sábado, 5 de septiembre de 2015

"¿Refugiados?"



   Hace pocos días Gaby, mi hermana del alma, científica, bodas de plata con su alma gemela, madre, amorosa hija y mejor amiga, me contaba las penurias de estudiante que vivió como becada en Europa y la miré, en mi corazón, y la ví brillar como un sol. Mucho antes escuché decir a Gabo que debió pedir limosna para comer cuando era niño y sentí en mi pecho que su hambre fue también el mío muchas veces pero, Gabo ni Gaby están a la deriva por mucho que hayan padecido en diferentes aprendizajes y, puedo escribir aquí, que son dos  bellísimas personas militantes de la vida en cada una de sus gestiones existenciales. Lo que no sé es si el día de mañana se podrá decir lo mismo de veinte millones de seres que huyen de la guerra y la desolación con sus hijos en brazos mendigando un lugar en este mundo que por derecho de nacimiento les pertenece. Sabiendo que están de más en sus países buscan otros que ya tienen sus propios desheredados pero no importa; en alguna parte necesitan refugiarse. Pensar que son mis hermanos. Que no tienen el agua tibia que tengo yo para bañarme todos los días, que no disfrutan de un café caliente cada mañana y que cuando miran hacia el futuro sólo está la oscuridad.
    -¿Por qué tanta injusticia? Aquí no voy a decirlo. 
   -¿Para qué tanta lucha por sobrevivir? No puedo explicármelo claramente. Sólo puedo renegar del maldito momento en el cual un grupo de humanos aprendió a hablar para que el resto aprendiera a callar.
   Atahualpa Yupanki decía:"le tengo rabia al silencio" cuando hablaba del poder de la palabra y del dinero que habla fuerte. Es muy buena compañía el silencio cuando está bajo techo, bien comido y en paz. También es inspirador cuando nos lleva de la mano hasta nuestro mundo interior o hacia el infinito pero -cuidado- puede ser un ángel exterminador si nos secuestra en el momento justo de tener que gritar "Yo Soy".


   Como es un hecho que continuará el negocio de los combustibles fósiles, y el de las armas,  dentro de muy  poco tendremos más infelices que buscarán refugio como víctimas del desastre ambiental que no nos interesa evitar y diremos: ¡pobres! y con esta falsedad estará todo dicho y esperaremos que a la mañana siguiente los pajaritos canten pero no cantarán porque ellos también, en este mundo, serán tan extranjeros como  lo es -en este instante- tantísima gente desalojada no sólo de sus países, también de sus destinos.     
   Cómo nos gusta guardar nuestro cuaderno de primer grado; nuestro ajuar de novia; todas las sonseras que sólo tienen valor para nuestra vanidad pero, estos millones de desheredados sólo conservan los latidos de su  corazón hasta caer al mar sin ser nadadores o hasta que algún gobernante les ofrezca un espacio para sobrevivir -por mucho tiempo- como humanos de cuarta.






   Quiero pensar que para comenzar a poner fin a tanta injusticia, a tantísima maldad, hoy mismo comenzaremos a ser mejores personas con quienes tenemos a la vista para que mañana no queden tan lejos de nuestro alcance y podamos ayudarlos cuando las pruebas lleguen. A esas horas se siente frío en el alma y entonces no basta una ley ni un blog ni un vaso de agua: hay que hacer fuego con astillas del propio corazón.

sábado, 29 de agosto de 2015

"Un Viaje Misterioso"

   Es un hombre de pocas pulgas. Nunca supo adaptarse a un superior porque subordinarse no es para un libertario de su talla de manera que siempre se las ingenió para trabajar por su cuenta hasta que encontró en el taxi una opción de virtual independencia. Si bien largas horas al volante no son un bálsamo para el alma, precisamente, en su largo caminar por el túnel del tiempo Héctor se especializó en semblantear a sus pasajeros y rara vez se equivocaba con el perfil de gente que deseaba trasladar si bien este entrenamiento no pudo garantizarle total impunidad frente a una que otra sorpresa desagradable.
   Aquel día estaba más que desanimado por tan poco trabajo de fin de semana argentino pero tenía necesidad de elevar la recaudación de manera que decidió hacer la novena hora de su rutina habitual y en eso andaba cuando apareció el nuevo pasajero: un sujeto de apariencia convencional que solicitó viajar en el asiento del acompañante. El taxista acccedió. El viajero no terminó de abordar el coche cuando tres sujetos irumpieron raudamente en el vehículo para ubicarse en los asientos traseros y todo daba señales de ser un asalto pero, como era tarde para reaccionar el conductor del auto inició nomás el recorrido solicitado por el hombre que tenía a su lado. Catamarqueño simpático, tenía ganas de conversar pero no por eso las treinta cuadras del recorrido dejaron de ser interminables para el chofer que hasta podía jurar que, en cuestión de segundos, cualquiera de esos tipos le mostraba un arma.
   Héctor no dejaba de observar por el espejo con cero discreción a ese trío de sospechosos que transportaba a sus espaldas y no pudo menos que sorprenderse por el hermetismo que mantenían tan sospechosos individuos. Uno parecía intentar un sueño o, tal vez, meditaba; los dos restantes, despreocupados por la suspicacia que habían despertado en el conductor del coche, observaban con desmesurado interés lo que la ventanilla les ofrecía hasta que -por fin- llegaron a destino. Un segundo antes de detenerse Héctor decidió hacer una advertencia al viajero que lo detuviera momentos antes.
   -Mire señor: ésto no se hace. Otro chofer bajaba a estos sujetos en una comisaría porque usted simuló estar solo cuando lo acompañaban estos tres tipos que me abordaron como delincuentes 
   -De qué tipos me hablas. ¡Estoy solo hermano!
   El taxista miró hacia atrás con el rabillo del ojo y... no vio pasajero alguno. Vacío inexplicable. Ninguna posibilidad de no pasar por loco así que buscó escudarse en una humorada hasta que el extravertido pasajero abandonó el móvil, sin enterarse de nada, y  con cierta premura por ser recibido en una casona de Monte Castro que, según se leía en su frente, era "La Mansión Del Angel".
   Antes de pisar el acelerador para continuar en tránsito, y aún desconcertado por lo que terminaba de sucederle, el bueno de Héctor no pudo evitar darle un último vistazo al sujeto que terminaba de trasladar y es el día de hoy que no puede admitir sin reservas lo que vio: los tres "desaparecidos" estaba detrás del catamarqueño muy de brazos cruzados- esperando de lo más campantes- que alguien se dignara a abrirles la puerta.
    Dicen las crónicas increíbles que el taxi se convirtió en un objeto volador no identificado que apareció de pronto en las calles truculentas de la "Misteriosa Buenos Aires" de Manuel Mujica Lainez.
   

sábado, 22 de agosto de 2015

"Simplemente Amor"

  -¿Nunca pensaste que dejar de amar no es otra cosa que desconocerse? No es la de ayer esa persona que ha dejado de amarnos, o la que hemos dejado de amar y, por este motivo, si alguna vez amanecemos sin la magia de nuestro  amor no seremos más que dos extraños que hasta aquí no pueden verse como el resto de la gente puede hacerlo. Es una pena pero, nosotros somos una gran pareja de artistas que se dan cita en el santuario de las más extraordinarias emociones y ojalá que no se nos ocurra abandonarlo porque, en ese preciso instante, afuera estaremos ¡nosotros!: dos sujetos demasiado humanos exponiendo sus peores características es decir, tan averiados, feos, perversos y vulgares, como los más dignos exponentes de nuestra especie.
   Como verás, hay excelentes razones para no abandonar el santuario claro que como hemos cometido imprudencias mayores, no me sorprenderé  si una madrugada de éstas el uno se lanza a la búsqueda del otro. Lo primero que harías, en tal caso, sería preguntar por el paradero de cierta mujercita que, casi sin darse cuenta, una noche descubrió al niño de tu corazón para cuidarlo como sólo Ella sabe hacerlo. Yo, por mi parte, comenzaría por preguntar cuál es tu nombre porque -hasta hoy- te llamas simplemente "AMOR".
   Esto sí; no sé desde cuándo. Debe ser desde que se me escuchó decir espantada:
   -Dios mío. ¡Me enamoré! ¿A qué santo se debía ese milagro?
   -A ninguno. Le ocurre a cualquiera.
   -No sabía que el amor cae en cualquier momento y sin avisar..
   -Ahora lo sabes: las parejas se concretan en el cielo y se consuman en el  lugar donde pueden encuentrarse.
   Así de simple y bien provisto de esa cuota de fragilidad que me mueve a vigilar, y a mantener a toda costa, la llamita que ha quedado de la hoguera. La cuido sí. Porque es lo único que pude guardar en mi corazón desde que cargo -desde muy chica- con la definida sensación de que nada ni nadie me pertenece. No sé si la confirmé de grande o si me hice grande confirmándola. Lo único que puedo decir es que es sagrada la llamita que te digo y, sin que a nadie se lo cuente, día a día me concentro en ella poco menos que hasta hacerla desaparecer como si no hubiera tarea más fascinante que la de reavivarla, una y otra vez, para regalarme vida nueva. Fuego fatuo -si quieres- pero se deja estar en mi poder porque ya es parte de mi ADN desde que vivo inventándola con la asistencia milagrosa de aquella extraña ternura del primer instante en el que me sorprendí pensando ¡en vos!
   Fue a la hora de sacar de mi sopa amarga tanto dolor que me dieron para tomarla con algo muy dulce parecido al olvido que, como una mano tibia, me guarda. Aquel día glorioso busqué unas flores nacidas solamente para mí porque necesité recogerme el pelo con ellas para enfrentarte -al fin- con tu propia primavera y entonces...tus pensamientos fueron maripositas blancas rondándome -rondándome- y ya hubo domingos multicolores en lugar de tus pobres domingos que,  entre caricias comerciales y besos comprados, llegaban  todos vestidos de negro.

