viernes, 30 de octubre de 2015

"Pacto Secreto"


Introducción de un ensayo acerca del amor que compartí con Nico Rizzo en su programa "Letras Libres" de radio "Ahijuna" FM 94.7 de Bernal, Buenos Aires, Argentina.

    Quisiera ser la última primavera reencarnada este septiembre, la mariposa más fugaz o un chocolate... pero no; mejor voy a convertirme en un caminito nuevo para olvidarme de que ya hice muchos pasos.Ya no quiero ver más esa caja negra -y fea- eternamente llena de esos cachivaches que  deben llevar siempre los médicos a cuestas. Ya no quiero comer el postre a solas ningún día y menos el "domingo de la madre" ni quiero sentir miedo cuando llueve como esta noche y se me ocurre que, sabiendo que no estás, puede venir un asesino a echarme abajo la puerta sin que nadie me escuche gritar, o un gigante de ojos azules de algún otro planeta que, aún sin proponérselo, podría eliminarme en un instante. ¿Tienes para anotar?: necesito un compañero de compras al que le gusten los colorinches y las sonrisas, como a mí, y que también sea amigo de mi amigo que vende caramelos en la esquina y quiero un padre -como era el mío- que en las noches de tormenta encendía todas las luces, revisaba todas las puertas y me guardaba como a una pobre cosita en sus brazos hasta que enmudecía el cielo...
   - Más rara que no sé qué...
  - Necesito,además, un hombre evolucionado a quien no haga falta explicarle mis antojos ni mis penas. Tal vez de pronto podrías aprender a adivinarme o, a lo sumo, escucharme con la atención que dedicas a tus pacientes...
    - Mujer injusta, ingrata, insoportable, insaciable...
   - No me lo digas todavía porque me hablaba en broma o, si prefieres, inventaba este desencanto porque hace tiempo que no tengo ninguno o declamaba estas locas mentiras a modo de sortilegio para que no vaya a dejar de ser cierto aquello de que soy tu mujer fatal. El hecho de que más de uno me suponga desgraciada, por ser la última a la que atiendes en el día, seguramente se deba a que nadie tiene por qué adivinar que soy la primera a la que entiendes cuando tengo la casa poblada de lunas o el cuerpo lleno de soles y es más: la gente no debiera enterarse de que yo tengo con el mundo el pacto secreto de compartirte desde que a nadie podré disputarle jamás la cuota de amor que decidas darle. Por esto, y por todo, si esta noche no estuvieras conmigo -aunque la paciente más grave del mundo fuera yo- yo seguiría deslumbrada por la estrella que elegiste. Me llena de orgullo que me hayas encontrado ¡capaz! de ayudarte a repartirla entre las noches más noches de los seres y será por eso que hasta el último aliento alcanzaría a prometerte, como ahora te prometo, que un día de éstos voy a agasajarte publicando, en todos los idiomas de la tierra, "EL ARTE DE QUEDAR SIEMPRE BIEN CON TODAS LAS MUJERES QUE ME HABITAN".

viernes, 23 de octubre de 2015

"¿Meditamos?"

  
   En el trayecto que va desde mi barrio al microcentro porteño, cómodamente instalada en un colectivo urbano, termino de aprobar mi post grado como decorosa, calificada y muy eficiente apariencia humana. Indigna condición, por cierto, pero no demasiado porque nada es lo que parece. Simplemente  sucede que, por el momento, no quiero saber nada de lo que sucede a mi alrdedor y cierro los ojos para intentar una visualización que me enseñó Mariló López Garrido en su programa radial de la medianoche. Está inspirada en una carta del Tarot y en mí funciona como una llave que me abre las puertas de mi verdadero domicilio que no figura en ningún directorio de este mundo porque se encuentra, a buen recaudo, en algún lugar del universo que ni yo sería capaz de señalar pero, allá voy:
   "Gran avenida bordea el río de un pueblo antiquísimo. Es amplia, soleada y en su primer tramo se deja ver un pequeño carruaje romano aguardándome. Tiene una capa violeta acomodada en su respaldo y sobre ella una corona y un cetro. Alguien me ayuda a abordarlo. Ya revestida con los atributos que encuentro, que son los propios de un "alma viviente", tomo las riendas de los dos caballos blancos que esperan mi orden para ocuparse de trasladar el carruaje sin esfuerzo. Comienza mi viaje hacia la luz. Puedo escuchar el paso seguro de los animales briosos que me conducen y hasta soy capaz de percibir una brisa deliciosa acariciándome la cara. Me encanta observar esa hilera de palmeras que se pierde en el infinito y es natural que "todo el universo me acompañe" es decir, conmigo marchan de buena gana las estrellas, las lunas, los planetas, las nubes de todos los colores, las dimensiones habidas y por haber, la chatarra espacial, los agujeros negros en frenética actividad, el Verbo que ondula por el cielo susurando nuevas y viejas creaciones. Los cascos de los caballos ya no resuenan sobre el empedrado porque estoy desplazándome sobre una cinta de luz que me lleva hacia un portal que para mi comprensión es un arco iris sobre un fondo de luz..." Puedo comprender que llegaré hasta donde alcancen mis merecimientos y soy feliz como no lo he sido por muchísimo tiempo... toda una experiencia secreta formidable hasta que una mano en el hombro me estremece: mi compañero de asiento necesita descender. Al tiempo que me pongo de pie para darle paso  lo bendigo en mi corazón por haberme sacado de mi paseo cósmico en el preciso momento en el que yo también debo descender.
    Aún allá estamos aquí con los guías siempre atentos a nuestras diligencias terrenales. Ellos no son seres alados, ni etéreos o ideales, son simples instrumentos en el laboratorio de la vida  como lo es cada ser en cualquier papel y  circunstancia que decida el universo (o el cielo o el venerable dios de tu conciencia).

viernes, 16 de octubre de 2015

"Nosotras"

