viernes, 15 de enero de 2016

"Amor y Amar"

     Aún el más pequeño de los sueños es demasiado grande incluso para cada uno de sus fabricantes que, una vez concretado, ni ellos mismos son capaces de conservarlo en su poder a menos que se propongan reducirlo a su mínima expresión. Elige cualquier lugar, a cualquier hora y ya tendrás a alguien que, frente al sueño consumado, advierte que sus manos no son lo suficientemente grandes como para guardar tanta importancia personal y que, después de tanto remar, hay que compactar el resultado cuanto antes para que no  se transforme en poca cosa o en una desventaja. Es que la realidad no es el campo propio de las ilusiones porque ellas pertenecen a territorio azul y no pueden sobrevivir ni al cuidado más atento de sus propios gestores que suelen preguntarse desolados:
    -Y...¿ésto era lo que yo tanto soñaba?
    A mí también me pasó. Tu amor, que era lo único que me había atrevido a soñar, no me permitía enfrentarme a esa pregunta demoledora si bien, en secreto, ya tenía contestación hasta que me animé a responderla a toda voz y, para mi tristeza, el hombre que eras estaba muy lejos de ser el de mis sueños. Yo sólo contaba con una buena imitación que aparecía muy seguido casi siempre para otros pero, cuando estabas para mí... ¡Ah! el hombre de mi cabeza te poseía para convertirme en la mujer que yo creía ser y a la que me parecía bastante cada vez que me encontraba sin salida entre tus brazos porque ¿por qué no ser la seductora triunfante cuando ya no era posible evitarlo? Más tarde, cuando el arco iris corría a guardarse en tu pelo -hasta la próxima- mi hombre ya no estaba y en su lugar había alguien muy dispuesto a reemplazarlo al estar también ausente esa mala especie de mujer con lo que no siempre podías contar. Ella debía estar siempre a la sombra tal como lo venía haciendo la mayor parte de mi vida ya que, antes de conocerte, yo viví entreverada con los buenos sin la menor intención de parecérmeles.
   Sin embargo de ellos recibí varias lecciones, como la de ser generosa con mis vencidos, no mucho después de que hicieran conmigo la imagen más parecida a la de aquella figura que nuestra sociedad ya casi no tiene en existencia: me refiero a La Señora. Presuponiendo que no quedaban muchas, ellos no hallaron nada mejor que tentarme con ese rol y yo no sólo lo acepté de mil amores: lo interpreté a la perfección porque a los quince años ya nadie me tenía por otra cosa. Cierto día intenté protestar diciéndole a mi peinadora:
   -Usted sabe que no soy casada ¿por qué "señora"?
   -Porque es demasiado formal para ser tan joven.
  Sencilla respuesta para asunto tan complejo.Yo había aprendido a adoptar posturas al margen de mi control consciente.
   Más tarde, cuando intenté enfrentarme con aquello que se tenía por mi persona, ocurrió algo inesperado. Al colocarme como espectadora de mi misma terminé enamorada de cierta bella dama que vi respirando en mi pellejo y ya no hubo nada que hacer. Habían logrado hacer conmigo una chica tan formal que una simple modificación de su peinado la convertían en un pobre bosquejo de aquélla, su propia imitación.
   Un buen día me sentí obligada a ser casi como yo para que lo nuestro tuviera color pero sabes bien que jamás tendré valor para desalojar de mi casa a la señora que me habita. A lo sumo puedo pedirle algunas veces que se retire no sin antes recordarle su obligación de volver lo más pronto posible pues he descubierto que ya no puedo vivir sin ella y que, ni se te ocurra negarlo, es la primera vez que  hay una señora en tu vida y ¡te encanta!.
    

  
   

viernes, 8 de enero de 2016

"Año de Reyes"