sábado, 15 de agosto de 2015

"Mi Niña"


    Buscando a mi niña entre manuscritos ¡la encontré!:
   -"¿De qué pueblo me hablaban? Yo seguía suspirando por el mío que sólo parecía serlo cuando llegaba el tren porque era entonces cuando se veía gente corriendo a la estación por el diario- o su revista- y llegaba alguna fruta que a Don Panique le volaba de las manos. Después, las hadas eran las únicas que vagabundeaban a sus anchas por la cabecita de tantos chicos que jamás llegarían a ser grandes y que, a falta de compradores de rosquitas, de mantecados o de churros, eran clientes incondicionales entre ellos mismos y regresaban a sus casas con cándidos negocios lo cual era una pena -lo sé- pero Dios existía. Dios era el amanecer que se repartía por los rincones para espiar (sin que le importara demasiado) dónde se guardaba la llave de cada negocio de nubes y, cuando cumplí  nueve años de permanencia en esta dimensión, papá se retiraba parsimoniosamente por esa calleja polvorienta que ya entonces se llamaba "De Los Recuerdos". Mamá era perfecta por mucho que se esforzara por demostrar que en su persona residían todos los matices de la humana condición tal cual les ocurría también a los novios que comenzaban por amarse en algún rincón de la inocencia. Ah sí; la inocencia. Desde ese otro país, también fantasma, a mi pueblo yo lo veía grande porque yo era pequeña y me parecía bello bajo los efectos de mi bellísima infancia que festejaba con fogones a San Juan sin noticias de que esa constumbre provenía de los Celtas tan enamorados de sus árboles que, al verlos añosos, los devolvían a la luz en hogueras gigantes para que  también ellos tuvieran su fin luminoso. Eso sí; nosotros creíamos que había que hacer los fogones cuando "se iba junio" siempre y cuando no hubiera una cita anticipada con los duendes que harían remolinos en agosto. Enanos de sombreros negros de alas anchas, monigotes chuecos, yo no merecí verlos pero fui capaz de presentirlos como a cada sendero peligroso que no pude recorrer con mis vecinos invisibles por elegir el caballo más audaz de una linda calesita... apurada por irme de la infancia."
   Sí; siempre corrí como loca detrás de mi destino y aún hoy me anticipo demasiado pero amo a mi niña y es a través de Ella como mejor me comunico con los adultos porque yo en seguida les descubro el niño y, una vez desenmascarados, podemos hablar  en el mismo  idioma. 
   Debo ser justa y decir que muchas personas tienen "un gran niño". Son divertidos, imaginativos, andariegos, audaces, inquietos y algo insolentes con la formalidad -o las normas- porque para estos seres la vida es juego. Mi padre, un niño disfrazado de Contador, era el único que los domingos no hacía sobremesa por mandarse a jugar con los bajitos y divertirse como uno de ellos y en su escritorio estaba enmarcado un lindo pensamiento extraído de "Corazón" de Edmundo de Amicis: 

                               "No basta que un niño no llore
                                     Hace falta que sonría

   Qué importante es comprender que jugar es el primer intento de congeniar con la humanidad. Jugando conocemos a Ellas, a Ellos, y aprendemos con naturalidad a querernos porque mucho antes de decir que nuestros amigos "son gente como uno" fuimos capaces de explicar que "mi amigo es como yo" y fue mirándonos en otros niños que descubrimos que las personas, en muchos aspectos, somos semejantes y que "Don Fuera de Serie" no existe.

   Si uno crece con la idea de ser único seguramente es por no haber asistido a esas clases de fraternidad que se toman jugando sin jugarse la cabeza en competencias desmesuradas porque jugar sólo por aplausos, y trofeos, puede significar que un buen día nuestros únicos amigos estén en nuestra cuenta bancaria. Habrá faltado calor humano de buena fuente o de generadores no contaminados.
   Jugar como acto mágico de convocar a la alegría es un rito al que es necesario recurrir siempre...siempre que se nos haya iniciado en el arte del bienestar. Quien no ha pasado por esa iniciación difícilmente disfrute de la vida siendo adulto porque en tal caso no será raro que las obligaciones ocupen el espacio de las diversiones ausentes.





P/D
"No se deja de jugar por ser viejo.
Uno es viejo porque ha dejado de jugar"  
               "Walt Disney" 
                                               
                                 

                                                         

                                     







                                 
   

  

viernes, 7 de agosto de 2015

"Amor Del Cielo"

    Aquel amor adolescente fue todo lo grandioso que había en el universo para Ella y a punto tal que, cuando la magia terminó, Luciana no tuvo mejor idea que la de sepultarse en vida es decir, convertirse en Franciscana. En más de una ocasión las monjas de su colegio habían tratado de seducirla para que, llegado el momento, se casara con Cristo. Luciana era introvertida, callada, algo extraña y nada delataba en sus modales esa rebeldía interna que jamás le hubiese permitido someterse a reglamento de vida alguno si hasta los dogmas religiosos le merecían cada vez menos respeto y, para qué andar con rodeos, conquistar al chico más codiciado del pueblo había significado para Ella sentirse la más bendecida de las mujeres -aclarado que el galán lejos de ser bendito fue todo lo contrario-. Mujeriego, falso y vulgar fue lo que, al final de cuentas, resultó ser el príncipe azul de Luciana que cuando se desdibujó, o mejor dicho se esfumó, mucho más que su alejamiento dolía demasiado la desilusión por aquello de que las mujeres ponemos tanto en nuestros amores. 
  Cuando se es demasiado joven, un adiós puede llegar a ser una tortura. Son verdaderos clavos en el corazón esos dolores que no deberíamos sentir por alguien que ya no nos ama, y seguramente nunca nos amó, pero sucede que el desengaño determina que nuestro cielo deje de ser azul, que la tierra se convierta en un desierto interminable, que sólo haya vinagre para nuestra sed de ternura y es humano preguntarle al amor:-"¿por qué me abandonaste?".
   Pero no era ésa la pregunta de la muchacha triste cuando de rodillas, en la penumbra de la iglesia de su pueblo, le preguntaba al dios de su corazón si Ella reunía las condiciones para ser una  verdadera Franciscana. Ríos de agua hirviente surcaban esa cara de niña envejecida cuando demandaba señales del cielo para tomar la decisión de divorciarse de este planeta que, mal o bien, la hospedaba desde hacía pocos años: apenas diecisiete.
   Ese jueves de abril el sol estaba en franca retirada, la misa vespertina era inminente y Luciana... la imagen más perfecta de la   abandonada inmóvil que despertó la compasión de cierta persona a quien Ella no había visto antes pero, sin duda, estaba al tanto de su desolación y la comprendía como nadie en el universo porque, mirándola amorosamente, le hizo la pregunta más inesperada:
   -¿Quieres confesarte?
   -No Padre
   Nadie le había pedido opinión al señor pero El no se privó de decir:
   -Cuando pase el tiempo comprenderás que nadie vale tanta amargura.
   Cada vez que alguien le decía algo similar, Luciana se ponía furiosa porque esas palabras eran la mejor demostración de que no la comprendían es decir, nadie amaba como Ella o nadie sabía amar con tanta necesidad de amor total. El sacerdote leyó sus pensamientos y calmó su furia con maestría:
  -Niña: estás viviendo un espejismo. No es real ese hombre ni tu amor es verdadero. Sólo es verdad tu dolor porque es tu obra.
   -¿Cuál es el amor verdadero? 
 Es el amor del cielo que llegará cuando alguien sepa amarte como esperas que te amen. Después de buscarte en todas las mujeres ¡El te encontrará! y ya no volverán a separarse porque dos gotas de agua son un gran río de vida que desemboca en el infinito.
   El desconocido vestía jeans azules, camisa colorada a cuadros. Era rubio de ojos profundamente celestes y tan bajito que su estatura era equivalente a la de Luciana arrodillada en la escalinata del oratorio. Este detalle pasó inadvertido para la novia del dolor porque Ella estaba enteramente instalada en su amargura desde donde apenas si pudo escuchar que le decían:
   -En este preciso instante Él está en tu casa esperándote porque necesita hablarte y, aunque no lo creas, lo comprenderás y lo olvidaras. Lo olvidarás -repitió con firmeza silabeando la palabra-.
   -Es lo que más quiero Padre- contestó la víctima del galán del pueblo. El interés de Luciana por encontrarse con su amor  la reanimó  de tal manera que no esperó un segundo para ponerse en marcha. En el atrio de la iglesia se percató de que ni siquiera le había dado las buenas noches al sacerdote nuevo de la Parroquia lo cual no se veía demasiado grave porque para amabilidades había tiempo de sobra.
   Tal como lo anticipara el rubiecito de camisa leñadora, un tal Ramiro Martín la estaba aguardando con su mejor cara de pócker. Lo que hablaron los personajes de esta historia no es de interés general; lo interesante ocurrió la tarde siguiente cuando Luciana pasó por la secretaría de la iglesia preguntando por el nuevo sacerdote a quien Ella había conocido casi sin darse cuenta. Desde luego, quería agradecerle su bondad y su consuelo pero, muy especialmente, deseaba preguntarle cómo había podido saber que el causante de sus penas la estaba esperando. Parecía mago el hombre.
   Al Párroco de "La Purísima" le extrañó tantísimo lo relatado por Luciana que hasta le preguntó si estaba segura de no haberlo soñado.
    -¡No Padre!!!!! pregúntele a Darío que estaba encendiendo las luces para la Misa. El andaba por ahí y lo vio todo.
   -¿De dónde sacaste que ese tío era sacerdote?
   Luciana revisó lo sucedido a velocidad atómica y lo comprendió TODO. La había asistido un ser que no era de este mundo. La autoridad, el amor de aquellos ojos, y la ternura de aquella voz, aún hoy la estremecen hasta hacerla llorar como una niña.-
   
