sábado, 25 de julio de 2015

"El Dúo Fantástico"




   Si una dimensión desconocida le fue concedida al ser humano para hacer piruetas con su debilidad, o su fortaleza, esa dimensión no es otra que la de su fantasía y es dentro de sus límites invisibles donde las personas avanzan o retroceden, caen o se ponen de pie frente a sí mismas de manera tan poco perceptible... que apenas si se puede creer.
   Aunque no encontremos posibilidades de compartir la extra dimensión de la fantasía, ni de dibujarla siquiera, la morada interior de Santa Teresa de Ávila existe y éste es el sitio que podemos frecuentar para acceder a nuestro propio cielo con un sol exclusivamente nuestro porque es de nuestra propia creación. Cada vez que lo decidimos, está entre nuestros privilegios frecuentar nuestro rincón del alma y en esas secretas peregrinaciones no deberíamos dejar de remover esos propósitos, dudas o problemas, que muchas veces dejamos anclados demasiado tiempo en este lugar mágico, pero peligroso, donde el miedo y el coraje celebran sus cumbres. Pareja despareja si las hay pero este detalle no impide que, en su calidad de gobernantes invisibles, se obstinen en no moverse de este predio abandonado que con tanta frecuencia les ofrecemos en nuestras vidas.  
   Elegidos libremente, o por imposición de reflejos involuntarios, estos dos patrones estuvieron siempre presentes en la historia de la humanidad tal como lo demuestra esa legión de diablos, y dioses, que si hasta hoy consiguieron sobrevivir es tan sólo por obra y gracia de los favores que sigue concediéndoles la condición humana cuando se subordina al temor o al arrojo. Hoy, testigos tan poco calificados de esta era post moderna, persistimos en hacerle la corte a estos dos gigantes de nuestra exclusiva creación al continuar confiando y desconfiando ciegamente. Pero el hijo del siglo veintinuno cada día necesita armarse de mayor coraje cuando el miedo lo acosa  como la primera vez porque aquel miedo lejano, el de los primeros días de su aparición en la mente humana, hoy no es un miedo cualquiera. La legítima preocupación  por una guerra nuclear, por ejemplo, es nada frente al terror que está llegando a sentir el homo sapiens frente a sí mismo y esta sensación de indefensión nada tiene que ver con el cuco de la vejez, con el fantasma de la muerte, ni con el promocionado peligro de la soledad. Se trata del miedo al propio corazón que hasta aquí ha dado sobradas muestras de su constante afán por desvirtuar los frutos de toda cosecha intelectual. La presuntuosa valentía, en apuros como éste, necesita recurrir a toda su artillería para imponerse frente al temor en nuestro feudo fantástico donde el margen para una victoria es tan reducido que el miedo y el coraje pueden verse en dificultades pero, a no inquietarse demasiado porque obrando el uno como impulso y el otro como acción, se complementan divinamente sirviéndose de la ventaja que les da el hecho de ser dos hábitos mentales que pueden intercambiar apariencias las veces que sean necesarias. En las actuaciones de este dúo fantástico es frecuente que el uno simule querer beatificar su precaria existencia invitándonos a permanecer en un mismo lugar y, de sólo estar, nos paraliza en nombre de la prudencia y compañía. Mientras tanto el otro, que no puede quedarse quieto, se nos presenta  sin hacerse anunciar para inclinarnos a pensar que tal o cual dios es un poroto al lado nuestro. Con semejante argumento entre manos se nos ocurre que no habrá proyectiles que puedan alcanzarnos de manera que salimos disparados de la modorra hasta terminar abandonados en cualquier parte a la que ni ebrios, ni dormidos, hubiésemos pretendido llegar.
   En resumidas cuentas, estos socios -el temor y el valor- siguen sin darnos tregua porque ellos crecen con y en cada uno de nosotros bastante alejados de nuestro control. Apenas si tenemos alguna noticia de sus correrías porque les negamos esa entidad precisa que deberíamos darles para no terminar siendo víctimas de sus manejos que casi siempre son verdaderas estafas al razonamiento precario.
   Tanto la cobardía como la valentía son demasiado peligrosas si no se las controla y, sobre todo, si consiguen nublar nuestra razón. Lo importante es no perderlas de vista porque mientras están vigiladas no provocarán demasiadas catástrofes en nuestras vidas, ni en las cercanas, por muy crueles que sean sus habituales enfrentamientos en el predio fantástico donde  ni el más observador sería capaz de decir quién es quién de tanto que se parecen, en propósitos y recursos, como si se tratara de matearia y antimateria alojada en nuestro interior. Tampoco es fácil determinar con certidumbre dónde está el temor o el valor por causa de las infinitas mutaciones que  pueden permitirse. Buenos hijos nuestros, al fin, los cargamos  sin protestar por la sencilla razón de que siempre serán funcionales a nuestras planes. Viejos aliados, añosos residentes en el corazón de la raza humana, son algo así como las dos caras de una misma moneda con la cual jamás dejaremos de especular porque siempre tendrá idéntica cotización a la de nuestras acciones personales. ¡Ahí está la regulación automática! El miedo y el coraje suben o bajan sus acciones, aparecen o desaparcen, de acuerdo a los tratos que vamos cerrando con este mundo que nos alberga comos simples peregrinos pero, además, como acccionistas importantes  en todo comportamiento o actividad que tenga algo que ver con la vida o, si se prefiere, con el infinito.-

sábado, 18 de julio de 2015

"El Amigo Invisible"


   Por obra del médico argentino Enrique Ernesto Febbraro, promotor del "Día del Amigo", el 20 de julio se congestiona el tráfico  telefónico porque la voz de un amigo es siempre esperada en las buenas o en las malas. También es por causa del doctor Febbraro que en su país a nadie se le ocurra pretender un buen lugar en bares, y confiterías,  porque los rituales de amistad incluyen charlas y rondas de café interminables. Todo bien pero aquí voy a escribir acerca de un amigo invisible a quien no consideramos precisamente como tal.
   La amistad va quedando como último reducto para celebrar lo muy poco que  perdura de las relaciones humanas, sobre todo, en las grandes ciudades donde presentar a un amigo es algo así como exhibir un certificado de supervivencia. Desde luego, las amistades se renuevan por muchas razones entre las que no están ausentes las referidas a mudanzas interiores y exteriores. Uno no cambia únicamente de peinado, de peso o de domicilio; también de remitente porque, en lugar de una roca inamovible, cada persona es humanidad en eterno viaje como porfiados mutantes que somos. De cualquier manera ser amigos es ser cofrades de una organización fraterna con sede exclusiva en nuestra humana desolación donde hasta el cardo más espinudo puede hacernos buena compañía. Tal vez por esto se habla tanto de aceptar al amigo tal como es sin olvidarnos de aclarar que el compinche será esto o aquello pero, siempre está. Ser amigos, resumiendo, sería equivalente al hacer simple acto de presencia con dinero o sin él; con discurso correspondiente o no y hasta sin siquiera abrir la boca frente al tintillo que puede ser vino tinto, o un cafecito, según el lugar de América del Sur donde celebremos el rito de la amistad. El simple hecho de presenciar, que termina siendo un simulacro del acto  de  acompañar, es lo que hace tan peligroso al amigo que solamente nos ofrece el hombro y la oreja. Son los silencios cobardes de los amigos los cómplices perfectos de nuestras obstinaciones y reiterados tropiezos en la vida mientras que el verdadero, bueno y real amigo, aquél que presta sus ojos para ayudar a ver una situación difícil con más claridad, no es tan valorado como quien se limita a ser una máquina de mirar con obsecuencia lo que se le pone en foco.
   El hecho de  contar con numerosas amistades ayuda a simular que somos "como todo el mundo". Ser solitario o reservado, en cambio, implica el riesgo de ser visto como una persona poco recomendable por culpa de la mala prensa que tiene la vida recoleta.  El consabido "millón de amigos" es esa engañosa trama de personas con las cuales podemos tener una cordial relación de trabajo, parentesco, afinidad política o cultural, entre tantas otras, pero de verdad amigos son los miembros de nuestra familia cósmica. Aquellos que, desde diferentes posiciones, tienen algo que ver con nuestros destinos -por ser vecinos de circunstancias, ideales, ideas o sentimientos-, beben del mismo cáliz de vida  en el que abrevamos nosotros y, en esa comunión, hasta las palabras son innecesarias como para que la amistad sea pura actitud con silencios de gran significado. A estos "amigos del alma" no hace falta pedirles nada, ni explicarles razón alguna, porque ellos nos  conocen de memoria y si en ocasiones nos contradicen no lo hacen por lastimarnos: simplemente revisan los términos de nuestro razonamiento tal vez precario   por el acoso de alguna emoción. Entre auténticos amigos las comparaciones están siempre de más porque, de tan identificados, entre ellos ocurre algo así como un milagro: el estado de ánimo entre amigos es concordante en cualquier situación (¿no habíamos quedado en que eran familia?).
   Desde luego, como el ser humano puede hacer gala de gran simulador, nadie escapa de tener que lidiar con quienes aparentan ser lo que no son y aquí llega el turno a quien tenemos tanto para agradecer sin  que esto impida seguir llamándose como se llama. Invisible, disfrazado, decidido, implacable, es nada más y nada menos que el ¡bendito enemigo! Quisiéramos no encontrarlo jamás pero sucede que, por causa de inconscientes proyecciones nos detesta y gracias a su veneno  es quien tiene más éxito en salvarnos de más de un fracaso cantado. Nadie como Él para sacarnos de un terreno y obligarnos a encontrar la posición o el lugar más conveniente para nosotros ¿que no? Cuando el enemigo nos hace caer es cuando con más ímpetu nos levantamos porque queremos demostrarle que no pudo con nuestra humanidad y que vamos por mucho más de lo que Él consiguió quitarnos, o destruir en nuestras vidas, y ahí está su triunfo pero además el nuestro que no es otro que el triunfo de la vida en la razón de ser de todo lo que nos sucede (aunque duela demasiado).
    Cuánto le debemos a este amigo que se presenta con nombre cambiado y no debiéramos olvidar que en el mismísimo instante de conseguir aprobación estamos cosechando la reprobación correspondiente lo cual no debiera ser motivo de preocupación alguna porrque un buen enemigo suele ser la causa de más de un cataclismo que nos obliga a repensarlo todo y, de ese extraño modo, a concretar nuestras más caras aspiraciones. Por supuesto que nadie decretará un día para agradecérselo porque sus atenciones son muy a su pesar pero, ser Judas también figuraba en los planes del cielo para que se cumpliera lo que estaba escrito y, en el juego de las apariencias, el falso amigo y el verdadero enemigo vendrían a cumplir un mismo rol porque, desde lugares diferentes,  son excelentísimos maestros de uno que otro aprendizaje.

