viernes, 20 de noviembre de 2015

"Niño Solo"

   No hace mucho, en un encuentro de muy  amigos donde estaba tácitamente prohibido hablar de política, asomó el tema de los hijos con el que casi todos se sintieron a sus anchas hasta que alguien tiró la piedra del escándalo al decir que la maternidad no estaba en sus planes. En el acto apareció la inquisición para maltratarla: por qué, por cuánto, desde cuándo y toda la sarta de imbecilidades que acarrea la copa extra.
   -¿Por qué no quieres tener un hijo?
  -¡Mirá si sale como vos!... y por ese orden hasta que terminamos todos muertos de risa por ser tan estúpidos y recién a la hora de las tizanas pudimos tocar el tema con cierta cordura.
   El hecho es que, por las razones que sean, mucha gente no se siente atrída por la idea de tener descendencia. Hace mucho tiempo que las niñas ya no juegan con muñecas porque ahora no se promociona el rol de la maternidad y los varones no están tan orgullosos de serlo desde que perdieron poder en todos los rubros empezando por aquél que lo imponía como único gran proveedor. Hoy el tema de la igualdad es dicil para ellos y ellas. Todavía queda mucho por armonizar lo cual recién sucederá ese día en el que doña Realidad nos diga ¡basta! Por ahora no sabemos qué hacer con nuestros mayores y nos está empezando a preocupar la escasez de niños porque significa ausencia de mano de obra barata en el futuro. Por ahora, no está culturalmente impuesta en todas partes la planificación familiar y mucho menos la procreación responsable cuando es la primera vez en nuestra historia que podemos manejar el tema sin demasiados riesgos y hasta sin costos.
   El deseo de tener hijos es tan legítimo como el de no tenerlos pero estamos frente a un gravísimo problema los humanos: somos mucho más tontos de lo que suponemos. Cuando no somos físicamente aptos para procrear no estamos siempre abiertos a la adopción; cuando deseamos adoptar un niño las leyes no siempre son amigables con esta posibilidad y cuando somos padres con frecuencia lo último que se nos ocurre es llegar a serlo porque lo que queremos es ser amigos de nuestros hijos  así podemos prestarnos la ropa y cada uno hacer "la suya" es decir, cuando se trata de la vida del hijo Dios dirá. Se le ofrece casa y comida, se lo manda a la escuela, el fin de semana se le da un dinero sin saber qué destino tendrá y, salvando a los padres a la antigua que todavía son muchos por suerte, hoy ser padres va dejando de tener importancia al extremo de que ya es habitual enterarnos de que un recién nacido fue tirado como un desecho a la basura. Que una perra haya dado cobijo en su guarida a un bebé abandonado, y que el calor de sus cachorros salvara una vida humana, nos parece una noticia más sólo que no lo es.  Esta no es una simple lamentable información: es un drama de la involución humana incapaz de seguir de cerca a la evolución científica y tecnológica. Al espíritu de la raza humana le está quedando demasiado grande el coeficiente intelectual de esta época. Lo que mejor hacemos es atentar contra la vida ya se trate de la nuestra o las ajenas que no lo son tanto porque "Yo Soy Tú".
   En el año 2014, en la ciuidad de Buenos Aires, se registró el abandono de veintiocho recién nacidos que fueron hallados en la calle, baños públicos o contenedores de residuos. Por lo general los dejan con el cordón umbilical y la placenta en una bolsa de plástico hasta que el cielo los asiste. En la provincia de Buenos Aires, también en 2014, ciento treinta y tres menores de un  año fueron abandonados en la calle y no quiero olvidarme de muchísimas mujeres que van a los juzgados para renunciar a la maternidad o declaran en los hospitales que ofrecen sus hijos en adopción. Sé muy bien que hace falta mucho amor para desprenderse de un hijo cuando no se lo puede mantener pero, al paso que vamos, el abandono al que serán sometidos los niños -y los mayores- muy pronto será una práctica habitual en nuestras presumidas sociedades que tanto corte se dan con el "progreso".
   Después de considerar estos datos de la realidad, quien no se siente capaz de ejercer una paternidad  o maternidad responsable, y no tiene hijos, es una excelente persona y aquellos que sueñan "con una mesa llena de chicos" y se consagran al duro trabajo de formarlos, debidamente, son más excelentes todavía porque honran al género humano.
   Mi falta de pergaminos y de interés personal para ser juez es algo que acredito permanentemente pero, tratemos de recordar al gran amor de George Sand, Alfred de Musset, diciéndonos al oído su romántica lección:





viernes, 13 de noviembre de 2015

"Armas Poderosas"





 





Un capítulo de mi libro "El país de los hombres......."
  
   Ahí estaban sus manos resecas a las que no había protegido como a su cara, ni les había colocado coraza como a su ser interno para que no lo hicieran sufrir. Simplemente las había dejado dar y a la hora de volver a considerarlas ya casi no le pertenecían lo mismo que las pasiones  en franca retirada porque su estado de ánimo comenzaba a manifestarse como una somnolencia muy dulce que invitaba al descanso. Sí. Había que detenerse. Pero como tadavía faltaba una revisión detallada, la mujer de los mil años con su risa sanadora, y sus pupilas dilatadas, al cabo de mucho lidiar en tan fantástico país comenzó a recorrerlo por última vez.
  Ahí estaba el salón de su última conferencia cerrándose a sus espaldas cuanto antes para no dejar escapar ni una de sus palabras finales mientras que las otras quedarían bien guardadas en sus libros. Sí. Claro. Sus palabras. Sus únicas pertenencias de lujo que habían sido mil veces más valiosas que el dinero y muchísimo más poderosas que un arma nuclear. Pensándolo bien ¡qué rica había sido Agustina! y ella... sin saberlo. Recién a última hora podía comprender que si de veras había sido invencible, o muy peligrosa para tantos, había sido gracias al privilegio de haber podido empeñarlas, gastarlas a voluntad, repartirlas y, en suma, poder contar con ellas en todo momento. Era un hecho indiscutible que Agustina había hablado siempre de más lo cual no era extraño en quien lo de quedarse debiendo no había sido -ni en sueños- la característica más sobresaliente de su personalidad. 
   Lo cierto fue que recién al final de los siglos se percató de que la buena (y la mala) palabra le habían permitido alcanzar una solvencia personal formidable que, escondida para ella, nunca pudo ser utilizada por las hormigas que corrían por su sangre con intenciones inconfesables. Eran sus genes -claro- los portadores de tendencias tan peligrosas como la de no poder quedarse callada al menos por una vez.
   Agustina nunca se había detenido a pensar que las palabras habían sido las únicas herramientas que pudo llevar al país en el que nunca se le informó, naturalmente, acerca de las luchas descomunales por confiscárselas. Pero al final lo supo para que supiera, además, que escribir no había sido una borrachera. Había sido uno de esos oficios que uno no recuerda haber deseado dominar pero que, una vez aprendido, no se nos permite dejar de ejercerlo  -ni siquiera desatenderlo- porque la vida se reserva el derecho de cobrar sus enseñanzas con el trabajo del aprendiz. Si hay una empresa que exige producción calificada ésa es la vida aunque se instale en un país de fantasía donde las calles no lleven a ninguna parte por bordear el infinito.
   Desandarlas fue tomar debida nota de incontables pasos innecesarios que debieron pertenecer a algún ritual apócrifo de los miles que circulan entre fantasmas. Agustina era alguien que había tenido caídas innumerables por andar demasiado y con premura pero, además, porque nada de su historia personal pudo ser modificado mientras se ocu de hacer lo que se esperaba que hiciera en beneficio de los hombres sin cabeza que no pueden saber lo que es la gratitud desde que no tienen memoria. De todos modos lo del recuerdo  no es tributo para augustas. Para personas así existen la tramposa admiración, las obligaciones, la ingratitud, la envidia, los proyectiles que nunca las alcanzan y la sombra cada vez más grande de la montaña de caídos en la lucha estéril por destruirlas. Vencidas al principio, vencedoras al fin, muchas veces tienen como única recompensa la de un compañero enamorado a quien poder pasar a buscar en cualquier momento, con cualquier excusa, en el primer barquito tripulado por la imaginación de un chico que pase por el río que improvise la lluvia en la cuneta y, como siempre, con una propuesta inusual:
   -¿Vienes? Te lo prometo a Dios porque te prestaré mis ojos para que puedas verlo o, si quieres, voy a darte entrada libre a la ciudad de mis duendes ¡Cómo! ¿Que no? Bueno, mi lindo Luis, soy un hada más que tira al río su varita.
 