   
    

   
  
   
   

sábado, 1 de agosto de 2015

"Pobres Diablos"

   -¿Cuánto tiempo hace que nada nos provoca una gran carcajada? ¿Desde cuándo no permanecemos frente a una ventana más que el tiempo imprescindible para  cerrarla o abrirla? Lo cierto es que no nos permitimos el tiempo para reír -qué digo- ni siquiera para dirigir la mirada a nuestro alrededor lo cual no quiere decir que no haya horas de sobra para ir de compras o  vagar, por cualquier parte, sin intentar hacer algo que valga  la pena como, por ejemplo, servir.
   Como sabemos, "servicio" significa prestación, atención, solidaridad y no precisamente servidumbre ni algo denigrante. Hay, sin embargo, una frase coloquial, con respecto  a nuestra manera de relacionarnos con los demás, que certifica nuestro desdén por el servicio humanitario: -"no me gusta que me usen". En primer lugar no somos objetos de uso; somos almas vivientes con todo para compartir desde el ocio hasta nuestras actividades, desde la alegría hasta el dolor... y todo y nada puede ser compartido desde que estamos habilitados para ofrecer lo que se nos ocurra. En el caso de poder contar todavía con la capacidad de ver, mil veces podemos descubrir cómo una frase cualquiera, o una sonrisa, pueden modificar no sólo el ánimo de la gente; también su destino modificando una simple actitud. Resulta que hemos perdido noción de nuestra personal importancia cuando, en realidad, somos  súper importantes para la humanidad desde dondequiera que estemos porque nuestros pequeños o grandes quehaceres tienen una trascendencia que no alcanzamos a percibir si nos sentimos estatuas, en lugar de personas, o si nos han hecho creer que somos números o simples figuras en lugar de seres radiantes.
   "Servicio" no es sólo proveer energía a una ciudad; ni es solamente servir un  plato de comida... "Servicio" es estar a disposición de la vida que es el escenario donde actuamos todos juntos obedeciendo a un libreto genial que cada actor hasta puede mal interpretar y, por tal motivo, interpretarlo mal aún  creyendo que lo hace como el mejor. Estoy tratando de insistir en que somos todos servidores a nuestras causas y las ajenas y no quisiera olvidar que la contrapartida del servicio es un enorme bienestar. Las personas que sirven con naturalidad a sus semejantes son siempre un canal de alegría para los demás y una fuente de juventud para sí mismas porque, sencillamente, viven a toda luz.  El servidor es decir, el humanitario, no es un "tonto útil"; es un "maestro de la vida"  porque sirviendo puede servirse de toda la sabiduría que sea capaz de encontrar en los aprendizajes ajenos. Descubriendo en la vida de los otros qué errores conviene evitar, o qué rumbos no es bueno seguir, aprendemos gratuitamente cómo deberíamos ser para no pasar por esas pruebas  que ayudamos a sobrellevar en la vida de quienes necesitan encontrar una guarida en nuestro corazón. 
   Cada día intentan hacernos pensar que valemos poco -casi nada- y que "cada uno es cada uno y cada cual es cada cual" pero, somos muchos los sobrevivientes de una época en la cual cuando se preguntaba:
   -¿Usted es fulano? - el aludido respondía:
   -Servidor.
   Sí. Había más explotación que ahora, había tanta injusticia como hoy y el delito tenía el lugar que siempre le ha dado la condición humana, sin embargo, al final de una carta formal -no familiar- después del saludo final, o antes de la firma, usted podía leer:
   -SSS (Su Seguro Servidor) y no era así por complejo de inferioridad ni por subordinación o valor; era porque todavía nos sentíamos muy importantes personas no para tener mejor ubicación en un hotel de cinco estrellas ni en los aeropuertos internacionales. Quien más, quien menos, era VIP en su ambiente y, desde luego, en la vida.
   Todo en el universo está "al servicio de..." y la mayoría de nosotros, pobres diablos, seguimos regateando nuestras palabras, nuestra comida, nuestro hombro, o nuestro espacio, aunque no es necesario llegar a tanto para ser egoísta porque, la mayoría de las veces, sólo se espera de nosotros un llamado telefónico o nuestra simple compañía y no hace falta ser millonario -poderoso o genial- para servir a un ser que sufre; lo que se necesita es sentirse humano para vivir como tal... ¡sólo éso!.

sábado, 25 de julio de 2015

"El Dúo Fantástico"