   


  
   

sábado, 11 de julio de 2015

"Reina Madre"

    La clínica era conocida en la ciudad como "Salsipuedes" pero, el día de su trinta y cinco cumpleaños  Reina se retiró dichosa de la sala de maternidad con su quinto hijo varón en brazos más la decisión importante de no seguir buscando la nena porque, de lo contrario, iba a convertir a su hogar en una regimiento. De hecho su casa era un país aparte por lo desordenado, y bullicioso, de  modo que el arribo de un nuevo integrante  fue más que suficiente motivo para autoproclamarse madre de cinco varones y programarse como tal.
   La fe en los santos había fallado en aquella morocha impactante cuando implorara al cielo por un hermana para sus hijos lo cual no determinaba que Ella se permitiera fallar en esa ardua tarea de ingeniería humana que llevan a cabo las madres por vocación. Hasta el momento de su quinta maternidad había organizado tan bien la crianza de sus hijos que no hacía más que cosechar halagos en los colegios y clubes donde los embarcaba en toda suerte de desafíos de los cuales los muchachos salían casi siempre airosos. Los hijos respondían a las expectativas de la madre si bien en algunos ya asomaba la adolescencia tan temida. El padre siempre ausente, debido a sus obligaciones laborales, no aportaba gran cosa en la formación de aquellos buenos chicos que en cualquier momento podían ser convertidos en seres despreciables casi sin darse por enterados porque la calle, la tecnología y la mismísima escuela esconden peligros invisibles. Toda vez que alguno de sus niños levantaba un trofeo, o portaba la bandera en un desfile, Reina sentía que algo más helado que la nieve corría por sus huesos porque nada le garantizaba que sus muchachos no terminaran en una cárcel  o siendo unos perfectos infelices. Madre como todas, y a la vez como ninguna, se la tenía jurada a la droga y a la prostitución en cualquiera de sus formas así que esas calamidades no eran para sus hijos. Ella estaba dispuesta a protegerlos de las sombras del mundo pudiendo y sin poder pero... ¿cómo?
   Reina no era una mamá en el sentido tradicional de la palabra y esa condición vino muy bien en su ayuda para estar cerca de sus niños el mayor tiempo posible. Comenzó por ir con ellos a la cancha de fútbol para cuidar bolsos y unirse a las novias en el griterío propio de esos partidos desastrozos que jugaban fascinados. Tanto las chiquilinas enamoradas de sus hijos, como sus madres, estaban encantadas con aquella vigía bullanguera que se anotaba en todas y así fue como, queriendo y sin querer, Reina llegó a ser la mejor amiga de sus "pichones": la que aprendía natación con ellos; la que organizaba peñas folclóricas en su casa, o en muchas otras, hasta que no hubo excursión de su tribu en la cual Ella no fuera especialmente invitada porque terminó siendo imprescindible como las gaseosas o el repelente para los mosquitos.
   Exámenes, noviazgos, viajes y proyectos, en todo podía percibirse la pincelada mágica de aquella amiga no siempre bien considerada por quienes muchas veces la olvidaban como madre hasta que, como era de suponer, terminaron por quitarle ese rol. Nadie podrá decir en qué preciso momento Reina dejó de ser una mamá para sus hijos. Tal vez sucedió cuando se les dio por llamarla "Petisa" casi al unísono con los gritos de su esposo pidiéndole el divorcio.
   Amargos días aquéllos. La adolescencia y el secundario de cada uno de sus muchachos había llegado a su fin justo cuando ellos dejaron de verla por muy cerca que la tuvieran al suceder, inesperadamente, que "los cinco corazones"  estaban con el padre a morir.
   Se pueden intentar explicaciones de todo tipo. Se puede culpar a la culpa o al destino y, por qué no, al doloroso aprendizaje que implica el naufragio de un matrimonio pero, aquella mamá le había ganado a las miserias del ser humano precisamente por conocerlas de modo que no fue tan ingenua como para sorprenderse de su soledad aquella distinta mañana de mayo cuando, flamante divorciada, abandonaba Tribunales sin otra compañía que la de un abogado. Si sus hijos brillaron por su ausencia, en el momento que más los necesitó, no fue por culpa de mandinga: fue debido a que la figura del padre resultó mucho más atractiva que la de una compinche por muy macanuda que sea o por muy buena madre que haya querido y conseguido ser.
 
   




sábado, 4 de julio de 2015

"Deshojando Margaritas"


    En los países que no consiguen todavía un estado de bienestar generalizado y la miseria hace tranquila su trabajo, hay muchos corazones que en lugar de morir se expanden para abrigar a los más débiles. En Argentina hay muchos de ésos y el de Margarita Barrientos es uno que hoy quiero rescatar.
   Nacida en un hogar muy pobre de Santiago del Estero, hoy es millonaria en ideas generosas que es capaz de concretar. Sólo cursó tercer grado de la escolaridad primaria. Sabe bien cómo duele el estómago cuando se lo tiene vacío. Su adorado Isidro perdió un brazo en un accidente pero no importó: a Ella no la "asustan bultos ni colas que se menean" de modo que en 1996 inauguró un comedor comunitario preparando un buen guiso para un puñado de chicos hambrientos. Dos años después, más de un centenar de personas comían de su mano y podían contar con una Sala de Primeros Auxilios. En el 2000 esta gran señora inauguraba la Guardería "San Cayetano". Tres años más tarde ya había Biblioteca en su Fundación y no se detuvo hasta concretar la fábrica de pastas como servicio a "Los Piletones" -de Villa Soldati- y además como escuela para futuros emprendedores en este rubro. A esta bella persona, que en 1999 fue declarada "Mujer del Año", el cielo le dio nueve hijos pero ¿qué creen? adoptó el décimo porque si en su casa pueden comer quinientas bocas cómo no iba a poder alimentar a uno hijo más y darle la educación que reciben todos sus pichones. Ya hay profesionales entre ellos.
   Estamos acostumbrados a pensar que "quien cuida tiene". Si esto quiere decir "no compartir" se desconoce la ley del Amor. Madre Teresa de Calcuta comenzó su misión debajo de los árboles y se nos fue dejando su obra organizada en todo el mundo. Otra margarita argentina, Mónica Carranza, comenzó por dar de comer a tres niños y terminó alimentando a miles de personas. Un día Mónica descubrió en la fila de menesterosos al mal nacido que la había violado en su adolescencia cuando Ella vivía en un vagón de tren y -¿qué suponen?- para él también hubo lugar en el corazón de aquella mujer maravillosa que a Jesús de Nazareth le decía, con osada familiaridad,  "El Morocho". 
   Por supuesto, también hay margaritos y no quiero olvidarme de Juan Carr y el Padre Pepe que no necesitan reunirse en organismos internacionales, ni ser presidentes de ningún país para trabajar por un mundo mejor o, para decir lo que pienso, los benefactores de todo el mundo tienen su oficina de servicio en el pecho donde una llamita azul está siempre chisporroteando vida para regalar. Si enseñamos a nuestros hijos a no prestar sus útiles escolares, porque de ese modo pueden perderlos, los estamos preparando muy bien para que sean desgraciados porque el puño cerrado para dar queda sellado para recibir.
   Cuando de dar se trata es un hecho que no todos conocemos la alegría del servicio que no es lo mismo que servidumbre. Servicio es fraternidad que nace de la profunda convicción de que "yo soy tú",  que tu hambre es el mío y tu pobreza bien pudo haber venido por mí sin que nadie puede asegurar que no me acose en el momento menos pensado. El servicio -todos lo sabemos- no siempre es material y cuántas veces se nos agradece una sonrisa o una simple amabilidad porque el amor no es un verso: es una actitud siempre posible. No guardemos tanto que nada es nuestro.
  Hace varios años, nuestra talentosa Nacha Guevara conducía por televisión el programa "Me Gusta Ser Mujer". Esta margarita argentina nacida en terreno más favorable que muchas otras, pero no por eso menos sensible, se tomaba el trabajo de afinar su extraña voz para afirmar: 
                 -"Cuanto más doy más tengo para dar".  