 
 
 

viernes, 6 de noviembre de 2015

"Martina y Las Violetas"

Congreso de la Nación
    Hay personas que, sin haber recibido una capacitación extraordinaria, lo mejor que saben hacer es el milagro cotidiano de alimentar bien a sus hijos, por dentro y por fuera, hasta hacer de ellos magníficas personas como lo consiguió Martina, madre de un excelente cirujano y abuela de Florencia quien, muy próxima colega de su padre y a pesar de cierto apuro por formar una familia, no economizaba las visitas a su abuela por quien sentía devoción. Tomar el té con "Abu" era una fiesta para Florencia porque todo era motivo de risa -y de jolgorio- y cuando había que hablar en serio, la sabiduría de los años se imponía a la impaciencia de la juventud. Cierta día, Martina cayó en la cuenta de que estaba cumpliendo un año de encierro en su casa. Primero por el post operatorio de una intervención quirúrgica y después, por su pésima relación con el invierno. Pero ya estaba bien instalada la primavera y Martina se dio permiso para tener un antojo:
   -Tengo ganas de ver cómo está Buenos Aires. Cómo me gustaría pasear por los lagos de Palermo. ¿Cuándo podrías acompañarme? 
   -Mañana mismo-Respondió su nieta en el acto y acordó con la asistente de su abuela los detalles necesarios para salir de gira por la ciudad.

Una vista de los Lagos de Palermo
   Lo primero que quiso hacer Martina fue saludar a su mejor amiga, dueña de una tienda del barrio. Lo siguiente ir a visitar al Padre Miguel en la iglesia de Don Bosco, donde se había bautizado, confirmado y casado su hijo Daniel. Florencia estaba tan encantada con el paseo que filmó a su abuela en Plaza de Mayo; dando de comer a las palomas junto a la fuente del Congreso; en el Planetario; en el monumento en honor a los españoles y, llegado el mediodía, hubo picnic en el rosedal de Palermo con todas las de la ley  es decir, con pastel de manzana incluído. Cerca de las cinco de la tarde Martina, atenta a los impulsos de su corazón viajero, invitó a tomar el té en "Las Violetas" de Almagro y allí pasaron una tarde inolvidable. En la primera mesa donde Martina posó la mirada descubrió a una vecina muy querida con quien no se veía desde "hacía siglos". No terminaron los abrazos cuando se acercó uno de los mozos para preguntar:
   -¿Y a mí no me saluda?
   Era un ex compañero de su hijo en la escuela primaria. Otra emoción y fueron más porque, en plena ceremonia del té, el florista de la esquina le alcanzó un ramo de su flor preferida, unos crisantemos en su mejor momento, que le hacía llegar otro vecino de mesa en quien Martina no había reparado: su peinador de toda la vida.
   -Pobre Racing, Pablito
   -No hay mal quqe dure cien años- la consoló el muchacho que ya peinaba canas.
   -Ni tonto que lo resista, completó Martina encantada de hacer sociales en tan linda tarde de octubre. Como si hubiese sido poco, la casa invitó el té en honor a tan asidua concurrente de otros días cuando "Las Violetas" era, como lo es hoy para muchos porteños, el rincón más cálido de la ciudad hasta el punto de imponer frases como: "vengo de violetear"
Rivadavia y Medrano
    Martina no se marchó de este sitio emblemático de Buenos Aires sin dar una mirada enamorada a sus vitrales y nuevamente en casa se le dio por patear los zapatos con tanta energía que por poco no perfora el cielo raso de su linving. El trámite siguiente, y urgente, fue ponerse el camisón, meterse en cama y algo más:
   -Ven pichona -le dijo a su nieta- Muchas gracias por este gran día. ¡Lo necesitaba tanto! pero quiero decirte algo: a esta edad lo único que uno hace es dar trabajo. Hoy tenías que salir con tu novio; no precisamente conmigo y si hay algo que NO ACEPTO es ser un  paquete al que hay que llevar de aquí para allá. Todo lo que debí hacer ya lo hice... si hasta pude darme el lujo de este paseo espectacular con mi nieta tan buena, mi querida, tan bella persona...
   -El cansancio te hace decir pavadas abuela -la interrumpió Florencia con  un nudo en la garganta y siguieron sus palabras cariñosas que le iba dictando el corazón pero,  su abuela ya no podía oírlas. Sencillamente, y por propia decisión, había dejado de ser un bártulo.


viernes, 30 de octubre de 2015

"Pacto Secreto"


Introducción de un ensayo acerca del amor que compartí con Nico Rizzo en su programa "Letras Libres" de radio "Ahijuna" FM 94.7 de Bernal, Buenos Aires, Argentina.