    En el tradicional barrio "Miraflores" de la ciudad de Lima, Perú, infinidad de veces Silvia ha bajado casi en vuelo las escaleras de su casa con su pequeño hijo en brazos. Al tratarse de una región establecida sobre el límite de placas tectónicas, no sorprende a nadie cada vez que se moviliza y pone a prueba los reflejos de su población Pasados los temblores hay diálogos como éste: 
   -¿Tuviste miedo Martín?
   -No porque mi mamá me  llevó a la planta baja. Yo no sentí nada.
   -Ah!!! tu mamá es antisísmica...
   A este niño terminaban de decirle una  verdad: las mujeres, sobrevivimos a cuanto terremoto -o catásatrofe- debamos afrontar. ¿Acaso los hombres no? Sí. Claro. Por supuesto. Pero nosotras lo hacemos casi siempre, como Silvia, en soledad porque si hay algo socialmente desdibujado es el sexo femenino. Somos apenas perceptibles como madres y sólo durante algún tiempo seremos observadas con interés si somos bellas. La soledad en las luchas de las mujeres, como las madres del Paco en Argentina, también podría deberse a que nosotras no contamos con ese sentimiento de cofradía que se advierte entre varones. Ese razgo ancestral, producto de la época del cazador acentuado en el ejercicio de la guerra, es un escudo protector con el que los hombres pueden contar en el incosciente colectivo en tanto que las mujeres no lo tenemos porque nunca fuimos socialmente importantes en comunidad ni siquiera en la familia donde, hasta no hace mucho, fuimos tan subordinadas como los hijos frente a la autoridad del hombre. 
   Hoy somos desde empresarias hasta jefas de estado pero, en la cara oculta de la mayoría de las sociedades, estamos solas porque no se nos toma en serio como si fuésemos subhumanas: el oficial de justicia no nos quiere recibir una denuncia por malos tratos y simula sospechar de la víctima preguntándonos:-¿Y Usted qué hizo? (defendiendo de antemano al golpeador futuro asesino).
   La subestimación hacia la mujer es práctica sistemática en muchas partes del mundo y nosotras, eternamente ingenuas, colaboramos bastante cuando festejamos chistes adversos a las suegras o cuando aprendemos canciones que nos denigran sin piedad. Hay letras  que ninguna mujer despierta debiera aplaudir como aquélla referente a que "la cosecha de mujeres nunca se acaba" como si la hembra fuese un vegetal. Un viejo tango formulaba la siguiente pregunta: "quién sos que no puedo librarme/muñeca maldita/ castigo de Dios" y ¿qué tal con la letra de "Angélica?": "si un águila fue tu cariño/paloma mi pobre alma/ mi corazón en tus garras sangró y no le tuviste lástima". ¡Cuidado! si no somos verduritas somos fieras cuando no se nos ningunea de frente mar en "Amor Salvaje" donde no hay reparos para decir: "la llevé sin preguntarle ni su nombre..." ¿Para qué? la mujer sigue siendo, en la cabeza de mucha gente, una cosa que vale casi nada. ¿Exagero? No señor.
   Durante la segunda semana de Octubre de este 2015 se registraron nueve víctimas de violencia de género en Argentina:
    Julieta Mena de Ramos Mejía                        -Buenos Aires-
    Rosario del Cármen Salinas de Mar del Plata   -Buenos Aires-
    María del Rosario Diaz en Pergamino              -Buenos Aires-
    Marlene Carrumán López                               -Mendoza-          
    Sandra Elizabeth Costantópulos                     -Mar del Plata-
    María de la Cruz, en Bariloche                        -Río Negro-
    Daiana Luisa Rodriguez en Cármen de Areco     -Buenos Aires-
    Claudia Sposetti en Mar del Plata                   -Buenos Aires-
   Silvia Barba en mi Tartagal, Salta, muerta a escopetazos en presencia de sus hijos para dar por finalizada una discución. Sí. Ya sé desde el génesis estamos en falta y mucho antes cuando la mitología griega hizo responsable a Pandora de todos los males de la humanidad (la primera Eva en realidad) Miren desde cuándo proviene el machismo. Sí. Ya sabemos pero... tenemos que comprender que el trabajo por la valorización de la mujer es de todos los días  y que se inicia en el hogar como tarea que corresponde exclusivamente a nosotras porque los hombres, si no lo hicieron en tantos siglos, no van a darnos una mano ahora  irritados como están por nuestro protagonismo -salvo excepciones- De modo que, estemos atentas y cuidemos el pellejo: ¿Qué decimos? ¿Qué hacemos?  ¿Qué enseñamos? ¿Qué soportamos?)¿Qué ejemplos damos? Cada una sabrá qué estrategia adoptar. Hoy la mía, muy infantil pero por éso muy positiva, es decir con el poeta:

             NO PEGUES A LA MUJER NI CON EL PÉTALO DE UNA ROSA       
                

   

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Creer para ver?

  






 Un adelanto de: "El Señor de Sumalao"







   Cerca de las tres de la tarde, cuando la sombra de su casa ya iba por la mitad, Estefanía vio aparecer por el camino nuevo nada menos a la mismísima virgen María. Le costó convencerse de que aquello no era un espejismo y  que esa aparición se encaminaba hacia ella pero, en cuanto la vio avanzar decidida la niña terminó con la tranquilidad de la siesta sagrada:
   -¡Vengan! ¡Viene una virgencita! 
   Todos dieron un brinco y, lo más extraño, salieron en tropel a recibirla con la mayor naturalidad. Epifanía estaba al tanto de las amistades importantes de sus padres pero nunca había imaginado que tales relaciones llegaran hasta el cielo.
   La visitante sonreía como todos los mortales, parecía sedienta y al caer rendida en el primer sillón de mimbre que encontró, en la galería grande, agradeció el vaso de agua con una extraña manera de arrastrar las eres y las eses.
   - En el cielo deben hablar así- se dijo Estefanía y como nadie reparaba en Ella, aprovechó para salir en busca de Florico. Con total seguridad Él iba a sacarla de dudas por muy ocupado que se encontrara en el desensilladero.
   -¿También sos amigo de la Virgen?
   -No es una virgen -tonta- es una Hermana
   Ahí sí que la terminó de componer porque recibir la visita de la madre de Jesús, retratada en las estampitas de su mesa de luz y representada en las imágenes de toda la casa, y que así como así terminara siendo hermana de una... ya era el colmo.
   -Vamos. Vamos -se molestó el chango.- ¿se puede saber qué diablos estás haciendo aquí? 
   Sin dudas Florico no tenía respuestas para Ella así que siguió en carrera hasta la casa de Mercedes (a unos doscientos metros).
   -Tenemos una hermana que es una virgencita bien bonita. ¿La quieres ver?
   Cuando la Monja Celestina -toda de blanco y ya algo recuperada de la insolación- descubrió a las nenas, espiándola, desde luego preguntó por ellas.
   -Son mi hija y mi ahijada. Acérquense a saludar a la Hermana- Ordenó Churita.
   -Hola hermana- Dijo Mercedes con gran desparpajo acostumbrada a que le aparecieran hermanos como por arte de magia y además, porque esa virgen le pareció una persona digna de confianza...
   Epifanía apenas si pudo hacer algo así como sonreír ya que no: no podía ser su hermana aquella visión del camino por mucho pellejo y huesos que tuviera. Estaba bien que la hija de los Valdés fuera su hermana del corazón pero aquella especie de señora caída del cielo, a la hora de las lagartijas, no podía tener ningún parentesco con Ella. Mirándola bien, era una mujer vulgar y silvestre si bien...¿por qué se vestiría de virgen? La nena, en su desconcierto, la observaba sin abrir la boca y preguntándose de qué color sería su pelo (si acaso lo tenía). Aquella tela tan dura alrededor de su cuello debía incomodarla enormemente para masticar en el supuesto caso de que la madre de Dios necesitara comer algo o que en el cielo hiciera falta alimentarse.
   Acorde con la modalidad del siglo pasado, y sobre todo en el campo, los bajitos debían limitarse a responder aquello que los mayores preguntaban: nombre, edad, grado, cuántos dientes entregados a los ratones... y si las niñas fueron absueltas de semejante interrogatorio, imbécil, fue porque ya tenían siete años si bien, por esa razón, la hija de la dueña de casa se atrevió a lo inimaginable:
   -Señora. ¿Usted es mi hermana?
   -No es una señora- La avergonzaron varias voces al unísono.
  -Estas chicas, Hermana, son capaces de enloquecerla. Sucede que nos visitan muchos sacerdotes pero, Ellas nunca vieron a una religiosa- Explicó la señora Maurín acalorada.   
   -Qué pureza -mi Dios- Estas nenas son dos "rotas" (por rosas). Nosotras, hijitas, dijo la Hermana Celestina dirigiéndose a las niñas: ya conversaremos largo y tendido pero, ¿qué les parece si antes conversamos con el Señor de Sumalao?
   Eran las cuatro de la tarde de un martes muy parecido a un domingo puesto que, en cuanto la visita fue descubierta dirigiéndose a la Capilla, nadie quiso quedar afuera salvo el dueño de casa y su ayudante que, locos de contentos con la excusa de salir en busca de los misioneros varados a tres kilómetros de "Las Cantoras", se las tomaron inmediatamente. Si la Monja había porfiado por ser  Ella quien saliera en busca de ayuda fue nada más que por ofrecerle una flor, o  un sacrifico, a la virgen porque su fe era tan grande como contagiosa y tanto que, aquella misma noche, después de rezar con mamá.
   -"Con Dios me acuesto. Con Dios me levanto. Que la Virgen me cubra con su divino manto..."  Epifanía dio una primicia mundial:
   -Cuando sea grande, yo también voy a casarme con Dios.