   Si una dimensión desconocida le fue concedida al ser humano para hacer piruetas con su debilidad, o su fortaleza, esa dimensión no es otra que la de su fantasía y es dentro de sus límites invisibles donde las personas avanzan o retroceden, caen o se ponen de pie frente a sí mismas de manera tan poco perceptible... que apenas si se puede creer.
   Aunque no encontremos posibilidades de compartir la extra dimensión de la fantasía, ni de dibujarla siquiera, la morada interior de Santa Teresa de Ávila existe y éste es el sitio que podemos frecuentar para acceder a nuestro propio cielo con un sol exclusivamente nuestro porque es de nuestra propia creación. Cada vez que lo decidimos, está entre nuestros privilegios frecuentar nuestro rincón del alma y en esas secretas peregrinaciones no deberíamos dejar de remover esos propósitos, dudas o problemas, que muchas veces dejamos anclados demasiado tiempo en este lugar mágico, pero peligroso, donde el miedo y el coraje celebran sus cumbres. Pareja despareja si las hay pero este detalle no impide que, en su calidad de gobernantes invisibles, se obstinen en no moverse de este predio abandonado que con tanta frecuencia les ofrecemos en nuestras vidas.  
   Elegidos libremente, o por imposición de reflejos involuntarios, estos dos patrones estuvieron siempre presentes en la historia de la humanidad tal como lo demuestra esa legión de diablos, y dioses, que si hasta hoy consiguieron sobrevivir es tan sólo por obra y gracia de los favores que sigue concediéndoles la condición humana cuando se subordina al temor o al arrojo. Hoy, testigos tan poco calificados de esta era post moderna, persistimos en hacerle la corte a estos dos gigantes de nuestra exclusiva creación al continuar confiando y desconfiando ciegamente. Pero el hijo del siglo veintinuno cada día necesita armarse de mayor coraje cuando el miedo lo acosa  como la primera vez porque aquel miedo lejano, el de los primeros días de su aparición en la mente humana, hoy no es un miedo cualquiera. La legítima preocupación  por una guerra nuclear, por ejemplo, es nada frente al terror que está llegando a sentir el homo sapiens frente a sí mismo y esta sensación de indefensión nada tiene que ver con el cuco de la vejez, con el fantasma de la muerte, ni con el promocionado peligro de la soledad. Se trata del miedo al propio corazón que hasta aquí ha dado sobradas muestras de su constante afán por desvirtuar los frutos de toda cosecha intelectual. La presuntuosa valentía, en apuros como éste, necesita recurrir a toda su artillería para imponerse frente al temor en nuestro feudo fantástico donde el margen para una victoria es tan reducido que el miedo y el coraje pueden verse en dificultades pero, a no inquietarse demasiado porque obrando el uno como impulso y el otro como acción, se complementan divinamente sirviéndose de la ventaja que les da el hecho de ser dos hábitos mentales que pueden intercambiar apariencias las veces que sean necesarias. En las actuaciones de este dúo fantástico es frecuente que el uno simule querer beatificar su precaria existencia invitándonos a permanecer en un mismo lugar y, de sólo estar, nos paraliza en nombre de la prudencia y compañía. Mientras tanto el otro, que no puede quedarse quieto, se nos presenta  sin hacerse anunciar para inclinarnos a pensar que tal o cual dios es un poroto al lado nuestro. Con semejante argumento entre manos se nos ocurre que no habrá proyectiles que puedan alcanzarnos de manera que salimos disparados de la modorra hasta terminar abandonados en cualquier parte a la que ni ebrios, ni dormidos, hubiésemos pretendido llegar.
   En resumidas cuentas, estos socios -el temor y el valor- siguen sin darnos tregua porque ellos crecen con y en cada uno de nosotros bastante alejados de nuestro control. Apenas si tenemos alguna noticia de sus correrías porque les negamos esa entidad precisa que deberíamos darles para no terminar siendo víctimas de sus manejos que casi siempre son verdaderas estafas al razonamiento precario.
   Tanto la cobardía como la valentía son demasiado peligrosas si no se las controla y, sobre todo, si consiguen nublar nuestra razón. Lo importante es no perderlas de vista porque mientras están vigiladas no provocarán demasiadas catástrofes en nuestras vidas, ni en las cercanas, por muy crueles que sean sus habituales enfrentamientos en el predio fantástico donde  ni el más observador sería capaz de decir quién es quién de tanto que se parecen, en propósitos y recursos, como si se tratara de matearia y antimateria alojada en nuestro interior. Tampoco es fácil determinar con certidumbre dónde está el temor o el valor por causa de las infinitas mutaciones que  pueden permitirse. Buenos hijos nuestros, al fin, los cargamos  sin protestar por la sencilla razón de que siempre serán funcionales a nuestras planes. Viejos aliados, añosos residentes en el corazón de la raza humana, son algo así como las dos caras de una misma moneda con la cual jamás dejaremos de especular porque siempre tendrá idéntica cotización a la de nuestras acciones personales. ¡Ahí está la regulación automática! El miedo y el coraje suben o bajan sus acciones, aparecen o desaparcen, de acuerdo a los tratos que vamos cerrando con este mundo que nos alberga comos simples peregrinos pero, además, como acccionistas importantes  en todo comportamiento o actividad que tenga algo que ver con la vida o, si se prefiere, con el infinito.-

sábado, 18 de julio de 2015

"El Amigo Invisible"


   Por obra del médico argentino Enrique Ernesto Febbraro, promotor del "Día del Amigo", el 20 de julio se congestiona el tráfico  telefónico porque la voz de un amigo es siempre esperada en las buenas o en las malas. También es por causa del doctor Febbraro que en su país a nadie se le ocurra pretender un buen lugar en bares, y confiterías,  porque los rituales de amistad incluyen charlas y rondas de café interminables. Todo bien pero aquí voy a escribir acerca de un amigo invisible a quien no consideramos precisamente como tal.
   La amistad va quedando como último reducto para celebrar lo muy poco que  perdura de las relaciones humanas, sobre todo, en las grandes ciudades donde presentar a un amigo es algo así como exhibir un certificado de supervivencia. Desde luego, las amistades se renuevan por muchas razones entre las que no están ausentes las referidas a mudanzas interiores y exteriores. Uno no cambia únicamente de peinado, de peso o de domicilio; también de remitente porque, en lugar de una roca inamovible, cada persona es humanidad en eterno viaje como porfiados mutantes que somos. De cualquier manera ser amigos es ser cofrades de una organización fraterna con sede exclusiva en nuestra humana desolación donde hasta el cardo más espinudo puede hacernos buena compañía. Tal vez por esto se habla tanto de aceptar al amigo tal como es sin olvidarnos de aclarar que el compinche será esto o aquello pero, siempre está. Ser amigos, resumiendo, sería equivalente al hacer simple acto de presencia con dinero o sin él; con discurso correspondiente o no y hasta sin siquiera abrir la boca frente al tintillo que puede ser vino tinto, o un cafecito, según el lugar de América del Sur donde celebremos el rito de la amistad. El simple hecho de presenciar, que termina siendo un simulacro del acto  de  acompañar, es lo que hace tan peligroso al amigo que solamente nos ofrece el hombro y la oreja. Son los silencios cobardes de los amigos los cómplices perfectos de nuestras obstinaciones y reiterados tropiezos en la vida mientras que el verdadero, bueno y real amigo, aquél que presta sus ojos para ayudar a ver una situación difícil con más claridad, no es tan valorado como quien se limita a ser una máquina de mirar con obsecuencia lo que se le pone en foco.
   El hecho de  contar con numerosas amistades ayuda a simular que somos "como todo el mundo". Ser solitario o reservado, en cambio, implica el riesgo de ser visto como una persona poco recomendable por culpa de la mala prensa que tiene la vida recoleta.  El consabido "millón de amigos" es esa engañosa trama de personas con las cuales podemos tener una cordial relación de trabajo, parentesco, afinidad política o cultural, entre tantas otras, pero de verdad amigos son los miembros de nuestra familia cósmica. Aquellos que, desde diferentes posiciones, tienen algo que ver con nuestros destinos -por ser vecinos de circunstancias, ideales, ideas o sentimientos-, beben del mismo cáliz de vida  en el que abrevamos nosotros y, en esa comunión, hasta las palabras son innecesarias como para que la amistad sea pura actitud con silencios de gran significado. A estos "amigos del alma" no hace falta pedirles nada, ni explicarles razón alguna, porque ellos nos  conocen de memoria y si en ocasiones nos contradicen no lo hacen por lastimarnos: simplemente revisan los términos de nuestro razonamiento tal vez precario   por el acoso de alguna emoción. Entre auténticos amigos las comparaciones están siempre de más porque, de tan identificados, entre ellos ocurre algo así como un milagro: el estado de ánimo entre amigos es concordante en cualquier situación (¿no habíamos quedado en que eran familia?).
   Desde luego, como el ser humano puede hacer gala de gran simulador, nadie escapa de tener que lidiar con quienes aparentan ser lo que no son y aquí llega el turno a quien tenemos tanto para agradecer sin  que esto impida seguir llamándose como se llama. Invisible, disfrazado, decidido, implacable, es nada más y nada menos que el ¡bendito enemigo! Quisiéramos no encontrarlo jamás pero sucede que, por causa de inconscientes proyecciones nos detesta y gracias a su veneno  es quien tiene más éxito en salvarnos de más de un fracaso cantado. Nadie como Él para sacarnos de un terreno y obligarnos a encontrar la posición o el lugar más conveniente para nosotros ¿que no? Cuando el enemigo nos hace caer es cuando con más ímpetu nos levantamos porque queremos demostrarle que no pudo con nuestra humanidad y que vamos por mucho más de lo que Él consiguió quitarnos, o destruir en nuestras vidas, y ahí está su triunfo pero además el nuestro que no es otro que el triunfo de la vida en la razón de ser de todo lo que nos sucede (aunque duela demasiado).
    Cuánto le debemos a este amigo que se presenta con nombre cambiado y no debiéramos olvidar que en el mismísimo instante de conseguir aprobación estamos cosechando la reprobación correspondiente lo cual no debiera ser motivo de preocupación alguna porrque un buen enemigo suele ser la causa de más de un cataclismo que nos obliga a repensarlo todo y, de ese extraño modo, a concretar nuestras más caras aspiraciones. Por supuesto que nadie decretará un día para agradecérselo porque sus atenciones son muy a su pesar pero, ser Judas también figuraba en los planes del cielo para que se cumpliera lo que estaba escrito y, en el juego de las apariencias, el falso amigo y el verdadero enemigo vendrían a cumplir un mismo rol porque, desde lugares diferentes,  son excelentísimos maestros de uno que otro aprendizaje.