  

sábado, 27 de junio de 2015

"El Señor X"

     Todos los días el señor X "recupera la verticalidad" alrededor de las siete de la mañana para poder ducharse sin molestar al resto de su familia que se pone en movimiento cerca de las ocho. Desde luego, también madruga para ganar el diario que le encanta repasar -de atrás hacia adelante- aunque se harta en cuestión de minutos y termina encendiendo la radio para informarse con Nelson Castro como antes lo hacía con Magdalena Ruiz Guiñazú. "Bella mañana..." dice con cancha el periodista estrella del alba y promociona el "buen ánimo y espíritu deportivo". A todo esto, el señor X ya sabe que es hora de preparar unos mates para cierta persona que todavía se encuentra "en los brazos de morfeo", la más dulce que ha conocido y la más solitaria, además, por no haber tenido mejor idea que la de casarse con este señor (justamente con él) jubilado hace algunos años si bien no por eso retirado del mercado laboral porque cómo va a dejar de trabajar si es lo único que aprendió a hacer en su vida. Cómo va renunciar a ser empleado público de su tiempo privado si es incapaz de administrarlo por su cuenta y riesgo.  A un tipo como éste no le interesa viajar; practicar deportes no le gusta; leer menos que menos; escuchar música le parece distracción de mujeres como si el entretenimiento tuviera sexo; los animales le molestan; para colmo, las plantas no pueden contarle cómo evoluciona el índice del mercado de valores.
   En nuestra sociedad donde hay tantos seres fríos, que alguna vez pudieron ser brillantes, este buen señor murió hace bastante tiempo si bien ni Él lo creería porque hasta hoy nadie ha podido constatarlo y nada más que por eso  le siguen llegando impuestos, y servicios, la gente lo saluda como si existiera, yo le hablo como si fuera capaz de entenderme y Él -muy campante- es un cadáver que espera ser enterrado lo más tarde posible.
   Desde luego que el señor X ha nacido bien provisto del único capital que se trae al nacer es decir, trajo muchos días a su disposición sólo que no pudo evitar que se lo fueran expropiando y hoy el ayer tiene casi nada qué decirle porque la mayoría de sus recuerdos no están relacionados con su persona: tienen que ver con el trabajo. Si alguna vez le toca repasarlos lo hace sin la más remota noción de que somos como somos de memoria ya que toda actitud, por muy razonada y voluntaria que sea, es bien hija de una impresión más o menos lejana sin que esto signifique vivir de recuerdos porque ¿qué será tener experiencia si no es estar en sintonía con el pasado aunque, muchas veces, no sea más que permitirnos un trago refrescante para no desfallecer en la adversidad siempre desierta?. Reflotar  la idea de que "recordar es vivir" me lleva hacia las personas añosas  que tanto respeto tienen por su historia. Ellas inician una experiencia interesante volviéndose expertas en transmutar el hoy por el ayer y se desentienden de lo inmediato porque el presente dejó de ser novedoso. Hasta los sabores se vuelven prescindibles y el comer ya dejó  de ser un descubrimiento tan placentero como el de perderse en la lejanía donde la infancia les sale de nuevo al encuentro con detalles bellísimos que parecían olvidados pero no: ahí está la imagen de los padres colocada otra vez en un lugar de privilegio, dentro de la morada interior, como si antes de la partida uno debiera tomar en serio el mandato ancestral de ordenar la biblioteca genética y el archivo de la memoria psíquica. Recordar, codificarlo todo, es la tarea más importante en la vida de quien ha tratado de ser humano en este planeta claro que, para poder realizarla, hay que ser pudiente es decir, hay que disponer de tiempo propio al que no es fácil poder acceder.
   Lo que con tanta ligereza llamamos "tiempo libre" es un regalo del cielo recibido, por lo general, como a una herencia maldita causante de tragedias numerosas y asusta muchísimo al desprovisto de solvencia interior por ser el tiempo una dimensión en la cual lo material no cabe. Ni dinero, ni amigos, ni sexo, ni tecnología... apenas si nuestra presencia puede abordarla de modo que el ocio no es para carenciados cósmicos que necesiten cumplir horarios para sentirse instalados en alguna parte. Los ataques sistemáticos a la individualidad les ha robado cierta idea de importancia que pudieron haber tenido acerca de sí mismos y, finalmente tan cosificados, hasta son capaces de creer en la necesidad de "cargar las pilas" y no se ofenden cuando alguien les recuerda que son "productos" de su medio o de su época. Lo de sentirse "fuera de serie" también alude al convencimiento absoluto de ser un  objeto o "algo así" y, más rápido que volando, la gente olvida sentirse vibrante y cuando le sucede este imprevisto se la encuentra desprevenida. ¿Seré yo este pájaro tanto tiempo ausente... para mí un vulgar desconocido? ¿O esta alondra libertaria que había sabido beberse sin mi permiso nada menos que mis días?.
   El señor X es indigente cósmico y como tal decide ser un  hombre de números que no descansa en la tarea de contabilizarlo todo incluyendo las horas de su vida. Tan interesado en hacer cuentas, las suma o las resta, pero ni en sueños se le ocurriría nutrirse con ellas y, sobre todo, disfrutarlas. Quién sabe en qué momento de su alocado desvivir ha olvidado que como el tiempo no es obra suya no puede gastarlo; sólo disfrutarlo -aún trabajando- pero no hay caso; sin saber que el tiempo es el territorio de su ser,  este buen señor tan conocido hace todo lo que está a su alcance para consumir su vida sin ocuparse precisamente de vivirla.

sábado, 20 de junio de 2015

"Dimensiones Desconocidas"

   "Un poeta joven de la dulce Francia/ que lleva sin mengua su estirpe gloriosa..." qué bueno (qué bueno, qué bueno) nuestro Belisario Roldán. "La Página Blanca" retumbó en mi memoria cuando me propuse escribir que un concertista argentino muy joven, compositor y director además, explica a los niños que el piano es su "nave espacial". Horacio Lavandera le habla así a la gente menuda sabiendo que la emoción es el principal motor de la infancia y que no necesita dar ninguna explicación extraordinaria para que un niño comprenda lo que significa salir pasear por el infinito que nos queda tan cerca como en el alma de cada uno. Tampoco a los científicos les llevaría todo el tiempo que les está llevando explicar la teoría de las cuerdas si se atrevieran a volver sus pasos al universo de sus primeros días es decir, los días de la emoción pura cuando no hay ningún velo cultural que tape los ojos a la sensibilidad pero, claro, ser sensible es lo primero que te prohiben con el cuento de que es necesario ser "fuerte" para no perecer en el intento de abrirte paso entre tanta humanidad desaforada.
   Sin embargo, la sensibilidad resiste abriendo cuanta ventana encuentra para tomar un respiro y seguir en carrera y si bien la gente no sufre el abandono de tantos que duermen en las calles, por ejemplo, las películas provocan ríos de lágrimas a lo largo y a lo ancho de la tierra. Esto indica que al ser humano no le está permitido dejar de serlo en ninguna de sus características esenciales lo cual me hace pensar en que el arte todavía tiene mucho qué hacer entre nosotros. Son los artistas quienes más se acercan a los misterios del universo y es una suerte que hoy puedan ser más conocidos para hacer mejor su labor de guías en el campo minado de las emociones. Si las personas enferman emocionalmente pudiera ser que esto suceda porque se intenta bloquearlas de tan subliminales maneras  que ellas no alcanzan a percibirlas con la claridad suficiente como para poder defenderse. El bloqueo más frecuente es el ataque a las vocaciones.
   Toda vocación es un llamado interior como todos lo sabemos pero no falta la intervención de la necedad para intentar desacreditarlas con argumentos como: "te vas a morir de hambre" ó "cómo va a ser talentoso si es hjo (o hermano) mío"... Hoy se incentiva a los jóvenes para que sean "prácticos" cuando no hay nada más práctico que ser feliz haciendo lo que se ama hacer lo cual es esquivalente a ser lo que somos. Muchas veces se necesita fuerza sobrehumana para defender una vocación pero quienes cumplen con ella son los más grandes afortunados porque la siembra y la cosecha no son episodios personales; son también acontecimientos sociales que hasta pueden incluir éxitos comerciales. Algún día las sociedades aprenderán a reconocer la deuda enorme que tienen con sus artistas. Esto podrá suceder cuando la mayoría sepa defender aquellos intereses que están bien subrayados en sus  genes o, si se prefiere, en su personalidad y -oh sorpresa- entonces casi todos seremos artistas... en cada una de nuestras actividades que no deben figurar en otro rubro que no sea el de "servicios".
   Toda vocación es un llamado; todo llamado desde la interioridad del ser es una misión y todo ser humano está llamado a cumplirla para estar en su debido lugar y no correr el riesgo de ser desgraciado. Yo aquí quiero declarar mi amor a los músicos que son capaces de usar un instrumento para salir de viaje por las emociones o, mejor dicho, por esas dimensiones desconocidas que conforman el multiverso en el que vivimos sin siquiera sospecharlo. Desde luego, estas bellas personas son las que no han perdido a su niño y saben cómo agasajarlo. Cuando disfruto y observo al pianista Horacio Lavandera, al  señor acordeón Chango Spasiuk o al maestro del charango Jaime Torres, como  a tantos otros músicos de raza, abrazados a un instrumento de paseo por vaya usted a saber qué maravillosas sensaciones, no puedo menos que pensar de cada uno: ¡su niño está bien! y el mío... en su salsa.



