viernes, 1 de abril de 2016

"La Niña"


     A cinco kilómetros del río Bermejo, en la argentina provincia de Salta, está ubicada la antigua  ciudad de "Embarcación" y en "Villa Amanda", lujosa residencia de uno de sus barrios selectos, había lugar de sobra no sólo para una sala de exposición de óleos que producía la señora de la casa. También para un gran taller de carpintería donde su amado Pedro Testa despuntaba el vicio de ebanista cuando no andaba en sus andanzas de cazador de jabalíes ya que bien podía alardear  de envidiable puntería no sólo para derribar animales; también mujeres y adversarios políticos. El siempre andaba detrás de algún cargo público que le permitiera llevar aquélla... su gran vida.
   En la comedia hogareña de "Villa Amanda", de marzo a diciembre, tenía discretas participaciones "La Niña" que no era otra que la hija mayor del administrador de una  finca cercana. En cuando comenzaban las clases, la primogénita de los Rossi ya era confiada a esos amigos ricos de "Embarcación" que se encargaban de la educación de la nena con tantísimo esmero que no sólo recibía lecciones de piano; también contaba con caballete y delantal propios para jugar a ser pintora mientras Amanda inundaba de luz sus paisajes en las tardes de otoño, sus preferidas para estropear pinceles. Los fines de semana La Niña era requerida por sus tíos, de las afueras, donde se la veía feliz no sólo correteando con sus primos  sino, además, yendo y viniendo al almacén de la esquina  porque en aquella casa, donde sobraba amor, siempre faltaba algo (por no decir casi todo).
   Turista habitual, en todas partes, la pequeña huésped de los Testa ya conocía las dos caras de la moneda  en lo referente a la riqueza  y a la pobreza. En sus habituales paseos dominicales del centro a las orillas de la ciudad, ella era observadora involuntaria de dos mundos opuestos  donde a nadie se le ocurría tender puentes que hicieran posible algún tipo de comunicación menos traumática que la habitual. Desde el polvo de sus zapatitos negros de charol hasta una que otra novedad en el vocabulario, servían para remarcar diferencias siempre salpicadas de mala fe puesto que tanto el rico como el pobre son endiabladamente humanos. Nada santa, La Niña vivía preguntando "¿Qué tiene?"...Nada. Qué iba a "tener"... hasta que descubrió el  significado de esa palabra, el día menos pensado, al comprender que tener lo mismo que los afortunados era lo ideal.
   Sucedió una tarde cuando jugar  en la vereda no le pareció tan bueno como de costumbre. Tres de sus amigas estrenaban zuecos ruidosos -y bonitos- en tanto que La Niña se sintió inexistente al no hacerse sentir cuando corría. Le dio tanto miedo ser invisible, o al menos no estar tan presente como los zapatos de sus amigas, que de improviso decidió abandonar el juego y se sentó calladita en el umbral de "Villa Amanda". Inesperada espectadora, hubiera podido pasar por   cansada, triste o hambrienta, tal vez, pero Pedro Testa, sabiendo tanto de mujeres, qué no iba a conocer los matices del eterno femenino así que comprendió muy bien a la pichona  de ala herida y en el acto decidió tomar cartas en el asunto. Sin dar parte a nadie, como de costumbre, en menos que canta un gallo ya estuvo  eligiendo el más vistoso de los cinturones elásticos de su  señora y, también sin ser advertido, pasó por el cuarto de la nena porque necesitaba tener un zapato como referente del tamaño de sus pies. Con las manos llenas de cosas mal habidas, se encerró en su cuarto propio con la idea de encontrar tachuelas de colores y un buen trozo de cedro colorado.
   Pedro Testa Maurín era dichoso. Iba a sorprender  nada menos que a una futura mujer con sus ocultas habilidades de zapatero prodigioso. Lo que nunca había hecho por una dama estaba a punto de hacerlo por la hija de su mejor amigo. ¿Acaso no era sensacional?.
   Al día siguiente La Niña fue invitada al taller no bien regresó de la escuela. Se encontró con Don Pedro encendiendo su pipa con una chispa recién aparecida en sus ojos de zorro viejo. Ella, que a menudo descubría esos destellos y hasta jugaba a decodificarlos, en el acto comprendió que se trataba de una linda sorpresa.
   -Tengo algo para usted- Lo escuchó decir.
   Presidiendo el chiquitaje guardado debajo de la mesa de carpintero, estaban los zuecos colorados esperando una lagrimita de emoción que los bautizara y así fue. Era la primerísima vez que un hombre que no era su padre la halagaba de semejante manera. En aquel ambiente de complicidad oloroso  a tabaco y viruta de madera, no esperó un instante más para acomodarse en el regazo de su mago personal pedaleando con los zuecos con tanta energía que uno voló por el aire. Lo recuperó en un periquete y luego de simular unos pasos   de  algo así como un  "Carnavalito", para el autor de su alegría, salió taconeando sin siquiera darle las gracias porque de pronto fue  requerida por la segunda faceta de su femineidad: había que desfilar; había que hacer ruido para demostrar, a sus ocho años, que una hembra que se precie necesita pisar fuerte. Se le escapaba, pobre niña, que tal privilegio era dudoso porque  apenas llegaría a perdurar lo que lograra resistir un par de zuecos rojos fabricado, graciosamente, por un hombre. Pasados los años, La Niña completó el aprendizaje al comprender que para pisar firme no hace falta calzado ni obsequio alguno. Lo que se requiere es tener peso específico es decir, ser muy hombre o mucha mujer.