   


  
   

sábado, 11 de julio de 2015

"Reina Madre"

    La clínica era conocida en la ciudad como "Salsipuedes" pero, el día de su trinta y cinco cumpleaños  Reina se retiró dichosa de la sala de maternidad con su quinto hijo varón en brazos más la decisión importante de no seguir buscando la nena porque, de lo contrario, iba a convertir a su hogar en una regimiento. De hecho su casa era un país aparte por lo desordenado, y bullicioso, de  modo que el arribo de un nuevo integrante  fue más que suficiente motivo para autoproclamarse madre de cinco varones y programarse como tal.
   La fe en los santos había fallado en aquella morocha impactante cuando implorara al cielo por un hermana para sus hijos lo cual no determinaba que Ella se permitiera fallar en esa ardua tarea de ingeniería humana que llevan a cabo las madres por vocación. Hasta el momento de su quinta maternidad había organizado tan bien la crianza de sus hijos que no hacía más que cosechar halagos en los colegios y clubes donde los embarcaba en toda suerte de desafíos de los cuales los muchachos salían casi siempre airosos. Los hijos respondían a las expectativas de la madre si bien en algunos ya asomaba la adolescencia tan temida. El padre siempre ausente, debido a sus obligaciones laborales, no aportaba gran cosa en la formación de aquellos buenos chicos que en cualquier momento podían ser convertidos en seres despreciables casi sin darse por enterados porque la calle, la tecnología y la mismísima escuela esconden peligros invisibles. Toda vez que alguno de sus niños levantaba un trofeo, o portaba la bandera en un desfile, Reina sentía que algo más helado que la nieve corría por sus huesos porque nada le garantizaba que sus muchachos no terminaran en una cárcel  o siendo unos perfectos infelices. Madre como todas, y a la vez como ninguna, se la tenía jurada a la droga y a la prostitución en cualquiera de sus formas así que esas calamidades no eran para sus hijos. Ella estaba dispuesta a protegerlos de las sombras del mundo pudiendo y sin poder pero... ¿cómo?
   Reina no era una mamá en el sentido tradicional de la palabra y esa condición vino muy bien en su ayuda para estar cerca de sus niños el mayor tiempo posible. Comenzó por ir con ellos a la cancha de fútbol para cuidar bolsos y unirse a las novias en el griterío propio de esos partidos desastrozos que jugaban fascinados. Tanto las chiquilinas enamoradas de sus hijos, como sus madres, estaban encantadas con aquella vigía bullanguera que se anotaba en todas y así fue como, queriendo y sin querer, Reina llegó a ser la mejor amiga de sus "pichones": la que aprendía natación con ellos; la que organizaba peñas folclóricas en su casa, o en muchas otras, hasta que no hubo excursión de su tribu en la cual Ella no fuera especialmente invitada porque terminó siendo imprescindible como las gaseosas o el repelente para los mosquitos.
   Exámenes, noviazgos, viajes y proyectos, en todo podía percibirse la pincelada mágica de aquella amiga no siempre bien considerada por quienes muchas veces la olvidaban como madre hasta que, como era de suponer, terminaron por quitarle ese rol. Nadie podrá decir en qué preciso momento Reina dejó de ser una mamá para sus hijos. Tal vez sucedió cuando se les dio por llamarla "Petisa" casi al unísono con los gritos de su esposo pidiéndole el divorcio.
   Amargos días aquéllos. La adolescencia y el secundario de cada uno de sus muchachos había llegado a su fin justo cuando ellos dejaron de verla por muy cerca que la tuvieran al suceder, inesperadamente, que "los cinco corazones"  estaban con el padre a morir.
   Se pueden intentar explicaciones de todo tipo. Se puede culpar a la culpa o al destino y, por qué no, al doloroso aprendizaje que implica el naufragio de un matrimonio pero, aquella mamá le había ganado a las miserias del ser humano precisamente por conocerlas de modo que no fue tan ingenua como para sorprenderse de su soledad aquella distinta mañana de mayo cuando, flamante divorciada, abandonaba Tribunales sin otra compañía que la de un abogado. Si sus hijos brillaron por su ausencia, en el momento que más los necesitó, no fue por culpa de mandinga: fue debido a que la figura del padre resultó mucho más atractiva que la de una compinche por muy macanuda que sea o por muy buena madre que haya querido y conseguido ser.
 
   




sábado, 4 de julio de 2015

"Deshojando Margaritas"


    En los países que no consiguen todavía un estado de bienestar generalizado y la miseria hace tranquila su trabajo, hay muchos corazones que en lugar de morir se expanden para abrigar a los más débiles. En Argentina hay muchos de ésos y el de Margarita Barrientos es uno que hoy quiero rescatar.
   Nacida en un hogar muy pobre de Santiago del Estero, hoy es millonaria en ideas generosas que es capaz de concretar. Sólo cursó tercer grado de la escolaridad primaria. Sabe bien cómo duele el estómago cuando se lo tiene vacío. Su adorado Isidro perdió un brazo en un accidente pero no importó: a Ella no la "asustan bultos ni colas que se menean" de modo que en 1996 inauguró un comedor comunitario preparando un buen guiso para un puñado de chicos hambrientos. Dos años después, más de un centenar de personas comían de su mano y podían contar con una Sala de Primeros Auxilios. En el 2000 esta gran señora inauguraba la Guardería "San Cayetano". Tres años más tarde ya había Biblioteca en su Fundación y no se detuvo hasta concretar la fábrica de pastas como servicio a "Los Piletones" -de Villa Soldati- y además como escuela para futuros emprendedores en este rubro. A esta bella persona, que en 1999 fue declarada "Mujer del Año", el cielo le dio nueve hijos pero ¿qué creen? adoptó el décimo porque si en su casa pueden comer quinientas bocas cómo no iba a poder alimentar a uno hijo más y darle la educación que reciben todos sus pichones. Ya hay profesionales entre ellos.
   Estamos acostumbrados a pensar que "quien cuida tiene". Si esto quiere decir "no compartir" se desconoce la ley del Amor. Madre Teresa de Calcuta comenzó su misión debajo de los árboles y se nos fue dejando su obra organizada en todo el mundo. Otra margarita argentina, Mónica Carranza, comenzó por dar de comer a tres niños y terminó alimentando a miles de personas. Un día Mónica descubrió en la fila de menesterosos al mal nacido que la había violado en su adolescencia cuando Ella vivía en un vagón de tren y -¿qué suponen?- para él también hubo lugar en el corazón de aquella mujer maravillosa que a Jesús de Nazareth le decía, con osada familiaridad,  "El Morocho". 
   Por supuesto, también hay margaritos y no quiero olvidarme de Juan Carr y el Padre Pepe que no necesitan reunirse en organismos internacionales, ni ser presidentes de ningún país para trabajar por un mundo mejor o, para decir lo que pienso, los benefactores de todo el mundo tienen su oficina de servicio en el pecho donde una llamita azul está siempre chisporroteando vida para regalar. Si enseñamos a nuestros hijos a no prestar sus útiles escolares, porque de ese modo pueden perderlos, los estamos preparando muy bien para que sean desgraciados porque el puño cerrado para dar queda sellado para recibir.
   Cuando de dar se trata es un hecho que no todos conocemos la alegría del servicio que no es lo mismo que servidumbre. Servicio es fraternidad que nace de la profunda convicción de que "yo soy tú",  que tu hambre es el mío y tu pobreza bien pudo haber venido por mí sin que nadie puede asegurar que no me acose en el momento menos pensado. El servicio -todos lo sabemos- no siempre es material y cuántas veces se nos agradece una sonrisa o una simple amabilidad porque el amor no es un verso: es una actitud siempre posible. No guardemos tanto que nada es nuestro.
  Hace varios años, nuestra talentosa Nacha Guevara conducía por televisión el programa "Me Gusta Ser Mujer". Esta margarita argentina nacida en terreno más favorable que muchas otras, pero no por eso menos sensible, se tomaba el trabajo de afinar su extraña voz para afirmar: 
                 -"Cuanto más doy más tengo para dar".  

