administran divinamente "el sacramento de la palabra", como decía Ortega y Gasset, que pensando en ellos escribí esta no tan bonita página para desearles inspiración y buena vida.
                             Escritoras y Escritores ¡SALUD!

sábado, 6 de junio de 2015

"Antena Psicotrónica"

     Mi querida rebeldía es hija dilecta de la adolescencia. Como demasiado pronto se advierte la reducida evolución de la especie humana, en toda sociedad de este mundo sus jóvenes integrantes desautorizan todo lo establecido por sus predecesores hasta descubrir que las odiosas normas bien pueden favorecer a cierta personita con número de documento sabido de memoria y es entonces cuando las reglas ya no son tan demoníacas, después de todo, lo cual no significa que no haya que corregir algunas o reemplazar otras.
   El establecimiento de normas requiere legitimidad, autoridad moral de los mayores en la vida cotidiana y todo bien pero, como nada es lo que parece, la norma marcha detrás de la costumbre, de la necesidad, por lo tanto de la época, y siempre está impugnada por el presente. Esta impugnación es lo que hace decir a los jóvenes:-¿por qué hacer ésto y no lo otro cuando nada es universalmente bueno o malo; alegre o divertido; agradable o desagradable...?
   Cuando se reflexiona acerca de las actitudes personales frente a lo socialmente establecido en seguida aparece en escena la sagrada libertad cada día más limitada desde nuestro ingreso a la escolaridad. Es en el ámbito escolar donde trastabillan las negociaciones interpersonales que son más fáciles en familia porque, en la escuela, el estudiante pierde la cobertura del afecto. Aunque hoy  no le digan "señor", como en otras épocas, en el colegio es alguien "como los demás" -por poco que se les parezca- y es nada menos que nadie pues debe mostrarse tan impersonal como le sea posible para no desentonar. A esta inhumana pirueta la llaman "adaptación" y es considerada una señal de ¡elevado coeficiente intelectual!
   Con el ingreso al secundario el adolescente toma nota de que también está ingresando a la vida social de su entorno sin que nadie se tome en serio el trabajo de enseñarle a relacionarse armoniosamente con la humanidad. En las aulas no se dan lecciones vida de manera sistemática. Con suerte, muy de vez en cuando, aparece un referente de peso en el staff de profesores de una institución que sepa ofrecer al alumno un cable a tierra del que no siempre podrá servirse sin quedar electrocutado porque toda energía es dual y el Él... sin saberlo.
   Una vez que el pobre se encuentra en plena carrera universitaria caerá en la cuenta de que es un semejante a cualquier integrante de una sociedad que, en muchos aspectos, necesita barajar y dar de nuevo. Acaba de enterarse de lo mucho que hay que corregir en su sociedad pero, por favor, no le hablen de cambios en su persona. Cada retoque en su personalidad es una gestión tan difícial que le queda, casi como único recurso, el de enfurecerse con la humanidad y hacerle frente pero es justo cuando salen a desafiarlo las normas habidas -y por haber- no siempre en buenos términos unas con otras por ese afán de ir siempre detrás de los acontecimientos como desairando a la flecha del tiempo. Si a pesar de tanto desmadre, esa persona de pocos años hace algo novedoso, arriesgado, y desaprobado por sus mayores, se trata de alguien que tiene su brújula interior bien orientada hacia el ideal -o el objetivo- lo cual determina que ninguna normativa pueda esconderle el horizonte. Esto no quiere decir que tal individuo sea violador de norma alguna. Significa que la antena psicotrónica del innovador está tan bien instalada en su ser que si lo establecido no va con su andar Él, como si nada, impone una mirada diferente con sus buenas razones o propone un juego novedoso que dará lugar a nuevas reglas que no tendrán por qué ser opuestas a las anteriores porque bien les cabe la posibilidad de ser complementarias.
  Toda la vida hizo falta la figura del innovador para que la humanidad conserve cierta frescura siempre que la innovación no signifique violencia. Esta natural necesidad de renovación hacía suspirar a los románticos. Victor Hugo hizo así la gran  pregunta: -"¿Quién que es no es rebelde?"  El rebelde es un ser que sencillamente, y a pesar de sí mismo, ha nacido transformador. Él dispone de una conexión cósmica diferente a la del resto de sus semejantes sin que por esto merezca la calificación de bicho raro ni la impunidad para apuntarle a la yugular. El auténtico rebelde es un visionario bien orientado hacia su meta. Es alguien con buenos contactos en las redes... del universo y éso es todo. No hay por qué asustarse a menos que tengamos sentimientos inconfesables ni hay excusa para ponerse furioso a menos que estemos en cortocircuito con nosotros mismos.
  


sábado, 30 de mayo de 2015

"Las Palabras y Los Días"

Carta a mis Lectores
   Seis de la mañana. Me he despertado, como siempre, con el canto de los pájaros y, al levantarme a cerrar la ventana, me sentí demasiado vibrante sin comprender por qué. Se me ocurrió que alguien muy querido era dichoso a esas horas y que yo -de algún modo- tenía el privilegio de percibirlo. Como tantas otras veces, casi sin saber "por cuáles milagros", abrí de nuevo el postigón con gesto encantado en un instante que fue exclusivamente para mí: yo era todo lo que veía porque en todo (pero en todo) estaban mis rasgos dibujados de miles de millones de maneras y podría jurar que todo el parque respiraba por mi nariz y que mi pelo, y las flores del limonero, coincidían meciéndose al ritmo del viento silvador. Imposible traducir la felicidad de aquella mujer que fui yo esta madrugada aunque, para ser franca, se trataba de una persona de cuidado... capaz de salir corriendo por quién sabe qué cornisa peligrosa llevándose mi cabeza o lo que quisiera. Tan inminente fue ese peligro, que terminé desairándola es decir, entregándome urgente a los rituales de todas mis mañanas que por ancestrales han perdido significado para la mayoría de las personas pero, al hacerse míos  vuelven a tenerlo... para mí.
   Cada día comienzo por escuchar mis primeros pasos como si fueran los primeros que doy en esta vida hasta encontrarme con un espejo que confirma mi existencia aunque nadie en este mundo esté reparando en ella. Termino de despertarme bajo la ducha. El agua me recorre burlándose de mi humana incapacidad para retenerla y, más tarde, cuando ya la  disfruto en el té, es mucho después de haberla escuchado gemir en un hervor que me encanta registrar distraídamente. La ceremonia del despertar incluye la ansiosa bienvenida que les doy a las noticias que me apalean un buen rato hasta que digo basta y decido reintegrarme al trabajo de vivir nada despreciable, por cierto, porque es asunto de artistas: requiere ojo entrenado para poder ver que nuestro mundo sigue siendo rosa aunque el de otros sea eternamente gris y,además, exige oído supersónico para apreciar el silencio de este siglo que acecha detrás de algo así como un grito. Quien no sepa acceder a ese silencio no sabrá nada acerca de nadie porque las palabras son sólo ecos remotos de lo que la humanidad intenta expresar (casi siempre sin conseguirlo). Alguien como yo, nacida para decir, tiene autoridad para alegar que los idiomas, muriéndose minuto a minuto, no son ni por asomo  canales comunicadores confiables mientras que la comunicación auténtica es la que se logra en la banda del silencio donde no puede malograrla ningún mecanismo mental o tecnológico conocidos porque el comunicador silente no recurre al ideograma: Él apela al toque inconfundible de la intencionalidad. -"Estaba por decírtelo" dicen con asombro nuestros amigos cuando captamos por adelantado sus mensajes subliminales.Tanta sorpresa se debe a que la clara intención es, a menudo, el poder que  le falta a la palabra. Muy rara vez tenemos exacta noción  de lo que estamos queriendo significar y que los furcios no me dejen mentir.
   Aunque la comprensión intuitiva esté desacreditada por quienes suponen que "hablando se entiende la gente" la verdad es que se desentiende precisamente por hablar de más. No son pocos los que habiendo perdido la voz descubren que se comunican mejor que antes usando un sintetizador vocal. Yo hasta la fecha soy asidua visitante del silencio y en ese amable reducto me permito la fiesta de escribir con mi guardia de honor apostada en algún recoveco de la casa, o a mi lado con los auriculares puestos, cuando no está leyendo o realizando alguna actividad que no sea incompatible con la mía. El no sabe que, por momentos, yo siento trinar su silencio en mi cabeza y ya sé qué clase de tormenta se avecina. Otras veces, dejo de escribir sólo para sentir que Él es un pájaro de fuego ensayando un sueño entre las ramas de este árbol milenario, que soy yo, y es cuando decido florecer ¡urgente! para ofrecerme al corazón más generoso, y por eso más alegre, que haya querido darme un lugar. Nosotros somos ese tipo de personas que no necesitan conocerse demasiado seguramente porque el amor quiere amor (sólo eso). El día que te enamoras aprendes que al decálogo del amor lo sabías de memoria y las palabras, todas, están de más.
   Lo intrigante es que a pesar de esta certidumbre, mi trabajo es lidiar nada menos que con las palabras y en la mitad de la vida he aprendido que puedo ser libre todo el tiempo aún realizando mi tarea habitual que no es otra que la de ejercer mi libertad (uno de esos lujos que disfruto por ser voladora). Lo lindo de mi labor es que no me exige horarios determinados si bien me requiere muy atenta todo el tiempo que yo sea capaz de ofrecerle. Las demás tareas, accesorias o no, sencillamente me esperan. No me convocan con urgencia como sabiendo que en un momento u otro las atenderé.
   Soy de aquéllos que viven agradecidos a su don porque gracias a él no he vivido dos días parecidos. La tarea creativa te sorprende a cada instante mostrándote distintas facetas  de tu personalidad  desde que la creación te va imponiendo constantes mutaciones. Después de cada libro mi cara y mi voz son diferentes. Hasta mi letra tiene nueva inclinación después de haberme caído y levantado varias veces alrededor de una emoción -o de una idea- y no sólo yo cambio con cada obra. Después de cada misión el ser humano es tan otro que hasta puede volverse un marginal dentro de su propio entorno. Una mujer después de dar a luz ya no es la de antes. Cualquiera que se tome el trabajo de afrontar emociones va pasando por senderos invisibles en los que el cuerpo y la mente van dejando poco o mucho de su esencia.
   Es bueno poder escribir esto en días de tanto silencio existencial y mucho mejor es saber que podrás leerme todas las veces que quieras hacerlo si reinas en tu tiempo y en él me das un lugar. Lo más valioso que un ser puede darme a esta altura de mis días es su tiempo (nada menos que su cielo particular donde Él en persona es rey). Me gusta imaginar que el señor tiempo es un soberano que puede permitirlo todo. Sucede que todo lo que soñamos está en su  poder y nosotros, pobres diablos, irremediablemente en sus manos hasta que decidimos ponernos en movimiento y  lo ascendemos a la categoría de eterno gran juez temible por sus veredictos inapelables aunque así, y todo, lo respeto. El tiempo es siempre justo además de oportuno. Cada una de sus sentencias llega a la hora exacta del aprendizaje urgente y es entonces cuando vuelve a parecerse a un dios por su sabiduría.
   El tiempo es la vara de la justicia cósmica. El nos ofrece todo incluido el aspecto que ofrecemos y se me ocurre que es redundante la expresión "tiempo libre" porque nadie es más libre que el tiempo. ¿Quién puede con él? Si, por momentos no puede con nosotros, es porque no siempre estamos disponibles para un encuentro o estamos divorciándonos de su graciosa majestad aunque,increíblemente, seamos capaces de resistirnos a la ruptura definitiva cuando apelamos al recurso de no querer marchitarnos físicamente  en un doble juego de la mentalidad contemporánea: por un lado lo despreciamos sin capitalizarlo como conviene y, por el otro, hacemos lo imposible por atraparlo en nuestra piel como si su vuelo nos recordara al de una linda mariposa. Cuidadosos de nuestra agenda de actividades y tan apegados al calendario, no nos preocupa si el reloj interno nos marca las horas de las victorias porque  las dejamos ir creyendo que "nada sucede en la víspera" y cuántas veces dejamos esta vida esperando que "llegue el momento".
   Hace mucho tiempo, en el encabezado de una carta su autor escribía: "espero que al recibir estas líneas te encuentres bien en compañía...." Hoy aquí, termino la mía  esperando que después de leer estas palabras tus días sean brillantes monedas de sol en tus manos para que las accciones de tu vida suban y suban en los "Bancos del Cielo" y puedas redescubrir lo que   es llorar, de dolor, de ternura, de rabia o de risa.... cuando otros parecen estatuas.