   Mi madre solía decir que le debía a cada santo una vela con la santa intención de enseñarnos la gratitud. La pobre no tuvo mucho éxito que digamos pero lo cierto es que agradecer es muchísimo más que una buena costumbre: es una puerta que da al bienestar de quien ofrece su ayuda, por el simple placer de hacerlo, y  de aquel que la recibe si sabe disfrutar el privilegio de merecer una gauchada o una simple muestra de afecto.
   Un conocido refrán, y conste que a los refranes no los promulgan los tontos, es inquietante cuando dice:
   -No sé qué favor le hice a fulano para que me odie tanto"
   Esta manera coloquial de acusar al desagradecido tiene asidero en el hecho de que no siempre el favor es bien recibido. El favor descoloca cuando hay una eficiente gestión del orgullo y no por otra causa escuchamos  mil veces decir:
   -No me asiste porque es bueno; lo hace porque le conviene.
   -No me da una mano por ayudarme; me tira lo que le sobra,
   -No es espléndida conmigo porque me quiera; lo es para hacerme notar que está mejor que yo.
   -Me tiró unos pesos...
   Si esta sarta de imbecilidades intenta justificar la ingratitud hacia nuestros semejantes ¿qué gratitud podría esperar la vida de nosotros? Suponemos que lo merecemos todo y desde luego suponemos bien  pero sucede, además, que somos desmemoriados porque cuando no podemos concretar nuestras metas, o nuestros sueños, pocas veces nos preguntamos  por qué. Sin más ni más nos sentimos desgraciados por no tener la suerte que supuestamente tienen otros y en el acto ya estamos instalados en la queja o en la conspiración, cuando no en el resentimiento, porque no nos gusta ni medio la ley de "Acción y Reacción". Tampoco nos detenemos a pensar en la sabiduría de la vida  con respecto a nosotros (niños aprendices) que presumimos, tantas veces, de ser maestros en lo nuestro pero, ¿qué es lo nuestro? NADA porque NADA hay para nosotros si ella no lo permite.
   Tengo por cierto que la mano para dar está siempre abierta sólo que la nuestra está casi todo el tiempo cerrada para recibir. También aprendí que para seguir recibiendo atenciones de la vida hace falta  aprender a dar gracias no sólo con palabras: con actitudes. Es un hecho que todos venimos a este mundo con un "debe" más un "haber" y que somos mayoría los nacidos con más deudas que con cheques al portador pero, todo es puro aprendizaje. Es urgente aprender a recibir con la misma naturalidad con la que miramos pasar los coches por la calle y, dentro de lo posible, "con buen ánimo y espíritu deportivo" como sugiere el periodista, músico, escritor y bella persona, el doctor Nelson Castro.
   Agradecer es una gran llave para acceder a la abundancia porque ella es afín a la calidad humana así que a no olvidar dar gracias por el desayuno de cada día después de haber agradecido, la noche anterior, la cama donde pudimos descansar. También recuerda que dones, bienes, mimos y favores son monedas corrientes que no cotizan en el mundo de los ingratos que, más temprano que tarde, terminan siendo verdaderos indigentes que darían toda su fortuna para conseguir una migaja de salud, afecto, serenidad o  alegría.
   Pensar que sólo quería contar que yo espero a los Reyes Magos todo el año porque todos los días pasan por mi puerta para entregarme lo que necesito, lo que sueño y algo más. Como no olvido agradecerles, mis zapatitos nunca se ven vacíos y, entre nosotros, a veces amanecen rebozantes de preciosos + que me hacen llegar unos Reyes Magos geniales del mundo virtual donde trato de hacer "Buena Letra".
 ¡GRACIAS! 
                                   

viernes, 1 de enero de 2016

"Invitación al Infinito"

   Por estos días es incómodo transitar por una calle o centro comercial. El empujón descomedido va entre discusiones al paso acerca de qué regalarle -o no- a fulana o a mengano. El personal de las tiendas ni se molesta en simular una sonrisa porque clientes hay de sobra. Y las ventas crecen. Y las tarjetas de crédito bailan al compás de la danza del fuego que aviva la fiebre consumista. Y, si bien la carne argentina está por las nubes, entre los argentinos el asado figura a la cabeza de la lista de compras para la cena de fin de año. Al día siguiente, cuando pregunte a mis vecinos cómo lo pasaron, más de uno  me responderá con franqueza: 
   -"Comiendo". 
   -Alguien me dirá: 
   "Para mí fue un día como cualquier otro" 
   Mientras tanto, millones de personas en el mundo ni quieren saber en qué maldito día viven porque como refugiados llevan una existencia infrahumana o porque el agua arrasó con todo lo que tenían o un aciago tornado no respetó ni a sus seres queridos. Los atropellos muy merecidos del cambio climático sin embargo, no podrán evitar los festejos de fin de año porque aquellos que gracias al cielo podemos celebrar debemos hacerlo para agradecer mil veces -a quien corresponda- por todo lo que nos ofrece la vida. Tenemos el deber de disfrutar de nuestras lindas vacaciones, la obligación de fijarnos nuevas metas, la oportunidad de reconciliarnos con gente valiosa  y hasta de seguir diciendo nuestras habituales tonterías porque la vida va... y nosotros con ella casi sin sentirla latir en el corazón porque apenas descubrimos nuestras canas y esa circunsferencia abdominal mal disimulada debajo de "ropa informal".
   Admito que valoro los rituales de toda celebración. Me gustan los brindis y si pinta un torrontés salteño mucho mejor. Me encanta compartir un buen asado, acomodarme con el asador cuando en los fuegos no estoy yo, y me alegra que me visiten los míos para compartir mi pan casero y mi helado de canela junto a mis lindas peras al vino blanco al que le sumo una sospecha de cúrcuma para que se vean tan doradas como el sol. Aunque las cámaras me detestan, me fascinan las fotos en familia que después me acompañarán desde el portaretrato digital que me regalaron Gabriela y su Martín y ya que estamos, muchas gracias Anita y  Coco por la  vaquita  de San Antonio gigante porque valoro los obsequios de estas fechas... pero no olvido que el tiempo no es el calendario. Tengo bien presente que el nuevo año está solamente en mi cabeza porque el tiempo es un camino que hacemos al compás de nuestro planeta también viajero del cosmos ¡lo mismo que nosotros! así que, como obsequio de fin de año, comparto esta propuesta de mi filosofía de vida:
... y que ni se le ocurra envejecer. Viva en el infinito así sabrá lo que es VIVIR LA VIDA en el 2016 y en el 10.000 ¡también!.

viernes, 18 de diciembre de 2015

"¿Tiempo Propio?"