  
 

viernes, 25 de marzo de 2016

"Intento Extraterrestre"


A mis hermanos mayores... los poetas
   Durante varios minutos el señor x se apuntaló  en su furia, calculó mal mi fuerza y su distancia por hacerlo de manera rudimentaria, puso su mejor cara de académico y me apuntó al corazón con munición gruesa.Yo no mostré señales del impacto. Como lo esperaba desde hacía mucho tiempo fue fácil mantener mi serenidad. Ilesa, confiada, a mi atacante lo puse fuera de combate en el primer round:
   -Usted vive en el mundo de las reflexiones. Yo prefiero el de las percepciones y así está perfecto. Usted tiene la programación apropiada para cumplir su misión y yo la que necesito para cumplir con la mía. Ninguno de los dos está fuera de lugar ni está en falta. Sólo somos dos células que funcionan a favor de determinados objetivos que, mire usted, son los que justifican nuestra existencia en este preciso instante.
   -Con esta mujer no se puede hablar- dijo a toda voz, se puso en marcha y salió para siempre de mi vista y de mi vida.
   Existen muchos personajes descollantes del mundo intelectual que se creen autorizados para descalificar a los nativos del universo de las emociones como es el caso de los poetas que nuestra sociedad se empeña en sacar de circulación cuando insiste en el intento de amedrentarlos con la amenaza del hambre y la desolación.
   Un día escuché decir que el publicitario es el pariente rico del periodista y hoy se me ocurre pensar que los poetas son los hermanos mayores del escritor porque no sólo saben escribir: ellos saben decir porque, además de contar con las alas del pensamiento, pueden acceder a  las percepciones más exquisitas. El escritor necesita información, buen manejo del idioma en el que trabaja, imaginación, singular personalidad, experiencia de vida, mirada clara... todas herramientas de las que también se sirve el autor de la poesía pero el poeta tiene un plus: la emoción desnuda, recién nacida en aguas muy profundas. Yo adoro a los poetas porque "saben nombrar aún aquello que Dios no ha tenido ninguna vergüenza de crear". Representantes geniales de un mundo fascinante, como lo es el de las percepciones, cuántas veces los poetas no alcanzan a expresar lo que sienten, como desearían hacerlo, por la desmesura de un registro que excede a la palabra.
   En esta época, en la que de un electrodoméstico que ya no funciona se dice que "se murió", como si objetos y personas fuesen lo mismo, hacer poesía es todo un intento extraterrestre pero, a no desmayar, porque siempre lo ha sido y a los sacerdotes del culto a la emoción nunca les interesó abandonar sus propios mundos aún al precio de morir de dolor, de hambre o de frío, entre estatuas que caminan... ¡como si fuesen humanas!.
   El 21 de marzo en el mundo no se festejó demasiado a la poesía. Varios días después yo sigo celebrando a los poetas (a todas ellas, a todos ellos) y, como los quiero populares, que vuelva Luis Aguilé para cantar: "Viva la noche/Viva el derroche/ Viva la copa de Champan/ Vivan los versos/De los poetas/ Que nunca más  se olvidarán".
 
 

jueves, 17 de marzo de 2016

"La Casa Encantada"

    Muchas veces, lo visible y lo invisible se encuentran... en un punto inaccesible para la razón.
 