sábado, 23 de mayo de 2015

"Poder de Seducción"

-"No hay mujeres feas"
-"El arte de agradar se puede aprender" (como si al arte uno pudiera conseguirlo a buen precio en la primer esquina).
-"Toda persona cuenta con su particular encanto..." sin embargo, y ya dispuesta a disfrutar de los primeros días de mi otoño, todavía espero poder encontrarme más a menudo con  gente verdaderamente seductora. Son rarísimas. El hecho de que la mayoría intente serlo no altera esta realidad que interpreta mi mente y a más de uno que se cree irresistible dan ganas de pedirle por favor que renuncie a esa remota aspiración para que, recién a partir de entonces,  pueda sucederle el milagro de atraer a algunos -para alejar a otros-.
   -¿Que no?
   Nadie ha podido demostrar todavía que el afán de hacernos valorar no lleve implícito el gran riesgo de terminar subestimados por muchos de aquellos que quisiéramos tener a nuestros pies. En el caso de ser capaces de llegar al semejante no debe extrañarnos que en el momento menos pensado seamos rechazados (y hasta combatidos) por la vanidad de los demás que no tiene por qué ser inferior a la nuestra. El intento natural de ser bien atendidos y especialmente considerados, dondequiera que estemos, se malogra en seguida nomás de ceder a la pretención imbécil de que todos deben aplaudirnos por las zonceras que decimos, por los negocios que logramos emprender o por las ilusiones que esperamos concretar. Infinidad de seductores imaginarios se encuentran casi al borde del infarto cuando descubren, por supuesto sin quererlo, que al final de cuentas  habían sido incapaces de recaudar la cuota real de admiración que su pequeña estatura reclama para justificar su miserable existencia.
   Para pertenecer a esa sufriente legión de personas hace falta padecer de cierta disfunción emotiva que se delata en el síntoma -apenas perceptible- de no alcanzar presión normal sin halagos. Uno por día al menos y  tan es así que esa secreta dolencia las lleva a embarcarse en la práctica del elogio gratuito que, como industria imaginaria, sólo ofrece ganancias en billetes sin valor. ¡Qué ilusorias utilidades de esa empresa sub-humana! Cuántas veces el intento de hacerse admirar es una denigrante manera de mendigar aplausos por las calles de nuestros días fingiendo que somos nosotros quienes los ofrecemos a manos llenas.
   Es una pena -lo sé- pero no es frecuente codearnos con personas mágicas de ésas que son como son y que con éso ya tienen de sobra. Auténticas, sin temer a la descalificación ni al ridículo, son las únicas seductoras que pueden existir sobre la tierra. Si se trata de un varón no toma demasiados recaudos para "no perder" porque El es un ganador nato. En el caso de la mujer, lo último que haría es buscar seguidores. Ella, simplemente, encuentra: al odio y al amor; al ataque y la defensa; a la guerra y la paz... con cierta asombrosa naturalidad que le pertenece casi con categoría de razgo físico y lo más interesante es que ella, como dueña absoluta de su poder de seducción, lo desconoce porque el verdadero encanto no está enterado de serlo. La luminosidad es algo así como un don que tenemos todos hasta que la convertimos en luz artificial.
   El seductor auténtico se asombra de que sean tan pocos quienes perciben sus limitaciones anímicas, o sus desventajas físicas, y suele ser el primero en preguntarse qué es lo que otros descubren de luminoso - o atrayente- que el mismo no es capaz de descubrir en su figura ni en su personalidad y no creo que nadie pueda decírselo porque si  una mujer como Indhira Gandhi era capaz de imponer silencio con sólo poner los pies en un foro internacional, o dondequiera que iba, habría que decir sin más remedio que  Ella desbordaba esa exquisita humanidad cada vez más extraña entre seres que actualmente nos consideramos humanos y, antes de terminar estas reflexiones, no puedo dejar de escribir que el poder de seducción no reside en el hecho de ser "vendedores"; reside en ser como somos. Seducir, fascinar, encantar, atraer no es una tarea ni un logro: es una actitud generada   por nuestra  propia energía  porque es -ni más ni menos- cierta pincelada de luz que todos traemos al nacer. Que hay peligro de borrarla sí; que no pocos quieren verla desaparecer ¡también! pero no importa: cuando tomamos la decisión de "ser" ya tenemos el magnetismo  suficiente para atraer lo que necesitamos y merecemos así que... si no tenemos suficiente poder de seducción significa que hemos dejado de ser lo que fuimos al nacer: ese destello de muchos colores que, si no hay cuidado, muchos de ellos pueden desaparcer y, por último, la seducción nada tiene que ver con lo físico o lo material, ella es tan femenina que es  romanticona, refinada, sofisticada y sentimental porque nace y  llega lejos en la cara oculta de la humanidad. Ella nunca será visible -¿para qué?- sabe bien que el secreto del secreto es dar Poder.
  

sábado, 16 de mayo de 2015

"Estado de Gracia"