   

sábado, 13 de junio de 2015

"¡Feliz Día Escritores!"

    Así como se nace genéticamente -o cósmicamente- programado para ser una persona irrepetible, así se nace escritor. Puedo dar fe de cierta niña que, sin saber escribir, en ausencia del padre ocupaba su escritorio y llenaba a lápiz hojas enteras de "rulitos" mientras decía en voz alta lo que pasaba por su cabeza. Sin siquiera conocer una letra, Ella escribía porque había nacido escritora.
   Lo más natural del mundo es llegar a él perfectamente capacitado para un servicio o misión predeterminados si bien tal predestinación es más notoria en el caso de los artistas por tratarse de personas nacidas fuera de serie. Esto que puede sonar como vanidosa presunción bien puede ser una desventaja descomunal como en el caso de los escritores que no saben dónde ni cómo ubicarse para lucir "como uno más" pero, a todo esto, ¿qué será ser escritor? Se trataría de aportar buen manejo del idioma en la factura de sus obras lo cual, siendo mucho, es casi nada cuando no hay imaginación ni originalidad. Por otra parte, el intento de adjudicar al escritor la característica de tener qué decir es un acto de burda inocencia porque ¿quién no tiene temas para compartir de manera oral o escrita?  Las pretensiones de que uno es escritor sólo después de publicar pretenden arrasar con la excelente literatura inédita que únicamente disfrutan los más cercanos al autor y la ocurrencia de que, para entrar en el rango de escritores, debemos realizar nuestros trabajos cumpliendo horarios como los de un oficinista me causa gracia porque lo cierto es que ninguna profesión se legitima por las horas trabajadas ni por los réditos económicos que pueda proporcionarnos. A un miembro de cualquier profesión lo  avala la capacitación y la capacidad para  ejercerla y, después de todo, la literatura no es estrictamente una profesión: es un acto creativo en el marco del cual la rutina y el reloj son accesorios por no decir lo de menos. La obligación y los horarios pueden figurar en el esquema del compromiso laboral pero no suman ni restan en el proceso creativo.
   La figura del escritor ha sido asociada a la indolencia, la miseria, la inutilidad y a la extravagancia porque, precisamente, lidiar con las letras no es un trabajo convencional por muy arduo que sea. La mayoría de la gente supone que sólo hace falta tener tiempo y un asiento para escribir un libro porque total... siempre aparece algo en la cabeza para estropear el papel o aporrear al procesador de texto. Esta apreciación descomedida  ha llevado al equívoco de desplazar a la palabra "literatura" para popularizar "escritura" como si fueran sinónimos.
   Cualquiera dibuja a su familia en un test pero no significa que en toda persona respire un dibujante; quien más quien menos puede preparar un plato de comida lo cual no certifica que seamos todos auténticos cocineros y, por más obvio que sea, saber escribir no nos trasforma en escritores porqrue un escritor es una persona que  piensa en grande lo que la mayoría ni siquiera llegó a imaginarlo.  Con horario o sin horario -con sueldo o sin sueldo- la literatura es, como ya se dijo, "la aventura del pensamiento" y no por otra causa el lector exclama a menudo: -"¡no se me había ocurrido!" expresión que avala rotundamente la condición de Pensador que asiste a quien se lleva bien con las letras. Esa reiterada sorpresa por la idea original -bien dibujada- también delata poca imaginación colectiva cuando al escritor es lo que le sobra como a todo artista y a no asustarse por serlo y a reivindicar esta palabra que también hemos devaluado reemplazándola por el término "creativo".
   A todo ésto ¿yo artista? ¿yo creativa?... ¡Ay! se me ocurre que no califico así que voy a poner punto final urgente no sin antes decir que en Argentina, hoy 13 de junio, no tan sólo es el día de San Antonio de Padua -santo patrono de mi norteña ciudad de "Tartagal"- también se conmemora el nacimiento del grandioso escritor y poeta Leopoldo Lugones designando a esta fecha como "El Día del Escritor". En nuestro mundo hay tantos que administran divinamente "el sacramento de la palabra", como decía Ortega y Gasset, que pensando en ellos escribí esta no tan bonita página para desearles inspiración y buena vida.
                             Escritoras y Escritores ¡SALUD!

sábado, 6 de junio de 2015

"Antena Psicotrónica"

     Mi querida rebeldía es hija dilecta de la adolescencia. Como demasiado pronto se advierte la reducida evolución de la especie humana, en toda sociedad de este mundo sus jóvenes integrantes desautorizan todo lo establecido por sus predecesores hasta descubrir que las odiosas normas bien pueden favorecer a cierta personita con número de documento sabido de memoria y es entonces cuando las reglas ya no son tan demoníacas, después de todo, lo cual no significa que no haya que corregir algunas o reemplazar otras.
   El establecimiento de normas requiere legitimidad, autoridad moral de los mayores en la vida cotidiana y todo bien pero, como nada es lo que parece, la norma marcha detrás de la costumbre, de la necesidad, por lo tanto de la época, y siempre está impugnada por el presente. Esta impugnación es lo que hace decir a los jóvenes:-¿por qué hacer ésto y no lo otro cuando nada es universalmente bueno o malo; alegre o divertido; agradable o desagradable...?
   Cuando se reflexiona acerca de las actitudes personales frente a lo socialmente establecido en seguida aparece en escena la sagrada libertad cada día más limitada desde nuestro ingreso a la escolaridad. Es en el ámbito escolar donde trastabillan las negociaciones interpersonales que son más fáciles en familia porque, en la escuela, el estudiante pierde la cobertura del afecto. Aunque hoy  no le digan "señor", como en otras épocas, en el colegio es alguien "como los demás" -por poco que se les parezca- y es nada menos que nadie pues debe mostrarse tan impersonal como le sea posible para no desentonar. A esta inhumana pirueta la llaman "adaptación" y es considerada una señal de ¡elevado coeficiente intelectual!
   Con el ingreso al secundario el adolescente toma nota de que también está ingresando a la vida social de su entorno sin que nadie se tome en serio el trabajo de enseñarle a relacionarse armoniosamente con la humanidad. En las aulas no se dan lecciones vida de manera sistemática. Con suerte, muy de vez en cuando, aparece un referente de peso en el staff de profesores de una institución que sepa ofrecer al alumno un cable a tierra del que no siempre podrá servirse sin quedar electrocutado porque toda energía es dual y el Él... sin saberlo.
   Una vez que el pobre se encuentra en plena carrera universitaria caerá en la cuenta de que es un semejante a cualquier integrante de una sociedad que, en muchos aspectos, necesita barajar y dar de nuevo. Acaba de enterarse de lo mucho que hay que corregir en su sociedad pero, por favor, no le hablen de cambios en su persona. Cada retoque en su personalidad es una gestión tan difícial que le queda, casi como único recurso, el de enfurecerse con la humanidad y hacerle frente pero es justo cuando salen a desafiarlo las normas habidas -y por haber- no siempre en buenos términos unas con otras por ese afán de ir siempre detrás de los acontecimientos como desairando a la flecha del tiempo. Si a pesar de tanto desmadre, esa persona de pocos años hace algo novedoso, arriesgado, y desaprobado por sus mayores, se trata de alguien que tiene su brújula interior bien orientada hacia el ideal -o el objetivo- lo cual determina que ninguna normativa pueda esconderle el horizonte. Esto no quiere decir que tal individuo sea violador de norma alguna. Significa que la antena psicotrónica del innovador está tan bien instalada en su ser que si lo establecido no va con su andar Él, como si nada, impone una mirada diferente con sus buenas razones o propone un juego novedoso que dará lugar a nuevas reglas que no tendrán por qué ser opuestas a las anteriores porque bien les cabe la posibilidad de ser complementarias.
  Toda la vida hizo falta la figura del innovador para que la humanidad conserve cierta frescura siempre que la innovación no signifique violencia. Esta natural necesidad de renovación hacía suspirar a los románticos. Victor Hugo hizo así la gran  pregunta: -"¿Quién que es no es rebelde?"  El rebelde es un ser que sencillamente, y a pesar de sí mismo, ha nacido transformador. Él dispone de una conexión cósmica diferente a la del resto de sus semejantes sin que por esto merezca la calificación de bicho raro ni la impunidad para apuntarle a la yugular. El auténtico rebelde es un visionario bien orientado hacia su meta. Es alguien con buenos contactos en las redes... del universo y éso es todo. No hay por qué asustarse a menos que tengamos sentimientos inconfesables ni hay excusa para ponerse furioso a menos que estemos en cortocircuito con nosotros mismos.
  


sábado, 30 de mayo de 2015

"Las Palabras y Los Días"