   

viernes, 2 de octubre de 2015

"Buena Noticia"

    Buenos Aires, Argentina, año XV de nuestro segundo milenio, la humanidad es tan descontrolada como siempre y, como para no variar, hay novedades que se ven insignificantes pero no lo son como el hecho de que hoy duelen los dedos al escribir si la lista de compras es un poquito extensa; nos cansamos leyendo más de tres páginas; no escuchamos la mitad de lo que nos dicen y en las ferias las señoras que venden papas hacen las cuentas a mayor velocidad que el noventa por ciento de los clientes. Estas observaciones serían ociosas si no fuera que delatan algo tan grave como la triste realidad de que cada día usamos menos el cerebro porque la tecnología nos ofrece todo servido y hasta pareciera que nuestra capacidad de hablar, escribir y pensar, no tuviera demasiada importancia porque el proceso de degradación humana está dosificado convenientemente: primero acortamos las palabras, ahora le toca el turno a las frases y ya es muy engorroso decir "fin de semana". Mejor decimos "finde" y el "te quiero" también fue barrido porque ahora nos escriben "TKM" y gracias. 
   Podría uno suponer que este afán de simplificar la comunicación coloquial se debe a la actual capacidad de síntesis de los humanos pero -¡cuidado!- para sintetizar primero hay que elaborar un discurso de modo que esta poda en el lenguaje es simple pobreza de vocabulario o, mejor dicho,carencia de recursos verbales para la comunicación. Cada día es más común tener que ayudar a la gente para que pueda redondear lo que está intentando decir sin conseguirlo por falta de herramientas para ordenar sus pensamientos y transmitirlos con rapidez y mínima claridad. Sucede que nos estamos quedando sin palabras para elaborar un comentario y transmitirlo de manera comprensible para el oyente que, a su vez, está perdiendo capacidad para prestar atención y, además, le está faltando entrenamiento adecuado para entender lo que se le dice en forma oral o escrita. No por otra causa en la República Argentina se hizo necesario, hace bastante tiempo, implementar una materia  estrafalaria conocida como "Comprensión de Texto". Enseñar a leer... ¡Qué vergüenza! La mitad de los estudiantes llegan al nivel terciario sin poder entender lo que leen y, por supuesto, sin capacidad para asimilar lo que se les enseña.
   Desde luego, no es casual que nos estén dejando mudos y estaría muy bien recordar que el cerebro humano se desarrolló enfrentando desafíos y que puede involucionar por falta de ellos. Que los aparatos nos hagan las cuentas no quiere decir que ignoremos cuánto es siete por cero. Que la tecnología nos brinde gran parte de la información que deseamos obtener no significa que estemos discapacitados para analizarla y en este pundo debo decir que la moda de testear conocimiento por sí o por no, o por opciones, es una invitación formal y descarada a la ingnorancia y, mucho antes, al desamor por el estudio, por el conocimiento y la superación personal. Si hasta parece que todo lo que hay que saber es nada porque hemos comprado la comodidad al precio de nuestra soberana inutilidad y,  como si fueran insuficientes los despropósitos  el deslumbramiento tecnológico consigue hacernos suponer que no necesitamos, por ejemplo, enamorarnos. Nuestras relaciones afectivas se van reemplazando por la necesidad de techo, comida y afines. El hecho desgraciado de no poder encontrar pares, por creernos "únicos e irrepetibles" más la actual insolvencia para generar afectos duraderos, por culpa del ejercicio cotidiano del desamor, nos inclina hacia la máquina hasta el extremo de desconectarnos de la vida que merecemos vivir. La mayoría de la gente hoy no canta después de haber guardado en el recuerdo a la contagiosa y liberadora carcajada si es que no a la mismísima sonrisa pero... a todo ésto....¿no era que lo único que necesitabas era amor?. Al paso que vamos, sólo falta firmar en público la renuncia indeclinable como "almas vivientes" para convertirnos en herramientas de la peor calidad. Sí. Ya es sabido que siempre fue muy caro aportar humanidad pero, a no desesperar porque no somos pocos los atrevidos que ni siquiera tenemos pensado dejar de ser humanos.
   Pensar, sentir, cantar como uno sabe, leer, escribir como la gente, pintar, bailar, defender ideales, enamorarse... son dones de la condición humana que deberán ser defendidos a nivel gubernamental y que la realidad no me deje mentir: Francia acaba de disponer que, a partir de año próximo, en los colegios serán obligatorios el dictado, la lectura y los cálculos mentales. Qué excelente noticia aunque no se le haya dado la  publicidad merecida por razones inconfesables. Yo, pobre alma, desde mi Argentina lejana, celebro esta iniciativa y deseo que sea implantada en todos los países de la tierra para que humanidad y tecnología terminen siendo buenas hermanas y -juntas- consigan hacer de este planeta azul un mundo exquisitamente rosa. ¡Vamos!

    

viernes, 25 de septiembre de 2015

"Extraña Mudanza"

   La mañana era espléndida y en aquella casa había espacio de sobra para acomodar recuerdos junto a los bártulos recién colocados en escena por los encargados de la mudanza iniciada al alba. En cada rincón, aparentemente vacío, estaba Él con su nuevo rostro de hombre maravilloso cuando siempre lo habían pintado como un infeliz que se desquitaba a los golpes de los malos tratos que recibía de la vida. Desde luego, la principal destinataria de sus desquites había sido siempre su señora que, el día de esta mudanza, se refería a su difunto esposo con un romanticismo sin igual. Tan inteligente había sido el hombre, tan buen mozo y seductor que -con total seguridad- su viuda no iba a poder encontrar sobre la faz de la tierra a alguien capaz de reemplazarlo siquiera por una noche. Es que, de pronto, Mariana decidió ser la viuda de aquel ser que había imaginado para Ella alguna vez y no era cuestión de perder semejante oportunidad. Junto con su liberación, la vida terminaba de obsequiarle el glorioso momento de re crearlo a su medida y como mejor le pareciera.
   Ajenos a las transmutaciones secretas de esa mujer aguantadora, el resto de la humanidad recordaba al padre de su hijos como al mal hombre que había sido durante su dilatada permanencia entre nosotros. No pocos sabían de sus traiciones como así también de los malos tratos que se complacía en propinar a la mayoría de las personas que lo rodeaban comenzando por su mujer.Ya el primer día de casados, con toda seriedad, la puso al tanto de su primera obligación como esposa: llevar cada mañana  el maletín de  su marido en jefe hasta el coche sin olvidarse de cerrar la puerta del vehículo con toda suavidad.
   Su secretaria acompañaba a la flamante viuda el día de la mudanza interna y externa. Se llamaba Vilma Rivarola quien durante más de veinte años había servido a Mariana como virtual confesora razón por la cual conocía de sobra  la perversidad de aquel hombre que -por fin- dejaba en paz a lo poco que quedaba de quien fuera su compañera durante treinta años interminables. Todos sin excepción pensaron, al saberla sin Él, que muy pronto Mariana rejuvenecería al encontrarse libre de su verdugo oficial y hasta llegaron a creer que mudarse era un signo de que estaba dispuesta a iniciar cuando antes una nueva vida.
   Aquel día del cambio de domicilio no hubo mucho tiempo para conversar en medio de tantos trajines y, a decir verdad, nadie sabía qué decir para no impactar en alguna herida de la señora de negro. Cada uno pensaba muy bien antes de abrir la boca o hacer un gesto que pudiera pasar por descortés. ¡Se veía tan atribulada a la pobre...! pero su secretaria siempre hablaba de más y no era Ella  quien iba a privarse de sacar a relucir alguna perla del desprecio casi biológico que sentía por el fallecido. Rescatando algunos porta retratos de un canasto, provisto por la empresa de mudanzas, en un momento dado tuvo entre manos una fotografía del matrimonio junto al mar. Esa foto tenía su historia ya que registraba el único verano que Mariana y su marido disfrutaron juntos en tantos años de casados y no sólo eso: inmediatamente después de tomada imagen del retrato... el señor esposo decidió volver a la ciudad es decir, dejarla sola como siempre. Vilma, que lo recordaba muy bien, murmuró casi para sí misma:
   - Miren que era tremendo este hombre...
  Pero tuvo la desgracia de que Mariana pudiera escucharla y el mundo comenzó a girar al revés porque, al instante, la eficiente Vilma se convirtió en la peor de todas y en el acto se vio apartada de su ya ex empleadora según la cual sólo Ella estaba autorizada para hablar mal del individuo de la fotografía.
   Como casi todos los difuntos, quien fuera el esposo de Mariana ya tenía algo así como inmunidad diplomática en el recuerdo y su viuda tuvo la sorpresa de encontar aquel mismo día a alguien que se solidarizara con su actitud inmerecida y desmesurada con respecto a Vilma Rivarola porque Feliciana, su asistente doméstica Correntina, podía comprenderla como nadie. Mujer muy golpeada  y eternamemente traicionada  por otro impresentable, esa antigua colaboradora de Mariana sabía muy bien lo que es no saber liberarse de quien nos maltrata o nos arruina la vida. 
   En todas las clases sociales hay relaciones y actitudes de este tipo. Son innumerables las mujeres que se ven privadas de su derecho a ser tratadas como personas y no sólo debido a sus malas elecciones o a decisiones equivocadas. Tiene mucho que ver la indiferencia que se advierte, sobre todo, con respecto a  los niños y a las mujeres. PECADO CAPITAL LA INDIFERENCIA.