   
   "Felicidad" es un estado de gracia que todos traemos al nacer sólo que el paraíso que llega con nosotros es inmediatamente invadido por los adultos que se suponen sabios a partir del simple hecho de que "no nacieron ayer" cuando, justamente, sentirse bien es ser siempre recién  nacido frente a cada día que renace con nosotros. Es cierto que el bienestar tiene mucho que ver con esa inocencia tan desdeñada por la experiencia que -no siempre- sabemos ganar con los años. Esa ingenuidad es pura capacidad para disfrutarlo todo o, si se prefiere, para cumplir gustosos con el mandato de vivir por muy difícil que sea como en el caso de los creativos, artistas y compañía, que tuvieron -y seguirán teniendo- la peligrosa idea de hacerle una visita a nuestro planeta azul. Esos sí que no dejan de ser ingenuos hasta el fin y es por sentirse en su paraíso que se resisten a abandonarlo hasta para buscar qué comer porque en el caso de estos seres, magníficos, lo de morirse de hambre bien puede ya estar incluido en el precio del deber convenido.
   El paraíso propio no es privilegio de una clase social o grupo económico determinado. Existen pobres potentados en energía (o en espíritu) porque los marginados de este mundo reciben con total naturalidad el beneficio cósmico del tiempo libre y lo emplean, lo mejor que pueden, en el trabajo práctico de aprender a estar contentos con casi nada. Lo descubrí en ruedas de jóvenes compartiendo un mate y muchos sueños.
   -"Mi futuro está en mis piernas"- Me explicaba uno de ellos que soñaba con ser futbolista estrella. Otros, se apegaban a sus guitarras con esa especie de ternura que el artista le tiene destinada al instrumento y advertí que eran felices cantando por cantar así como hay quienes lo son viviendo por vivir.
   Todos conocemos infinidad de personas económicamente malogradas que tienen un sentido del amor, y del humor, envidiables. En el terreno del tiempo propio, terreno tan fértil para pensar y estremecerse, los pobres aprenden a soñar, a esperar, a enamorarse perdidamente, a pelear con alma y vida por cada centímetro que consiguen ganarle a  la intemperie. Aprenden a aullar como los lobos, a compartirlo todo y también a perderlo todo sin lamentarse demasiado puesto que necesitan recomenzar inmediatamente. Sé muy bien que el pobre no tiene tiempo para llorar por zonceras porque eso es bajar la guardia cuando se trata de vencer a la tristeza. Defendiendo a su alegría, la gente de escasos recursos debe estar siempre vigilante sin la falsa consigna de "no tener tiempo para nada" ya que no vive "para" vive "por": porque sí. Los fines predeterminados no están registrados en su mente por tratarse de personas tan entregadas a "las vueltas del destino". A su frase favorita: "Dios dirá" le sigue otra muy recurrente en su vocabulario: "por algo será". Abandonadas a su suerte, las personas menos favorecidas por el cielo se ven empujadas -en la tierra- a ser simplemente humanas. Horriblemente humanas -cuántas veces- pero vivientes hasta decir basta con la fuerza pública si hace falta.
   Los integrantes de clases sociales más acomodadas suelen ir de una meta a otra si es que no siguen respirando nada más que para conservar posiciones, y posesiones, sin contar a quienes ocupan toda una existencia en la búsqueda de respuestas que, estando en su poder, serán inalcanzables mientras falte oportunidad de prestarles la debida atención. Qué escasa es la gente que vive para vivir digo: simplemente para evolucionar sin tanta piruta innecesaria. El simple dejarse andar por el tiempo es más valorado por aquellos que menos tienen como si, desde alguna estrella misteriosa, se les compensara tantas carencias materiales con el uso más intenso de sus días con frecuencia nublados pero, siempre disponibles. Es este privilegio lo que les ofrece una extraña sensación de infinito y es lo que, secretamente, fortalece al pobrerío. Nadie cree más en Dios que aquellos a quienes parece haber abandonado después de dejarles, como únicas herramientas, las horas que hagan falta para inventar las más bellas mentiras y disfrutar las verdades más grandes como la de contar con ayuda invisible. Ellos pueden comprender  que, en esta vida, quien busque un lugar seguro para su verdadera identidad no lo encontrará. Habiendo tantos recovecos para supuestas pertenencias, no hay ninguno para nuestro cristo interior siempre un recién llegado a su propio continente que es el corazón humano donde hay mucho más que cuatro estaciones para disfrutar sólo que ya la gente de clase media tiene el tiempo reducido como puerta de acceso al universo personal porque ya tiene compromisos con el mundo: ha negociado la posibilidad de ser por la  por la ilusión de estar... parecer.... aparentar.... figurar... y correr todo el tiempo en "El País De Las Pesadillas", para permanecer, sin embargo, en el mismísimo lugar.
   

sábado, 9 de mayo de 2015

"Excelencia Casi Cero"

  
   Los cambios formales y modificaciones funcionales que va imprimiendo a nuestra especie su propio aprendizaje existencial no implica que la estructura interna del ser humano haya alcanzado niveles óptimos de excelencia. Seguimos conviviendo con Caín y Abel así como los grandes temas de la humanidad continúan centrados en el odio y el amor. Un gran nazareno sabiendo que seríamos como somos nos ha dejado un mensaje interesante al formular aquella osada invitación de comer su cuerpo y beber su sangre nada menos que hasta la consumación de los siglos. El gran Rabí estaba muy al tanto de  la imperiosa necesidad de sublimar,  nuestra humana ferocidad que es lo mejor que podemos hacer con nuestras personales deformidades. La evolución intelectual no determina en los individuos el entierro de sus defectos; el intelecto -en el mejor de los casos- puede ayudar a preservarlos en delicados envoltorios para que la memoria poética no sólo los acepte de buena gana; también para que acceda a mantenerlos, entre decorados secretos, el mayor tiempo posible. 
   Esta gestión de camuflar nuestra sombra no es de tanta utilidad -depués de todo- porque a la primera grieta de la utilería exterior queda al descubierto uno que otro escondite donde los atributos de nuestra humanidad no están expuestos de la mejor manera. Lo que estaba guardado con un rótulo de "generosidad" bien puede aparecer como "egoísmo" y hasta lo que se señalaba como "cordialidad" puede que aparezca como "especulación"... Lo extraño es el interés por insistir en la idea de que el humano actual es superior al prototipo de épocas pasadas cuando lo real es que, si obviáramos el progreso científico y tecnológico, el humano -a secas- es tan insignificante como lo fue durante toda su historia huérfana de paz por culpa de sus limitaciones mentales. Por otra parte, recién está sospechando que habían sido ciertas las razones del corazón claro que le cuesta tanto admitirlo que apenas puede si hablar de "inteligencia emocinal" y, en concordancia con tan poca cabeza y tanto eufemismo es que, permanentemente, en algún lugar de este mundo, hay una masacre, una invasión, un atropello, un genocidio, traiciones al por mayor, injusticias, explotación... entre delincuentes innumerables que toda sociedad fabrica desde siempre, con suma dedicación, como para asegurarse esa cuota de horror establecida en algún decreto altamente confidencial convalidado por el silencio de toda la humanidad.
   Como el humano aún luce el mismo caudal de luz y sombra que vino con él desde que un guiño de la evolución le dio paso entre los ocupantes de este planeta, el hecho de ser más o menos bueno depende muy poco de su persona debido a la nula participación que ha merecido en esta puesta teatral gigantesca que es la danza de la vida en este punto azul de los cielos. No está inscripta en el genoma humano la santidad. Pudiera estarlo en su programación psíquica, o en los grados más altos de su evolución cósmica, para que ese rasgo virtual nos predisponga a desearla, alabarla y, en el mejor de los casos, buscarla.
   Las pretenciosas normas sociales -habidas y por haber- no son más que recursos funcionales a ese personaje ocasional que debemos interpretar entre semejantes lo cual no impide que nuestra personal humanidad esté siempre al acecho reclamando esas participaciones que, de vez en cuando, simulen darnos un lugar en alguna historia. Esas participaciones de mala muerte, nos sirven para recordar que, por mucha inteligencia que pueda acreditar una persona, el espíritu de su raza es joven y no le alcanza para presumir de demasiada excelencia sino, más bien, de aprendizajes de alto costo no sólo para su persona; también para el resto de sus congéneres recién nomás enterados de antiguas noticias como aquella referente al agua sin ir más lejos: ¡resultó que no es un recurso renovable y es más peciosa que todo el oro del mundo!!!!! Tanta información formateada rodando por nuestro planeta no es la aconsejable para nuestras pretensiones de excelencia porque nos están faltando datos valiosos que están muy bien especificados en la más refinada faceta de la inteligencia humana: la intuición. Cuanto más intuitiva sea la gente más se acercará a la evolución interna de su especie y después de animarse a iluminar lo impenetrable, dentro de cada individuo, el camino dejará de ser peligroso porque en lugar de misiles se verán mariposas nuevas volando al compás del corazón humano que todavía tiene guardado lo mejor de sí para mejores días cuando figurar entre los peores no sea motivo de orgullo ni de publicidad. Hoy es demasiado difícil enfrentarse a la excelencia casi cero pero, en todas partes hay personas de evolución más que media. Son ellas la esperanza de que la humanidad cambiará el paso para que su marcha sea más segura. Son ellas quienes trabajan -casi en secreto- creando tendencias firmes con respecto a los valores de cada cultura que -por falta intencional de promoción- se opacan. Por suerte la pasión  fortalece y será el tiempo quien, más temprano que tarde, dará Poder a los mejores para desplazar a la mediocridad instalada hasta en los más pequeños actos de la vida cotidiana que casi no es vida porque si es cierto que existen legiones nunca tan bien equipadas (y organizadas) de horribles, impresentables, indignas personas, es precisamente en esta época decadente que simula ser evolucionada pero no es más que la fachada de un siglo impostor.
   