Carta a mis Lectores
   Seis de la mañana. Me he despertado, como siempre, con el canto de los pájaros y, al levantarme a cerrar la ventana, me sentí demasiado vibrante sin comprender por qué. Se me ocurrió que alguien muy querido era dichoso a esas horas y que yo -de algún modo- tenía el privilegio de percibirlo. Como tantas otras veces, casi sin saber "por cuáles milagros", abrí de nuevo el postigón con gesto encantado en un instante que fue exclusivamente para mí: yo era todo lo que veía porque en todo (pero en todo) estaban mis rasgos dibujados de miles de millones de maneras y podría jurar que todo el parque respiraba por mi nariz y que mi pelo, y las flores del limonero, coincidían meciéndose al ritmo del viento silvador. Imposible traducir la felicidad de aquella mujer que fui yo esta madrugada aunque, para ser franca, se trataba de una persona de cuidado... capaz de salir corriendo por quién sabe qué cornisa peligrosa llevándose mi cabeza o lo que quisiera. Tan inminente fue ese peligro, que terminé desairándola es decir, entregándome urgente a los rituales de todas mis mañanas que por ancestrales han perdido significado para la mayoría de las personas pero, al hacerse míos  vuelven a tenerlo... para mí.
   Cada día comienzo por escuchar mis primeros pasos como si fueran los primeros que doy en esta vida hasta encontrarme con un espejo que confirma mi existencia aunque nadie en este mundo esté reparando en ella. Termino de despertarme bajo la ducha. El agua me recorre burlándose de mi humana incapacidad para retenerla y, más tarde, cuando ya la  disfruto en el té, es mucho después de haberla escuchado gemir en un hervor que me encanta registrar distraídamente. La ceremonia del despertar incluye la ansiosa bienvenida que les doy a las noticias que me apalean un buen rato hasta que digo basta y decido reintegrarme al trabajo de vivir nada despreciable, por cierto, porque es asunto de artistas: requiere ojo entrenado para poder ver que nuestro mundo sigue siendo rosa aunque el de otros sea eternamente gris y,además, exige oído supersónico para apreciar el silencio de este siglo que acecha detrás de algo así como un grito. Quien no sepa acceder a ese silencio no sabrá nada acerca de nadie porque las palabras son sólo ecos remotos de lo que la humanidad intenta expresar (casi siempre sin conseguirlo). Alguien como yo, nacida para decir, tiene autoridad para alegar que los idiomas, muriéndose minuto a minuto, no son ni por asomo  canales comunicadores confiables mientras que la comunicación auténtica es la que se logra en la banda del silencio donde no puede malograrla ningún mecanismo mental o tecnológico conocidos porque el comunicador silente no recurre al ideograma: Él apela al toque inconfundible de la intencionalidad. -"Estaba por decírtelo" dicen con asombro nuestros amigos cuando captamos por adelantado sus mensajes subliminales.Tanta sorpresa se debe a que la clara intención es, a menudo, el poder que  le falta a la palabra. Muy rara vez tenemos exacta noción  de lo que estamos queriendo significar y que los furcios no me dejen mentir.
   Aunque la comprensión intuitiva esté desacreditada por quienes suponen que "hablando se entiende la gente" la verdad es que se desentiende precisamente por hablar de más. No son pocos los que habiendo perdido la voz descubren que se comunican mejor que antes usando un sintetizador vocal. Yo hasta la fecha soy asidua visitante del silencio y en ese amable reducto me permito la fiesta de escribir con mi guardia de honor apostada en algún recoveco de la casa, o a mi lado con los auriculares puestos, cuando no está leyendo o realizando alguna actividad que no sea incompatible con la mía. El no sabe que, por momentos, yo siento trinar su silencio en mi cabeza y ya sé qué clase de tormenta se avecina. Otras veces, dejo de escribir sólo para sentir que Él es un pájaro de fuego ensayando un sueño entre las ramas de este árbol milenario, que soy yo, y es cuando decido florecer ¡urgente! para ofrecerme al corazón más generoso, y por eso más alegre, que haya querido darme un lugar. Nosotros somos ese tipo de personas que no necesitan conocerse demasiado seguramente porque el amor quiere amor (sólo eso). El día que te enamoras aprendes que al decálogo del amor lo sabías de memoria y las palabras, todas, están de más.
   Lo intrigante es que a pesar de esta certidumbre, mi trabajo es lidiar nada menos que con las palabras y en la mitad de la vida he aprendido que puedo ser libre todo el tiempo aún realizando mi tarea habitual que no es otra que la de ejercer mi libertad (uno de esos lujos que disfruto por ser voladora). Lo lindo de mi labor es que no me exige horarios determinados si bien me requiere muy atenta todo el tiempo que yo sea capaz de ofrecerle. Las demás tareas, accesorias o no, sencillamente me esperan. No me convocan con urgencia como sabiendo que en un momento u otro las atenderé.
   Soy de aquéllos que viven agradecidos a su don porque gracias a él no he vivido dos días parecidos. La tarea creativa te sorprende a cada instante mostrándote distintas facetas  de tu personalidad  desde que la creación te va imponiendo constantes mutaciones. Después de cada libro mi cara y mi voz son diferentes. Hasta mi letra tiene nueva inclinación después de haberme caído y levantado varias veces alrededor de una emoción -o de una idea- y no sólo yo cambio con cada obra. Después de cada misión el ser humano es tan otro que hasta puede volverse un marginal dentro de su propio entorno. Una mujer después de dar a luz ya no es la de antes. Cualquiera que se tome el trabajo de afrontar emociones va pasando por senderos invisibles en los que el cuerpo y la mente van dejando poco o mucho de su esencia.
   Es bueno poder escribir esto en días de tanto silencio existencial y mucho mejor es saber que podrás leerme todas las veces que quieras hacerlo si reinas en tu tiempo y en él me das un lugar. Lo más valioso que un ser puede darme a esta altura de mis días es su tiempo (nada menos que su cielo particular donde Él en persona es rey). Me gusta imaginar que el señor tiempo es un soberano que puede permitirlo todo. Sucede que todo lo que soñamos está en su  poder y nosotros, pobres diablos, irremediablemente en sus manos hasta que decidimos ponernos en movimiento y  lo ascendemos a la categoría de eterno gran juez temible por sus veredictos inapelables aunque así, y todo, lo respeto. El tiempo es siempre justo además de oportuno. Cada una de sus sentencias llega a la hora exacta del aprendizaje urgente y es entonces cuando vuelve a parecerse a un dios por su sabiduría.
   El tiempo es la vara de la justicia cósmica. El nos ofrece todo incluido el aspecto que ofrecemos y se me ocurre que es redundante la expresión "tiempo libre" porque nadie es más libre que el tiempo. ¿Quién puede con él? Si, por momentos no puede con nosotros, es porque no siempre estamos disponibles para un encuentro o estamos divorciándonos de su graciosa majestad aunque,increíblemente, seamos capaces de resistirnos a la ruptura definitiva cuando apelamos al recurso de no querer marchitarnos físicamente  en un doble juego de la mentalidad contemporánea: por un lado lo despreciamos sin capitalizarlo como conviene y, por el otro, hacemos lo imposible por atraparlo en nuestra piel como si su vuelo nos recordara al de una linda mariposa. Cuidadosos de nuestra agenda de actividades y tan apegados al calendario, no nos preocupa si el reloj interno nos marca las horas de las victorias porque  las dejamos ir creyendo que "nada sucede en la víspera" y cuántas veces dejamos esta vida esperando que "llegue el momento".
   Hace mucho tiempo, en el encabezado de una carta su autor escribía: "espero que al recibir estas líneas te encuentres bien en compañía...." Hoy aquí, termino la mía  esperando que después de leer estas palabras tus días sean brillantes monedas de sol en tus manos para que las accciones de tu vida suban y suban en los "Bancos del Cielo" y puedas redescubrir lo que   es llorar, de dolor, de ternura, de rabia o de risa.... cuando otros parecen estatuas.


sábado, 23 de mayo de 2015

"Poder de Seducción"