El asiento del tiempo propio vacío.
    Reflotar la idea de que "recordar es vivir" nos lleva a pensar en los adultos mayores que tanto respeto tienen por lo vivido y, que si se dieron el lujo de hacerlo intensamente, en sus últimos años son expertos en transmutar el presente por el pasado al olvidarse de lo inmediato cuando la actualidad ha dejado de resultarles novedosa. Llega un momento en la vida en el cual hasta los sabores se vuelven prescindibles. Rituales siempre remozados, como los de comer en familia, dejan de ser tan placenteros como el de perderse en la lejanía donde  la infancia les sale de nuevo al encuentro con detalles bellísimos que parecían olvidados pero no: ahí está la imagen de los padres colocada otra vez en un lugar de privilegio de la morada interior como si antes de la partida fuera contundente el mandato ancestral de ordenar la biblioteca genética mientras tanto bien les hace recordar porque hacerlo es revivir. Recordar, codificarlo todo, es la tarea más importante en la vida de quien ha tratado de ser humano en este planeta claro que, para realizarla, se necesita ser pudiente porque hay que disponer de tiempo propio al que no todos sabemos acceder.
   Lo que con tanta ligereza llamamos "tiempo libre" es un regalo del cielo recibido, muchas veces, como una herencia maldita causante de tragedias innumerables ya que semejante obsequio asusta al  desprovisto de solvencia interior por tratarse el tiempo libre de una dimensiaón en la cual lo material no tiene lugar. Ni dinero, ni amigos, ni sexo, ni tecnología... apenas si la sombra de nuestra presencia física puede abordarla de modo que el ocio no es para carenciados cósmicos. Esos pobres son los que necesitan cumplir horarios para no sentirse fuera de sí mismos y, tan cosificados, hasta llegan a creer en la necesidad de "cargar las pilas" por sentirse "aparatos" de un entorno o "productos" de una época o de cualquier escaparate donde su persona es apenas una insinuación. Aquello de creerse "fuera de serie" es la formal aceptación de ser objetos o "algo así" y es así como la gente se va olvidando de sentirse vibrante -o viviente- y si alguna vez le toca experimentarlo se la encuentra desprevenida:
   -¿Seré yo este pájaro tanto tiempo ausente que hoy, para mí, es un vulgar desconocido?
   -¿O acaso esta alondra libertaria que había sabido beberse sin permiso mío nada menos que mis días? El carenciado de tiempo propio es eterno amante de los números y tanto, que es incansable en la tarea de contabilizarlo todo incluyendo sus horas. En el balance habitual las suma o las resta pero ni en sueños se le ocurriría nutrirse con ellas.
   Quién sabe en qué momento de nuestra involución los humanos hemos perdido el dato de que el tiempo es un obsequio o, si se prefiere, un merecimiento. Tal vez por ocuparnos solamente en actividades lucrativas se nos olvidó el dato de que  nuestros días son relucientes monedas de sol, o de vida, con las que podemos conseguir verdadera fortuna personal en lo referente a energía, salud y disfrute en el trabajo por concretar nuestros sueños y cultivar nuestros dones. Creyendo que el tiempo es una llamarada que lo consume todo, la más humillante de las rendiciones consiste en entregarle nuestra vida como combustible y, sin embargo, eso es lo que hacemos con frecuencia viviéndola a toda velocidad. Mientras que el apuro la consume -por su cuenta- no nos permitimos el derecho de disfrutarla.
  
Nuestra niña/o todavía es un ángel.
  Desde la más temprana edad se nos enseña a tener cosas pero no a tener tiempo. Seríamos capaces de arriesgar nuestra integridad física para defender "lo que tenemos" pero no hacemos lo mismo para defender lo verdaderamente propio que es nuestro capital estelar resumido en nuestros días. Si no los valoramos en ese afán de querer "hacer cosas", que muy poco tienen que ver con la vida personal, rescatemos a nuestro niño interno. Él sigue estando en excelentes relaciones con el infinito y, aunque no lo creas, lo único que quiere es ser "per sonare": para sonar, ¡para vibrar!  En resumidas cuentas eso es lo que significa ser "persona".

viernes, 11 de diciembre de 2015

"Elecciones"