   

sábado, 2 de mayo de 2015

"El Trabajo De Vivir"

 
   Los sociólogos opinan, y doy fe, que cuando realizamos una tarea que nos deleita, la barrera entre obligación y tiempo libre desaparece pero, se puede terminar pensando que nada nos complace más que realizar tal o cual actividad si esa actividad nos tiene en su poder cuando debiera ser ella la que esté en nuestras manos. He visto a muchos alardear con "el síndrome de la agenda completa" pero abrí los ojos -no mucho- y ya pude verlos aferrados a la querida agenda  en el preciso instante de perder al amor de sus vidas junto a las mejores oportunidades de crecer personalmente. Sus citas seguirán puntuales pero Ellos a la deriva porque quien carece de tiempo propio es mucho más que un indigente: es un desheredado total. Yo diría, recordando a Shopenhauer que "un hombre sin tiempo propio es la imagen de la muerte". (Con todo gusto cambio "tiempo" por "dinero").
   Que el ser humano ha trabajado siempre no es una novedad. Primero para subsistir y, más tarde, para ser "alguien" lo cual comenzó a ser problemático para los empleadores de todas las épocas. Éstos buscaron siempre "mano de obra" no mentes claras ni seres radiantes y en el siglo dieciocho, cuando fue tan serio el peligro de que "Alguien" se instalara para siempre, fue una genialidad rebautizarlo como "trabajador" para presentarlo como el perfil ideal que debía mostrar todo infeliz que se ufanara de serlo. A los nuevos esclavos se les implantó la noción de que ser un "trabajador" era un destino de gloria cuando, en realidad, era casi equivalente al de los bueyes.Tanto éxito tuvo esta campaña de degradación humana que en poco tiempo ser obrero significó, para ellos, ser "buena gente" y los victimarios ya pudieron quedarse tranquilos porque, con esa tramoya, a los pobres se los compensó psicológicamente por los sacrificios sobrehumanos que se les exigía en nombre de la revolución industrial. Pasados los años, el sufriente "honrado" fue recuperando su cabeza y hoy está casi totalmente reivindicado pero, en su fuero interno no ha ocurrido lo mismo y por eso, en el inconsciente de las masas, sigue arraigada la costumbre de  vivir para trabajar y morir trabajando, junto a una imagen absurda todavía bien sostenida por intereses que no sé si son sólo políticos: únicamente un obrero es un trabajador. Muchas madres sueñan para sus hijas un marido que "sobre todo sea trabajador". Que las ame, las cuide y sea buena persona,  es lo de menos  y no son pocos los imbéciles que cuando intentan un elogio al honrado le adjudican la dudosa virtud de ser una persona "de trabajo" (o asalariada) sin pensar, por ejemplo, que un violador taxista es un "trabajador" y un inspector municipal coimero también lo es. Por otra parte, la descalificación más frecuente consiste en acusar a alguien de no trabajar aunque por infeliz no pueda conseguir empleo o, por muy dichoso, ocupe sus días desarrollando tareas creativas de ésas  que los pobres queridos amigos "honrados" debieron olvidar. ¿Qué será lo de ser pobre pero honrado? ¿Y lo de tener más plata que los ladrones?.
   Conseguir empleo es el objetivo principal de la mayoría de las personas en edad de comenzar a llevar una vida "independiente" y lo de ser feliz va quedando para más adelante. Las metas personales suelen estar totalmente subordinadas al trabajo de encontrar empleo primero y al de soportarlo después. Cuando se me pregunta  cómo es posible vivir sin trabajar es porque se confunde vida con supervivencia.  Es imprescindible sobrevivir  ¡pero con la cláusula irrestricta de poder también vivir!. Trabajar subordinados como bestias nos puede proporcionar confort, probablemente poder y, en una de ésas, fama pero felicidad jamás porque ella no sabe respirar fuera de su aire que es el de nuestra Libertad. Estar vivo es ser dueño de un secreto personal hecho a la medida de cada uno y demasiado importante como para llevarlo con nosotros a la empresa en la cual trabajamos donde, por lo demás,  casi nunca estamos o estamos siempre a medias porque el trabajo que nos interesa es el de estar presentes en esta vida con todas las de la Ley. 
   Por suerte, a medida que la gente evoluciona se va imponiendo en todo el mundo la autogestión es decir, el trabajo generado por una meta personal o una vocación y uno no puede menos que festejar la tendencia de que mañana mismo lo importante será lo pequeño. ¿Qué empresas son hoy las más relevantes fuentes de trabajo?: causalmente las más pequeñas; las que en un futuro muy próximo darán cuenta de la importancia de vivir y de trabajar como humanos laboriosos que somos. Mientras tanto, cuando los libros quedan intocados por falta de mente fresca para leer, cuando el único tiempo que le dejan a una persona es el necesario para dormir, cuando alguien hace alarde de no tener tiempo para ocuparse de su estado salud, cuando un conocido nos cuenta que le va estupendamente porque tiene dos empleos... nos parece ver a este mundo arrasado por la anti-inteligencia que, en oleadas de partículas invisibles, nos está secando por dentro aunque por fuera  nos deje más o menos presentables para los festejos del 1° de Mayo que es un gran día para los trabajadores de todo el mundo lástima que, detrás de ellos, todavía se esconde la explotación, el hambre, la esclavitud, la injusticia... porque lo de trabajo digno -muchas veces- no es más que un cuentito.



sábado, 25 de abril de 2015

"Mujeres: ¡al ring!"