    Quisiera ser la última primavera reencarnada este septiembre, la mariposa más fugaz o un chocolate... pero no; mejor voy a convertirme en un caminito nuevo para olvidarme de que ya hice muchos pasos.Ya no quiero ver más esa caja negra -y fea- eternamente llena de esos cachivaches que  deben llevar siempre los médicos a cuestas. Ya no quiero comer el postre a solas ningún día y menos el "domingo de la madre" ni quiero sentir miedo cuando llueve como esta noche y se me ocurre que, sabiendo que no estás, puede venir un asesino a echarme abajo la puerta sin que nadie me escuche gritar, o un gigante de ojos azules de algún otro planeta que, aún sin proponérselo, podría eliminarme en un instante. ¿Tienes para anotar?: necesito un compañero de compras al que le gusten los colorinches y las sonrisas, como a mí, y que también sea amigo de mi amigo que vende caramelos en la esquina y quiero un padre -como era el mío- que en las noches de tormenta encendía todas las luces, revisaba todas las puertas y me guardaba como a una pobre cosita en sus brazos hasta que enmudecía el cielo...
   - Más rara que no sé qué...
  - Necesito,además, un hombre evolucionado a quien no haga falta explicarle mis antojos ni mis penas. Tal vez de pronto podrías aprender a adivinarme o, a lo sumo, escucharme con la atención que dedicas a tus pacientes...
    - Mujer injusta, ingrata, insoportable, insaciable...
   - No me lo digas todavía porque me hablaba en broma o, si prefieres, inventaba este desencanto porque hace tiempo que no tengo ninguno o declamaba estas locas mentiras a modo de sortilegio para que no vaya a dejar de ser cierto aquello de que soy tu mujer fatal. El hecho de que más de uno me suponga desgraciada, por ser la última a la que atiendes en el día, seguramente se deba a que nadie tiene por qué adivinar que soy la primera a la que entiendes cuando tengo la casa poblada de lunas o el cuerpo lleno de soles y es más: la gente no debiera enterarse de que yo tengo con el mundo el pacto secreto de compartirte desde que a nadie podré disputarle jamás la cuota de amor que decidas darle. Por esto, y por todo, si esta noche no estuvieras conmigo -aunque la paciente más grave del mundo fuera yo- yo seguiría deslumbrada por la estrella que elegiste. Me llena de orgullo que me hayas encontrado ¡capaz! de ayudarte a repartirla entre las noches más noches de los seres y será por eso que hasta el último aliento alcanzaría a prometerte, como ahora te prometo, que un día de éstos voy a agasajarte publicando, en todos los idiomas de la tierra, "EL ARTE DE QUEDAR SIEMPRE BIEN CON TODAS LAS MUJERES QUE ME HABITAN".

viernes, 23 de octubre de 2015

"¿Meditamos?"

  
   En el trayecto que va desde mi barrio al microcentro porteño, cómodamente instalada en un colectivo urbano, termino de aprobar mi post grado como decorosa, calificada y muy eficiente apariencia humana. Indigna condición, por cierto, pero no demasiado porque nada es lo que parece. Simplemente  sucede que, por el momento, no quiero saber nada de lo que sucede a mi alrdedor y cierro los ojos para intentar una visualización que me enseñó Mariló López Garrido en su programa radial de la medianoche. Está inspirada en una carta del Tarot y en mí funciona como una llave que me abre las puertas de mi verdadero domicilio que no figura en ningún directorio de este mundo porque se encuentra, a buen recaudo, en algún lugar del universo que ni yo sería capaz de señalar pero, allá voy:
   "Gran avenida bordea el río de un pueblo antiquísimo. Es amplia, soleada y en su primer tramo se deja ver un pequeño carruaje romano aguardándome. Tiene una capa violeta acomodada en su respaldo y sobre ella una corona y un cetro. Alguien me ayuda a abordarlo. Ya revestida con los atributos que encuentro, que son los propios de un "alma viviente", tomo las riendas de los dos caballos blancos que esperan mi orden para ocuparse de trasladar el carruaje sin esfuerzo. Comienza mi viaje hacia la luz. Puedo escuchar el paso seguro de los animales briosos que me conducen y hasta soy capaz de percibir una brisa deliciosa acariciándome la cara. Me encanta observar esa hilera de palmeras que se pierde en el infinito y es natural que "todo el universo me acompañe" es decir, conmigo marchan de buena gana las estrellas, las lunas, los planetas, las nubes de todos los colores, las dimensiones habidas y por haber, la chatarra espacial, los agujeros negros en frenética actividad, el Verbo que ondula por el cielo susurando nuevas y viejas creaciones. Los cascos de los caballos ya no resuenan sobre el empedrado porque estoy desplazándome sobre una cinta de luz que me lleva hacia un portal que para mi comprensión es un arco iris sobre un fondo de luz..." Puedo comprender que llegaré hasta donde alcancen mis merecimientos y soy feliz como no lo he sido por muchísimo tiempo... toda una experiencia secreta formidable hasta que una mano en el hombro me estremece: mi compañero de asiento necesita descender. Al tiempo que me pongo de pie para darle paso  lo bendigo en mi corazón por haberme sacado de mi paseo cósmico en el preciso momento en el que yo también debo descender.
    Aún allá estamos aquí con los guías siempre atentos a nuestras diligencias terrenales. Ellos no son seres alados, ni etéreos o ideales, son simples instrumentos en el laboratorio de la vida  como lo es cada ser en cualquier papel y  circunstancia que decida el universo (o el cielo o el venerable dios de tu conciencia).

viernes, 16 de octubre de 2015

"Nosotras"