Lo mejor de esta vida es gratis. Uno no puede conseguir en una tienda juventud, genialidad, belleza, talento, salud, amor o amistad... lástima que, muchas veces, por obra de nuestras elecciones lo que es natural -y regalado- termina siendo poco menos que una quimera pero a todo esto ¿qué son nuestras elecciones? las llamamos personales aunque la mayoría de las veces sean inconscientes o involuntarias por ser inducidas. No por nada hay familias de solteros, de divorciados, de triunfadores y fracasados en todas partes. Nuestra vanidad, sin embargo, nos lleva a suponer que hacemos lo que se nos antoja lo cual bien podría ser cierto sólo que, como también son gratuitas las diferentes programaciones que cargamos como la psíquica, la genética y la cultural, los decretos habidos y por haber que cumplimos queriendo, y sin querer, son tan innumerables  como culpables de que mil veces nos preguntemos por qué razón  hemos llegado a un lugar al que intencionalmente ni siquiera nos hubiésemos acercado y... ¿entonces qué pasó? ¿Somos autómatas, estúpidos o títeres? No. Nada de eso. Simplemente, muchas veces elegimos mal porque dejamos que lo hagan nuestras emociones cuando hay elecciones, decisiones, que deben ser monitoreadas por la razón.

   En cierta oportunidad, acompañé a una amiga a la seccional de policía para rescatar a su hijo adolescente que había cometido un pequeño ilícito. De regreso a casa, llorando, comenzó a preparar revuelto gramajo que al chico le encantaba y escuché este diálogo desopilante entre mi amiga y su esposo:
   -¿Es un delincuente y lo premias?
   -Si su madre lo abandona qué puede esperar de los demás.
   Razonamientos de este tenor son generadores de gran parte de nuestras decisiones de las cuales ninguna es más importante que otra porque cada una de ellas, por muy insignificante que sea, es generadora de la siguiente. Aún sabiendo que en toda batalla entre la emoción y el pensamiento la emoción gana -por lejos-  estamos siempre expuestos al error por el habito de darle la delantera a la inteligencia emocional y no a la racional. ¡Pero cómo! ¿No era que en el corazón está el genio porque es el órgano más íntimamente ligado al infinito? Si. Claro. Por supuesto... pero hay un campo de acción para él y otro para la razón. El arte y los afectos son territorios del corazón mientras que el comercio y la ciencia son zonas donde el cerebro es rey aunque falta agregar algo importante:  la condición humana es falible y ése es el margen de error que se puede encontrar tanto en el pecho como en la cabeza pero a no desesperar porque falta el recurso infalible: el guiño de  la intuición. Si lo aceptamos estamos a salvo y en caso contrario tampoco  hay de qué preocuparse  demasiado, ni por qué sentirse culpable, porque las llamadas elecciones personales son todas muy buenas desde que, entre todos los seres de esta dimensión, somos los únicos que tenemos el regalo más formidable que haya podido darnos la evolución:  el de poder revisar, corregir, cambiar, descartar, y hasta de volver a empezar. ¡Qué suerte! ¡Cambiemos!.

viernes, 4 de diciembre de 2015

"Amigas"