  

sábado, 27 de junio de 2015

"El Señor X"

     Todos los días el señor X "recupera la verticalidad" alrededor de las siete de la mañana para poder ducharse sin molestar al resto de su familia que se pone en movimiento cerca de las ocho. Desde luego, también madruga para ganar el diario que le encanta repasar -de atrás hacia adelante- aunque se harta en cuestión de minutos y termina encendiendo la radio para informarse con Nelson Castro como antes lo hacía con Magdalena Ruiz Guiñazú. "Bella mañana..." dice con cancha el periodista estrella del alba y promociona el "buen ánimo y espíritu deportivo". A todo esto, el señor X ya sabe que es hora de preparar unos mates para cierta persona que todavía se encuentra "en los brazos de morfeo", la más dulce que ha conocido y la más solitaria, además, por no haber tenido mejor idea que la de casarse con este señor (justamente con él) jubilado hace algunos años si bien no por eso retirado del mercado laboral porque cómo va a dejar de trabajar si es lo único que aprendió a hacer en su vida. Cómo va renunciar a ser empleado público de su tiempo privado si es incapaz de administrarlo por su cuenta y riesgo.  A un tipo como éste no le interesa viajar; practicar deportes no le gusta; leer menos que menos; escuchar música le parece distracción de mujeres como si el entretenimiento tuviera sexo; los animales le molestan; para colmo, las plantas no pueden contarle cómo evoluciona el índice del mercado de valores.
   En nuestra sociedad donde hay tantos seres fríos, que alguna vez pudieron ser brillantes, este buen señor murió hace bastante tiempo si bien ni Él lo creería porque hasta hoy nadie ha podido constatarlo y nada más que por eso  le siguen llegando impuestos, y servicios, la gente lo saluda como si existiera, yo le hablo como si fuera capaz de entenderme y Él -muy campante- es un cadáver que espera ser enterrado lo más tarde posible.
   Desde luego que el señor X ha nacido bien provisto del único capital que se trae al nacer es decir, trajo muchos días a su disposición sólo que no pudo evitar que se lo fueran expropiando y hoy el ayer tiene casi nada qué decirle porque la mayoría de sus recuerdos no están relacionados con su persona: tienen que ver con el trabajo. Si alguna vez le toca repasarlos lo hace sin la más remota noción de que somos como somos de memoria ya que toda actitud, por muy razonada y voluntaria que sea, es bien hija de una impresión más o menos lejana sin que esto signifique vivir de recuerdos porque ¿qué será tener experiencia si no es estar en sintonía con el pasado aunque, muchas veces, no sea más que permitirnos un trago refrescante para no desfallecer en la adversidad siempre desierta?. Reflotar  la idea de que "recordar es vivir" me lleva hacia las personas añosas  que tanto respeto tienen por su historia. Ellas inician una experiencia interesante volviéndose expertas en transmutar el hoy por el ayer y se desentienden de lo inmediato porque el presente dejó de ser novedoso. Hasta los sabores se vuelven prescindibles y el comer ya dejó  de ser un descubrimiento tan placentero como el de perderse en la lejanía donde la infancia les sale de nuevo al encuentro con detalles bellísimos que parecían olvidados pero no: ahí está la imagen de los padres colocada otra vez en un lugar de privilegio, dentro de la morada interior, como si antes de la partida uno debiera tomar en serio el mandato ancestral de ordenar la biblioteca genética y el archivo de la memoria psíquica. Recordar, codificarlo todo, es la tarea más importante en la vida de quien ha tratado de ser humano en este planeta claro que, para poder realizarla, hay que ser pudiente es decir, hay que disponer de tiempo propio al que no es fácil poder acceder.
   Lo que con tanta ligereza llamamos "tiempo libre" es un regalo del cielo recibido, por lo general, como a una herencia maldita causante de tragedias numerosas y asusta muchísimo al desprovisto de solvencia interior por ser el tiempo una dimensión en la cual lo material no cabe. Ni dinero, ni amigos, ni sexo, ni tecnología... apenas si nuestra presencia puede abordarla de modo que el ocio no es para carenciados cósmicos que necesiten cumplir horarios para sentirse instalados en alguna parte. Los ataques sistemáticos a la individualidad les ha robado cierta idea de importancia que pudieron haber tenido acerca de sí mismos y, finalmente tan cosificados, hasta son capaces de creer en la necesidad de "cargar las pilas" y no se ofenden cuando alguien les recuerda que son "productos" de su medio o de su época. Lo de sentirse "fuera de serie" también alude al convencimiento absoluto de ser un  objeto o "algo así" y, más rápido que volando, la gente olvida sentirse vibrante y cuando le sucede este imprevisto se la encuentra desprevenida. ¿Seré yo este pájaro tanto tiempo ausente... para mí un vulgar desconocido? ¿O esta alondra libertaria que había sabido beberse sin mi permiso nada menos que mis días?.
   El señor X es indigente cósmico y como tal decide ser un  hombre de números que no descansa en la tarea de contabilizarlo todo incluyendo las horas de su vida. Tan interesado en hacer cuentas, las suma o las resta, pero ni en sueños se le ocurriría nutrirse con ellas y, sobre todo, disfrutarlas. Quién sabe en qué momento de su alocado desvivir ha olvidado que como el tiempo no es obra suya no puede gastarlo; sólo disfrutarlo -aún trabajando- pero no hay caso; sin saber que el tiempo es el territorio de su ser,  este buen señor tan conocido hace todo lo que está a su alcance para consumir su vida sin ocuparse precisamente de vivirla.

sábado, 20 de junio de 2015

"Dimensiones Desconocidas"

   "Un poeta joven de la dulce Francia/ que lleva sin mengua su estirpe gloriosa..." qué bueno (qué bueno, qué bueno) nuestro Belisario Roldán. "La Página Blanca" retumbó en mi memoria cuando me propuse escribir que un concertista argentino muy joven, compositor y director además, explica a los niños que el piano es su "nave espacial". Horacio Lavandera le habla así a la gente menuda sabiendo que la emoción es el principal motor de la infancia y que no necesita dar ninguna explicación extraordinaria para que un niño comprenda lo que significa salir pasear por el infinito que nos queda tan cerca como en el alma de cada uno. Tampoco a los científicos les llevaría todo el tiempo que les está llevando explicar la teoría de las cuerdas si se atrevieran a volver sus pasos al universo de sus primeros días es decir, los días de la emoción pura cuando no hay ningún velo cultural que tape los ojos a la sensibilidad pero, claro, ser sensible es lo primero que te prohiben con el cuento de que es necesario ser "fuerte" para no perecer en el intento de abrirte paso entre tanta humanidad desaforada.
   Sin embargo, la sensibilidad resiste abriendo cuanta ventana encuentra para tomar un respiro y seguir en carrera y si bien la gente no sufre el abandono de tantos que duermen en las calles, por ejemplo, las películas provocan ríos de lágrimas a lo largo y a lo ancho de la tierra. Esto indica que al ser humano no le está permitido dejar de serlo en ninguna de sus características esenciales lo cual me hace pensar en que el arte todavía tiene mucho qué hacer entre nosotros. Son los artistas quienes más se acercan a los misterios del universo y es una suerte que hoy puedan ser más conocidos para hacer mejor su labor de guías en el campo minado de las emociones. Si las personas enferman emocionalmente pudiera ser que esto suceda porque se intenta bloquearlas de tan subliminales maneras  que ellas no alcanzan a percibirlas con la claridad suficiente como para poder defenderse. El bloqueo más frecuente es el ataque a las vocaciones.
   Toda vocación es un llamado interior como todos lo sabemos pero no falta la intervención de la necedad para intentar desacreditarlas con argumentos como: "te vas a morir de hambre" ó "cómo va a ser talentoso si es hjo (o hermano) mío"... Hoy se incentiva a los jóvenes para que sean "prácticos" cuando no hay nada más práctico que ser feliz haciendo lo que se ama hacer lo cual es esquivalente a ser lo que somos. Muchas veces se necesita fuerza sobrehumana para defender una vocación pero quienes cumplen con ella son los más grandes afortunados porque la siembra y la cosecha no son episodios personales; son también acontecimientos sociales que hasta pueden incluir éxitos comerciales. Algún día las sociedades aprenderán a reconocer la deuda enorme que tienen con sus artistas. Esto podrá suceder cuando la mayoría sepa defender aquellos intereses que están bien subrayados en sus  genes o, si se prefiere, en su personalidad y -oh sorpresa- entonces casi todos seremos artistas... en cada una de nuestras actividades que no deben figurar en otro rubro que no sea el de "servicios".
   Toda vocación es un llamado; todo llamado desde la interioridad del ser es una misión y todo ser humano está llamado a cumplirla para estar en su debido lugar y no correr el riesgo de ser desgraciado. Yo aquí quiero declarar mi amor a los músicos que son capaces de usar un instrumento para salir de viaje por las emociones o, mejor dicho, por esas dimensiones desconocidas que conforman el multiverso en el que vivimos sin siquiera sospecharlo. Desde luego, estas bellas personas son las que no han perdido a su niño y saben cómo agasajarlo. Cuando disfruto y observo al pianista Horacio Lavandera, al  señor acordeón Chango Spasiuk o al maestro del charango Jaime Torres, como  a tantos otros músicos de raza, abrazados a un instrumento de paseo por vaya usted a saber qué maravillosas sensaciones, no puedo menos que pensar de cada uno: ¡su niño está bien! y el mío... en su salsa.