    En el tradicional barrio "Miraflores" de la ciudad de Lima, Perú, infinidad de veces Silvia ha bajado casi en vuelo las escaleras de su casa con su pequeño hijo en brazos. Al tratarse de una región establecida sobre el límite de placas tectónicas, no sorprende a nadie cada vez que se moviliza y pone a prueba los reflejos de su población Pasados los temblores hay diálogos como éste: 
   -¿Tuviste miedo Martín?
   -No porque mi mamá me  llevó a la planta baja. Yo no sentí nada.
   -Ah!!! tu mamá es antisísmica...
   A este niño terminaban de decirle una  verdad: las mujeres, sobrevivimos a cuanto terremoto -o catásatrofe- debamos afrontar. ¿Acaso los hombres no? Sí. Claro. Por supuesto. Pero nosotras lo hacemos casi siempre, como Silvia, en soledad porque si hay algo socialmente desdibujado es el sexo femenino. Somos apenas perceptibles como madres y sólo durante algún tiempo seremos observadas con interés si somos bellas. La soledad en las luchas de las mujeres, como las madres del Paco en Argentina, también podría deberse a que nosotras no contamos con ese sentimiento de cofradía que se advierte entre varones. Ese razgo ancestral, producto de la época del cazador acentuado en el ejercicio de la guerra, es un escudo protector con el que los hombres pueden contar en el incosciente colectivo en tanto que las mujeres no lo tenemos porque nunca fuimos socialmente importantes en comunidad ni siquiera en la familia donde, hasta no hace mucho, fuimos tan subordinadas como los hijos frente a la autoridad del hombre. 
   Hoy somos desde empresarias hasta jefas de estado pero, en la cara oculta de la mayoría de las sociedades, estamos solas porque no se nos toma en serio como si fuésemos subhumanas: el oficial de justicia no nos quiere recibir una denuncia por malos tratos y simula sospechar de la víctima preguntándonos:-¿Y Usted qué hizo? (defendiendo de antemano al golpeador futuro asesino).
   La subestimación hacia la mujer es práctica sistemática en muchas partes del mundo y nosotras, eternamente ingenuas, colaboramos bastante cuando festejamos chistes adversos a las suegras o cuando aprendemos canciones que nos denigran sin piedad. Hay letras  que ninguna mujer despierta debiera aplaudir como aquélla referente a que "la cosecha de mujeres nunca se acaba" como si la hembra fuese un vegetal. Un viejo tango formulaba la siguiente pregunta: "quién sos que no puedo librarme/muñeca maldita/ castigo de Dios" y ¿qué tal con la letra de "Angélica?": "si un águila fue tu cariño/paloma mi pobre alma/ mi corazón en tus garras sangró y no le tuviste lástima". ¡Cuidado! si no somos verduritas somos fieras cuando no se nos ningunea de frente mar en "Amor Salvaje" donde no hay reparos para decir: "la llevé sin preguntarle ni su nombre..." ¿Para qué? la mujer sigue siendo, en la cabeza de mucha gente, una cosa que vale casi nada. ¿Exagero? No señor.
   Durante la segunda semana de Octubre de este 2015 se registraron nueve víctimas de violencia de género en Argentina:
    Julieta Mena de Ramos Mejía                        -Buenos Aires-
    Rosario del Cármen Salinas de Mar del Plata   -Buenos Aires-
    María del Rosario Diaz en Pergamino              -Buenos Aires-
    Marlene Carrumán López                               -Mendoza-          
    Sandra Elizabeth Costantópulos                     -Mar del Plata-
    María de la Cruz, en Bariloche                        -Río Negro-
    Daiana Luisa Rodriguez en Cármen de Areco     -Buenos Aires-
    Claudia Sposetti en Mar del Plata                   -Buenos Aires-
   Silvia Barba en mi Tartagal, Salta, muerta a escopetazos en presencia de sus hijos para dar por finalizada una discución. Sí. Ya sé desde el génesis estamos en falta y mucho antes cuando la mitología griega hizo responsable a Pandora de todos los males de la humanidad (la primera Eva en realidad) Miren desde cuándo proviene el machismo. Sí. Ya sabemos pero... tenemos que comprender que el trabajo por la valorización de la mujer es de todos los días  y que se inicia en el hogar como tarea que corresponde exclusivamente a nosotras porque los hombres, si no lo hicieron en tantos siglos, no van a darnos una mano ahora  irritados como están por nuestro protagonismo -salvo excepciones- De modo que, estemos atentas y cuidemos el pellejo: ¿Qué decimos? ¿Qué hacemos?  ¿Qué enseñamos? ¿Qué soportamos?)¿Qué ejemplos damos? Cada una sabrá qué estrategia adoptar. Hoy la mía, muy infantil pero por éso muy positiva, es decir con el poeta:

             NO PEGUES A LA MUJER NI CON EL PÉTALO DE UNA ROSA       
                

   

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Creer para ver?

  






 Un adelanto de: "El Señor de Sumalao"







   Cerca de las tres de la tarde, cuando la sombra de su casa ya iba por la mitad, Estefanía vio aparecer por el camino nuevo nada menos a la mismísima virgen María. Le costó convencerse de que aquello no era un espejismo y  que esa aparición se encaminaba hacia ella pero, en cuanto la vio avanzar decidida la niña terminó con la tranquilidad de la siesta sagrada:
   -¡Vengan! ¡Viene una virgencita! 
   Todos dieron un brinco y, lo más extraño, salieron en tropel a recibirla con la mayor naturalidad. Epifanía estaba al tanto de las amistades importantes de sus padres pero nunca había imaginado que tales relaciones llegaran hasta el cielo.
   La visitante sonreía como todos los mortales, parecía sedienta y al caer rendida en el primer sillón de mimbre que encontró, en la galería grande, agradeció el vaso de agua con una extraña manera de arrastrar las eres y las eses.
   - En el cielo deben hablar así- se dijo Estefanía y como nadie reparaba en Ella, aprovechó para salir en busca de Florico. Con total seguridad Él iba a sacarla de dudas por muy ocupado que se encontrara en el desensilladero.
   -¿También sos amigo de la Virgen?
   -No es una virgen -tonta- es una Hermana
   Ahí sí que la terminó de componer porque recibir la visita de la madre de Jesús, retratada en las estampitas de su mesa de luz y representada en las imágenes de toda la casa, y que así como así terminara siendo hermana de una... ya era el colmo.
   -Vamos. Vamos -se molestó el chango.- ¿se puede saber qué diablos estás haciendo aquí? 
   Sin dudas Florico no tenía respuestas para Ella así que siguió en carrera hasta la casa de Mercedes (a unos doscientos metros).
   -Tenemos una hermana que es una virgencita bien bonita. ¿La quieres ver?
   Cuando la Monja Celestina -toda de blanco y ya algo recuperada de la insolación- descubrió a las nenas, espiándola, desde luego preguntó por ellas.
   -Son mi hija y mi ahijada. Acérquense a saludar a la Hermana- Ordenó Churita.
   -Hola hermana- Dijo Mercedes con gran desparpajo acostumbrada a que le aparecieran hermanos como por arte de magia y además, porque esa virgen le pareció una persona digna de confianza...
   Epifanía apenas si pudo hacer algo así como sonreír ya que no: no podía ser su hermana aquella visión del camino por mucho pellejo y huesos que tuviera. Estaba bien que la hija de los Valdés fuera su hermana del corazón pero aquella especie de señora caída del cielo, a la hora de las lagartijas, no podía tener ningún parentesco con Ella. Mirándola bien, era una mujer vulgar y silvestre si bien...¿por qué se vestiría de virgen? La nena, en su desconcierto, la observaba sin abrir la boca y preguntándose de qué color sería su pelo (si acaso lo tenía). Aquella tela tan dura alrededor de su cuello debía incomodarla enormemente para masticar en el supuesto caso de que la madre de Dios necesitara comer algo o que en el cielo hiciera falta alimentarse.
   Acorde con la modalidad del siglo pasado, y sobre todo en el campo, los bajitos debían limitarse a responder aquello que los mayores preguntaban: nombre, edad, grado, cuántos dientes entregados a los ratones... y si las niñas fueron absueltas de semejante interrogatorio, imbécil, fue porque ya tenían siete años si bien, por esa razón, la hija de la dueña de casa se atrevió a lo inimaginable:
   -Señora. ¿Usted es mi hermana?
   -No es una señora- La avergonzaron varias voces al unísono.
  -Estas chicas, Hermana, son capaces de enloquecerla. Sucede que nos visitan muchos sacerdotes pero, Ellas nunca vieron a una religiosa- Explicó la señora Maurín acalorada.   
   -Qué pureza -mi Dios- Estas nenas son dos "rotas" (por rosas). Nosotras, hijitas, dijo la Hermana Celestina dirigiéndose a las niñas: ya conversaremos largo y tendido pero, ¿qué les parece si antes conversamos con el Señor de Sumalao?
   Eran las cuatro de la tarde de un martes muy parecido a un domingo puesto que, en cuanto la visita fue descubierta dirigiéndose a la Capilla, nadie quiso quedar afuera salvo el dueño de casa y su ayudante que, locos de contentos con la excusa de salir en busca de los misioneros varados a tres kilómetros de "Las Cantoras", se las tomaron inmediatamente. Si la Monja había porfiado por ser  Ella quien saliera en busca de ayuda fue nada más que por ofrecerle una flor, o  un sacrifico, a la virgen porque su fe era tan grande como contagiosa y tanto que, aquella misma noche, después de rezar con mamá.
   -"Con Dios me acuesto. Con Dios me levanto. Que la Virgen me cubra con su divino manto..."  Epifanía dio una primicia mundial:
   -Cuando sea grande, yo también voy a casarme con Dios.