    Son alentadores los datos de que ya no es rosa el ajuar de  la nena ni azul el que se prepara para un niño que está por nacer. Lo mismo puede decirse de los colegios mixtos donde ellas y ellos estudian en igualdad de condiciones. También es excelente que, en algunas partes del mundo, las mujeres puedan ganarse la subsistencia y gozar de libertad -delicia que es, ante todo, económica. Lo preocupante es que, entre tanta lucha por liberarnos, la mayoría de nosotras insistimos en no desplazarnos de ciertos esquemas mentales considerados "femeninos" tal como están grabados en nuestra mente a golpe de siglos. Sucede que los garrotazos continuan sin que se los pueda advertir masivamente como cuando las guardianas de la vida festejamos chistes adversos a las suegras o cuando aprendemos canciones que nos denigran sin piedad. Hay letras de canciones que ninguna mujer despierta debiera aplaudir como aquella referente a que "la cosecha de mujeres nunca se acaba" como si la mujer fuese un vegetal. Un viejo tango formulaba la siguiente pregunta: "quién sos que no puedo librarme/muñeca maldita/castigo de Dios" ¿y qué tal la letra de "Angélica"?: "un águila fue tu cariño/paloma mi pobre alma/mi corazón en tus garras sangró/y no le tuviste lástima". ¡Cuidado! si no somos verdurita somos fieras cuando no se nos ningunea de frente mar en "Amor Salvaje" donde no hay reparos para decir: "la llevé sin preguntarle ni su nombre..." ¿Para qué? la mujer sigue siendo, en la cabeza de muchos, una cosa que vale casi nada.
   Está tan bien hecho el trabajo machista, en lo referente a la sumisión de la mujer, que no  nos extraña que  un hombre diga a los cuatro vientos que lo más importante para Él son sus hijos y que a la madre de esos niños ni la mencione. Cada vez que escucho a un sujeto llamar "bruja" a su esposa, señora o pareja, me indigna que no estemos resistiendo -como es debido- al destrato de los machos  que infinidad veces se niegan a tomar nota de las denuncias de atentados contra nuestra integridad física. Las mujeres estamos indefensas desde que los varones de la familia trabajan arduamente para cortarnos las alas desde pequeñas y ese trabajo en equipo, por bajarnos la moral y desprestigiarnos, será eterno de parte del chiquitaje masculino miestras esté ausente el elevado concepto de su género que toda mujer necesita para poder SER. Mientras tanto la mujer mediocre simplemente se deja estar. Vive esperando casi todo sin ponerse en movimiento para conseguirlo y se conforma con protestar en rueda de amigas donde cada una se siente en su lugar por obra de decretos culturales antiguos que continuarán siendo cuidadosamente transmitidos a sus hijos con una inocencia y una irresponsabilidad espeluznante. Es por ingenuidad que  la mujer desdibuja su inteligencia al punto de combatir sin descanso a la hermana de especie que tiene algún vuelo. ¿Acaso toda mujer descollante desconoce que sus pares femeninos son sus más temibles adversarios? Culturalmente programadas para serlo, no se puede alegar que se trate de una programación encriptada cuando está tan visible en ese hábito de maltratarnos que cotidianamente tenemos las mujeres al hablar de nosotras:
   -De burra que soy.
   -De animal que soy.
   -¡Estúpida yo...!
   -Siempre la misma idiota... y las propias descalificaciones femeninas que no sólo refuerzan el trabajo sucio de desnaturalizar a la mujer: lo legitiman sin ningún inconveniente para tener a los señores ¡encantados! como si no se pudiera violar el decreto de no irritarlos por ninguna causa y por las dudas. Esta actitud no difiere demasiado de la que todavía se repite en millones de hogares del mundo donde se pretende exhibir -sin disimulo- la figura del "jefe de hogar" que si no es marido puede ser el hijo mayor o un abuelo o suegro, a falta de yerno disponible. De primera intención "el hombre de la casa" aparece como necesidad de contar con un macho que gobierne a las hembras cuando, en realidad, se trata de una imaginaria comodidad de tener a quién cargar con las responsabilidades a cambio de obedecer, servir y padecer... al precio de una humillante protección que es, muchas veces, equivalente a casa, comida y pequeñas cosas.
   Toda vez que se recurre al tema de la protección como excusa para legitimar el sometimiento femenino, uno se ve obligado a preguntar dónde están los triunfadores que lo son gracias a una madre, hermana o esposa admirables tan pocas veces calificadas como inteligentes, o geniales, porque apenas si dirán de ellas que son astutas o vivarachas. Cuando un machito con aspiraciones frustradas de hombre no tiene más remedio que admitir los valores personales, o el alto coeficiente intelectual de una señora, ahí nomás saca  a relucir descalificaciones canallas como la de llamarla "insoportable", "peligrosa", "resentida", "histérica", "loca"... lo cual no es tan grave después de todo porque, con sólo dos dedos de frente, cualquiera de nosotras puede poner en su lugar al energúmeno. 
  

sábado, 18 de abril de 2015

"Hermanos del Alma"


   Resultó que el universo está constituido por los mismos elementos y que  el ADN es común a todos los seres vivos de modo que el presumido ser humano viene a ser un pariente más de los microbios. Para  manifestarse como Mamífero Top cada terrícola tiene su peculiar configuración genética pero para para manifestarse como partícula del universo le queda al patrón psíquico hacer la diferencia para determinar la singularidad de cada alma viviente que, aún gemela, es única portadora de su "ánima" es decir, de esa estructura cósmica que los místicos suelen llamar "ser interno" y el común de los occidentales conoce como "psiquis". Atractivo y fascinante, como ninguno, ese cristo interior es inmune a todo tipo de manipulación que no sea la autorizada por quien esté suministrándole presencia física. La autorización más frecuente tiene la firma del miedo y le sigue aquélla extendida por la necesidad: necesito dejar de comportarme de cierta manera -o de hacer tal cosa- y entonces me dejo manipular para corregirme o curarme. Yo puedo permitir, hasta cierto punto y en determinadas circunstancias, que otros manejen algunos comandos de mi procesador interno.
   El hecho de que el "ánima" sea infanqueable no impide, sin embargo, que cada sociedad dibuje externamente a sus integrantes de determinada manera lo cual implica que la humanidad está señalada por diferencias descomunales (idioma y raza incluidos) que, de verdad, sólo son variaciones de un mismo arpegio. En lo esencial todo es igual y no hay mejor ejemplo que el de las llamadas diferentes religiones en un mundo superpoblado de seres que practican una misma religión bajo modalidades, intereses y denominaciones distintas. Así como a lo largo y a lo ancho de nuestra aldea planetaria se requieren idénticos nutrientes que se consumen bajo variadas presentaciones: la raza humana sólo ofrece diversidad aparente o superficial. En lo esencial somos todos semejantes. "Semejantes", sin embargo, no significa "idénticos" y, al final de cuentas, además de cósmicamente inviolables, somos seres impares o, si se prefiere, solitarios pasajeros de una travesía particular donde los hermanos del alma apenas asoman, o no aparecen, y todo lo que podemos encontrar es "gente como uno" esto es personas que, compartiendo aristas de la propia sigularidad, pueden configurar desde parejas hasta países bien diferenciados.
   De aquí o de allá seguirán rotando los capitales sin que sea posible ninguna mudanza completa de rasgos culturales. No es posible transportar tradiciones y costumbres de una comunidad a otra aún compartiendo idioma -y creencias- porque cuando se trata de bienes intangibles, como es el caso de los valores, a lo sumo se los puede adaptar para recién incorporarlos. Por esto, hablar de países suponiendo que se trata exclusivamente de extensiones territoriales generadoras de productos primarios, o negocios, es desconocer lo más importante que es el alma de los pueblos con sus notas predominantes que determinan un ritmo propio en el tan bien llamado "concierto de las naciones" ¡Qué expresión perfecta! Muchas veces, cuando el alma de una potencia mundial termina por rendirse frente a la de un  país insignificante, imaginarios expertos atribuyen la derrota a los motivos más inverosímiles sin poder admitir que la determinante del fracaso  fue esa energía formidable de la simple silueta de un inconsciente colectivo que no está a la vista pero reconoce sus fronteras, y no tiene nada de golondrina, ni está a la venta porque su precio es tan caro, tan querido y valioso, como su destino. 
   De pronto se escucha hablar de un mundo sin fronteras en el cual las distancias se acortaron, y los intereses económicos son universales, dos vulgares mentiras agravadas por el hecho de que la pretendida globalización es sólo una estrategia inconfesable dentro de la cual la mayoría de la humanidad no se siente involucrada ni desea hacerlo. Desde que los ilégitimos administradores de la riqueza de este mundo dieron a conocer este discurso, cada grupo social -de mayor a menor- está de regreso a su ánima. Por todo el planeta los países vecinos no sólo se hermanan cada día más; también vigorizan su música nativa, recuperan a sus científicos, premian a sus artistas como mejor saben hacerlo, leen mejor a sus escritores y ni qué hablar de la fortaleza que están logrando las economías regionales dentro de las cuales los hermanos, y semejantes, pueden muy bien seguir sintiéndose singulares. Hoy ha dejado de ser novedad que los ciudadanos de este planeta han vuelto a prestarle atención a la "madre tierra". Cada día con  mayor determinación están regresando "tierra adentro" en procura de verde, aire más limpio y pajaritos pero,  en primer lugar y tal vez sin saberlo, en el intento de reforzar la auténtica personalidad de sus pueblos que dejan ver una legítima aspiración de llegar a ser invencibles en sus objetivos primero y, ahí nomás, formidables gladiadores en el circo eterno de la política internacional tan experta ella en caídas espectaculares como en estruendosos papelones entre los que siempre estamos viendo a uno que otro león hervívoro ofreciendo su último espectáculo: el de su merecida caída bajo el peso de la historia que no suele ser piadosa porque siempre ha mostrado interés por ser justa.
  

sábado, 11 de abril de 2015

"Mentiras Verdaderas"