   

sábado, 13 de junio de 2015

"¡Feliz Día Escritores!"

    Así como se nace genéticamente -o cósmicamente- programado para ser una persona irrepetible, así se nace escritor. Puedo dar fe de cierta niña que, sin saber escribir, en ausencia del padre ocupaba su escritorio y llenaba a lápiz hojas enteras de "rulitos" mientras decía en voz alta lo que pasaba por su cabeza. Sin siquiera conocer una letra, Ella escribía porque había nacido escritora.
   Lo más natural del mundo es llegar a él perfectamente capacitado para un servicio o misión predeterminados si bien tal predestinación es más notoria en el caso de los artistas por tratarse de personas nacidas fuera de serie. Esto que puede sonar como vanidosa presunción bien puede ser una desventaja descomunal como en el caso de los escritores que no saben dónde ni cómo ubicarse para lucir "como uno más" pero, a todo esto, ¿qué será ser escritor? Se trataría de aportar buen manejo del idioma en la factura de sus obras lo cual, siendo mucho, es casi nada cuando no hay imaginación ni originalidad. Por otra parte, el intento de adjudicar al escritor la característica de tener qué decir es un acto de burda inocencia porque ¿quién no tiene temas para compartir de manera oral o escrita?  Las pretensiones de que uno es escritor sólo después de publicar pretenden arrasar con la excelente literatura inédita que únicamente disfrutan los más cercanos al autor y la ocurrencia de que, para entrar en el rango de escritores, debemos realizar nuestros trabajos cumpliendo horarios como los de un oficinista me causa gracia porque lo cierto es que ninguna profesión se legitima por las horas trabajadas ni por los réditos económicos que pueda proporcionarnos. A un miembro de cualquier profesión lo  avala la capacitación y la capacidad para  ejercerla y, después de todo, la literatura no es estrictamente una profesión: es un acto creativo en el marco del cual la rutina y el reloj son accesorios por no decir lo de menos. La obligación y los horarios pueden figurar en el esquema del compromiso laboral pero no suman ni restan en el proceso creativo.
   La figura del escritor ha sido asociada a la indolencia, la miseria, la inutilidad y a la extravagancia porque, precisamente, lidiar con las letras no es un trabajo convencional por muy arduo que sea. La mayoría de la gente supone que sólo hace falta tener tiempo y un asiento para escribir un libro porque total... siempre aparece algo en la cabeza para estropear el papel o aporrear al procesador de texto. Esta apreciación descomedida  ha llevado al equívoco de desplazar a la palabra "literatura" para popularizar "escritura" como si fueran sinónimos.
   Cualquiera dibuja a su familia en un test pero no significa que en toda persona respire un dibujante; quien más quien menos puede preparar un plato de comida lo cual no certifica que seamos todos auténticos cocineros y, por más obvio que sea, saber escribir no nos trasforma en escritores porqrue un escritor es una persona que  piensa en grande lo que la mayoría ni siquiera llegó a imaginarlo.  Con horario o sin horario -con sueldo o sin sueldo- la literatura es, como ya se dijo, "la aventura del pensamiento" y no por otra causa el lector exclama a menudo: -"¡no se me había ocurrido!" expresión que avala rotundamente la condición de Pensador que asiste a quien se lleva bien con las letras. Esa reiterada sorpresa por la idea original -bien dibujada- también delata poca imaginación colectiva cuando al escritor es lo que le sobra como a todo artista y a no asustarse por serlo y a reivindicar esta palabra que también hemos devaluado reemplazándola por el término "creativo".
   A todo ésto ¿yo artista? ¿yo creativa?... ¡Ay! se me ocurre que no califico así que voy a poner punto final urgente no sin antes decir que en Argentina, hoy 13 de junio, no tan sólo es el día de San Antonio de Padua -santo patrono de mi norteña ciudad de "Tartagal"- también se conmemora el nacimiento del grandioso escritor y poeta Leopoldo Lugones designando a esta fecha como "El Día del Escritor". En nuestro mundo hay tantos que administran divinamente "el sacramento de la palabra", como decía Ortega y Gasset, que pensando en ellos escribí esta no tan bonita página para desearles inspiración y buena vida.
                             Escritoras y Escritores ¡SALUD!

sábado, 6 de junio de 2015

"Antena Psicotrónica"

     Mi querida rebeldía es hija dilecta de la adolescencia. Como demasiado pronto se advierte la reducida evolución de la especie humana, en toda sociedad de este mundo sus jóvenes integrantes desautorizan todo lo establecido por sus predecesores hasta descubrir que las odiosas normas bien pueden favorecer a cierta personita con número de documento sabido de memoria y es entonces cuando las reglas ya no son tan demoníacas, después de todo, lo cual no significa que no haya que corregir algunas o reemplazar otras.
   El establecimiento de normas requiere legitimidad, autoridad moral de los mayores en la vida cotidiana y todo bien pero, como nada es lo que parece, la norma marcha detrás de la costumbre, de la necesidad, por lo tanto de la época, y siempre está impugnada por el presente. Esta impugnación es lo que hace decir a los jóvenes:-¿por qué hacer ésto y no lo otro cuando nada es universalmente bueno o malo; alegre o divertido; agradable o desagradable...?
   Cuando se reflexiona acerca de las actitudes personales frente a lo socialmente establecido en seguida aparece en escena la sagrada libertad cada día más limitada desde nuestro ingreso a la escolaridad. Es en el ámbito escolar donde trastabillan las negociaciones interpersonales que son más fáciles en familia porque, en la escuela, el estudiante pierde la cobertura del afecto. Aunque hoy  no le digan "señor", como en otras épocas, en el colegio es alguien "como los demás" -por poco que se les parezca- y es nada menos que nadie pues debe mostrarse tan impersonal como le sea posible para no desentonar. A esta inhumana pirueta la llaman "adaptación" y es considerada una señal de ¡elevado coeficiente intelectual!
   Con el ingreso al secundario el adolescente toma nota de que también está ingresando a la vida social de su entorno sin que nadie se tome en serio el trabajo de enseñarle a relacionarse armoniosamente con la humanidad. En las aulas no se dan lecciones vida de manera sistemática. Con suerte, muy de vez en cuando, aparece un referente de peso en el staff de profesores de una institución que sepa ofrecer al alumno un cable a tierra del que no siempre podrá servirse sin quedar electrocutado porque toda energía es dual y el Él... sin saberlo.
   Una vez que el pobre se encuentra en plena carrera universitaria caerá en la cuenta de que es un semejante a cualquier integrante de una sociedad que, en muchos aspectos, necesita barajar y dar de nuevo. Acaba de enterarse de lo mucho que hay que corregir en su sociedad pero, por favor, no le hablen de cambios en su persona. Cada retoque en su personalidad es una gestión tan difícial que le queda, casi como único recurso, el de enfurecerse con la humanidad y hacerle frente pero es justo cuando salen a desafiarlo las normas habidas -y por haber- no siempre en buenos términos unas con otras por ese afán de ir siempre detrás de los acontecimientos como desairando a la flecha del tiempo. Si a pesar de tanto desmadre, esa persona de pocos años hace algo novedoso, arriesgado, y desaprobado por sus mayores, se trata de alguien que tiene su brújula interior bien orientada hacia el ideal -o el objetivo- lo cual determina que ninguna normativa pueda esconderle el horizonte. Esto no quiere decir que tal individuo sea violador de norma alguna. Significa que la antena psicotrónica del innovador está tan bien instalada en su ser que si lo establecido no va con su andar Él, como si nada, impone una mirada diferente con sus buenas razones o propone un juego novedoso que dará lugar a nuevas reglas que no tendrán por qué ser opuestas a las anteriores porque bien les cabe la posibilidad de ser complementarias.
  Toda la vida hizo falta la figura del innovador para que la humanidad conserve cierta frescura siempre que la innovación no signifique violencia. Esta natural necesidad de renovación hacía suspirar a los románticos. Victor Hugo hizo así la gran  pregunta: -"¿Quién que es no es rebelde?"  El rebelde es un ser que sencillamente, y a pesar de sí mismo, ha nacido transformador. Él dispone de una conexión cósmica diferente a la del resto de sus semejantes sin que por esto merezca la calificación de bicho raro ni la impunidad para apuntarle a la yugular. El auténtico rebelde es un visionario bien orientado hacia su meta. Es alguien con buenos contactos en las redes... del universo y éso es todo. No hay por qué asustarse a menos que tengamos sentimientos inconfesables ni hay excusa para ponerse furioso a menos que estemos en cortocircuito con nosotros mismos.
  