viernes, 18 de septiembre de 2015

"Otoño en Primavera"

   El otoño cuenta con toda mi adoración pero sé bien que la primavera tiene más festejantes porque siempre fue más promocionada no sólo por los poetas; por las artes en general. ¿Quién no le puso letra o música a sus encantos? Como el renacer de la naturaleza se muestra nada menos que con flores, perfumes y a todo color, no es posible el más mínimo desdén a tanta vida que se ofrece sin pudor a nuestras más sofisticadas percepciones y no queda más que decir: ¡viva la primavera! Pero hoy, aquí, estoy pensando en el otoño. Estoy con ganas de instalarme en el oro de las campiñas y en la plata de los cielos tormentosos fabricantes de días grises que para los melancólicos serán deprimentes pero, para los enamorados son -¿saben qué?- románticos.
   El otoño nos recuerda que el verano se ha marchado una vez más y que el invierno está cerca pero este paréntesis, tantas veces inadvertido, es un soplo formidable de energía. El gran reino vegetal está guardando combustible para el regreso de sus vacaciones y el ritmo perfectamente calibrado de tanto acopio energético, al mismo tiempo de acunar a la vida en los espacios verdes, está fortaleciendo el ramaje de mi propia naturaleza porque en mi persona también hay hojarasca, ríos de sangre  caliente y congelada, troncos, piedras jugando a ser huesos, minerales valiosos, un sol en el plexo que lleva su nombre, una estrella azul en el ventrículo izquierdo del corazón, alguna nube rosa en mi horizonte secreto y demasiado pensamiento inútil que es polvo en suspensión obstaculizando mi visión tanto interna como externa. Es que, al fin y al cabo, somos mundos en "bonsai" con sus cuatro estaciones correspondientes no siempre bien aprovechadas porque es costumbre que estemos detrás de la próxima es decir, detrás de una que otra mentira como aquella referente a que cuando se es mayor de edad uno hace lo que quiere y el niño no ve las horas de ser "grande".
Hay una simple operación mental en los humanos que hasta aquí no ha  dejado de hacernos bromas pesadas todo el tiempo y, para colmo de males, puede  instalarse automáticamente: no admite revisiones ni espera aceptación para instalarse como página de inicio en nuestras vidas. Se trata de la creencia -mentira más ilustre y más dañina que las demás desde que creer es cómodo, habitual y esencialmente humano lo cual no quiere decir que la credulidad sea útil o conveniente porque, generalmente, no es más que una trampa. Creer, por ejemplo, que la juventud es lo mejor es tan falso como  suponer que la vejez es un horror.  En este caso, es no comprender que si bien los años calendarios pueden ser contabilizados, los años de vida van por fuera de la noción de tiempo que hemos dibujado en nuestra mente los humanos. El tiempo del reloj y el almanaque luce el marco perfecto de nuestros hábitos mentales. Si alguien ha crecido pensando que "la vejez no viene sola", si le hicieron creer en "el peso de los años" o en el cuco de la vejez tan buen hermano de la bruja soledad... esa persona se irá de este plano en ruinas pero, si a los noventa trabaja en nuevos proyectos, porque no tiene pensado envejecer, ese ser por muy añoso que sea jamás llegará a viejo porque viejo es lo que no sirve, lo que está de más, lo que no se usa, lo que estorba, lo que "ya fue".
   Me contó un pajarito, en cierta primavera, que hoy la gente vive más porque nuestro planeta se desplaza a mayor velocidad por los cielos -alguien me citó a Albert Einstein para explicármelo- y otros me hablan de antibióticos, del avance tecnológico, de la gimnasia y la meditación como probables  causas de la gerontocracia que se avecina pero, yo conozco sólo una: la actitud personal diseñada por una "cabeza clara" para decirlo una vez más con Ortega y Gasset
   La actitud de una persona depende de los velos que oponga a su mirada. Cuanto más lejos alcance a ver más cerca estará de las mejores opciones de vida en este mundo, o en cualquier otro, y si se instala en la inconveniencia, por falta de visión, estará en peligro de vivir justo en esas zonas donde en lugar de rosas encontrará sólo espinas y, a propósito, hace mucho tiempo me enseñaron a perdonar las espinas por las rosas pero, para no lastimarme con ellas, las trato a la distancia como he decidido relacionarme con las toxinas peligrosas para el alma, como el odio, el orgullo o el desamor, que no congenian con mi corazón de peregrina que se ha estremecido en todas las estaciones del cielo y de la tierra. Hoy me toca saludar a la primavera desde mi otoño que es tiempo de cosecha y reencuentros.  Feliz Primavera aquí y Otoño glorioso allá, en el otro lado del mundo, donde hay tantas miradas claras buscando uno que otro destello en la web.-  

viernes, 11 de septiembre de 2015

"Maestros Queridos"