   Si bien cada profesión requiere un determinado perfil, y cada actividad exige aptitudes específicas, el trabajo rutinario nos da lo suyo al extremo de afectar nuestra manera de plantarnos frente al mundo. No se debiera olvidar, sin embargo, que cada persona es lo que es haciendo lo que haga: el irresponsable lo será en cualquier actividad así como el mal nacido habrá de serlo desempeñando cualquier labor; el desprolijo lo será en todos los rubros; el distraído hará papelones en todos sus empleos... de modo que Juan Peréz será ante todo Juan Pérez y, mucho después, los roles que pueda desempeñar en este mundo. Los mitos que circulan alrededor de las diferentes gestiones laborales son pruebas contundentes de lo poco que atrae el trabajo de pensar. Damos por hecho todo aquello que podría ser cierto sin permitirnos el lujo de razonarlo y es así como aprendemos una enciclopedia de famosas mentiras. Algunas de ellas tan arraigadas que uno se ve en aprietos para explicar, sin ir más lejos, que los artistas no son gente extraña; que los intelectuales no tienen por qué ser aburridos y ni qué hablar de las jefas de hogar con tan inmerecida fama de ignorantes, o zopencas, cuando infinidad de veces son profesionales exitosas además de lectoras calificadas y no del horóscopo precisamente.
   Es común recibir desmesurados calificativos según las actividades que desempeñamos y, por culpa de tanta confusión, quienes se destacan en una especialidad no cuentan con permiso social para lucirse en otras. Como se nos quiere rotulados, y en caja, una renombrada actriz -aunque haya ganado un Oscar- puede ser ridiculizada hasta por sus propias colegas si la descubren barriendo la vereda. Con cuánta frecuencia las intelectuales por poco no piden perdón por disfrutar de sus actividades hogareñas como si el hecho de ser hacendosas menoscabara sus talentos y  más de una vez desconcierta el asombro que genera el simple hecho de desentonar  con la imagen que nos demanda el entorno partiendo de la profesión o el quehacer habitual.
   Tal vez no se debiera tomar tan en serio ninguna gestión existencial porque siempre habrá alguien que la desempeñará mejor; no es raro que estemos realizando una labor que detestamos y hasta podría suceder el milagro de ser personales en todo cuanto hacemos. Si de verdad se aceptara que somos microscópicos universos pero universos al fin, no debiera sorprendernos el talento de pintora que pueda tener una concertista, la habilidad para cocinar de un intelectual ni la inclinación por las letras de un boxeador. En ninguna jurisprudencia se contempla que las personas deban sacrificar un talento o un deleite por otros pero, en el trato cotidiano genera cierta inquietud todo aquel que muestre una personalidad rica en matices. Esto es tan así que hasta puede llegar a parecer imprescindible convalidar al portador de semejante atrevimiento. En tales casos nos creemos obligados a decir zonceras como éstas: es genial pero no es una persona complicada; es ama de casa pero inteligente; es comerciante pero tiene un corazón de oro o, el colmo de los colmos, es escritora pero "es una más" así como pareciera necesario aclarar acerca de alguien importante que, a pesar de serlo, es un familiar muy cercano.
   Tal vez esta visión tan corta entre humanos no sea una característica individual. Bien pudiera ser simple deformación de nuestras percepciones tan vapuleadas desde la más temprana edad. El grueso de nuestro aprendizaje no académico se desarrolla mediante asociaciones nada libres por cierto. Durante la mayor parte de nuestra vida somos copias de no sabemos quiénes porque aquellos que nos manipulan no existen para nosotros porque de tanto tenerlos al alcance... ¡se nos vuelven invisibles! Precisamente es esta condición la que genera el poder para convertirnos en ecos más o menos lejanos de sus características personales y, por tal motivo, casi todos repetimos -como autómatas- que los poetas son locos sin aclarar que de enloquecerlos  nos encargamos prolijamente cuando los pobres caen en nuestras manos. Además hasta somos capaces de decir con total convicción que "nada de consigue sin sacrificio" en lugar de explicar que todo se consigue con trabajo, pasión, determinación y entusiasmo, que nada tienen que ver con martirologio alguno (salvo que hagamos pésimas elecciones). La pregunta del millón sería: ¿así somos?. Por supuesto que NO. Así, con manejos clandestinos, limitan nuestra comprensión los deformadores sociales que, además de no estar a la vista por cotidianos, suelen esconderse entre los pliegues de nuestra pereza por mirar alto y lejos. Nuestra existencia sigue su curso a través de realidades más o menos ficticias de modo que no hay acto más sospechoso de fraude, o simulación, que el de mostrar una característica individual auténtica.
   La inclinación humana por el juego -y la ficción- juega en contra de la verdad  no tan codiciada como nos gusta creer. Francamente, lo que nos gusta hacer con ella es verla rodar por el piso hasta convertirla en una pelota de trapo, o de viejas mentiras - cuando no de nuevas falsedades- y buscar la primera oportunidad para hacer un buen pase de modo que el delantero, de cualquier equipo, pueda hacer un gol de media cancha y... todos contentos en el programa más visto por la minoridad:"Mentiras En Juego".

sábado, 4 de abril de 2015

"Marías y Magdalenas"




   Fueron doce varones los discípulos del fundador del cristianismo y quién sabe si el maestro Jesús pudo haber sospechado que serían las mujeres quienes expadirían y conservarían su luz en occidente donde los hombres se entregaron a la nueva fe por influencia de sus madres, esposas o hermanas. Allá por el 313 Flavia Helena, la madre del emperador Constantino convirtió a su marido Constancio Cloro a la naciente religión cristiana y gracias a Ella el cristianismo se transformó en religión oficial del imperio romano. En el 403, Clodoveo, el rey de los  franceses sálicos de la Galia Romana que más tarde sería lo que es hoy Francia, se casó con Clotilde que lo llevó a la doctrina  de Jesús así como la reina Gisella -hermana de Enrique de Baviera- una vez casada con  San Esteban de Hungría, fue la responsable de la conversión de sus súbditos a la fe pregonada por "el Hombre de Galilea". Fueron las damas quienes lograron la transformación religiosa de los reyes bárbaros como antes lo habían hecho con los emperadores romanos. Amaury de Riencourt en su libro "La Mujer y el Poder en la Historia", de la editorial venezolana "Monte Ávila", explica que cuando el Papa Gregorio VII tuvo su famoso choque con Enrique IV, gobernante del sacro imperio romano, fue Matilda -duquesa de Toscana- quien lo refugió en su castillo de Canosa cuando se temía una agresión armada de Enrique. No conforme con esa asistencia, la buena Matilda decidió legar sus dominios al Papado para asegurarle autonomía económica y, desde luego, estabilidad política. Más tarde, cuando al Papa le tocó defenderse del emperador alemán, buscó ayuda en Francia -se instaló en Aviñón- y otra vez una señora lo asistió para liberarlo de sesenta y ocho años de "cautividad babilónica" del protectorado francés puesto que Catalina de Siena convenció  y ayudó al Papa Gregorio XI para que reinstalara en Roma la Santa Sede donde tendría verdadera independencia hasta nuestros días.
   En general las mujeres de alto rango, y los miembros femeninos de las casas imperiales, se convertían con frecuencia al Cristianismo y solían involucrar a sus hombres en la nueva fe. Puesto que las damas eran el elemento principal de su creciente éxito, el Cristianismo les hizo algunos favores promoviendo mayor respeto como madres y la seguridad económica mediante la conversión del matrimonio en sacramento. El más grande obsequio cristiano para la condición de la mujer consistió  en la exaltación de lo femenino reinstalando la idea del nacimiento virginal proveniente del paleolítico cuando los hombres no se consideraban incluidos en la maternidad por creer que a las hembras las embarazaba una entidad espiritual, la luna o algo así.Todo el simbolismo acumulado a lo largo de los siglos ayudó a renovar la creencia en la madre virgen que dio vida real a una divinidad. A diferencia de lo que sucedía en Asia Menor con los simulacros de Osiris y Attis, periódicamente crucificados en un árbol y resucitados según antiguos ritos de fecundidad, Jesús de Nazareth fue un personaje real "porque el verbo se hizo carne". Este técnica subliminal fue precisamente lo que permitió que el culto a María, "la Mariolatría", fuera el mecanismo perfecto para atraer -y conservar- a las mujeres dentro del Cristianismo que siempre necesitó de sus donaciones después de tanto ayudarlas en sus afanes por heredar.
   Durante siglos Ellas incrementaron la riqueza de lo que  es actualmente el Vaticano  además de mantener a Ellos a la sombra de la Iglesia Romana. Los hombres casi siempre estuvieron en Misa y se casaron de acuerdo al rito católico  arrastrados por sus mujeres que, afanadas en tantas cosas, no advirtieron que a la madre del Hijo de Dios la fueron transformando en la madre del mismísimo Creador porque ¿acaso el Padre no era "uno y trino"?  En el año 451, Concilio Ecuménico de Calcedonia, los cristianos ortodoxos declararon que la Virgen María era Theotokos es decir, la Madre de Dios. Si bien este ascenso de María pudo haber sido mejor explotado por el costado femenino de la cristiandad, no fue así. La mujer cristiana se conformó con algo de respeto (no el suficiente), con un poco de protección económica y una mísera educación sin que se le reconocieran méritos para acceder a la autoridad clerical. No reclamó cargos eclesiásticos o,mejor dicho, ni siquiera que le lavaran los pies en la ceremonia pascual del jueves santo -hasta el Papa Francisco I-. Desde luego, dio algunos manotazos de ahogada como cuando abandonó a más de uno que esperaba conservarla como esclava, hasta que la muerte los separara, o como cuando tiró la mantilla para entrar en el templo. Los hechos cuentan que entonces, ya con la marías en la perisferia, los popes de la Iglesia Romana tuvieron que pensar en hacer buenos negocios con sus pares más opulentos del orbe para poder mantener la riqueza de la Santa Sede y sucedió lo inevitable: poco a poco la mujer dejó de sentirse representada por una institución que la ignoró toda la vida a menos que la recordaran para mandarla a pedir limosna durante la Misa, o para renovar el agua de los floreros de los altares. Si bien actualmente no sólo pasa la bolsa -porque le permiten hacer nuevas pequeñas tareas- cada vez con más énfasis las marías fueron haciéndose notar, como seres pensantes y ejecutivos, hasta que muchas de ellas terminaron por no aceptar despropósitos tales como el hecho de que a Madre Teresa de Calcuta le costara tantísimo ser aceptada dentro del catolicismo oficial siguiendo, como seguía, las enseñanzas de Jesús. Madre Teresa, otra vez una mujer, fue la propagandista cristiana más grande del siglo XX y debiera agradecérsele la expansión actual de la Santa Sede en África. Esa grandiosa madre moderna ya no está; muchas otras siguen sus pasos en la soledad más absoluta y son millones las que continúan alejadas de la fé católica desde que se despabilaron si bien no del todo porque, hablando con franqueza, pudieron haber presentado más batallas y no lo hicieron sin advertir que así como la ausencia de la mujer en el hogar terminó con la familia biológica, su alejamiento de una fe determinada implica muy corta vida para la institución que la pregona.
   El maestro Jesús, en nuestra época, ya sin la presión varonizada de sus días, probablemente se encontraría en mejores condiciones para elegir representantes. Hay un runrun de que María Magdalena fue su discípula dilecta pero, de cualquier manera, hubo demasiada ausencia femenina en los albores de la religión cristiana. Tal vez el maestro amaba a las mujeres mucho más de lo que se cree y, por tal motivo, al no elegirlas como seguidoras oficiales haya querido preservarlas de los martirios que debieron soportar los primeros apóstoles. Él, como ser evolucionado, hacía gala de un gran femenino cuando enseñaba el amor y la caridad; cuando lloró en Getsemaní; cuando perdonaba a la pecadora o disfrutaba de largas charlas con María de Betania mientras Marta "se afanaba en tantas cosas". Hoy, entre tantos Judas, los pescadores de almas ya no son tales; los pastores de su rebaño son los mismos que Él echó del templo; Poncio Pilatos sigue haciendo su tarea de lavarse las manos religiosamente pero las Marías y las Magdalenas -nada distraídas por cierto- ahora sí, con total seguridad, podrán ofrecer al instaurador del cristianismo el mejor de los servicios a su causa.