sábado, 30 de mayo de 2015

"Las Palabras y Los Días"

Carta a mis Lectores
   Seis de la mañana. Me he despertado, como siempre, con el canto de los pájaros y, al levantarme a cerrar la ventana, me sentí demasiado vibrante sin comprender por qué. Se me ocurrió que alguien muy querido era dichoso a esas horas y que yo -de algún modo- tenía el privilegio de percibirlo. Como tantas otras veces, casi sin saber "por cuáles milagros", abrí de nuevo el postigón con gesto encantado en un instante que fue exclusivamente para mí: yo era todo lo que veía porque en todo (pero en todo) estaban mis rasgos dibujados de miles de millones de maneras y podría jurar que todo el parque respiraba por mi nariz y que mi pelo, y las flores del limonero, coincidían meciéndose al ritmo del viento silvador. Imposible traducir la felicidad de aquella mujer que fui yo esta madrugada aunque, para ser franca, se trataba de una persona de cuidado... capaz de salir corriendo por quién sabe qué cornisa peligrosa llevándose mi cabeza o lo que quisiera. Tan inminente fue ese peligro, que terminé desairándola es decir, entregándome urgente a los rituales de todas mis mañanas que por ancestrales han perdido significado para la mayoría de las personas pero, al hacerse míos  vuelven a tenerlo... para mí.
   Cada día comienzo por escuchar mis primeros pasos como si fueran los primeros que doy en esta vida hasta encontrarme con un espejo que confirma mi existencia aunque nadie en este mundo esté reparando en ella. Termino de despertarme bajo la ducha. El agua me recorre burlándose de mi humana incapacidad para retenerla y, más tarde, cuando ya la  disfruto en el té, es mucho después de haberla escuchado gemir en un hervor que me encanta registrar distraídamente. La ceremonia del despertar incluye la ansiosa bienvenida que les doy a las noticias que me apalean un buen rato hasta que digo basta y decido reintegrarme al trabajo de vivir nada despreciable, por cierto, porque es asunto de artistas: requiere ojo entrenado para poder ver que nuestro mundo sigue siendo rosa aunque el de otros sea eternamente gris y,además, exige oído supersónico para apreciar el silencio de este siglo que acecha detrás de algo así como un grito. Quien no sepa acceder a ese silencio no sabrá nada acerca de nadie porque las palabras son sólo ecos remotos de lo que la humanidad intenta expresar (casi siempre sin conseguirlo). Alguien como yo, nacida para decir, tiene autoridad para alegar que los idiomas, muriéndose minuto a minuto, no son ni por asomo  canales comunicadores confiables mientras que la comunicación auténtica es la que se logra en la banda del silencio donde no puede malograrla ningún mecanismo mental o tecnológico conocidos porque el comunicador silente no recurre al ideograma: Él apela al toque inconfundible de la intencionalidad. -"Estaba por decírtelo" dicen con asombro nuestros amigos cuando captamos por adelantado sus mensajes subliminales.Tanta sorpresa se debe a que la clara intención es, a menudo, el poder que  le falta a la palabra. Muy rara vez tenemos exacta noción  de lo que estamos queriendo significar y que los furcios no me dejen mentir.
   Aunque la comprensión intuitiva esté desacreditada por quienes suponen que "hablando se entiende la gente" la verdad es que se desentiende precisamente por hablar de más. No son pocos los que habiendo perdido la voz descubren que se comunican mejor que antes usando un sintetizador vocal. Yo hasta la fecha soy asidua visitante del silencio y en ese amable reducto me permito la fiesta de escribir con mi guardia de honor apostada en algún recoveco de la casa, o a mi lado con los auriculares puestos, cuando no está leyendo o realizando alguna actividad que no sea incompatible con la mía. El no sabe que, por momentos, yo siento trinar su silencio en mi cabeza y ya sé qué clase de tormenta se avecina. Otras veces, dejo de escribir sólo para sentir que Él es un pájaro de fuego ensayando un sueño entre las ramas de este árbol milenario, que soy yo, y es cuando decido florecer ¡urgente! para ofrecerme al corazón más generoso, y por eso más alegre, que haya querido darme un lugar. Nosotros somos ese tipo de personas que no necesitan conocerse demasiado seguramente porque el amor quiere amor (sólo eso). El día que te enamoras aprendes que al decálogo del amor lo sabías de memoria y las palabras, todas, están de más.
   Lo intrigante es que a pesar de esta certidumbre, mi trabajo es lidiar nada menos que con las palabras y en la mitad de la vida he aprendido que puedo ser libre todo el tiempo aún realizando mi tarea habitual que no es otra que la de ejercer mi libertad (uno de esos lujos que disfruto por ser voladora). Lo lindo de mi labor es que no me exige horarios determinados si bien me requiere muy atenta todo el tiempo que yo sea capaz de ofrecerle. Las demás tareas, accesorias o no, sencillamente me esperan. No me convocan con urgencia como sabiendo que en un momento u otro las atenderé.
   Soy de aquéllos que viven agradecidos a su don porque gracias a él no he vivido dos días parecidos. La tarea creativa te sorprende a cada instante mostrándote distintas facetas  de tu personalidad  desde que la creación te va imponiendo constantes mutaciones. Después de cada libro mi cara y mi voz son diferentes. Hasta mi letra tiene nueva inclinación después de haberme caído y levantado varias veces alrededor de una emoción -o de una idea- y no sólo yo cambio con cada obra. Después de cada misión el ser humano es tan otro que hasta puede volverse un marginal dentro de su propio entorno. Una mujer después de dar a luz ya no es la de antes. Cualquiera que se tome el trabajo de afrontar emociones va pasando por senderos invisibles en los que el cuerpo y la mente van dejando poco o mucho de su esencia.
   Es bueno poder escribir esto en días de tanto silencio existencial y mucho mejor es saber que podrás leerme todas las veces que quieras hacerlo si reinas en tu tiempo y en él me das un lugar. Lo más valioso que un ser puede darme a esta altura de mis días es su tiempo (nada menos que su cielo particular donde Él en persona es rey). Me gusta imaginar que el señor tiempo es un soberano que puede permitirlo todo. Sucede que todo lo que soñamos está en su  poder y nosotros, pobres diablos, irremediablemente en sus manos hasta que decidimos ponernos en movimiento y  lo ascendemos a la categoría de eterno gran juez temible por sus veredictos inapelables aunque así, y todo, lo respeto. El tiempo es siempre justo además de oportuno. Cada una de sus sentencias llega a la hora exacta del aprendizaje urgente y es entonces cuando vuelve a parecerse a un dios por su sabiduría.
   El tiempo es la vara de la justicia cósmica. El nos ofrece todo incluido el aspecto que ofrecemos y se me ocurre que es redundante la expresión "tiempo libre" porque nadie es más libre que el tiempo. ¿Quién puede con él? Si, por momentos no puede con nosotros, es porque no siempre estamos disponibles para un encuentro o estamos divorciándonos de su graciosa majestad aunque,increíblemente, seamos capaces de resistirnos a la ruptura definitiva cuando apelamos al recurso de no querer marchitarnos físicamente  en un doble juego de la mentalidad contemporánea: por un lado lo despreciamos sin capitalizarlo como conviene y, por el otro, hacemos lo imposible por atraparlo en nuestra piel como si su vuelo nos recordara al de una linda mariposa. Cuidadosos de nuestra agenda de actividades y tan apegados al calendario, no nos preocupa si el reloj interno nos marca las horas de las victorias porque  las dejamos ir creyendo que "nada sucede en la víspera" y cuántas veces dejamos esta vida esperando que "llegue el momento".
   Hace mucho tiempo, en el encabezado de una carta su autor escribía: "espero que al recibir estas líneas te encuentres bien en compañía...." Hoy aquí, termino la mía  esperando que después de leer estas palabras tus días sean brillantes monedas de sol en tus manos para que las accciones de tu vida suban y suban en los "Bancos del Cielo" y puedas redescubrir lo que   es llorar, de dolor, de ternura, de rabia o de risa.... cuando otros parecen estatuas.