-"No hay mujeres feas"
-"El arte de agradar se puede aprender" (como si al arte uno pudiera conseguirlo a buen precio en la primer esquina).
-"Toda persona cuenta con su particular encanto..." sin embargo, y ya dispuesta a disfrutar de los primeros días de mi otoño, todavía espero poder encontrarme más a menudo con  gente verdaderamente seductora. Son rarísimas. El hecho de que la mayoría intente serlo no altera esta realidad que interpreta mi mente y a más de uno que se cree irresistible dan ganas de pedirle por favor que renuncie a esa remota aspiración para que, recién a partir de entonces,  pueda sucederle el milagro de atraer a algunos -para alejar a otros-.
   -¿Que no?
   Nadie ha podido demostrar todavía que el afán de hacernos valorar no lleve implícito el gran riesgo de terminar subestimados por muchos de aquellos que quisiéramos tener a nuestros pies. En el caso de ser capaces de llegar al semejante no debe extrañarnos que en el momento menos pensado seamos rechazados (y hasta combatidos) por la vanidad de los demás que no tiene por qué ser inferior a la nuestra. El intento natural de ser bien atendidos y especialmente considerados, dondequiera que estemos, se malogra en seguida nomás de ceder a la pretención imbécil de que todos deben aplaudirnos por las zonceras que decimos, por los negocios que logramos emprender o por las ilusiones que esperamos concretar. Infinidad de seductores imaginarios se encuentran casi al borde del infarto cuando descubren, por supuesto sin quererlo, que al final de cuentas  habían sido incapaces de recaudar la cuota real de admiración que su pequeña estatura reclama para justificar su miserable existencia.
   Para pertenecer a esa sufriente legión de personas hace falta padecer de cierta disfunción emotiva que se delata en el síntoma -apenas perceptible- de no alcanzar presión normal sin halagos. Uno por día al menos y  tan es así que esa secreta dolencia las lleva a embarcarse en la práctica del elogio gratuito que, como industria imaginaria, sólo ofrece ganancias en billetes sin valor. ¡Qué ilusorias utilidades de esa empresa sub-humana! Cuántas veces el intento de hacerse admirar es una denigrante manera de mendigar aplausos por las calles de nuestros días fingiendo que somos nosotros quienes los ofrecemos a manos llenas.
   Es una pena -lo sé- pero no es frecuente codearnos con personas mágicas de ésas que son como son y que con éso ya tienen de sobra. Auténticas, sin temer a la descalificación ni al ridículo, son las únicas seductoras que pueden existir sobre la tierra. Si se trata de un varón no toma demasiados recaudos para "no perder" porque El es un ganador nato. En el caso de la mujer, lo último que haría es buscar seguidores. Ella, simplemente, encuentra: al odio y al amor; al ataque y la defensa; a la guerra y la paz... con cierta asombrosa naturalidad que le pertenece casi con categoría de razgo físico y lo más interesante es que ella, como dueña absoluta de su poder de seducción, lo desconoce porque el verdadero encanto no está enterado de serlo. La luminosidad es algo así como un don que tenemos todos hasta que la convertimos en luz artificial.
   El seductor auténtico se asombra de que sean tan pocos quienes perciben sus limitaciones anímicas, o sus desventajas físicas, y suele ser el primero en preguntarse qué es lo que otros descubren de luminoso - o atrayente- que el mismo no es capaz de descubrir en su figura ni en su personalidad y no creo que nadie pueda decírselo porque si  una mujer como Indhira Gandhi era capaz de imponer silencio con sólo poner los pies en un foro internacional, o dondequiera que iba, habría que decir sin más remedio que  Ella desbordaba esa exquisita humanidad cada vez más extraña entre seres que actualmente nos consideramos humanos y, antes de terminar estas reflexiones, no puedo dejar de escribir que el poder de seducción no reside en el hecho de ser "vendedores"; reside en ser como somos. Seducir, fascinar, encantar, atraer no es una tarea ni un logro: es una actitud generada   por nuestra  propia energía  porque es -ni más ni menos- cierta pincelada de luz que todos traemos al nacer. Que hay peligro de borrarla sí; que no pocos quieren verla desaparecer ¡también! pero no importa: cuando tomamos la decisión de "ser" ya tenemos el magnetismo  suficiente para atraer lo que necesitamos y merecemos así que... si no tenemos suficiente poder de seducción significa que hemos dejado de ser lo que fuimos al nacer: ese destello de muchos colores que, si no hay cuidado, muchos de ellos pueden desaparcer y, por último, la seducción nada tiene que ver con lo físico o lo material, ella es tan femenina que es  romanticona, refinada, sofisticada y sentimental porque nace y  llega lejos en la cara oculta de la humanidad. Ella nunca será visible -¿para qué?- sabe bien que el secreto del secreto es dar Poder.
  

sábado, 16 de mayo de 2015

"Estado de Gracia"

   
   "Felicidad" es un estado de gracia que todos traemos al nacer sólo que el paraíso que llega con nosotros es inmediatamente invadido por los adultos que se suponen sabios a partir del simple hecho de que "no nacieron ayer" cuando, justamente, sentirse bien es ser siempre recién  nacido frente a cada día que renace con nosotros. Es cierto que el bienestar tiene mucho que ver con esa inocencia tan desdeñada por la experiencia que -no siempre- sabemos ganar con los años. Esa ingenuidad es pura capacidad para disfrutarlo todo o, si se prefiere, para cumplir gustosos con el mandato de vivir por muy difícil que sea como en el caso de los creativos, artistas y compañía, que tuvieron -y seguirán teniendo- la peligrosa idea de hacerle una visita a nuestro planeta azul. Esos sí que no dejan de ser ingenuos hasta el fin y es por sentirse en su paraíso que se resisten a abandonarlo hasta para buscar qué comer porque en el caso de estos seres, magníficos, lo de morirse de hambre bien puede ya estar incluido en el precio del deber convenido.
   El paraíso propio no es privilegio de una clase social o grupo económico determinado. Existen pobres potentados en energía (o en espíritu) porque los marginados de este mundo reciben con total naturalidad el beneficio cósmico del tiempo libre y lo emplean, lo mejor que pueden, en el trabajo práctico de aprender a estar contentos con casi nada. Lo descubrí en ruedas de jóvenes compartiendo un mate y muchos sueños.
   -"Mi futuro está en mis piernas"- Me explicaba uno de ellos que soñaba con ser futbolista estrella. Otros, se apegaban a sus guitarras con esa especie de ternura que el artista le tiene destinada al instrumento y advertí que eran felices cantando por cantar así como hay quienes lo son viviendo por vivir.
   Todos conocemos infinidad de personas económicamente malogradas que tienen un sentido del amor, y del humor, envidiables. En el terreno del tiempo propio, terreno tan fértil para pensar y estremecerse, los pobres aprenden a soñar, a esperar, a enamorarse perdidamente, a pelear con alma y vida por cada centímetro que consiguen ganarle a  la intemperie. Aprenden a aullar como los lobos, a compartirlo todo y también a perderlo todo sin lamentarse demasiado puesto que necesitan recomenzar inmediatamente. Sé muy bien que el pobre no tiene tiempo para llorar por zonceras porque eso es bajar la guardia cuando se trata de vencer a la tristeza. Defendiendo a su alegría, la gente de escasos recursos debe estar siempre vigilante sin la falsa consigna de "no tener tiempo para nada" ya que no vive "para" vive "por": porque sí. Los fines predeterminados no están registrados en su mente por tratarse de personas tan entregadas a "las vueltas del destino". A su frase favorita: "Dios dirá" le sigue otra muy recurrente en su vocabulario: "por algo será". Abandonadas a su suerte, las personas menos favorecidas por el cielo se ven empujadas -en la tierra- a ser simplemente humanas. Horriblemente humanas -cuántas veces- pero vivientes hasta decir basta con la fuerza pública si hace falta.
   Los integrantes de clases sociales más acomodadas suelen ir de una meta a otra si es que no siguen respirando nada más que para conservar posiciones, y posesiones, sin contar a quienes ocupan toda una existencia en la búsqueda de respuestas que, estando en su poder, serán inalcanzables mientras falte oportunidad de prestarles la debida atención. Qué escasa es la gente que vive para vivir digo: simplemente para evolucionar sin tanta piruta innecesaria. El simple dejarse andar por el tiempo es más valorado por aquellos que menos tienen como si, desde alguna estrella misteriosa, se les compensara tantas carencias materiales con el uso más intenso de sus días con frecuencia nublados pero, siempre disponibles. Es este privilegio lo que les ofrece una extraña sensación de infinito y es lo que, secretamente, fortalece al pobrerío. Nadie cree más en Dios que aquellos a quienes parece haber abandonado después de dejarles, como únicas herramientas, las horas que hagan falta para inventar las más bellas mentiras y disfrutar las verdades más grandes como la de contar con ayuda invisible. Ellos pueden comprender  que, en esta vida, quien busque un lugar seguro para su verdadera identidad no lo encontrará. Habiendo tantos recovecos para supuestas pertenencias, no hay ninguno para nuestro cristo interior siempre un recién llegado a su propio continente que es el corazón humano donde hay mucho más que cuatro estaciones para disfrutar sólo que ya la gente de clase media tiene el tiempo reducido como puerta de acceso al universo personal porque ya tiene compromisos con el mundo: ha negociado la posibilidad de ser por la  por la ilusión de estar... parecer.... aparentar.... figurar... y correr todo el tiempo en "El País De Las Pesadillas", para permanecer, sin embargo, en el mismísimo lugar.
   

sábado, 9 de mayo de 2015

"Excelencia Casi Cero"