 
 
   El tren se detuvo parsimoniosamente en la estación del pueblo donde Daniel tenía viejos queridos amigos uno de los cuales, Víctor Manuel, lo estaba esperando para celebrar las bodas de plata con su Marietta. Daniel, ya divorciado, llegó sin compañía pero con  la promesa de quedarse varios días con el matrimonio amigo que le tenía preparado un dormitorio acogedor en una casa vecina, de su propiedad, por entonces deshabitada.
   Los ex compañeros de andanzas juveniles cruzaron eufóricos la cancha de fútbol fenomenal que separaba a la estación  de trenes de la casa de Víctor Manuel ubicada en la clásica calle angosta paralela a las vías que hay en algunos pueblos y no hizo falta ingresar en ella para percibir que el espíritu de fiesta ya estaba instalado en el corazón de sus moradores.
    El festejo se extendió hasta las cuatro de la madrugada. Una vez despedido el último invitado, Daniel se instaló en aquella casa especialmente acondicionada para que se sintiera cómodo durante los días que había decidido quedarse. Si bien, como le dijeron, estaba deshabitada desde hacía algún tiempo, lucía cálida y, sobre todo, olía a jazmines porque era primavera. Daniel encendió todas las luces (todas). Inmediatamente reparó en una gran galería cerrada con un enrejado de madera como los tantos que había visto en Palma de Mallorca, en un lejano recorrido por España. Esa galería daba a los patios traseros que no  eran de tierra: estaban cubiertos por un dominó de cerámicas sobre el cual se lucían dos reposeras y una mesa rectangular demasiado pequeña para el gusto del huésped que decidió pasar por el cuarto de baño antes de meterse en cama. Como estaba solo no cerró la puerta y ya se retiraba cuando quiso ver qué imagen le devolvía el espejo sólo que, además de la suya, vio la de un sujeto calvo, grueso, de negro, que lo observaba con atención. Daniel dio media vuelta. Nadie. "Tomé demasiado" -pensó- y ya de paso por el comedor, tomó una silla, la llevó al dormitorio para acomodar en ella su ropa. Cuando quiso colocar el pantalón la silla no estaba lo cual lo llevó a pensar que tan sólo había pensado llevarla. Regresó al comedor por la silla y todo bien.
   El eventual ocupante de la casa estaba por dormirse cuando escuchó ruidos en el patio. Un baldazo de agua tras otro, cepillado y secado del piso con evidente torpeza. Pasos... Aquello le pareció un despropósito y saltó de la cama para avisar que había gente en la casa que necesitaba descansar pero, se encontró con la única presencia de la luna desparramada sobre el piso en blanco y negro. A esas horas Daniel estaba de lo más sobrio porque el miedo se había bebido los tragos que pudo tener  de más. Bastante inquieto regresó al dormitorio. Dejó el velador encendido y pudo dormir hasta que lo despertó un portazo brutal. Cuando descubrió que la puerta del dormitorio se había cerrado se sintió preso pero no. Pudo salir, instalarse en el living a fumar y, sobre todo, a rebobinar lo sucedido aquella noche vieja porque los pájaros ya estaban celebrando el nuevo día lo cual lo animó a intentar un sueño. Había escuchado decir que la luz del día acompaña.
    El amigo de Víctor Manuel despertó cerca del mediodía. La silla no estaba y su ropa debidamente acomodada en el respaldo de la cama y le bastó dar unos pasos para advertir que ¡casi todas la puertas estaban abiertas!.
     Aunque pueda parecer una mentira, Daniel no pensaba  reportar tan mala noche pero, no bien ingresó a casa de su amigo, advirtió que todos esperaban que describiera con lujo de detalles su noche encantada porque estaba comprobado que en aquella propiedad nadie podía vivir y ésa era la única razón por la cual estaba deshabitada.
    El huésped cumplió sus días de visita prometidos hospedándose en la casa de su amigo después de oír historias poco creíbles acerca de esa vivienda tomada por gente invisible, iracunda, incivilizada y por demás insoportable. Su propia experiencia no era más que un capítulo en la saga fantástica lo cual no le gustaba ni medio.
   Se lo estaba haciendo saber a Víctor Manuel mientras esperaba el tren del regreso cuando descubrió al gordo del espejo muy sentado en un banco del andén y entonces Daniel comprendió: ese ser quería cerciorarse de su partida.


viernes, 11 de marzo de 2016

"Las Tres Marías"

Pensando en mis hermanas, las mujeres...