   

viernes, 2 de octubre de 2015

"Buena Noticia"

    Buenos Aires, Argentina, año XV de nuestro segundo milenio, la humanidad es tan descontrolada como siempre y, como para no variar, hay novedades que se ven insignificantes pero no lo son como el hecho de que hoy duelen los dedos al escribir si la lista de compras es un poquito extensa; nos cansamos leyendo más de tres páginas; no escuchamos la mitad de lo que nos dicen y en las ferias las señoras que venden papas hacen las cuentas a mayor velocidad que el noventa por ciento de los clientes. Estas observaciones serían ociosas si no fuera que delatan algo tan grave como la triste realidad de que cada día usamos menos el cerebro porque la tecnología nos ofrece todo servido y hasta pareciera que nuestra capacidad de hablar, escribir y pensar, no tuviera demasiada importancia porque el proceso de degradación humana está dosificado convenientemente: primero acortamos las palabras, ahora le toca el turno a las frases y ya es muy engorroso decir "fin de semana". Mejor decimos "finde" y el "te quiero" también fue barrido porque ahora nos escriben "TKM" y gracias. 
   Podría uno suponer que este afán de simplificar la comunicación coloquial se debe a la actual capacidad de síntesis de los humanos pero -¡cuidado!- para sintetizar primero hay que elaborar un discurso de modo que esta poda en el lenguaje es simple pobreza de vocabulario o, mejor dicho,carencia de recursos verbales para la comunicación. Cada día es más común tener que ayudar a la gente para que pueda redondear lo que está intentando decir sin conseguirlo por falta de herramientas para ordenar sus pensamientos y transmitirlos con rapidez y mínima claridad. Sucede que nos estamos quedando sin palabras para elaborar un comentario y transmitirlo de manera comprensible para el oyente que, a su vez, está perdiendo capacidad para prestar atención y, además, le está faltando entrenamiento adecuado para entender lo que se le dice en forma oral o escrita. No por otra causa en la República Argentina se hizo necesario, hace bastante tiempo, implementar una materia  estrafalaria conocida como "Comprensión de Texto". Enseñar a leer... ¡Qué vergüenza! La mitad de los estudiantes llegan al nivel terciario sin poder entender lo que leen y, por supuesto, sin capacidad para asimilar lo que se les enseña.
   Desde luego, no es casual que nos estén dejando mudos y estaría muy bien recordar que el cerebro humano se desarrolló enfrentando desafíos y que puede involucionar por falta de ellos. Que los aparatos nos hagan las cuentas no quiere decir que ignoremos cuánto es siete por cero. Que la tecnología nos brinde gran parte de la información que deseamos obtener no significa que estemos discapacitados para analizarla y en este pundo debo decir que la moda de testear conocimiento por sí o por no, o por opciones, es una invitación formal y descarada a la ingnorancia y, mucho antes, al desamor por el estudio, por el conocimiento y la superación personal. Si hasta parece que todo lo que hay que saber es nada porque hemos comprado la comodidad al precio de nuestra soberana inutilidad y,  como si fueran insuficientes los despropósitos  el deslumbramiento tecnológico consigue hacernos suponer que no necesitamos, por ejemplo, enamorarnos. Nuestras relaciones afectivas se van reemplazando por la necesidad de techo, comida y afines. El hecho desgraciado de no poder encontrar pares, por creernos "únicos e irrepetibles" más la actual insolvencia para generar afectos duraderos, por culpa del ejercicio cotidiano del desamor, nos inclina hacia la máquina hasta el extremo de desconectarnos de la vida que merecemos vivir. La mayoría de la gente hoy no canta después de haber guardado en el recuerdo a la contagiosa y liberadora carcajada si es que no a la mismísima sonrisa pero... a todo ésto....¿no era que lo único que necesitabas era amor?. Al paso que vamos, sólo falta firmar en público la renuncia indeclinable como "almas vivientes" para convertirnos en herramientas de la peor calidad. Sí. Ya es sabido que siempre fue muy caro aportar humanidad pero, a no desesperar porque no somos pocos los atrevidos que ni siquiera tenemos pensado dejar de ser humanos.
   Pensar, sentir, cantar como uno sabe, leer, escribir como la gente, pintar, bailar, defender ideales, enamorarse... son dones de la condición humana que deberán ser defendidos a nivel gubernamental y que la realidad no me deje mentir: Francia acaba de disponer que, a partir de año próximo, en los colegios serán obligatorios el dictado, la lectura y los cálculos mentales. Qué excelente noticia aunque no se le haya dado la  publicidad merecida por razones inconfesables. Yo, pobre alma, desde mi Argentina lejana, celebro esta iniciativa y deseo que sea implantada en todos los países de la tierra para que humanidad y tecnología terminen siendo buenas hermanas y -juntas- consigan hacer de este planeta azul un mundo exquisitamente rosa. ¡Vamos!