   Una norteña muy joven, sola, pobre, fea..., no tiene las puertas abiertas de par en par en una ciudad como Buenos Aires pero, siempre aparece la amiga providencial que hace las veces de hermana mayor y esto fue Mary para Rosalía, una Tucumana desconcertada con los códigos de una gran ciudad empecinada en desconocerla y, sobre todo, descolocarla. Como lo único real es el cambio, las aspiraciones de Rosalía se fueron concretando y su cariño por Mary se hizo incondicional. ¿Qué habrá sido lo que no compartieron aquellas dos guerreras inseparables? Si hasta coincidieron en la ocurrencia de estudiar periodismo para después abandonarlo porque ellas eran así de ocurrentes y cambiantes. Vivían riéndose del mundo que insistía en dejar sin piolín a sus ansias de volar alto y lejos pero no importaba: ellas eran antimisiles... hasta que aparecieron ellos.
   Con cuánta ilusión se casaron cuando creyeron haber encontrado EL AMOR. De pronto, sin haberlo buscado, sintieron que no sólo Buenos Aires... el universo entero les ofrecía todo lo que, no sé por qué, se espera de la vida a través de un hombre. Si bien ninguna de las dos olvidó que la independencia es económica, y continuaron generando sus propios ingresos, aún les faltaba aprender una gran lección: la libertad no está relacionada con el dinero porque está en la capacidad de vuelo de cada persona. Libertad personal significa mantener y conservar nuestras alas que son nuestros sentimientos, creencias, principios, patrones culturales, ideas, proyectos, vocación, sueños... En un principio el recorte de alas puede ser apenas perceptible pero pronto se hace notar si lo queremos ver. La mismísima noche de bodas, antes de llevarla a la cama en sus brazos, a Mary su amado la tomó bien fuerte entre sus brazos para decirle en tono militar:
   -Bueno mi amor: tu madre, la mía; tu familia, mi familia y todos los demás pero, a partir de este momento, sólo somos vos y yo.
   -¡Perfecto! Era justamente lo que esa novia pretendía esa noche ¡pero no toda la vida! Cuando Mary pudo advertir que estaba alejada de "su gente" por obra y gracia de su señor marido... ya fue tarde. Sólo de Rosalía el gran simulador no había logrado separarla  -hasta ese momento- debido a que su hermana del corazón iba siempre un paso adelante de él defendiendo la hermandad que las unía lo cual no pudo  impedir que la relación entre ellas les costara cada día más porque no faltaba el consabido:
   -Esa es idea de Rosalía.
   -Cosas de tu amiga ¿verdad?
   -Ya te metió en la cabeza.... 
   ¡Nada que ver! pero llegó el momento en el que las amigas se visitaban sin que el jefe de Mary no lo supiera porque "¡hacía escenas de celos!".
   Como la humanidad está diseñada con códigos absolutamente masculinos, las mujeres vivimos en las nubes y caemos en la trampa de la discordia con total facilidad. Una mañana Rosalía encontró en la calle, sin proponésrselo, al esposo de su amiga del alma con quien tomó un café muy al paso y nada más pero, al hombre se le encendió la luz mala y ¿qué creen? de regreso a casa dio el gran golpe con una actuacióbn magistral:
   -A que no sabes. Tu gran amiga me mira como hombre. Hoy me di cuenta de las ganas que me tiene...
   ¡Y Mary  le creyó! y su vida finalmente terminó de la peor manera pero falta lo más importante: si alguien te separa o te aísla de tu entorno, y tus afectos, ¡cuidado! Podrías estar en serio peligro de terminar en las crónicas policiales como mujer golpeada,  secuestrada o víctima del trabajo esclavo.  Ser casada no significa renunciar a los seres queridos ni a nada que te interese. Quien te lo exija, o siquiera te lo insinúe, no es un amor: es un manipulador del que debes alejarte lo antes posible. En este caso necesitarás convertirte en tu propia libertadora y, si no puedes, pide ayuda.

viernes, 27 de noviembre de 2015

"La Traductora"

   En un importante congreso de pensadores organizado en la ciudad de Buenos Aires, la conferencia más esperada fue la de cierto intelectual que no hablaba castellano pero para ese expositor, como para todos los extranjeros, había  un traductor disponible.
   En un suceso como éste no se descuida ni el menor de los detalles para que todo salga como se espera. B.B. estaba encargado de ubicar a los notables en un semicírculo de asientos  ubicados en el costado izquierdo de los oradores que subirían al escenario. Aquellos asistentes especiales portaban una cinta en sus solapas que los identificaba y cada asiento tenía un cartel con el nombre del eventual ocupante es decir, la misión de B.B. no era muy sofisticada que digamos.
   Sin embargo, a minutos de iniciarse el congreso B.B. descubrió haberse equivocado con los asistentes especiales al advertir entre ellos a una señora que no portaba el distintivo que la acreditara como tal. Más temprano que tarde no iba a tener más remedio que molestar a esa persona tan mal ubicada nada menos que por él pero, ¿y si ella se resistía o provocaba un escándalo?... el atribulado colaborador de aquel congreso de pensadores no sabía qué hacer. Por suerte, no apareció el destinatario de la butaca en cuestión y todo parecía transcurrir como se esperaba. Cada especialista dio lo mejor de sí y sólo faltaba la conferencia del gringo acerca de algo tan misterioso, por muy cotidiano que sea, como lo es "El Señor Tiempo". A esas horas los organizadores del encuentro  ya podían felicitarse por el nivel de servicio que habían brindado a público tan selecto y B.B. se sentía a salvo de cualquier bochorno.Quien debió preocuparse por algo así fue la traductora del último expositor al enterarse de que no podía con él porque el señor no hablaba inglés; hablaba americano y ella no entendía ni jota. Al verla en semejante aprieto, una congresista se acercó para tomar el lugar de la traductora  oficial y todo siguió sobre ruedas. Esa "salvadora" no fue otra que la mismísima mujer colocada por error, por intuición, o simplemente por orden del cielo, en el preciso lugar donde debía estar la señora en ese momento y para tal cometido. Cuando el discurso del norteamericano estaba por finalizar, a un perplejo B.B. se le ocurrió abrir su carpeta para revisar el esquema de trabajo de aquel día y advirtió que no faltaba ninguno de quienes estaban destinados a los asientos especiales que se colocaron en el estrado. En el listado de esas personas figuraban todos tildados como presentes. Había sucedido, sin más ni más, que ¡una silla estaba de más! ¿La traductora providencial se había ubicado por cuenta propia?. No sólo no portaba distintivo alguno en su solapa: ¡no había mujeres destinadas a ese espacio! y el tontín de B.B. sin  advertirlo porque, extraviado en algún recodo de su  tiempo personal, el muy zopenco había estado ausente el tiempo necesario para que la señora arrimara un asiento y se ubicara de lo más campante donde debía estar.
  