   Si hoy al presidente de un país le decimos "presi" y el doctor es, lisa y llanamente, "doc" es porque estamos todos devaluados pero nadie lo está más que el docente. Si alguna vez fue personaje notable de su comunidad, hoy es un empleado público como cualquier otro desde que la familia le ha negado entidad restándole autoridad frente al alumno. El maestro ya no es el segundo papá ni su palabra es sagrada. Hoy los alumnos van al colegio con mucho conocimiento y una profunda sospecha de que en ese lugar no aprenderán nada que valga la pena lo cual no es culpa de los maestros sino de los programas de educación sobre los que no se trabaja lo suficiente (por no decir nada). Mientras los entendidos no se cansan de repetir que el conocimiento será el valor supremo del futuro, los chicos no le tienen el respeto que hasta hace muy poco le teníamos.
   Hubo una época en la cual se valoraba el vocabulario, por ejemplo, pero ahora hablamos poco -y a medias- con términos podados de tal manera que cada uno está creando su propio dialecto y llegará ese día de no poder entenderse con todos. Recuerdo que no hace mucho era una vergüenza tener mala letra y cuando costaba descifrar nuestros garabatos nos disculpábamos a la espera de que alguien tuviera la generosidad de decirnos:"tiene letra de médico".  Hoy no hace falta ese consuelo porque ya no escribimos ni hacemos cálculos personalmente desde que los hace una máquina que puede caber en un puño y, siguiendo en este tren, hubo alguna vez gente que escuchaba con respeto a quien tenía algo interesante para enseñarle o una novedad para mostrarle. Pero llegaron estos días de desaire a la excelencia. Hoy se insiste en ser "como todo el mundo" o un poco peor... mejor ¡nunca! Hay que igualar hacia abajo. Desde luego que siempre el estudioso fue tildado de "traga" pero, en otras épocas, en su futuro había buena cosecha y creaba tendencia respecto a la importancia de ser buen alumno no sólo en clase; también en la vida donde hay grandes maestros por dondequiera que uno vaya.
   No voy a cantar loas al ayer que tuvo tantas sombras como el hoy pero, hablando de educación en nuestros días, es una pena que el maestro se deba conformar con desarrollar un viejo programa de estudios cuando ya Max Scheler insistía en aquello de que educar es preparar para la vida. No veo que lo estemos haciendo porque las madres de nuestros alumnos pueden llegar a agredirnos, los directores despedirnos y la sociedad desprestigiarnos si ponemos mucho énfasis en mostrarle fronteras al estudiante con el afán de enseñarle cómo y cuándo cruzarlas en el caso de necesitar hacerlo.
   Escucho decir con frecuencia que "los chicos de hoy nacen sabiendo" porque es cierto que el espíritu de la raza humana está despuntando a toda velocidad pero esto no significa que la escuela y el maestro estén de sobra. Hoy es cuando más límites estamos necesitando y cuando más sabiduría nos hace falta para vivir una  vida provechosa. Que hay que corregir rumbos en materia educativa hay que corregir. Que hace falta perfeccionar técnicas de enseñanza para que el docente rinda más... hace falta hacerlo pero, la "seño" y la "señita" son irreemplazables  y ayer 11 de septiembre, día del maestro, quise hablar de ellas porque además de hermanas somos colegas y porque todo lo que soy -y lo que no soy- es gracias a mis maestros del colegio y de la vida.

sábado, 5 de septiembre de 2015

"¿Refugiados?"



   Hace pocos días Gaby, mi hermana del alma, científica, bodas de plata con su alma gemela, madre, amorosa hija y mejor amiga, me contaba las penurias de estudiante que vivió como becada en Europa y la miré, en mi corazón, y la ví brillar como un sol. Mucho antes escuché decir a Gabo que debió pedir limosna para comer cuando era niño y sentí en mi pecho que su hambre fue también el mío muchas veces pero, Gabo ni Gaby están a la deriva por mucho que hayan padecido en diferentes aprendizajes y, puedo escribir aquí, que son dos  bellísimas personas militantes de la vida en cada una de sus gestiones existenciales. Lo que no sé es si el día de mañana se podrá decir lo mismo de veinte millones de seres que huyen de la guerra y la desolación con sus hijos en brazos mendigando un lugar en este mundo que por derecho de nacimiento les pertenece. Sabiendo que están de más en sus países buscan otros que ya tienen sus propios desheredados pero no importa; en alguna parte necesitan refugiarse. Pensar que son mis hermanos. Que no tienen el agua tibia que tengo yo para bañarme todos los días, que no disfrutan de un café caliente cada mañana y que cuando miran hacia el futuro sólo está la oscuridad.
    -¿Por qué tanta injusticia? Aquí no voy a decirlo. 
   -¿Para qué tanta lucha por sobrevivir? No puedo explicármelo claramente. Sólo puedo renegar del maldito momento en el cual un grupo de humanos aprendió a hablar para que el resto aprendiera a callar.
   Atahualpa Yupanki decía:"le tengo rabia al silencio" cuando hablaba del poder de la palabra y del dinero que habla fuerte. Es muy buena compañía el silencio cuando está bajo techo, bien comido y en paz. También es inspirador cuando nos lleva de la mano hasta nuestro mundo interior o hacia el infinito pero -cuidado- puede ser un ángel exterminador si nos secuestra en el momento justo de tener que gritar "Yo Soy".


   Como es un hecho que continuará el negocio de los combustibles fósiles, y el de las armas,  dentro de muy  poco tendremos más infelices que buscarán refugio como víctimas del desastre ambiental que no nos interesa evitar y diremos: ¡pobres! y con esta falsedad estará todo dicho y esperaremos que a la mañana siguiente los pajaritos canten pero no cantarán porque ellos también, en este mundo, serán tan extranjeros como  lo es -en este instante- tantísima gente desalojada no sólo de sus países, también de sus destinos.     
   Cómo nos gusta guardar nuestro cuaderno de primer grado; nuestro ajuar de novia; todas las sonseras que sólo tienen valor para nuestra vanidad pero, estos millones de desheredados sólo conservan los latidos de su  corazón hasta caer al mar sin ser nadadores o hasta que algún gobernante les ofrezca un espacio para sobrevivir -por mucho tiempo- como humanos de cuarta.






   Quiero pensar que para comenzar a poner fin a tanta injusticia, a tantísima maldad, hoy mismo comenzaremos a ser mejores personas con quienes tenemos a la vista para que mañana no queden tan lejos de nuestro alcance y podamos ayudarlos cuando las pruebas lleguen. A esas horas se siente frío en el alma y entonces no basta una ley ni un blog ni un vaso de agua: hay que hacer fuego con astillas del propio corazón.

sábado, 29 de agosto de 2015

"Un Viaje Misterioso"

   Es un hombre de pocas pulgas. Nunca supo adaptarse a un superior porque subordinarse no es para un libertario de su talla de manera que siempre se las ingenió para trabajar por su cuenta hasta que encontró en el taxi una opción de virtual independencia. Si bien largas horas al volante no son un bálsamo para el alma, precisamente, en su largo caminar por el túnel del tiempo Héctor se especializó en semblantear a sus pasajeros y rara vez se equivocaba con el perfil de gente que deseaba trasladar si bien este entrenamiento no pudo garantizarle total impunidad frente a una que otra sorpresa desagradable.
   Aquel día estaba más que desanimado por tan poco trabajo de fin de semana argentino pero tenía necesidad de elevar la recaudación de manera que decidió hacer la novena hora de su rutina habitual y en eso andaba cuando apareció el nuevo pasajero: un sujeto de apariencia convencional que solicitó viajar en el asiento del acompañante. El taxista acccedió. El viajero no terminó de abordar el coche cuando tres sujetos irumpieron raudamente en el vehículo para ubicarse en los asientos traseros y todo daba señales de ser un asalto pero, como era tarde para reaccionar el conductor del auto inició nomás el recorrido solicitado por el hombre que tenía a su lado. Catamarqueño simpático, tenía ganas de conversar pero no por eso las treinta cuadras del recorrido dejaron de ser interminables para el chofer que hasta podía jurar que, en cuestión de segundos, cualquiera de esos tipos le mostraba un arma.
   Héctor no dejaba de observar por el espejo con cero discreción a ese trío de sospechosos que transportaba a sus espaldas y no pudo menos que sorprenderse por el hermetismo que mantenían tan sospechosos individuos. Uno parecía intentar un sueño o, tal vez, meditaba; los dos restantes, despreocupados por la suspicacia que habían despertado en el conductor del coche, observaban con desmesurado interés lo que la ventanilla les ofrecía hasta que -por fin- llegaron a destino. Un segundo antes de detenerse Héctor decidió hacer una advertencia al viajero que lo detuviera momentos antes.
   -Mire señor: ésto no se hace. Otro chofer bajaba a estos sujetos en una comisaría porque usted simuló estar solo cuando lo acompañaban estos tres tipos que me abordaron como delincuentes 
   -De qué tipos me hablas. ¡Estoy solo hermano!
   El taxista miró hacia atrás con el rabillo del ojo y... no vio pasajero alguno. Vacío inexplicable. Ninguna posibilidad de no pasar por loco así que buscó escudarse en una humorada hasta que el extravertido pasajero abandonó el móvil, sin enterarse de nada, y  con cierta premura por ser recibido en una casona de Monte Castro que, según se leía en su frente, era "La Mansión Del Angel".
   Antes de pisar el acelerador para continuar en tránsito, y aún desconcertado por lo que terminaba de sucederle, el bueno de Héctor no pudo evitar darle un último vistazo al sujeto que terminaba de trasladar y es el día de hoy que no puede admitir sin reservas lo que vio: los tres "desaparecidos" estaba detrás del catamarqueño muy de brazos cruzados- esperando de lo más campantes- que alguien se dignara a abrirles la puerta.
    Dicen las crónicas increíbles que el taxi se convirtió en un objeto volador no identificado que apareció de pronto en las calles truculentas de la "Misteriosa Buenos Aires" de Manuel Mujica Lainez.
   