 

     Soy nacida en Argentina donde la vicepresidente es Gabriela Michetti con el agregado de que la provincia más grande es decir, la de Buenos Aires, está gobernada por la joven talentosa María Eugenia Vidal. Entre nosotros el Ministerio de Seguridad de la Nación está en manos de Patricia Bullrich y la Canciller de la Nación Argentina se llama Susana Malcorra. Todo esto sin aclarar que contamos con las valiosas Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, Vilma Ripol, Alcira Argumedo, Victoria Donda, Graciela Camaño... todo un universo de mujeres políticas ¡fantásticas! que pagan calladas lo que valen sus sueños lo cual me reconforta como hermana de todas ellas pero, como  todas ellas, tengo una espina clavada en el corazón: a menos de cien días de este nuevo año ya hay dieciséis femicidios en nuestro país con un agravante, para mí, porque el primero ocurrió en mi Salta natal. En el pueblo de "Chicoana", el 4 de Enero de 2016, Daniela Martínez -a los 22 años-  fue estrangulada por su pareja que luego hizo la pamplina de suicidarse.
   La noticia de que cada treinta horas hay una mujer atacada, y que el setenta por ciento de las veces es con un arma de fuego, no debe sorprendernos porque todos ponemos nuestro granito de arena para denigrar a la mujer. ¿Qué no? A mí me enseñaron a cantar desde muy chica: "La casa de mi suegra/la lleva el viento/la lleva el viento/por qué no la llevará/ con ella adentro/ con ella adentro". Y ni hablar de la programación machista que nos acorrala todo el tiempo. En las encuestas telefónicas se nos pide: "si es varón marque 1; si es mujer marque 2" y para no seguir tan apenada, celebro que en España los nuevos semáforos muestren la figura de la peatona, tal como ocurre en Madrid, como también me alegra que en la ciudad de Buenos Aires las calles de Puerto Madero lleven nombres de mujeres ilustres. He leído por ahí que  se trata de "gestos interesantes" pero NO: son clases oportunas de urbanidad; pequeñas grandes tácticas pedagógicas que, con el tiempo, harán escuela.
   Para no instalarme en la queja, ni en el conflicto, hoy quiero agasajar a mis hermanas, las mujeres, evocando con orgullo a las famosas "Tres Marías" de las letras sudamericanas del siglo pasado: la chilena Gabriela Mistral, premio Nobel de Literatura, (1945), Juana de Ibarbourou de Uruguay y nuestra Alfonsina Storni de quien voy a transcribir una poesía que, no hace mucho, compartió Mamen Andalucía: "La Caricia Perdida"

Gabriela

Juana







                      
Se me va de los dedos la caricia sin causa
Se me va de los dedos... en el viento, al pasar,
La caricia que vaga sin destino ni objeto
La caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con pasión infinita
Pude amar al primero que acertara a llegar
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida rodará, rodará.
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
Si estremecen la ramas un dulce suspirar,
Alfonsina
Si te oprimen los dedos los floridos senderos,
La caricia perdida rodará, rodará.
Si no ves esa mano, ni sombra que besa,
Si es el aire que trae la ilusión de besar,
Ah, viajero, que tienes en los ojos el cielo
En el viento, fundida, ¿me reconocerás?.



                                                       P/D
                                        No más caricias perdidas.
                                          ¡NI UNA MENOS!



               


                                  
                                 
                   






viernes, 4 de marzo de 2016

¡Ay, Carnaval!