¡Ah; pero eso no iba a quedar así! El asistente burlado tenía que hablar con la usurpadora aunque no supiera qué diablos decirle una vez que la tuviera en frente. Tal vez era bueno comenzar por agradecerle su brillante, oportuna, asistencia al orador para, recién entonces, reclamarle por la pésima actitud de colocarse en un lugar que no le correspondía pero... faltaba un detalle a tener en cuenta: nadie en el universo podía hacer semejante cuestionamiento y mucho menos él que se distrajo sólo para dar un paseo por la cornisa peligrosa de una fracción de segundo olvidable. Sí; B.B. no había sido lo eficiente que se esperaba pero, así y todo, la traductora del salvataje no dejaba de ser una desubicada y el distraído crónico la hubiese puesto en su lugar de no haber ocurrido otra extraña situación: la muy pícara, al pasar cerca de B.B. cuando se retiraba del salón de conferencias, lo buscó con la mirada porque aún le quedaba por hacer algo tan importante como guiñarle un ojo con picardía y regalarle una sonrisa cómplice. Faltó que le dijera (tal vez lo hizo en secreto):
   -¿Qué tal bebé?
   -Es una reina -admitió mi amigo casi sin decírselo  y ahí nomás decidió olvidarse del asunto hasta que se le antojó permitirse una nueva escapada por el tiempo... y correr a contármelo. 
 

viernes, 20 de noviembre de 2015

"Niño Solo"

   No hace mucho, en un encuentro de muy  amigos donde estaba tácitamente prohibido hablar de política, asomó el tema de los hijos con el que casi todos se sintieron a sus anchas hasta que alguien tiró la piedra del escándalo al decir que la maternidad no estaba en sus planes. En el acto apareció la inquisición para maltratarla: por qué, por cuánto, desde cuándo y toda la sarta de imbecilidades que acarrea la copa extra.
   -¿Por qué no quieres tener un hijo?
  -¡Mirá si sale como vos!... y por ese orden hasta que terminamos todos muertos de risa por ser tan estúpidos y recién a la hora de las tizanas pudimos tocar el tema con cierta cordura.
   El hecho es que, por las razones que sean, mucha gente no se siente atrída por la idea de tener descendencia. Hace mucho tiempo que las niñas ya no juegan con muñecas porque ahora no se promociona el rol de la maternidad y los varones no están tan orgullosos de serlo desde que perdieron poder en todos los rubros empezando por aquél que lo imponía como único gran proveedor. Hoy el tema de la igualdad es dicil para ellos y ellas. Todavía queda mucho por armonizar lo cual recién sucederá ese día en el que doña Realidad nos diga ¡basta! Por ahora no sabemos qué hacer con nuestros mayores y nos está empezando a preocupar la escasez de niños porque significa ausencia de mano de obra barata en el futuro. Por ahora, no está culturalmente impuesta en todas partes la planificación familiar y mucho menos la procreación responsable cuando es la primera vez en nuestra historia que podemos manejar el tema sin demasiados riesgos y hasta sin costos.
   El deseo de tener hijos es tan legítimo como el de no tenerlos pero estamos frente a un gravísimo problema los humanos: somos mucho más tontos de lo que suponemos. Cuando no somos físicamente aptos para procrear no estamos siempre abiertos a la adopción; cuando deseamos adoptar un niño las leyes no siempre son amigables con esta posibilidad y cuando somos padres con frecuencia lo último que se nos ocurre es llegar a serlo porque lo que queremos es ser amigos de nuestros hijos  así podemos prestarnos la ropa y cada uno hacer "la suya" es decir, cuando se trata de la vida del hijo Dios dirá. Se le ofrece casa y comida, se lo manda a la escuela, el fin de semana se le da un dinero sin saber qué destino tendrá y, salvando a los padres a la antigua que todavía son muchos por suerte, hoy ser padres va dejando de tener importancia al extremo de que ya es habitual enterarnos de que un recién nacido fue tirado como un desecho a la basura. Que una perra haya dado cobijo en su guarida a un bebé abandonado, y que el calor de sus cachorros salvara una vida humana, nos parece una noticia más sólo que no lo es.  Esta no es una simple lamentable información: es un drama de la involución humana incapaz de seguir de cerca a la evolución científica y tecnológica. Al espíritu de la raza humana le está quedando demasiado grande el coeficiente intelectual de esta época. Lo que mejor hacemos es atentar contra la vida ya se trate de la nuestra o las ajenas que no lo son tanto porque "Yo Soy Tú".
   En el año 2014, en la ciuidad de Buenos Aires, se registró el abandono de veintiocho recién nacidos que fueron hallados en la calle, baños públicos o contenedores de residuos. Por lo general los dejan con el cordón umbilical y la placenta en una bolsa de plástico hasta que el cielo los asiste. En la provincia de Buenos Aires, también en 2014, ciento treinta y tres menores de un  año fueron abandonados en la calle y no quiero olvidarme de muchísimas mujeres que van a los juzgados para renunciar a la maternidad o declaran en los hospitales que ofrecen sus hijos en adopción. Sé muy bien que hace falta mucho amor para desprenderse de un hijo cuando no se lo puede mantener pero, al paso que vamos, el abandono al que serán sometidos los niños -y los mayores- muy pronto será una práctica habitual en nuestras presumidas sociedades que tanto corte se dan con el "progreso".
   Después de considerar estos datos de la realidad, quien no se siente capaz de ejercer una paternidad  o maternidad responsable, y no tiene hijos, es una excelente persona y aquellos que sueñan "con una mesa llena de chicos" y se consagran al duro trabajo de formarlos, debidamente, son más excelentes todavía porque honran al género humano.
   Mi falta de pergaminos y de interés personal para ser juez es algo que acredito permanentemente pero, tratemos de recordar al gran amor de George Sand, Alfred de Musset, diciéndonos al oído su romántica lección:





viernes, 13 de noviembre de 2015

"Armas Poderosas"





 





Un capítulo de mi libro "El país de los hombres......."
  
   Ahí estaban sus manos resecas a las que no había protegido como a su cara, ni les había colocado coraza como a su ser interno para que no lo hicieran sufrir. Simplemente las había dejado dar y a la hora de volver a considerarlas ya casi no le pertenecían lo mismo que las pasiones  en franca retirada porque su estado de ánimo comenzaba a manifestarse como una somnolencia muy dulce que invitaba al descanso. Sí. Había que detenerse. Pero como tadavía faltaba una revisión detallada, la mujer de los mil años con su risa sanadora, y sus pupilas dilatadas, al cabo de mucho lidiar en tan fantástico país comenzó a recorrerlo por última vez.
  Ahí estaba el salón de su última conferencia cerrándose a sus espaldas cuanto antes para no dejar escapar ni una de sus palabras finales mientras que las otras quedarían bien guardadas en sus libros. Sí. Claro. Sus palabras. Sus únicas pertenencias de lujo que habían sido mil veces más valiosas que el dinero y muchísimo más poderosas que un arma nuclear. Pensándolo bien ¡qué rica había sido Agustina! y ella... sin saberlo. Recién a última hora podía comprender que si de veras había sido invencible, o muy peligrosa para tantos, había sido gracias al privilegio de haber podido empeñarlas, gastarlas a voluntad, repartirlas y, en suma, poder contar con ellas en todo momento. Era un hecho indiscutible que Agustina había hablado siempre de más lo cual no era extraño en quien lo de quedarse debiendo no había sido -ni en sueños- la característica más sobresaliente de su personalidad. 
   Lo cierto fue que recién al final de los siglos se percató de que la buena (y la mala) palabra le habían permitido alcanzar una solvencia personal formidable que, escondida para ella, nunca pudo ser utilizada por las hormigas que corrían por su sangre con intenciones inconfesables. Eran sus genes -claro- los portadores de tendencias tan peligrosas como la de no poder quedarse callada al menos por una vez.
   Agustina nunca se había detenido a pensar que las palabras habían sido las únicas herramientas que pudo llevar al país en el que nunca se le informó, naturalmente, acerca de las luchas descomunales por confiscárselas. Pero al final lo supo para que supiera, además, que escribir no había sido una borrachera. Había sido uno de esos oficios que uno no recuerda haber deseado dominar pero que, una vez aprendido, no se nos permite dejar de ejercerlo  -ni siquiera desatenderlo- porque la vida se reserva el derecho de cobrar sus enseñanzas con el trabajo del aprendiz. Si hay una empresa que exige producción calificada ésa es la vida aunque se instale en un país de fantasía donde las calles no lleven a ninguna parte por bordear el infinito.
   Desandarlas fue tomar debida nota de incontables pasos innecesarios que debieron pertenecer a algún ritual apócrifo de los miles que circulan entre fantasmas. Agustina era alguien que había tenido caídas innumerables por andar demasiado y con premura pero, además, porque nada de su historia personal pudo ser modificado mientras se ocu de hacer lo que se esperaba que hiciera en beneficio de los hombres sin cabeza que no pueden saber lo que es la gratitud desde que no tienen memoria. De todos modos lo del recuerdo  no es tributo para augustas. Para personas así existen la tramposa admiración, las obligaciones, la ingratitud, la envidia, los proyectiles que nunca las alcanzan y la sombra cada vez más grande de la montaña de caídos en la lucha estéril por destruirlas. Vencidas al principio, vencedoras al fin, muchas veces tienen como única recompensa la de un compañero enamorado a quien poder pasar a buscar en cualquier momento, con cualquier excusa, en el primer barquito tripulado por la imaginación de un chico que pase por el río que improvise la lluvia en la cuneta y, como siempre, con una propuesta inusual:
   -¿Vienes? Te lo prometo a Dios porque te prestaré mis ojos para que puedas verlo o, si quieres, voy a darte entrada libre a la ciudad de mis duendes ¡Cómo! ¿Que no? Bueno, mi lindo Luis, soy un hada más que tira al río su varita.
 