sábado, 22 de agosto de 2015

"Simplemente Amor"

  -¿Nunca pensaste que dejar de amar no es otra cosa que desconocerse? No es la de ayer esa persona que ha dejado de amarnos, o la que hemos dejado de amar y, por este motivo, si alguna vez amanecemos sin la magia de nuestro  amor no seremos más que dos extraños que hasta aquí no pueden verse como el resto de la gente puede hacerlo. Es una pena pero, nosotros somos una gran pareja de artistas que se dan cita en el santuario de las más extraordinarias emociones y ojalá que no se nos ocurra abandonarlo porque, en ese preciso instante, afuera estaremos ¡nosotros!: dos sujetos demasiado humanos exponiendo sus peores características es decir, tan averiados, feos, perversos y vulgares, como los más dignos exponentes de nuestra especie.
   Como verás, hay excelentes razones para no abandonar el santuario claro que como hemos cometido imprudencias mayores, no me sorprenderé  si una madrugada de éstas el uno se lanza a la búsqueda del otro. Lo primero que harías, en tal caso, sería preguntar por el paradero de cierta mujercita que, casi sin darse cuenta, una noche descubrió al niño de tu corazón para cuidarlo como sólo Ella sabe hacerlo. Yo, por mi parte, comenzaría por preguntar cuál es tu nombre porque -hasta hoy- te llamas simplemente "AMOR".
   Esto sí; no sé desde cuándo. Debe ser desde que se me escuchó decir espantada:
   -Dios mío. ¡Me enamoré! ¿A qué santo se debía ese milagro?
   -A ninguno. Le ocurre a cualquiera.
   -No sabía que el amor cae en cualquier momento y sin avisar..
   -Ahora lo sabes: las parejas se concretan en el cielo y se consuman en el  lugar donde pueden encuentrarse.
   Así de simple y bien provisto de esa cuota de fragilidad que me mueve a vigilar, y a mantener a toda costa, la llamita que ha quedado de la hoguera. La cuido sí. Porque es lo único que pude guardar en mi corazón desde que cargo -desde muy chica- con la definida sensación de que nada ni nadie me pertenece. No sé si la confirmé de grande o si me hice grande confirmándola. Lo único que puedo decir es que es sagrada la llamita que te digo y, sin que a nadie se lo cuente, día a día me concentro en ella poco menos que hasta hacerla desaparecer como si no hubiera tarea más fascinante que la de reavivarla, una y otra vez, para regalarme vida nueva. Fuego fatuo -si quieres- pero se deja estar en mi poder porque ya es parte de mi ADN desde que vivo inventándola con la asistencia milagrosa de aquella extraña ternura del primer instante en el que me sorprendí pensando ¡en vos!
   Fue a la hora de sacar de mi sopa amarga tanto dolor que me dieron para tomarla con algo muy dulce parecido al olvido que, como una mano tibia, me guarda. Aquel día glorioso busqué unas flores nacidas solamente para mí porque necesité recogerme el pelo con ellas para enfrentarte -al fin- con tu propia primavera y entonces...tus pensamientos fueron maripositas blancas rondándome -rondándome- y ya hubo domingos multicolores en lugar de tus pobres domingos que,  entre caricias comerciales y besos comprados, llegaban  todos vestidos de negro.

sábado, 15 de agosto de 2015

"Mi Niña"


    Buscando a mi niña entre manuscritos ¡la encontré!:
   -"¿De qué pueblo me hablaban? Yo seguía suspirando por el mío que sólo parecía serlo cuando llegaba el tren porque era entonces cuando se veía gente corriendo a la estación por el diario- o su revista- y llegaba alguna fruta que a Don Panique le volaba de las manos. Después, las hadas eran las únicas que vagabundeaban a sus anchas por la cabecita de tantos chicos que jamás llegarían a ser grandes y que, a falta de compradores de rosquitas, de mantecados o de churros, eran clientes incondicionales entre ellos mismos y regresaban a sus casas con cándidos negocios lo cual era una pena -lo sé- pero Dios existía. Dios era el amanecer que se repartía por los rincones para espiar (sin que le importara demasiado) dónde se guardaba la llave de cada negocio de nubes y, cuando cumplí  nueve años de permanencia en esta dimensión, papá se retiraba parsimoniosamente por esa calleja polvorienta que ya entonces se llamaba "De Los Recuerdos". Mamá era perfecta por mucho que se esforzara por demostrar que en su persona residían todos los matices de la humana condición tal cual les ocurría también a los novios que comenzaban por amarse en algún rincón de la inocencia. Ah sí; la inocencia. Desde ese otro país, también fantasma, a mi pueblo yo lo veía grande porque yo era pequeña y me parecía bello bajo los efectos de mi bellísima infancia que festejaba con fogones a San Juan sin noticias de que esa constumbre provenía de los Celtas tan enamorados de sus árboles que, al verlos añosos, los devolvían a la luz en hogueras gigantes para que  también ellos tuvieran su fin luminoso. Eso sí; nosotros creíamos que había que hacer los fogones cuando "se iba junio" siempre y cuando no hubiera una cita anticipada con los duendes que harían remolinos en agosto. Enanos de sombreros negros de alas anchas, monigotes chuecos, yo no merecí verlos pero fui capaz de presentirlos como a cada sendero peligroso que no pude recorrer con mis vecinos invisibles por elegir el caballo más audaz de una linda calesita... apurada por irme de la infancia."
   Sí; siempre corrí como loca detrás de mi destino y aún hoy me anticipo demasiado pero amo a mi niña y es a través de Ella como mejor me comunico con los adultos porque yo en seguida les descubro el niño y, una vez desenmascarados, podemos hablar  en el mismo  idioma. 
   Debo ser justa y decir que muchas personas tienen "un gran niño". Son divertidos, imaginativos, andariegos, audaces, inquietos y algo insolentes con la formalidad -o las normas- porque para estos seres la vida es juego. Mi padre, un niño disfrazado de Contador, era el único que los domingos no hacía sobremesa por mandarse a jugar con los bajitos y divertirse como uno de ellos y en su escritorio estaba enmarcado un lindo pensamiento extraído de "Corazón" de Edmundo de Amicis: 

                               "No basta que un niño no llore
                                     Hace falta que sonría

   Qué importante es comprender que jugar es el primer intento de congeniar con la humanidad. Jugando conocemos a Ellas, a Ellos, y aprendemos con naturalidad a querernos porque mucho antes de decir que nuestros amigos "son gente como uno" fuimos capaces de explicar que "mi amigo es como yo" y fue mirándonos en otros niños que descubrimos que las personas, en muchos aspectos, somos semejantes y que "Don Fuera de Serie" no existe.

   Si uno crece con la idea de ser único seguramente es por no haber asistido a esas clases de fraternidad que se toman jugando sin jugarse la cabeza en competencias desmesuradas porque jugar sólo por aplausos, y trofeos, puede significar que un buen día nuestros únicos amigos estén en nuestra cuenta bancaria. Habrá faltado calor humano de buena fuente o de generadores no contaminados.
   Jugar como acto mágico de convocar a la alegría es un rito al que es necesario recurrir siempre...siempre que se nos haya iniciado en el arte del bienestar. Quien no ha pasado por esa iniciación difícilmente disfrute de la vida siendo adulto porque en tal caso no será raro que las obligaciones ocupen el espacio de las diversiones ausentes.