sábado, 28 de marzo de 2015

"Adiós Mensajero Adiós"


     Grande o pequeño, sabiendo o sin saber, el ser humano es esencialmente un explorador. Entre quienes buscan sabiduría no son pocos los andariegos del mundo invisible al que se puede acceder por los caminos del corazón. Se llamen como se llamen son personas de gran porte espiritual -aunque no sean religiosas- y esta característica las anima a transmitir lo poco o mucho que puedan conocer acerca de esas leyes cósmicas que, no estando escritas en ninguna parte, son de cumplimiento obligatorio porque nada en el universo se puede hacer, o dejar de hacer, sin su consentimiento. Con frecuencia se las conoce como "leyes de la vida" y no son compatibles con legislación humana alguna porque estas leyes superiores -si bien nos involucran como almas vivientes-  parecieran estar promulgadas en consideración al conjunto de lo existente (dentro, fuera, cerca y lejos de nosotros).
    En la medida que se trata de patrones universales no es lógico pretender que sean de aplicación barrial si consideramos a nuestro planeta como un distrito insignificante entre tantos probables universos. Cada país, cada cultura,  y cada época, tienen las normas jurídicas y religiosas que fue configurando con mucho trabajo para concretar una convivencia más fácil entre los humanos que no nos caracterizamos por ser demasiado recomendables. Desde luego que en nuestro mundo ninguna legislación es inocente, como tampoco lo son sus destinatarios, de modo que toda ley es tan perfectible como aquellos que la promulgan (qué novedad) con el agregado de que es inútil reemplazarla por una disposición cósmica puesto que nosotros, los "juncos pensantes" de Pascal, estaríamos lejos de interpretarla y a años-luz de poder cumplirla.
   Hay una ley del cielo que debiera se tratada con mucha consideración: es la ley del karma. Enseñar que un niño fue asesinado por su madre porque el pobre le debía el haberla  asesinado en otra vida, por ejemplo, es declarar impunidad al crimen y el crimen debe ser sancionado para protegernos, como especie, de caer en nuestras propias garras porque hace falta imprimir en la mente colectiva la inconveniencia social de la ferocidad (o de tantas otras características humanas despreciables)
   La vapuleada ley de causa y efecto no sólo debe remitirse a vidas pasadas; además debería ser cuidadosamente considerada en la actualidad de cada ser humano porque en el presente también se saldan deudas incluso cada día lo cual es una regia oportunidad para ofrecer y recibir compensaciones. La del karma es una ley de oro convertida en nada cuando, sin ir más lejos, frente a un mendigo pensamos tranquilamente que ese ser está aprendiendo una lección sin aprender nosotros, de ese precioso instante, la ley del servicio, la comprensión y la misericordia. Las lecciones de vida son todas colectivas por muy individuales que parezcan: "mi" enfermedad tiene efecto en la empresa en la cual trabajo,  en una obra social determinada, en mi familia, en mi círculo de amigos, en el dueño de la casa que alquilo y, si es contagiosa, puede afectar al país donde resido y así hasta el infinito. Junto al aprendizaje existencial del otro está mi propio aprendizaje y, ya que estamos, las leyes de la vida son de aplicación automática en el momento más oportuno según ella lo considere. Las leyes del cielo son manejadas por él. Las leyes de la tierra son nuestra directa responsabilidad que no es poca y, por lo mismo, es pertinente separar los tantos. Si en lo personal somos tan responsables arriba como abajo -en público como en privado- en lo social somos arquitectos de todos los destinos.
   La auténtica comprensión de la leyes cósmicas nos vuelve doblemente responsables del conocimiento que merecimos alcanzar y enseñarlas no es dar un seminario; es vivir conforme al discurso que habitualmente ofrecemos o es dejar que las actitudes hablen por nosotros. Ser un maestro de la vida es caminar por ella alumbrando sólo por alumbrar y no hablando por hablar. Con toda seguridad hay muchas personas que necesitan  nuestras palabras pero, contradiciendo a Charles Boudelaire, cuidado: no nos emborrachemos con ellas o terminaremos haciendo el ridículo de defender lo indefendible  o apoyando lo absurdo.
   Quien comprende medianamente las leyes del universo no es un elegido ni se crea un privilegiado; es nada más que alguien que ha vivido con mucha atención y la consecuencia de tener los ojos bien abiertos es estar provisto de especiales herramientas para su evolución personal y colectiva. Ese instrumental le permite analizar con menos margen de error cualquier legislación humana en el caso de necesitar cuestionarla, modificarla o reemplazarla por otra de mejor factura. El crecimiento interior, además, le ofrece suficiente piolín para elevarse en esta vida con más soltura que otros... pero, al mismo tiempo, le demanda ser exquisitamente humano por estar menos expuesto a caídas fatales como aquellos que no cuentan con buena luz en su camino. Si alguna vez un hermano mayor, en su afán por compartir lo que sabe, olvida en qué dimensión está parado, o no sabe administrar sus pensamientos y, mucho menos sus ambiciones, automáticamente el cielo se encarga de ponerlo fuera de servicio y...¡adiós mensajero adiós!.
  


sábado, 21 de marzo de 2015

"El Impuesto Más caro"