 
 
 

viernes, 6 de noviembre de 2015

"Martina y Las Violetas"

Congreso de la Nación
    Hay personas que, sin haber recibido una capacitación extraordinaria, lo mejor que saben hacer es el milagro cotidiano de alimentar bien a sus hijos, por dentro y por fuera, hasta hacer de ellos magníficas personas como lo consiguió Martina, madre de un excelente cirujano y abuela de Florencia quien, muy próxima colega de su padre y a pesar de cierto apuro por formar una familia, no economizaba las visitas a su abuela por quien sentía devoción. Tomar el té con "Abu" era una fiesta para Florencia porque todo era motivo de risa -y de jolgorio- y cuando había que hablar en serio, la sabiduría de los años se imponía a la impaciencia de la juventud. Cierta día, Martina cayó en la cuenta de que estaba cumpliendo un año de encierro en su casa. Primero por el post operatorio de una intervención quirúrgica y después, por su pésima relación con el invierno. Pero ya estaba bien instalada la primavera y Martina se dio permiso para tener un antojo:
   -Tengo ganas de ver cómo está Buenos Aires. Cómo me gustaría pasear por los lagos de Palermo. ¿Cuándo podrías acompañarme? 
   -Mañana mismo-Respondió su nieta en el acto y acordó con la asistente de su abuela los detalles necesarios para salir de gira por la ciudad.

Una vista de los Lagos de Palermo
   Lo primero que quiso hacer Martina fue saludar a su mejor amiga, dueña de una tienda del barrio. Lo siguiente ir a visitar al Padre Miguel en la iglesia de Don Bosco, donde se había bautizado, confirmado y casado su hijo Daniel. Florencia estaba tan encantada con el paseo que filmó a su abuela en Plaza de Mayo; dando de comer a las palomas junto a la fuente del Congreso; en el Planetario; en el monumento en honor a los españoles y, llegado el mediodía, hubo picnic en el rosedal de Palermo con todas las de la ley  es decir, con pastel de manzana incluído. Cerca de las cinco de la tarde Martina, atenta a los impulsos de su corazón viajero, invitó a tomar el té en "Las Violetas" de Almagro y allí pasaron una tarde inolvidable. En la primera mesa donde Martina posó la mirada descubrió a una vecina muy querida con quien no se veía desde "hacía siglos". No terminaron los abrazos cuando se acercó uno de los mozos para preguntar:
   -¿Y a mí no me saluda?
   Era un ex compañero de su hijo en la escuela primaria. Otra emoción y fueron más porque, en plena ceremonia del té, el florista de la esquina le alcanzó un ramo de su flor preferida, unos crisantemos en su mejor momento, que le hacía llegar otro vecino de mesa en quien Martina no había reparado: su peinador de toda la vida.
   -Pobre Racing, Pablito
   -No hay mal quqe dure cien años- la consoló el muchacho que ya peinaba canas.
   -Ni tonto que lo resista, completó Martina encantada de hacer sociales en tan linda tarde de octubre. Como si hubiese sido poco, la casa invitó el té en honor a tan asidua concurrente de otros días cuando "Las Violetas" era, como lo es hoy para muchos porteños, el rincón más cálido de la ciudad hasta el punto de imponer frases como: "vengo de violetear"
Rivadavia y Medrano
    Martina no se marchó de este sitio emblemático de Buenos Aires sin dar una mirada enamorada a sus vitrales y nuevamente en casa se le dio por patear los zapatos con tanta energía que por poco no perfora el cielo raso de su linving. El trámite siguiente, y urgente, fue ponerse el camisón, meterse en cama y algo más:
   -Ven pichona -le dijo a su nieta- Muchas gracias por este gran día. ¡Lo necesitaba tanto! pero quiero decirte algo: a esta edad lo único que uno hace es dar trabajo. Hoy tenías que salir con tu novio; no precisamente conmigo y si hay algo que NO ACEPTO es ser un  paquete al que hay que llevar de aquí para allá. Todo lo que debí hacer ya lo hice... si hasta pude darme el lujo de este paseo espectacular con mi nieta tan buena, mi querida, tan bella persona...
   -El cansancio te hace decir pavadas abuela -la interrumpió Florencia con  un nudo en la garganta y siguieron sus palabras cariñosas que le iba dictando el corazón pero,  su abuela ya no podía oírlas. Sencillamente, y por propia decisión, había dejado de ser un bártulo.