     Tránsito interrumpido por unas horas. Iluminación extra. Ruido descomunal. Murgas y comparsas. Disfrazados. Mujeres bonitas, o no demasiado, que desfilan provocando tanta envidia como admiración. Multitud buscando diversión en el lugar equivocado. En Argentina, salvo en muy pocas provincias, el carnaval agoniza resistiéndose a dejar de ser esa invitación a la alegría que fue durante siglos. Hasta no hace mucho tiempo, entre nosotros los bailes de carnaval fueron cosa seria. Los clubes competían sin reparos en la contratación de orquestas y bandas bien instalados en el gusto popular. Con serpentina o sin ella, con antifaz o sin él, el carnaval invitaba a la aventura sentimental porque en medio de tanto desenfado el disfraz, o la careta, eran muy buenos aliados de la trampa o, por lo menos, de la picardía.
   Hoy, carnaval es una fecha en rojo del almanaque por mucho que los municipios puedan promocionarlo. Nos molesta que obstruyan la circulación y hasta la voz de los animadores que nos gritan el nombre de los concursantes cuando pasan frente al palco sin conseguir los aplausos casi siempre merecidos. Qué indiferencia para tanta expectativa pero... es así.
   A demasiada velocidad nos estamos olvidando de conversar, de reír, de cantar y divertirnos. Cada vez nos encerramos más en nosotros y no precisamente para encontrar nuestro eje; nos encarcelamos en el silencio para adormecernos y si es con ayuda de alguna droga mejor. Es como si en un contrato imbécil estuviera escrito que hemos renunciado a participar de la fiesta que es la vida porque, sencillamente, no tenemos ganas de seguir participando a menos que se trate de un concurso o programa televisivo de los cuales se pueda esperar buen dinero.
   Hay un dato olvidado: la diversión no es sofisticada; es cuestión de tener afinidad con ella cuando las endorfinas y la frescura nos asisten desde que divertirse es tan natural como sentir pena, rabia, envidia o cualquier otro estado emocional. Otro dato, preocupante por cierto, es que estamos dejando de ser naturales o como verdaderamente somos. En algún momento,  no sé de qué manera, nos han metido en la serie donde lo más destacable es la depresión cuando no la evasión. Ahora sí que somos individuos en serio. Cada cual en su burbuja velando por sus intereses, rumiando sus penas  y gastando bastante dinero para que nos diviertan cuando necesitamos aparentar que lo hacemos. En realidad los famosos "animadores" no nos alegran; sólo nos entretienen acaparando nuestra atención durante pocos minutos para que el pasatiempo sea realidad en nuestra comprensión y, lo peor, hasta los niños han dejado de pasarla bien por falta de espacios para entretenerse con recursos propios. A tal punto a los chicos se los ha dejado sin alas que hace falta  contratar a un payaso, o a un cuatro de copas, para que puedan sentir que están de fiesta y ¿qué decir de los adolescentes? Ellos siempre estuvieron en la "La  Resistencia". Aún hoy antes de ir a...donde sea...es toda una celebración el ritual de elegir vestuario entre la trapisonda de la familia para salir bien disfrazados. Sigue siendo una aventura adolescente encontrar esos aros de la abuela que serán el comentario de la noche o reformar-arruinar ropa de quien sea para no desentonar después de tantas comunicaciones para organizar la salida. Es cierto que la previa también puede estar en el cordón de una vereda con cerveza y cigarrillo en mano pero esto sólo quiere decir, como tan bien lo cantaba Celia Cruz, que "la vida es un carnaval" así que nada para envidiar a los corsos del pasado. Hoy, como ayer, somos todos portadores de un disfraz cumpliendo diferentes roles con nuestras antiguas o modernas máscaras que deben estar muy a tono con cada situación que nos toque resolver y con cada sitio que debamos frecuentar. Lo peligroso es  llegar a frescura cero. Desentonemos un poquito. Siempre es posible ser personales o, para mejor decirlo, personas que cantan, lloran y ríen por la bendita razón de estar vivos en un planeta de ensueño como el nuestro.








viernes, 26 de febrero de 2016

"El Terreno"

No siempre es así pero, no hay que sorprenderse.

  