  
   Los cambios formales y modificaciones funcionales que va imprimiendo a nuestra especie su propio aprendizaje existencial no implica que la estructura interna del ser humano haya alcanzado niveles óptimos de excelencia. Seguimos conviviendo con Caín y Abel así como los grandes temas de la humanidad continúan centrados en el odio y el amor. Un gran nazareno sabiendo que seríamos como somos nos ha dejado un mensaje interesante al formular aquella osada invitación de comer su cuerpo y beber su sangre nada menos que hasta la consumación de los siglos. El gran Rabí estaba muy al tanto de  la imperiosa necesidad de sublimar,  nuestra humana ferocidad que es lo mejor que podemos hacer con nuestras personales deformidades. La evolución intelectual no determina en los individuos el entierro de sus defectos; el intelecto -en el mejor de los casos- puede ayudar a preservarlos en delicados envoltorios para que la memoria poética no sólo los acepte de buena gana; también para que acceda a mantenerlos, entre decorados secretos, el mayor tiempo posible. 
   Esta gestión de camuflar nuestra sombra no es de tanta utilidad -depués de todo- porque a la primera grieta de la utilería exterior queda al descubierto uno que otro escondite donde los atributos de nuestra humanidad no están expuestos de la mejor manera. Lo que estaba guardado con un rótulo de "generosidad" bien puede aparecer como "egoísmo" y hasta lo que se señalaba como "cordialidad" puede que aparezca como "especulación"... Lo extraño es el interés por insistir en la idea de que el humano actual es superior al prototipo de épocas pasadas cuando lo real es que, si obviáramos el progreso científico y tecnológico, el humano -a secas- es tan insignificante como lo fue durante toda su historia huérfana de paz por culpa de sus limitaciones mentales. Por otra parte, recién está sospechando que habían sido ciertas las razones del corazón claro que le cuesta tanto admitirlo que apenas puede si hablar de "inteligencia emocinal" y, en concordancia con tan poca cabeza y tanto eufemismo es que, permanentemente, en algún lugar de este mundo, hay una masacre, una invasión, un atropello, un genocidio, traiciones al por mayor, injusticias, explotación... entre delincuentes innumerables que toda sociedad fabrica desde siempre, con suma dedicación, como para asegurarse esa cuota de horror establecida en algún decreto altamente confidencial convalidado por el silencio de toda la humanidad.
   Como el humano aún luce el mismo caudal de luz y sombra que vino con él desde que un guiño de la evolución le dio paso entre los ocupantes de este planeta, el hecho de ser más o menos bueno depende muy poco de su persona debido a la nula participación que ha merecido en esta puesta teatral gigantesca que es la danza de la vida en este punto azul de los cielos. No está inscripta en el genoma humano la santidad. Pudiera estarlo en su programación psíquica, o en los grados más altos de su evolución cósmica, para que ese rasgo virtual nos predisponga a desearla, alabarla y, en el mejor de los casos, buscarla.
   Las pretenciosas normas sociales -habidas y por haber- no son más que recursos funcionales a ese personaje ocasional que debemos interpretar entre semejantes lo cual no impide que nuestra personal humanidad esté siempre al acecho reclamando esas participaciones que, de vez en cuando, simulen darnos un lugar en alguna historia. Esas participaciones de mala muerte, nos sirven para recordar que, por mucha inteligencia que pueda acreditar una persona, el espíritu de su raza es joven y no le alcanza para presumir de demasiada excelencia sino, más bien, de aprendizajes de alto costo no sólo para su persona; también para el resto de sus congéneres recién nomás enterados de antiguas noticias como aquella referente al agua sin ir más lejos: ¡resultó que no es un recurso renovable y es más peciosa que todo el oro del mundo!!!!! Tanta información formateada rodando por nuestro planeta no es la aconsejable para nuestras pretensiones de excelencia porque nos están faltando datos valiosos que están muy bien especificados en la más refinada faceta de la inteligencia humana: la intuición. Cuanto más intuitiva sea la gente más se acercará a la evolución interna de su especie y después de animarse a iluminar lo impenetrable, dentro de cada individuo, el camino dejará de ser peligroso porque en lugar de misiles se verán mariposas nuevas volando al compás del corazón humano que todavía tiene guardado lo mejor de sí para mejores días cuando figurar entre los peores no sea motivo de orgullo ni de publicidad. Hoy es demasiado difícil enfrentarse a la excelencia casi cero pero, en todas partes hay personas de evolución más que media. Son ellas la esperanza de que la humanidad cambiará el paso para que su marcha sea más segura. Son ellas quienes trabajan -casi en secreto- creando tendencias firmes con respecto a los valores de cada cultura que -por falta intencional de promoción- se opacan. Por suerte la pasión  fortalece y será el tiempo quien, más temprano que tarde, dará Poder a los mejores para desplazar a la mediocridad instalada hasta en los más pequeños actos de la vida cotidiana que casi no es vida porque si es cierto que existen legiones nunca tan bien equipadas (y organizadas) de horribles, impresentables, indignas personas, es precisamente en esta época decadente que simula ser evolucionada pero no es más que la fachada de un siglo impostor.
   
   

sábado, 2 de mayo de 2015

"El Trabajo De Vivir"

 
   Los sociólogos opinan, y doy fe, que cuando realizamos una tarea que nos deleita, la barrera entre obligación y tiempo libre desaparece pero, se puede terminar pensando que nada nos complace más que realizar tal o cual actividad si esa actividad nos tiene en su poder cuando debiera ser ella la que esté en nuestras manos. He visto a muchos alardear con "el síndrome de la agenda completa" pero abrí los ojos -no mucho- y ya pude verlos aferrados a la querida agenda  en el preciso instante de perder al amor de sus vidas junto a las mejores oportunidades de crecer personalmente. Sus citas seguirán puntuales pero Ellos a la deriva porque quien carece de tiempo propio es mucho más que un indigente: es un desheredado total. Yo diría, recordando a Shopenhauer que "un hombre sin tiempo propio es la imagen de la muerte". (Con todo gusto cambio "tiempo" por "dinero").
   Que el ser humano ha trabajado siempre no es una novedad. Primero para subsistir y, más tarde, para ser "alguien" lo cual comenzó a ser problemático para los empleadores de todas las épocas. Éstos buscaron siempre "mano de obra" no mentes claras ni seres radiantes y en el siglo dieciocho, cuando fue tan serio el peligro de que "Alguien" se instalara para siempre, fue una genialidad rebautizarlo como "trabajador" para presentarlo como el perfil ideal que debía mostrar todo infeliz que se ufanara de serlo. A los nuevos esclavos se les implantó la noción de que ser un "trabajador" era un destino de gloria cuando, en realidad, era casi equivalente al de los bueyes.Tanto éxito tuvo esta campaña de degradación humana que en poco tiempo ser obrero significó, para ellos, ser "buena gente" y los victimarios ya pudieron quedarse tranquilos porque, con esa tramoya, a los pobres se los compensó psicológicamente por los sacrificios sobrehumanos que se les exigía en nombre de la revolución industrial. Pasados los años, el sufriente "honrado" fue recuperando su cabeza y hoy está casi totalmente reivindicado pero, en su fuero interno no ha ocurrido lo mismo y por eso, en el inconsciente de las masas, sigue arraigada la costumbre de  vivir para trabajar y morir trabajando, junto a una imagen absurda todavía bien sostenida por intereses que no sé si son sólo políticos: únicamente un obrero es un trabajador. Muchas madres sueñan para sus hijas un marido que "sobre todo sea trabajador". Que las ame, las cuide y sea buena persona,  es lo de menos  y no son pocos los imbéciles que cuando intentan un elogio al honrado le adjudican la dudosa virtud de ser una persona "de trabajo" (o asalariada) sin pensar, por ejemplo, que un violador taxista es un "trabajador" y un inspector municipal coimero también lo es. Por otra parte, la descalificación más frecuente consiste en acusar a alguien de no trabajar aunque por infeliz no pueda conseguir empleo o, por muy dichoso, ocupe sus días desarrollando tareas creativas de ésas  que los pobres queridos amigos "honrados" debieron olvidar. ¿Qué será lo de ser pobre pero honrado? ¿Y lo de tener más plata que los ladrones?.
   Conseguir empleo es el objetivo principal de la mayoría de las personas en edad de comenzar a llevar una vida "independiente" y lo de ser feliz va quedando para más adelante. Las metas personales suelen estar totalmente subordinadas al trabajo de encontrar empleo primero y al de soportarlo después. Cuando se me pregunta  cómo es posible vivir sin trabajar es porque se confunde vida con supervivencia.  Es imprescindible sobrevivir  ¡pero con la cláusula irrestricta de poder también vivir!. Trabajar subordinados como bestias nos puede proporcionar confort, probablemente poder y, en una de ésas, fama pero felicidad jamás porque ella no sabe respirar fuera de su aire que es el de nuestra Libertad. Estar vivo es ser dueño de un secreto personal hecho a la medida de cada uno y demasiado importante como para llevarlo con nosotros a la empresa en la cual trabajamos donde, por lo demás,  casi nunca estamos o estamos siempre a medias porque el trabajo que nos interesa es el de estar presentes en esta vida con todas las de la Ley. 
   Por suerte, a medida que la gente evoluciona se va imponiendo en todo el mundo la autogestión es decir, el trabajo generado por una meta personal o una vocación y uno no puede menos que festejar la tendencia de que mañana mismo lo importante será lo pequeño. ¿Qué empresas son hoy las más relevantes fuentes de trabajo?: causalmente las más pequeñas; las que en un futuro muy próximo darán cuenta de la importancia de vivir y de trabajar como humanos laboriosos que somos. Mientras tanto, cuando los libros quedan intocados por falta de mente fresca para leer, cuando el único tiempo que le dejan a una persona es el necesario para dormir, cuando alguien hace alarde de no tener tiempo para ocuparse de su estado salud, cuando un conocido nos cuenta que le va estupendamente porque tiene dos empleos... nos parece ver a este mundo arrasado por la anti-inteligencia que, en oleadas de partículas invisibles, nos está secando por dentro aunque por fuera  nos deje más o menos presentables para los festejos del 1° de Mayo que es un gran día para los trabajadores de todo el mundo lástima que, detrás de ellos, todavía se esconde la explotación, el hambre, la esclavitud, la injusticia... porque lo de trabajo digno -muchas veces- no es más que un cuentito.



sábado, 25 de abril de 2015

"Mujeres: ¡al ring!"