    

viernes, 25 de septiembre de 2015

"Extraña Mudanza"

   La mañana era espléndida y en aquella casa había espacio de sobra para acomodar recuerdos junto a los bártulos recién colocados en escena por los encargados de la mudanza iniciada al alba. En cada rincón, aparentemente vacío, estaba Él con su nuevo rostro de hombre maravilloso cuando siempre lo habían pintado como un infeliz que se desquitaba a los golpes de los malos tratos que recibía de la vida. Desde luego, la principal destinataria de sus desquites había sido siempre su señora que, el día de esta mudanza, se refería a su difunto esposo con un romanticismo sin igual. Tan inteligente había sido el hombre, tan buen mozo y seductor que -con total seguridad- su viuda no iba a poder encontrar sobre la faz de la tierra a alguien capaz de reemplazarlo siquiera por una noche. Es que, de pronto, Mariana decidió ser la viuda de aquel ser que había imaginado para Ella alguna vez y no era cuestión de perder semejante oportunidad. Junto con su liberación, la vida terminaba de obsequiarle el glorioso momento de re crearlo a su medida y como mejor le pareciera.
   Ajenos a las transmutaciones secretas de esa mujer aguantadora, el resto de la humanidad recordaba al padre de su hijos como al mal hombre que había sido durante su dilatada permanencia entre nosotros. No pocos sabían de sus traiciones como así también de los malos tratos que se complacía en propinar a la mayoría de las personas que lo rodeaban comenzando por su mujer.Ya el primer día de casados, con toda seriedad, la puso al tanto de su primera obligación como esposa: llevar cada mañana  el maletín de  su marido en jefe hasta el coche sin olvidarse de cerrar la puerta del vehículo con toda suavidad.
   Su secretaria acompañaba a la flamante viuda el día de la mudanza interna y externa. Se llamaba Vilma Rivarola quien durante más de veinte años había servido a Mariana como virtual confesora razón por la cual conocía de sobra  la perversidad de aquel hombre que -por fin- dejaba en paz a lo poco que quedaba de quien fuera su compañera durante treinta años interminables. Todos sin excepción pensaron, al saberla sin Él, que muy pronto Mariana rejuvenecería al encontrarse libre de su verdugo oficial y hasta llegaron a creer que mudarse era un signo de que estaba dispuesta a iniciar cuando antes una nueva vida.
   Aquel día del cambio de domicilio no hubo mucho tiempo para conversar en medio de tantos trajines y, a decir verdad, nadie sabía qué decir para no impactar en alguna herida de la señora de negro. Cada uno pensaba muy bien antes de abrir la boca o hacer un gesto que pudiera pasar por descortés. ¡Se veía tan atribulada a la pobre...! pero su secretaria siempre hablaba de más y no era Ella  quien iba a privarse de sacar a relucir alguna perla del desprecio casi biológico que sentía por el fallecido. Rescatando algunos porta retratos de un canasto, provisto por la empresa de mudanzas, en un momento dado tuvo entre manos una fotografía del matrimonio junto al mar. Esa foto tenía su historia ya que registraba el único verano que Mariana y su marido disfrutaron juntos en tantos años de casados y no sólo eso: inmediatamente después de tomada imagen del retrato... el señor esposo decidió volver a la ciudad es decir, dejarla sola como siempre. Vilma, que lo recordaba muy bien, murmuró casi para sí misma:
   - Miren que era tremendo este hombre...
  Pero tuvo la desgracia de que Mariana pudiera escucharla y el mundo comenzó a girar al revés porque, al instante, la eficiente Vilma se convirtió en la peor de todas y en el acto se vio apartada de su ya ex empleadora según la cual sólo Ella estaba autorizada para hablar mal del individuo de la fotografía.
   Como casi todos los difuntos, quien fuera el esposo de Mariana ya tenía algo así como inmunidad diplomática en el recuerdo y su viuda tuvo la sorpresa de encontar aquel mismo día a alguien que se solidarizara con su actitud inmerecida y desmesurada con respecto a Vilma Rivarola porque Feliciana, su asistente doméstica Correntina, podía comprenderla como nadie. Mujer muy golpeada  y eternamemente traicionada  por otro impresentable, esa antigua colaboradora de Mariana sabía muy bien lo que es no saber liberarse de quien nos maltrata o nos arruina la vida. 
   En todas las clases sociales hay relaciones y actitudes de este tipo. Son innumerables las mujeres que se ven privadas de su derecho a ser tratadas como personas y no sólo debido a sus malas elecciones o a decisiones equivocadas. Tiene mucho que ver la indiferencia que se advierte, sobre todo, con respecto a  los niños y a las mujeres. PECADO CAPITAL LA INDIFERENCIA.

viernes, 18 de septiembre de 2015

"Otoño en Primavera"