   El impuesto más caro por el simple hecho de vivir, en este siglo, bien podría ser el de la soledad y lo peor es que tratamos todo el tiempo de evitarla sin noticias claras de cómo es ese yugo del cual queremos escapar.
   La soledad tiene cierto parecido al antiguo temible viejo  "de la bolsa" a quien ningún chico pudo decir haberlo visto alguna vez y, sin embargo, más de uno temblaba despavorido frente a la sola mención de su nombre por no haber tenido oportunidad de hacer buenas migas con él. Ya grandes, todavía no sabemos que podríamos conocer, enfrentar o mantener excelentes relaciones con todos nuestros fantasmas puesto que todos ellos no pueden respirar en otra parte que no sea en la interioridad de quien decide darles una gran vida.
   La soledad, amenaza terrible para aquellos que no tienen buen trato con su ángel, ni con los ajenos, es la versión femenina de aquél viejo maldito que asustaba a los chicos que no se portaban bien. Ella tampoco puede existir en ninguna realidad que no sea en la trastienda de cada uno de sus gestores tan dispuestos a darle un lugar destacado en su vidas nada más que para pelear todo el tiempo con ella y, de ese modo, darle presencia o hacerla crecer. Buena hija del temor, y la imaginación, la vieja soledad es pícara; adopta cualquier aspecto con la única esperanza de ser aceptada como una moradora más de la inocencia y, llegado ese gran día, poder vivir -y acaso morir- en paz.
   -¿Cómo nacerá eso que, dicen, se llama "soledad"? Tal vez sea el fruto de nuestros secretos intentos de tenerla en nuestras manos -para destruirla- cuando se nos inculca con éxito el miedo de llegar a enfrentarla y como nadie que nos asuste con ella sabe lo que es porque LA soledad no existe como entidad, autónoma, en cuanto estamos ociosos no se nos ocurre nada mejor que colaborar con el susto escondido y fabricar nuestra incomparable soledad (por mucho que nos dejemos ver en variada compañía).
   Como toda obra personal, nuestra soledad no sólo nos toma el nombre y apellido para que se hable del solitario de fulano de tal. ¡Nos pinta de cuerpo entero! la del materialista tiene  el peso de sus ambiciones así como la del lírico, que no es carga para Él, presenta el color de sus sueños más recurrentes. La del egoísta es demasiado grande -y dura- porque esta soledad no es más que una sombra del muro innecesario que se propuso levantar entre sus precaria humanidad y la del resto de sus congéneres. De todas las soledades ninguna tiene la fragilidad  de aquélla que se atreve con un alma generosa. Sucede que entre el dar, y el recibir, el aislamiento tiene que retirarse por el motivo menos pensado que siempre tendrá que ver con la alegría de la entrega y el servicio.
   Es comprensible, es humano que hasta el más pintado esté interesado en convivir con sus propias creaciones desde que hay algo en Él que las ama (aunque sea con dolor). No por otra causa todo creador necesita voluntad extraordinaria para eliminar aquel matiz, aquella idea o rasgo que pueda quitarle coherencia o esa armonía que desea imprimir en su trabajo. Quienes no son creativos no pueden siquiera imaginar cuántos abortos forzados debió sufrir una obra a la que -con total tranquilidad- se califica de mediocre o excelente. Únicamente los creadores pueden saber qué dolorosa es la faena de desechar elementos sólo porque los infelices se ven mal en determinadas combinaciones. El hecho es que pensadores y artistas han descartado mil trazos para poder contentarse con algunos y en tanto esto sucede, irremediablemente, la mayoría de las personas se resisten a tirar a la basura a la más inservible de sus creaciones: a  esa sensación llamada soledad que no tiene nada que ver con el  hecho de estar solos. Cómo descartarla si hasta se la lleva al especialista para ver si el buen señor puede con esa carga tan intolerable como la propia miseria interna de su portador porque -hay que decirlo- su peso es directamente proporcional a la falta  de nutrientes esenciales del ser: conocimientos, idealismo, una vocación bien atendida, proyectos, dolores, amores...
   A todo esto la soledad va. Muchas veces es sólo cuestión de mirarla fijo porque puede suceder que llamemos con su nombre a otros estados internos porque, ¡si todavía no lo dije! ese lamentable estado es nada más  que un desvelo. Consiste en perder hasta el sueño por estar en presencia de la nada y mitigar esa vigilia con sensaciones diversas que suelen describirse   como amargura, desasosiego, ansiedad... Aquellos que no tienen compañía humana sin darse por enterados, porque tienen la cabeza poblada de estrellas y por eso un horizonte siempre a la vista, pueden decir con autoridad que cada uno tiene en su soledad a un impuesto especial que se impone a sí mismo. Si es demasiado caro, si parece injusto, si luchamos por evadirlo, si es una carga que nunca imaginamos, y mucho menos deseamos, estamos inscriptos en el pésimo negocio de la inocencia porque -¿por qué será?- hasta somos capaces de imaginar que en cada esquina está la bruja soledad esperándonos, cuando no buscándonos, como si se tratara de una entidad poderosa que nada tiene que ver con nosotros y, para colmo de males, suponemos que de sus garras no es posible escapar.


sábado, 14 de marzo de 2015

"Creer y Reventar"

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   No son pocos los pensadores embarcados en el tema de la humanización de la economía o en un mejor reparto de la riqueza en este planeta que puede traducirse como más fácil acceso a mejores oportunidades de bienestar. Por supuesto, la mayoría de los políticos de carrera harán su trabajo en contra de semejante pretensión en tanto que hay legiones de seres que se ven en dificultades para derribar más de una tranquera de su campo interior donde hicieron prosperar el cultivo ancestral de sus creencias.
   La mayoría de la agente está jaqueada por suposiciones que no tienen por qué ser conscientes ni bien fundadas como cuando nos escuchamos decir, frente a un menú desconocido, que no nos va a gustar sin haberlo probado o cuando se asegura que tal o cual negocio no va a prosperar porque, sencillamente, así se nos ocurre. En ambos casos no existe el argumento que pueda modificar estas actitudes porque sólo con hechos, o experiencias, se puede alterar lo sembrado por mandatos inconscientes.
   Cuando alegamos que "en algo hay que creer" no tenemos ni la más leve sospecha acerca de que una creencia es una creación mental como cualquier otra que, positiva o no, tiene vida propia. La creencia no está en nuestras manos; es su propio mentor quien está en su poder -y qué poder- porque ingenua como es, o precisamente por serlo, la creencia ejerce total fascinación en la mente humana. Por ella se muere y se mata así como en su nombre se divide y subdivide la humanidad hasta límites inimaginables. Desde que la creencia se presta gustosa para cualquier negocio desde el turístico, hasta el sucio (y aborrecible) de las armas, los mercenarios de este mundo tienen muy en claro que la credulidad es buena carnada para que muerdan el anzuelo tantos hambrientos de futuro que alberga toda corriente ideológica o religiosa. El sólo hecho de creer, en lo que sea, ya nos introduce en una manada donde no se nos permite ser personas para convertirnos en simples seguidores. Esta actitud tan comprensible explica por qué ni siquiera los supuestos liberados de los dogmas estamos libres de codearnos con las creencias porque tenemos ¡las de nuestra propia creación!!!!
   La creencia individual no tiene el peso de la colectiva, desde luego, pero se puede advertir su lento trabajo en los éxitos y fracasos de la vida personal. Instalada como sugestión, decreto, o mandato, hace de las suyas en cuando le prestamos alas. Si la gente tuviera siempre presente que las creencias son tan sólo dibujos animados no habría tantos desheredados en este mundo porque esas animaciones -a todo color- son las que cierran el paso a la audacia o, mejor dicho, a todo riesgo. "Creo en el destino" así que no hago nada por modificarlo; creo que "si Dios quiere" haré tal o cual cosa de modo que "Dios dirá" lo cual me convierte en mudo además de inútil; creo que "nadie la talla contra el destino" así que mi hambre, y mi desolación, tendrán que esperar y a soportarlo se ha dicho; creo que "nada se consigue sin sacrificio" lo cual me habilita ampliamente para ser ofrenda en el altar de las ambiciones de cualquiera o, si no me opongo, para ser sacrificado en beneficio de tantos descreídos que saben, de sobra, que "el vivo vive del zonzo y el zonzo de su creencia". Creer en la necesidad de sacrificarse por todo es una imbecilidad. Que todas las religiones estén regadas por la sangre de sus mártires no implica que todos tengamos que aportar la nuestra sobrellevando a un jefe mal nacido o realizando una labor que nos hace daño físico y espiritual. ¡QUE VIVA EL ESFUERZO! pero aquel que nos reconcilia con nuestras internas necesidades y, por tal motivo, con toda  la humanidad. El sufrimiento es un aprendizaje  más en toda existencia humana siempre y cuando no nos instalemos en él por creer que es un designio sobrenatural que ha caído sobre nuestras pobres cabezas.
   A poco de hablar con personas sufrientes ya sabemos que son poco advertidas. Por la ceguera que causa el dolor, o por cansancio de remar sin rumbo, inmediatamente se las descubre resignados a su suerte. Sus primeras palabras describen cómo creyeron equivocadamente en tal o cual persona, en tal o cual zoncera, y que ¡siguen creyendo en muchas otras!. En tales casos un llamado al trabajo de reflexionar,mediante sugerencias pautadas por la realidad, los asusta de tal manera que cuesta mucho sacarlos de esa parálisis total que las suposiciones pueden provocar en la gente y en su entorno. La "creencia cierta" es un contrasentido puesto que al asomar la certeza ya hay conocimiento en lugar de dibujos animados. En honor a una  mínima honestidad intelectual hay que aclarar que las creencias positivas ayudan a vivir porque en lugar de paralizar son movilizadoras pero, justamente por eso, también son peligrosas de manera que un consejo referente a las creencias habidas, y por haber, podría ser: mucho cuidado con creer....¡y reventar!.