    Son alentadores los datos de que ya no es rosa el ajuar de  la nena ni azul el que se prepara para un niño que está por nacer. Lo mismo puede decirse de los colegios mixtos donde ellas y ellos estudian en igualdad de condiciones. También es excelente que, en algunas partes del mundo, las mujeres puedan ganarse la subsistencia y gozar de libertad -delicia que es, ante todo, económica. Lo preocupante es que, entre tanta lucha por liberarnos, la mayoría de nosotras insistimos en no desplazarnos de ciertos esquemas mentales considerados "femeninos" tal como están grabados en nuestra mente a golpe de siglos. Sucede que los garrotazos continuan sin que se los pueda advertir masivamente como cuando las guardianas de la vida festejamos chistes adversos a las suegras o cuando aprendemos canciones que nos denigran sin piedad. Hay letras de canciones que ninguna mujer despierta debiera aplaudir como aquella referente a que "la cosecha de mujeres nunca se acaba" como si la mujer fuese un vegetal. Un viejo tango formulaba la siguiente pregunta: "quién sos que no puedo librarme/muñeca maldita/castigo de Dios" ¿y qué tal la letra de "Angélica"?: "un águila fue tu cariño/paloma mi pobre alma/mi corazón en tus garras sangró/y no le tuviste lástima". ¡Cuidado! si no somos verdurita somos fieras cuando no se nos ningunea de frente mar en "Amor Salvaje" donde no hay reparos para decir: "la llevé sin preguntarle ni su nombre..." ¿Para qué? la mujer sigue siendo, en la cabeza de muchos, una cosa que vale casi nada.
   Está tan bien hecho el trabajo machista, en lo referente a la sumisión de la mujer, que no  nos extraña que  un hombre diga a los cuatro vientos que lo más importante para Él son sus hijos y que a la madre de esos niños ni la mencione. Cada vez que escucho a un sujeto llamar "bruja" a su esposa, señora o pareja, me indigna que no estemos resistiendo -como es debido- al destrato de los machos  que infinidad veces se niegan a tomar nota de las denuncias de atentados contra nuestra integridad física. Las mujeres estamos indefensas desde que los varones de la familia trabajan arduamente para cortarnos las alas desde pequeñas y ese trabajo en equipo, por bajarnos la moral y desprestigiarnos, será eterno de parte del chiquitaje masculino miestras esté ausente el elevado concepto de su género que toda mujer necesita para poder SER. Mientras tanto la mujer mediocre simplemente se deja estar. Vive esperando casi todo sin ponerse en movimiento para conseguirlo y se conforma con protestar en rueda de amigas donde cada una se siente en su lugar por obra de decretos culturales antiguos que continuarán siendo cuidadosamente transmitidos a sus hijos con una inocencia y una irresponsabilidad espeluznante. Es por ingenuidad que  la mujer desdibuja su inteligencia al punto de combatir sin descanso a la hermana de especie que tiene algún vuelo. ¿Acaso toda mujer descollante desconoce que sus pares femeninos son sus más temibles adversarios? Culturalmente programadas para serlo, no se puede alegar que se trate de una programación encriptada cuando está tan visible en ese hábito de maltratarnos que cotidianamente tenemos las mujeres al hablar de nosotras:
   -De burra que soy.
   -De animal que soy.
   -¡Estúpida yo...!
   -Siempre la misma idiota... y las propias descalificaciones femeninas que no sólo refuerzan el trabajo sucio de desnaturalizar a la mujer: lo legitiman sin ningún inconveniente para tener a los señores ¡encantados! como si no se pudiera violar el decreto de no irritarlos por ninguna causa y por las dudas. Esta actitud no difiere demasiado de la que todavía se repite en millones de hogares del mundo donde se pretende exhibir -sin disimulo- la figura del "jefe de hogar" que si no es marido puede ser el hijo mayor o un abuelo o suegro, a falta de yerno disponible. De primera intención "el hombre de la casa" aparece como necesidad de contar con un macho que gobierne a las hembras cuando, en realidad, se trata de una imaginaria comodidad de tener a quién cargar con las responsabilidades a cambio de obedecer, servir y padecer... al precio de una humillante protección que es, muchas veces, equivalente a casa, comida y pequeñas cosas.
   Toda vez que se recurre al tema de la protección como excusa para legitimar el sometimiento femenino, uno se ve obligado a preguntar dónde están los triunfadores que lo son gracias a una madre, hermana o esposa admirables tan pocas veces calificadas como inteligentes, o geniales, porque apenas si dirán de ellas que son astutas o vivarachas. Cuando un machito con aspiraciones frustradas de hombre no tiene más remedio que admitir los valores personales, o el alto coeficiente intelectual de una señora, ahí nomás saca  a relucir descalificaciones canallas como la de llamarla "insoportable", "peligrosa", "resentida", "histérica", "loca"... lo cual no es tan grave después de todo porque, con sólo dos dedos de frente, cualquiera de nosotras puede poner en su lugar al energúmeno. 
  

sábado, 18 de abril de 2015

"Hermanos del Alma"


   Resultó que el universo está constituido por los mismos elementos y que  el ADN es común a todos los seres vivos de modo que el presumido ser humano viene a ser un pariente más de los microbios. Para  manifestarse como Mamífero Top cada terrícola tiene su peculiar configuración genética pero para para manifestarse como partícula del universo le queda al patrón psíquico hacer la diferencia para determinar la singularidad de cada alma viviente que, aún gemela, es única portadora de su "ánima" es decir, de esa estructura cósmica que los místicos suelen llamar "ser interno" y el común de los occidentales conoce como "psiquis". Atractivo y fascinante, como ninguno, ese cristo interior es inmune a todo tipo de manipulación que no sea la autorizada por quien esté suministrándole presencia física. La autorización más frecuente tiene la firma del miedo y le sigue aquélla extendida por la necesidad: necesito dejar de comportarme de cierta manera -o de hacer tal cosa- y entonces me dejo manipular para corregirme o curarme. Yo puedo permitir, hasta cierto punto y en determinadas circunstancias, que otros manejen algunos comandos de mi procesador interno.
   El hecho de que el "ánima" sea infanqueable no impide, sin embargo, que cada sociedad dibuje externamente a sus integrantes de determinada manera lo cual implica que la humanidad está señalada por diferencias descomunales (idioma y raza incluidos) que, de verdad, sólo son variaciones de un mismo arpegio. En lo esencial todo es igual y no hay mejor ejemplo que el de las llamadas diferentes religiones en un mundo superpoblado de seres que practican una misma religión bajo modalidades, intereses y denominaciones distintas. Así como a lo largo y a lo ancho de nuestra aldea planetaria se requieren idénticos nutrientes que se consumen bajo variadas presentaciones: la raza humana sólo ofrece diversidad aparente o superficial. En lo esencial somos todos semejantes. "Semejantes", sin embargo, no significa "idénticos" y, al final de cuentas, además de cósmicamente inviolables, somos seres impares o, si se prefiere, solitarios pasajeros de una travesía particular donde los hermanos del alma apenas asoman, o no aparecen, y todo lo que podemos encontrar es "gente como uno" esto es personas que, compartiendo aristas de la propia sigularidad, pueden configurar desde parejas hasta países bien diferenciados.
   De aquí o de allá seguirán rotando los capitales sin que sea posible ninguna mudanza completa de rasgos culturales. No es posible transportar tradiciones y costumbres de una comunidad a otra aún compartiendo idioma -y creencias- porque cuando se trata de bienes intangibles, como es el caso de los valores, a lo sumo se los puede adaptar para recién incorporarlos. Por esto, hablar de países suponiendo que se trata exclusivamente de extensiones territoriales generadoras de productos primarios, o negocios, es desconocer lo más importante que es el alma de los pueblos con sus notas predominantes que determinan un ritmo propio en el tan bien llamado "concierto de las naciones" ¡Qué expresión perfecta! Muchas veces, cuando el alma de una potencia mundial termina por rendirse frente a la de un  país insignificante, imaginarios expertos atribuyen la derrota a los motivos más inverosímiles sin poder admitir que la determinante del fracaso  fue esa energía formidable de la simple silueta de un inconsciente colectivo que no está a la vista pero reconoce sus fronteras, y no tiene nada de golondrina, ni está a la venta porque su precio es tan caro, tan querido y valioso, como su destino. 
   De pronto se escucha hablar de un mundo sin fronteras en el cual las distancias se acortaron, y los intereses económicos son universales, dos vulgares mentiras agravadas por el hecho de que la pretendida globalización es sólo una estrategia inconfesable dentro de la cual la mayoría de la humanidad no se siente involucrada ni desea hacerlo. Desde que los ilégitimos administradores de la riqueza de este mundo dieron a conocer este discurso, cada grupo social -de mayor a menor- está de regreso a su ánima. Por todo el planeta los países vecinos no sólo se hermanan cada día más; también vigorizan su música nativa, recuperan a sus científicos, premian a sus artistas como mejor saben hacerlo, leen mejor a sus escritores y ni qué hablar de la fortaleza que están logrando las economías regionales dentro de las cuales los hermanos, y semejantes, pueden muy bien seguir sintiéndose singulares. Hoy ha dejado de ser novedad que los ciudadanos de este planeta han vuelto a prestarle atención a la "madre tierra". Cada día con  mayor determinación están regresando "tierra adentro" en procura de verde, aire más limpio y pajaritos pero,  en primer lugar y tal vez sin saberlo, en el intento de reforzar la auténtica personalidad de sus pueblos que dejan ver una legítima aspiración de llegar a ser invencibles en sus objetivos primero y, ahí nomás, formidables gladiadores en el circo eterno de la política internacional tan experta ella en caídas espectaculares como en estruendosos papelones entre los que siempre estamos viendo a uno que otro león hervívoro ofreciendo su último espectáculo: el de su merecida caída bajo el peso de la historia que no suele ser piadosa porque siempre ha mostrado interés por ser justa.