   El otoño cuenta con toda mi adoración pero sé bien que la primavera tiene más festejantes porque siempre fue más promocionada no sólo por los poetas; por las artes en general. ¿Quién no le puso letra o música a sus encantos? Como el renacer de la naturaleza se muestra nada menos que con flores, perfumes y a todo color, no es posible el más mínimo desdén a tanta vida que se ofrece sin pudor a nuestras más sofisticadas percepciones y no queda más que decir: ¡viva la primavera! Pero hoy, aquí, estoy pensando en el otoño. Estoy con ganas de instalarme en el oro de las campiñas y en la plata de los cielos tormentosos fabricantes de días grises que para los melancólicos serán deprimentes pero, para los enamorados son -¿saben qué?- románticos.
   El otoño nos recuerda que el verano se ha marchado una vez más y que el invierno está cerca pero este paréntesis, tantas veces inadvertido, es un soplo formidable de energía. El gran reino vegetal está guardando combustible para el regreso de sus vacaciones y el ritmo perfectamente calibrado de tanto acopio energético, al mismo tiempo de acunar a la vida en los espacios verdes, está fortaleciendo el ramaje de mi propia naturaleza porque en mi persona también hay hojarasca, ríos de sangre  caliente y congelada, troncos, piedras jugando a ser huesos, minerales valiosos, un sol en el plexo que lleva su nombre, una estrella azul en el ventrículo izquierdo del corazón, alguna nube rosa en mi horizonte secreto y demasiado pensamiento inútil que es polvo en suspensión obstaculizando mi visión tanto interna como externa. Es que, al fin y al cabo, somos mundos en "bonsai" con sus cuatro estaciones correspondientes no siempre bien aprovechadas porque es costumbre que estemos detrás de la próxima es decir, detrás de una que otra mentira como aquella referente a que cuando se es mayor de edad uno hace lo que quiere y el niño no ve las horas de ser "grande".
Hay una simple operación mental en los humanos que hasta aquí no ha  dejado de hacernos bromas pesadas todo el tiempo y, para colmo de males, puede  instalarse automáticamente: no admite revisiones ni espera aceptación para instalarse como página de inicio en nuestras vidas. Se trata de la creencia -mentira más ilustre y más dañina que las demás desde que creer es cómodo, habitual y esencialmente humano lo cual no quiere decir que la credulidad sea útil o conveniente porque, generalmente, no es más que una trampa. Creer, por ejemplo, que la juventud es lo mejor es tan falso como  suponer que la vejez es un horror.  En este caso, es no comprender que si bien los años calendarios pueden ser contabilizados, los años de vida van por fuera de la noción de tiempo que hemos dibujado en nuestra mente los humanos. El tiempo del reloj y el almanaque luce el marco perfecto de nuestros hábitos mentales. Si alguien ha crecido pensando que "la vejez no viene sola", si le hicieron creer en "el peso de los años" o en el cuco de la vejez tan buen hermano de la bruja soledad... esa persona se irá de este plano en ruinas pero, si a los noventa trabaja en nuevos proyectos, porque no tiene pensado envejecer, ese ser por muy añoso que sea jamás llegará a viejo porque viejo es lo que no sirve, lo que está de más, lo que no se usa, lo que estorba, lo que "ya fue".
   Me contó un pajarito, en cierta primavera, que hoy la gente vive más porque nuestro planeta se desplaza a mayor velocidad por los cielos -alguien me citó a Albert Einstein para explicármelo- y otros me hablan de antibióticos, del avance tecnológico, de la gimnasia y la meditación como probables  causas de la gerontocracia que se avecina pero, yo conozco sólo una: la actitud personal diseñada por una "cabeza clara" para decirlo una vez más con Ortega y Gasset
   La actitud de una persona depende de los velos que oponga a su mirada. Cuanto más lejos alcance a ver más cerca estará de las mejores opciones de vida en este mundo, o en cualquier otro, y si se instala en la inconveniencia, por falta de visión, estará en peligro de vivir justo en esas zonas donde en lugar de rosas encontrará sólo espinas y, a propósito, hace mucho tiempo me enseñaron a perdonar las espinas por las rosas pero, para no lastimarme con ellas, las trato a la distancia como he decidido relacionarme con las toxinas peligrosas para el alma, como el odio, el orgullo o el desamor, que no congenian con mi corazón de peregrina que se ha estremecido en todas las estaciones del cielo y de la tierra. Hoy me toca saludar a la primavera desde mi otoño que es tiempo de cosecha y reencuentros.  Feliz Primavera aquí y Otoño glorioso allá, en el otro lado del mundo, donde hay tantas miradas claras buscando uno que otro destello en la web.-  

viernes, 11 de septiembre de 2015

"Maestros Queridos"

   Si hoy al presidente de un país le decimos "presi" y el doctor es, lisa y llanamente, "doc" es porque estamos todos devaluados pero nadie lo está más que el docente. Si alguna vez fue personaje notable de su comunidad, hoy es un empleado público como cualquier otro desde que la familia le ha negado entidad restándole autoridad frente al alumno. El maestro ya no es el segundo papá ni su palabra es sagrada. Hoy los alumnos van al colegio con mucho conocimiento y una profunda sospecha de que en ese lugar no aprenderán nada que valga la pena lo cual no es culpa de los maestros sino de los programas de educación sobre los que no se trabaja lo suficiente (por no decir nada). Mientras los entendidos no se cansan de repetir que el conocimiento será el valor supremo del futuro, los chicos no le tienen el respeto que hasta hace muy poco le teníamos.
   Hubo una época en la cual se valoraba el vocabulario, por ejemplo, pero ahora hablamos poco -y a medias- con términos podados de tal manera que cada uno está creando su propio dialecto y llegará ese día de no poder entenderse con todos. Recuerdo que no hace mucho era una vergüenza tener mala letra y cuando costaba descifrar nuestros garabatos nos disculpábamos a la espera de que alguien tuviera la generosidad de decirnos:"tiene letra de médico".  Hoy no hace falta ese consuelo porque ya no escribimos ni hacemos cálculos personalmente desde que los hace una máquina que puede caber en un puño y, siguiendo en este tren, hubo alguna vez gente que escuchaba con respeto a quien tenía algo interesante para enseñarle o una novedad para mostrarle. Pero llegaron estos días de desaire a la excelencia. Hoy se insiste en ser "como todo el mundo" o un poco peor... mejor ¡nunca! Hay que igualar hacia abajo. Desde luego que siempre el estudioso fue tildado de "traga" pero, en otras épocas, en su futuro había buena cosecha y creaba tendencia respecto a la importancia de ser buen alumno no sólo en clase; también en la vida donde hay grandes maestros por dondequiera que uno vaya.
   No voy a cantar loas al ayer que tuvo tantas sombras como el hoy pero, hablando de educación en nuestros días, es una pena que el maestro se deba conformar con desarrollar un viejo programa de estudios cuando ya Max Scheler insistía en aquello de que educar es preparar para la vida. No veo que lo estemos haciendo porque las madres de nuestros alumnos pueden llegar a agredirnos, los directores despedirnos y la sociedad desprestigiarnos si ponemos mucho énfasis en mostrarle fronteras al estudiante con el afán de enseñarle cómo y cuándo cruzarlas en el caso de necesitar hacerlo.
   Escucho decir con frecuencia que "los chicos de hoy nacen sabiendo" porque es cierto que el espíritu de la raza humana está despuntando a toda velocidad pero esto no significa que la escuela y el maestro estén de sobra. Hoy es cuando más límites estamos necesitando y cuando más sabiduría nos hace falta para vivir una  vida provechosa. Que hay que corregir rumbos en materia educativa hay que corregir. Que hace falta perfeccionar técnicas de enseñanza para que el docente rinda más... hace falta hacerlo pero, la "seño" y la "señita" son irreemplazables  y ayer 11 de septiembre, día del maestro, quise hablar de ellas porque además de hermanas somos colegas y porque todo lo que soy -y lo que no soy- es gracias a mis maestros del colegio y de la vida.

sábado, 5 de septiembre de 2015

"¿Refugiados?"