   Las madres se miran en sus hijos porque son sus obras. Una mujer se cree en inmejorables condiciones cuando esos hijos son varones y, además, abogados así que... nadie se atreva con ella porque entonces la humanidad podrá descubrir lo que es capaz de hacer un buen muchacho cuando de defender a su madre se trata. Con tan positivos pensamientos este mundo es amable y el futuro se ve color de rosa como le sucedía a María Sara hasta que, de sólo estar, decidió vender un terreno heredado no hacía mucho tiempo. El predio, muy bien ubicado a seis cuadras del centro comercial de una importante ciudad del norte argentino, estaba cercado por una tapia de gran altura si bien, en el frente, una puerta precaria mostraba su estado de abandono.
   Cuando la heredera recordó que el terreno era suyo se encontró con un rosario  de deudas más trabas burocráticas que incluían un breve juicio de sucesión, como lo dispone la legislación argentina, todo lo cual no era problemático para la madre de tres hombres de leyes.
   Al cabo de un año el mayor de sus hijos le dijo algo al respecto:
   -En cuando tenga un respiro iremos al pueblo para poner tu asunto en marcha. Luego habrá que esperar. Estas cosas llevan su tiempo.
   Dos años después acudió al menor, su preferido, para pedirle que hiciera alguna gestión para iniciar el expediente. Su predilecto le dijo exactamente lo que ella necesitaba escuchar:
   -Me estoy ocupando madre.
   Promediando el trecer año María Sara, al borde de perder los estribos, decidió hablar con quien había nacido entre el primero y último de sus hijos. El doc le dio una respuesta inesperada:
   -¡Mamá!!!!! Estamos en plena campaña electoral. Se está jugando mi futuro. No tengo tiempo ni para dormir y hoy me sales con tu terrenito.
   Al comprender que se le estaba yendo la mano en el trato que le daba a su madre, la abrazó sin muchas ganas, al instante declamó un brillante contra discurso es decir, le dijo unas cuantas mentiras que- como siempre- en boca de un abogado son tranquilizadoras.
   Las lágrimas de las madres muchas veces van por dentro y las quejas no suenan porque se ahogan en el corazón. Pasados los años, toda vez que María Sara se encontraba en apuros económicos no podía evitar pensar en aquel dinero muerto de risa que no se dejaba tocar. Si alguien le aconsejaba designar a un letrado que se encargara del terreno, ella  enfurecía:
   - Con tres hijos abogados ¿cómo voy a pensar en la designación de un defensor de mis derechos?
   Siete largos años después la madre pudo tomar coraje para  hablar con "sus" abogados. Ellos, con  su mejor cara de ángeles le hablaron cariñosamente:
   -Pero Gordita: ¿cuánto hace que estás con el tema del terrenito? Todo a su tiempo. Cada día se cotiza mejor tu parcela ¿cuál es el problema?. Esta semana empezaremos a encargarnos.  
   Por lo visto "quedaron así".
   Hoy he pasado frente al terreno de María Sara. Ya no está muerto de risa. Está visible, muy presentable y EN VENTA. Junto al  cartelón, donde figuran sus dimensiones, hice colocar otro más modesto, y tal vez más vendedor, donde se pudo leer
                     
                           
                           
                            









                                                                                                     


                                  

viernes, 19 de febrero de 2016

"Círculo de Fuego"



   Dos mundos paralelos disputan nuestra presencia: el virtual y el real es decir,  una trastienda que nos fascina con su inquietante penumbra y un escaparate a toda luz solar del que no podemos quitar la vista si tenemos en mente continuar siendo almas vivientes en el planeta donde puedo escribir esta página. Desde que el ser humano es presencia, y ausencia, la mayoría de nosotros somos peligrosos habitantes de ambos mundos sin renunciar a ser visitantes de muchos otros. Siempre seremos bienvenidos en el  planeta de la ciencia  o en el de los sueños, cuando no en el universo del arte o en la galaxia de las ideas. Además, siempre se nos aguarda en el territorio de la política, y en el de las finanzas, sin olvidar que no faltan invitaciones  para hacer simples actos de presencia en la dimensión de la oscuridad donde el delito es rey. En resumidas cuentas, bajo un mismo rostro y con nuestra habitual sonrisa, somos mutantes sin noticias de serlo. Tan es así que, muchas veces, escuchamos hablar acerca de nosotros como si se tratara de alguien que desconocemos por lo mucho que nos cuesta reconocernos en la mirada del otro que vaya uno a saber desde qué dimensión puede vernos.
    En el transcurso del tiempo nos hemos convertido en portadores de características muy propias de todos los ámbitos que la humanidad ha frecuentado hasta que hoy estamos de estreno: ¡somos cibernautas! No podemos cometer la imprudencia de negarnos a ser personajes del espacio cibernético si bien con una particularidad in quie tan te: no sabemos de qué se trata es decir, ignoramos dónde estamos parados. Metemos mano, hacemos enter, enviamos, recibimos, aceptamos... sin la más mínima idea acerca de qué es el "espacio virtual". Es demasiado fácil hacer clic y compartir NADA porque NADA es lo que somos en ausencia. Es la presencia lo que nos completa y nos proporciona entidad porque aún siendo cambiantes, los humanos somos concretos: somos carne y hueso. El gran aporte del mundo ciber  es permitirnos el lujo de descubrir lo irreales que podemos llegar a ser cuando nos alejamos demasiado de la gente y de las cosas. No importa cuál sea para cada uno la realidad pero siendo elaborada, en nuestra comprensión, tal realidad es la dimensión en la cual nos movemos con mayor comodidad. Seguramente en nuestro propio clima nos desplomaremos y levantaremos mil veces para alcanzar cinco minutos de placer o una migaja de conocimiento pero, como humanos -como hijos del cielo y de la tierra- ¡estaremos en marcha! por mucho que nos detengamos en "las redes". Sí. Claro. Por supuesto que seguiremos conectados pero,  no nos conviene desconectarnos de nosotros. Nuestra mente espera que hagamos un clic en alguno de sus enlaces. Nuestro corazón necesita un toque cada vez con más frecuencia. Nuestra energía solicita ser aceptada en un  círculo de luz, o de fuego, que guarde a todos los moradores de la tierra porque este bellísimo planeta todavía nos acepta y vivir con el corazón contento sigue siendo posible.