P/D
"No se deja de jugar por ser viejo.
Uno es viejo porque ha dejado de jugar"  
               "Walt Disney" 
                                               
                                 

                                                         

                                     







                                 
   

  

viernes, 7 de agosto de 2015

"Amor Del Cielo"

    Aquel amor adolescente fue todo lo grandioso que había en el universo para Ella y a punto tal que, cuando la magia terminó, Luciana no tuvo mejor idea que la de sepultarse en vida es decir, convertirse en Franciscana. En más de una ocasión las monjas de su colegio habían tratado de seducirla para que, llegado el momento, se casara con Cristo. Luciana era introvertida, callada, algo extraña y nada delataba en sus modales esa rebeldía interna que jamás le hubiese permitido someterse a reglamento de vida alguno si hasta los dogmas religiosos le merecían cada vez menos respeto y, para qué andar con rodeos, conquistar al chico más codiciado del pueblo había significado para Ella sentirse la más bendecida de las mujeres -aclarado que el galán lejos de ser bendito fue todo lo contrario-. Mujeriego, falso y vulgar fue lo que, al final de cuentas, resultó ser el príncipe azul de Luciana que cuando se desdibujó, o mejor dicho se esfumó, mucho más que su alejamiento dolía demasiado la desilusión por aquello de que las mujeres ponemos tanto en nuestros amores. 
  Cuando se es demasiado joven, un adiós puede llegar a ser una tortura. Son verdaderos clavos en el corazón esos dolores que no deberíamos sentir por alguien que ya no nos ama, y seguramente nunca nos amó, pero sucede que el desengaño determina que nuestro cielo deje de ser azul, que la tierra se convierta en un desierto interminable, que sólo haya vinagre para nuestra sed de ternura y es humano preguntarle al amor:-"¿por qué me abandonaste?".
   Pero no era ésa la pregunta de la muchacha triste cuando de rodillas, en la penumbra de la iglesia de su pueblo, le preguntaba al dios de su corazón si Ella reunía las condiciones para ser una  verdadera Franciscana. Ríos de agua hirviente surcaban esa cara de niña envejecida cuando demandaba señales del cielo para tomar la decisión de divorciarse de este planeta que, mal o bien, la hospedaba desde hacía pocos años: apenas diecisiete.
   Ese jueves de abril el sol estaba en franca retirada, la misa vespertina era inminente y Luciana... la imagen más perfecta de la   abandonada inmóvil que despertó la compasión de cierta persona a quien Ella no había visto antes pero, sin duda, estaba al tanto de su desolación y la comprendía como nadie en el universo porque, mirándola amorosamente, le hizo la pregunta más inesperada:
   -¿Quieres confesarte?
   -No Padre
   Nadie le había pedido opinión al señor pero El no se privó de decir:
   -Cuando pase el tiempo comprenderás que nadie vale tanta amargura.
   Cada vez que alguien le decía algo similar, Luciana se ponía furiosa porque esas palabras eran la mejor demostración de que no la comprendían es decir, nadie amaba como Ella o nadie sabía amar con tanta necesidad de amor total. El sacerdote leyó sus pensamientos y calmó su furia con maestría:
  -Niña: estás viviendo un espejismo. No es real ese hombre ni tu amor es verdadero. Sólo es verdad tu dolor porque es tu obra.
   -¿Cuál es el amor verdadero? 
 Es el amor del cielo que llegará cuando alguien sepa amarte como esperas que te amen. Después de buscarte en todas las mujeres ¡El te encontrará! y ya no volverán a separarse porque dos gotas de agua son un gran río de vida que desemboca en el infinito.
   El desconocido vestía jeans azules, camisa colorada a cuadros. Era rubio de ojos profundamente celestes y tan bajito que su estatura era equivalente a la de Luciana arrodillada en la escalinata del oratorio. Este detalle pasó inadvertido para la novia del dolor porque Ella estaba enteramente instalada en su amargura desde donde apenas si pudo escuchar que le decían:
   -En este preciso instante Él está en tu casa esperándote porque necesita hablarte y, aunque no lo creas, lo comprenderás y lo olvidaras. Lo olvidarás -repitió con firmeza silabeando la palabra-.
   -Es lo que más quiero Padre- contestó la víctima del galán del pueblo. El interés de Luciana por encontrarse con su amor  la reanimó  de tal manera que no esperó un segundo para ponerse en marcha. En el atrio de la iglesia se percató de que ni siquiera le había dado las buenas noches al sacerdote nuevo de la Parroquia lo cual no se veía demasiado grave porque para amabilidades había tiempo de sobra.
   Tal como lo anticipara el rubiecito de camisa leñadora, un tal Ramiro Martín la estaba aguardando con su mejor cara de pócker. Lo que hablaron los personajes de esta historia no es de interés general; lo interesante ocurrió la tarde siguiente cuando Luciana pasó por la secretaría de la iglesia preguntando por el nuevo sacerdote a quien Ella había conocido casi sin darse cuenta. Desde luego, quería agradecerle su bondad y su consuelo pero, muy especialmente, deseaba preguntarle cómo había podido saber que el causante de sus penas la estaba esperando. Parecía mago el hombre.
   Al Párroco de "La Purísima" le extrañó tantísimo lo relatado por Luciana que hasta le preguntó si estaba segura de no haberlo soñado.
    -¡No Padre!!!!! pregúntele a Darío que estaba encendiendo las luces para la Misa. El andaba por ahí y lo vio todo.
   -¿De dónde sacaste que ese tío era sacerdote?
   Luciana revisó lo sucedido a velocidad atómica y lo comprendió TODO. La había asistido un ser que no era de este mundo. La autoridad, el amor de aquellos ojos, y la ternura de aquella voz, aún hoy la estremecen hasta hacerla llorar como una niña.-
   
   
    

   
  
   
   

sábado, 1 de agosto de 2015

"Pobres Diablos"