   Hace pocos días Gaby, mi hermana del alma, científica, bodas de plata con su alma gemela, madre, amorosa hija y mejor amiga, me contaba las penurias de estudiante que vivió como becada en Europa y la miré, en mi corazón, y la ví brillar como un sol. Mucho antes escuché decir a Gabo que debió pedir limosna para comer cuando era niño y sentí en mi pecho que su hambre fue también el mío muchas veces pero, Gabo ni Gaby están a la deriva por mucho que hayan padecido en diferentes aprendizajes y, puedo escribir aquí, que son dos  bellísimas personas militantes de la vida en cada una de sus gestiones existenciales. Lo que no sé es si el día de mañana se podrá decir lo mismo de veinte millones de seres que huyen de la guerra y la desolación con sus hijos en brazos mendigando un lugar en este mundo que por derecho de nacimiento les pertenece. Sabiendo que están de más en sus países buscan otros que ya tienen sus propios desheredados pero no importa; en alguna parte necesitan refugiarse. Pensar que son mis hermanos. Que no tienen el agua tibia que tengo yo para bañarme todos los días, que no disfrutan de un café caliente cada mañana y que cuando miran hacia el futuro sólo está la oscuridad.
    -¿Por qué tanta injusticia? Aquí no voy a decirlo. 
   -¿Para qué tanta lucha por sobrevivir? No puedo explicármelo claramente. Sólo puedo renegar del maldito momento en el cual un grupo de humanos aprendió a hablar para que el resto aprendiera a callar.
   Atahualpa Yupanki decía:"le tengo rabia al silencio" cuando hablaba del poder de la palabra y del dinero que habla fuerte. Es muy buena compañía el silencio cuando está bajo techo, bien comido y en paz. También es inspirador cuando nos lleva de la mano hasta nuestro mundo interior o hacia el infinito pero -cuidado- puede ser un ángel exterminador si nos secuestra en el momento justo de tener que gritar "Yo Soy".


   Como es un hecho que continuará el negocio de los combustibles fósiles, y el de las armas,  dentro de muy  poco tendremos más infelices que buscarán refugio como víctimas del desastre ambiental que no nos interesa evitar y diremos: ¡pobres! y con esta falsedad estará todo dicho y esperaremos que a la mañana siguiente los pajaritos canten pero no cantarán porque ellos también, en este mundo, serán tan extranjeros como  lo es -en este instante- tantísima gente desalojada no sólo de sus países, también de sus destinos.     
   Cómo nos gusta guardar nuestro cuaderno de primer grado; nuestro ajuar de novia; todas las sonseras que sólo tienen valor para nuestra vanidad pero, estos millones de desheredados sólo conservan los latidos de su  corazón hasta caer al mar sin ser nadadores o hasta que algún gobernante les ofrezca un espacio para sobrevivir -por mucho tiempo- como humanos de cuarta.






   Quiero pensar que para comenzar a poner fin a tanta injusticia, a tantísima maldad, hoy mismo comenzaremos a ser mejores personas con quienes tenemos a la vista para que mañana no queden tan lejos de nuestro alcance y podamos ayudarlos cuando las pruebas lleguen. A esas horas se siente frío en el alma y entonces no basta una ley ni un blog ni un vaso de agua: hay que hacer fuego con astillas del propio corazón.

sábado, 29 de agosto de 2015

"Un Viaje Misterioso"

   Es un hombre de pocas pulgas. Nunca supo adaptarse a un superior porque subordinarse no es para un libertario de su talla de manera que siempre se las ingenió para trabajar por su cuenta hasta que encontró en el taxi una opción de virtual independencia. Si bien largas horas al volante no son un bálsamo para el alma, precisamente, en su largo caminar por el túnel del tiempo Héctor se especializó en semblantear a sus pasajeros y rara vez se equivocaba con el perfil de gente que deseaba trasladar si bien este entrenamiento no pudo garantizarle total impunidad frente a una que otra sorpresa desagradable.
   Aquel día estaba más que desanimado por tan poco trabajo de fin de semana argentino pero tenía necesidad de elevar la recaudación de manera que decidió hacer la novena hora de su rutina habitual y en eso andaba cuando apareció el nuevo pasajero: un sujeto de apariencia convencional que solicitó viajar en el asiento del acompañante. El taxista acccedió. El viajero no terminó de abordar el coche cuando tres sujetos irumpieron raudamente en el vehículo para ubicarse en los asientos traseros y todo daba señales de ser un asalto pero, como era tarde para reaccionar el conductor del auto inició nomás el recorrido solicitado por el hombre que tenía a su lado. Catamarqueño simpático, tenía ganas de conversar pero no por eso las treinta cuadras del recorrido dejaron de ser interminables para el chofer que hasta podía jurar que, en cuestión de segundos, cualquiera de esos tipos le mostraba un arma.
   Héctor no dejaba de observar por el espejo con cero discreción a ese trío de sospechosos que transportaba a sus espaldas y no pudo menos que sorprenderse por el hermetismo que mantenían tan sospechosos individuos. Uno parecía intentar un sueño o, tal vez, meditaba; los dos restantes, despreocupados por la suspicacia que habían despertado en el conductor del coche, observaban con desmesurado interés lo que la ventanilla les ofrecía hasta que -por fin- llegaron a destino. Un segundo antes de detenerse Héctor decidió hacer una advertencia al viajero que lo detuviera momentos antes.
   -Mire señor: ésto no se hace. Otro chofer bajaba a estos sujetos en una comisaría porque usted simuló estar solo cuando lo acompañaban estos tres tipos que me abordaron como delincuentes 
   -De qué tipos me hablas. ¡Estoy solo hermano!
   El taxista miró hacia atrás con el rabillo del ojo y... no vio pasajero alguno. Vacío inexplicable. Ninguna posibilidad de no pasar por loco así que buscó escudarse en una humorada hasta que el extravertido pasajero abandonó el móvil, sin enterarse de nada, y  con cierta premura por ser recibido en una casona de Monte Castro que, según se leía en su frente, era "La Mansión Del Angel".
   Antes de pisar el acelerador para continuar en tránsito, y aún desconcertado por lo que terminaba de sucederle, el bueno de Héctor no pudo evitar darle un último vistazo al sujeto que terminaba de trasladar y es el día de hoy que no puede admitir sin reservas lo que vio: los tres "desaparecidos" estaba detrás del catamarqueño muy de brazos cruzados- esperando de lo más campantes- que alguien se dignara a abrirles la puerta.
    Dicen las crónicas increíbles que el taxi se convirtió en un objeto volador no identificado que apareció de pronto en las calles truculentas de la "Misteriosa Buenos Aires" de Manuel Mujica Lainez.