viernes, 12 de febrero de 2016

"Música de Alas"


   ¿Cómo se llamará y de dónde vendrá esa alocada mariposa que un buen día nos despierta con música de alas en el corazón por habernos elegido (¡al vuelo!) como continente de su brevísima vida? Cualquiera lo sabe. Esa mariposa es el amor y llega de ninguna parte  por haber nacido con nosotros y vivir, y mil veces morir, a la espera de un rayo de sol que le permita regalarnos su primer aleteo. Criatura tan leve, embrujadora, ella es nuestra mejor creación porque le damos vida con nuestras más antiguas memorias en colaboración con las ilusiones más sofisticadas que seamos capaces de concebir. Como es nuestro, porque es nuestra obra, el amor es tan confiable y perdura tanto como nuestra vida. Si pasa, si se olvida, fue cualquier cosa menos amor así que cuando nos olvidamos de un "amor"... tranquilos que en cualquier momento podrá estar a punto nuestro mejor invento para  sorprendernos ¡locamente enamorados!.
  
A mí, como a cualquier chica, me hicieron creer que una mujer al conseguir el amor de un hombre ya tenía quien la defendiera. El hacer cursos de karate, de  magia o de negocios, no me iba a servir para nada sin un gran señor al lado que fuera algo así como un dios, exclusivamente mío, claro que no  uno con tus defectos de identidad. ¿Defectos?. No los quise descubrir porque debió estar escrito que tenía que volverme a suceder lo que a mis no tan lejanos antepasados frente a ciertos conquistadores a los que te pareces mucho más de lo que imaginas.
   India, al fin, yo creí que volvías del otro lado del mar para cumplir con la promesa de mis sueños y con una que otra profecía y, nada más que por creer, he vivido un sueño incomparable al salir otra vez a recibirte aunque para mí no tuvieras el nombre que te daban otros. Es que me resultaba familiar el que tenías antes de ser legendario y era de esperar, además, que el hombre terminara desplazando al mito si bien -¡pobre de mí!- la leyenda fue más fuerte que yo y te confundí nomás con ese dios que me enseñaron a esperar desde la infancia: restaurador de todas las ilusiones que en mi vida ya no eran más que retazos; gran médico de almas vagabundas entre las cuales la más dolorida era la mía; gigante entre los astros más grandes y, a pesar de todo, apenas perceptible en el centro de mi cabeza muy bien acomodado como un bebé siempre a punto  de nacer. Lo extraordinario fue que no naciste de inmediato por quedarte ahí, a la más prudencial de las distancias, marcándome no sé cuántas lunas en lugar de las nueve habituales como si tres años terrestres no fueran más que tres segundos galopantes de aquellos que no vemos pasar. 
   Como bien sabes, quien espera desespera pero mi vigilia fue fascinante porque siempre fuiste algo de mí y mi espera  también fue la tuya. Estoy enterada de que me llamaste de miles de millones de maneras y que, al no poder escuchar mi respuesta, dicidiste salir por el mundo a buscarme aunque sólo hayas logrado que mi voz se confundiera con muchas otras y que, durante años, mi mirada codiciosa se confundiera con la tuya de tanto ser hermanas. Lo que no sabes es que hemos crecido muy juntos hasta que, al llegar a hombre, mi cabeza empezó a limitarte demasiado y decidiste abandonarla para ingresar a mi vida sin demasiada premura pero con ganas de vivir tu mejor sueño: ser tú en mí, conmigo, para mí y colorín colorado... los planes concretados.

viernes, 5 de febrero de 2016

"Gina"