   -¿Cuánto tiempo hace que nada nos provoca una gran carcajada? ¿Desde cuándo no permanecemos frente a una ventana más que el tiempo imprescindible para  cerrarla o abrirla? Lo cierto es que no nos permitimos el tiempo para reír -qué digo- ni siquiera para dirigir la mirada a nuestro alrededor lo cual no quiere decir que no haya horas de sobra para ir de compras o  vagar, por cualquier parte, sin intentar hacer algo que valga  la pena como, por ejemplo, servir.
   Como sabemos, "servicio" significa prestación, atención, solidaridad y no precisamente servidumbre ni algo denigrante. Hay, sin embargo, una frase coloquial, con respecto  a nuestra manera de relacionarnos con los demás, que certifica nuestro desdén por el servicio humanitario: -"no me gusta que me usen". En primer lugar no somos objetos de uso; somos almas vivientes con todo para compartir desde el ocio hasta nuestras actividades, desde la alegría hasta el dolor... y todo y nada puede ser compartido desde que estamos habilitados para ofrecer lo que se nos ocurra. En el caso de poder contar todavía con la capacidad de ver, mil veces podemos descubrir cómo una frase cualquiera, o una sonrisa, pueden modificar no sólo el ánimo de la gente; también su destino modificando una simple actitud. Resulta que hemos perdido noción de nuestra personal importancia cuando, en realidad, somos  súper importantes para la humanidad desde dondequiera que estemos porque nuestros pequeños o grandes quehaceres tienen una trascendencia que no alcanzamos a percibir si nos sentimos estatuas, en lugar de personas, o si nos han hecho creer que somos números o simples figuras en lugar de seres radiantes.
   "Servicio" no es sólo proveer energía a una ciudad; ni es solamente servir un  plato de comida... "Servicio" es estar a disposición de la vida que es el escenario donde actuamos todos juntos obedeciendo a un libreto genial que cada actor hasta puede mal interpretar y, por tal motivo, interpretarlo mal aún  creyendo que lo hace como el mejor. Estoy tratando de insistir en que somos todos servidores a nuestras causas y las ajenas y no quisiera olvidar que la contrapartida del servicio es un enorme bienestar. Las personas que sirven con naturalidad a sus semejantes son siempre un canal de alegría para los demás y una fuente de juventud para sí mismas porque, sencillamente, viven a toda luz.  El servidor es decir, el humanitario, no es un "tonto útil"; es un "maestro de la vida"  porque sirviendo puede servirse de toda la sabiduría que sea capaz de encontrar en los aprendizajes ajenos. Descubriendo en la vida de los otros qué errores conviene evitar, o qué rumbos no es bueno seguir, aprendemos gratuitamente cómo deberíamos ser para no pasar por esas pruebas  que ayudamos a sobrellevar en la vida de quienes necesitan encontrar una guarida en nuestro corazón. 
   Cada día intentan hacernos pensar que valemos poco -casi nada- y que "cada uno es cada uno y cada cual es cada cual" pero, somos muchos los sobrevivientes de una época en la cual cuando se preguntaba:
   -¿Usted es fulano? - el aludido respondía:
   -Servidor.
   Sí. Había más explotación que ahora, había tanta injusticia como hoy y el delito tenía el lugar que siempre le ha dado la condición humana, sin embargo, al final de una carta formal -no familiar- después del saludo final, o antes de la firma, usted podía leer:
   -SSS (Su Seguro Servidor) y no era así por complejo de inferioridad ni por subordinación o valor; era porque todavía nos sentíamos muy importantes personas no para tener mejor ubicación en un hotel de cinco estrellas ni en los aeropuertos internacionales. Quien más, quien menos, era VIP en su ambiente y, desde luego, en la vida.
   Todo en el universo está "al servicio de..." y la mayoría de nosotros, pobres diablos, seguimos regateando nuestras palabras, nuestra comida, nuestro hombro, o nuestro espacio, aunque no es necesario llegar a tanto para ser egoísta porque, la mayoría de las veces, sólo se espera de nosotros un llamado telefónico o nuestra simple compañía y no hace falta ser millonario -poderoso o genial- para servir a un ser que sufre; lo que se necesita es sentirse humano para vivir como tal... ¡sólo éso!.

sábado, 25 de julio de 2015

"El Dúo Fantástico"




   Si una dimensión desconocida le fue concedida al ser humano para hacer piruetas con su debilidad, o su fortaleza, esa dimensión no es otra que la de su fantasía y es dentro de sus límites invisibles donde las personas avanzan o retroceden, caen o se ponen de pie frente a sí mismas de manera tan poco perceptible... que apenas si se puede creer.
   Aunque no encontremos posibilidades de compartir la extra dimensión de la fantasía, ni de dibujarla siquiera, la morada interior de Santa Teresa de Ávila existe y éste es el sitio que podemos frecuentar para acceder a nuestro propio cielo con un sol exclusivamente nuestro porque es de nuestra propia creación. Cada vez que lo decidimos, está entre nuestros privilegios frecuentar nuestro rincón del alma y en esas secretas peregrinaciones no deberíamos dejar de remover esos propósitos, dudas o problemas, que muchas veces dejamos anclados demasiado tiempo en este lugar mágico, pero peligroso, donde el miedo y el coraje celebran sus cumbres. Pareja despareja si las hay pero este detalle no impide que, en su calidad de gobernantes invisibles, se obstinen en no moverse de este predio abandonado que con tanta frecuencia les ofrecemos en nuestras vidas.  
   Elegidos libremente, o por imposición de reflejos involuntarios, estos dos patrones estuvieron siempre presentes en la historia de la humanidad tal como lo demuestra esa legión de diablos, y dioses, que si hasta hoy consiguieron sobrevivir es tan sólo por obra y gracia de los favores que sigue concediéndoles la condición humana cuando se subordina al temor o al arrojo. Hoy, testigos tan poco calificados de esta era post moderna, persistimos en hacerle la corte a estos dos gigantes de nuestra exclusiva creación al continuar confiando y desconfiando ciegamente. Pero el hijo del siglo veintinuno cada día necesita armarse de mayor coraje cuando el miedo lo acosa  como la primera vez porque aquel miedo lejano, el de los primeros días de su aparición en la mente humana, hoy no es un miedo cualquiera. La legítima preocupación  por una guerra nuclear, por ejemplo, es nada frente al terror que está llegando a sentir el homo sapiens frente a sí mismo y esta sensación de indefensión nada tiene que ver con el cuco de la vejez, con el fantasma de la muerte, ni con el promocionado peligro de la soledad. Se trata del miedo al propio corazón que hasta aquí ha dado sobradas muestras de su constante afán por desvirtuar los frutos de toda cosecha intelectual. La presuntuosa valentía, en apuros como éste, necesita recurrir a toda su artillería para imponerse frente al temor en nuestro feudo fantástico donde el margen para una victoria es tan reducido que el miedo y el coraje pueden verse en dificultades pero, a no inquietarse demasiado porque obrando el uno como impulso y el otro como acción, se complementan divinamente sirviéndose de la ventaja que les da el hecho de ser dos hábitos mentales que pueden intercambiar apariencias las veces que sean necesarias. En las actuaciones de este dúo fantástico es frecuente que el uno simule querer beatificar su precaria existencia invitándonos a permanecer en un mismo lugar y, de sólo estar, nos paraliza en nombre de la prudencia y compañía. Mientras tanto el otro, que no puede quedarse quieto, se nos presenta  sin hacerse anunciar para inclinarnos a pensar que tal o cual dios es un poroto al lado nuestro. Con semejante argumento entre manos se nos ocurre que no habrá proyectiles que puedan alcanzarnos de manera que salimos disparados de la modorra hasta terminar abandonados en cualquier parte a la que ni ebrios, ni dormidos, hubiésemos pretendido llegar.
   En resumidas cuentas, estos socios -el temor y el valor- siguen sin darnos tregua porque ellos crecen con y en cada uno de nosotros bastante alejados de nuestro control. Apenas si tenemos alguna noticia de sus correrías porque les negamos esa entidad precisa que deberíamos darles para no terminar siendo víctimas de sus manejos que casi siempre son verdaderas estafas al razonamiento precario.
   Tanto la cobardía como la valentía son demasiado peligrosas si no se las controla y, sobre todo, si consiguen nublar nuestra razón. Lo importante es no perderlas de vista porque mientras están vigiladas no provocarán demasiadas catástrofes en nuestras vidas, ni en las cercanas, por muy crueles que sean sus habituales enfrentamientos en el predio fantástico donde  ni el más observador sería capaz de decir quién es quién de tanto que se parecen, en propósitos y recursos, como si se tratara de matearia y antimateria alojada en nuestro interior. Tampoco es fácil determinar con certidumbre dónde está el temor o el valor por causa de las infinitas mutaciones que  pueden permitirse. Buenos hijos nuestros, al fin, los cargamos  sin protestar por la sencilla razón de que siempre serán funcionales a nuestras planes. Viejos aliados, añosos residentes en el corazón de la raza humana, son algo así como las dos caras de una misma moneda con la cual jamás dejaremos de especular porque siempre tendrá idéntica cotización a la de nuestras acciones personales. ¡Ahí está la regulación automática! El miedo y el coraje suben o bajan sus acciones, aparecen o desaparcen, de acuerdo a los tratos que vamos cerrando con este mundo que nos alberga comos simples peregrinos pero, además, como acccionistas importantes  en todo comportamiento o actividad que tenga algo que ver con la vida o, si se prefiere, con el infinito.-