   En argentina ser considerado "piola" implica no tener un pelo de zonzo así que es frecuente escuchar la expresión "no te hagas el piola"  cuando alguien se quiere pasar de vivo y, aunque parezca un chiste, Piola era el apellido de Gina que a sus noventa y dos años me escuchaba preguntarle muy seguido:
   -¿Quién es la más piola del país del Ceibo?
   -Yo quién más- Me respondía su alma vanidosa.
   -¿Y quién  sería la más alocada?
   -Quién va a ser: una fulana que tengo delante de mis ojos.
    Si algo la caracterizaba era tener a flor de labio la palabra justa en el momento preciso. Eduardo, su buen hijo,  festejaba esta condición y le encantaba tentar a la lengua de su madre para "hacerla engranar".Yo, además, le reconocía muchas otras cualidades pero en secreto porque de los mayores sólo está bien visto decir que casi no les llega agua al tanque, en alusión a una supuesta escasa irrigación sanguínea  causante de real -o imaginaria- falta de lucidez claro que, hablando con franqueza, expresiones como ésta no son más que excusas para ni siquiera llamarlos por teléfono y, cuando no queda más remedio que acercárseles, las visitas duran cinco minutos alegando que "no pueden verlos tan desmejorados" es decir, sin preparar la pasta o sin atender la parrilla los fines de semana.
   Era aquél un domingo de la madre. No faltaba nadie -ni siquiera yo-  alrededor de aquella mesa bien provista donde cada cual esperaba turno para decir su discurso en favor del gobierno o en contra del Vaticano. Así las cosas, Gina y yo nos dejábamos agasajar mientras disfrutábamos de la buena mesa como convidadas de piedra si bien yo me hacía notar, de vez en cuando,  con mis demandas de más bebida para volver a desaparecer inmediatamente.  
 Todos los temas de aquella reunión le interesaban muchísimo a Gina pero, como ni siquier le preguntaban qué quería que le sirvieran Ella, simplemente, lidiaba con los cubiertos como una reina, se cuidaba de no hacer rodar la servilleta y casi en privado brindaba conmigo:
   -"Por nosotras" me decía casi sin decirlo. Yo asentía con la cabeza y aprovechaba para empinar el codo.

   -¿Qué te dijo? Quería saber alguien
   -No le entendí- mentía yo descaradamente.
   Después  de los dulces Gina y yo nos retiramos. Ya en su casa no tuvo ningún apuro por la siesta. Me invitó al living acompañada de muchas inquietudes.
   -¿Cuándo dijeron que bautizan a María Luz? No entendí por qué razón  todavía no sabemos en qué iglesia será la ceremonia estando a tres cuadras la parroquia más próxima.
   -Al final: ¿cuándo se mudará Verónica al nuevo departamento?
   -Escuché mal o  Rosalía ya encontró empleo. Espero que dure esta vez.
   -Cómo quisiera ver el ajuar de mi bisnieta...
  -Todavía no lo trajeron. Había que hacerle unos retoques -otra vez tuve que mentir  para no lastimar- y durante largo rato nuestro tema fue lo rico que había estado el tiramisú y lo bien que se había portado el día con las madres argentinas pero, a todo esto, ¿por qué Gina era invisible en el seno de su familia? por una razón muy simple: al adulto mayor  le damos la baja mucho antes de su ausencia definitiva. Como no tiene celular: no existe. Como no usa internet: está fuera de circulación. Ni siquiera puede escuchar bien de modo que... ¿qué puede entender? Sucede que después de haber dado  pelea, durante casi un siglo, la gente añosa está harta de contiendas y si se calla es por sabia; no por tonta. Los inmbéciles son precisamente quienes desaprovechan tanta vida a disposición para aprender gratis, sin esfuerzo, todo lo que a esas personas les enseñaron las pruebas, los trabajos y los días. Como "conozco la triste pena de las ausencias y del mal pago", como decía en "La Pobrecita" el inolvidable Atahualpa Yupanqui, hoy voy a pedir a todo color:
                                   ¡Un Aplauso Para Gina!

viernes, 29 de enero de 2016

"Tarea Pendiente"

   Vieja enfermedad. Ataca sin discriminar sexo, raza, edad o condición social. Sus primeras manifestaciones se  pueden observar en el rostro: ceño fruncido y mirada brutal. Muy pronto aparecen trastornos en la personalidad ya que el paciente se muestra agresivo y hace alarde de "tener pocas pulgas" de modo que en poco tiempo todo lo irrita como si fuese una llaga viviente y, sin advertirlo, se ha vuelto búho es decir, su nueva condición de noctámbulo lo pasea por toda la casa como un fantasma hasta el amanecer. Su hígado comienza a mostrar mal funcionamiento. Los alimentos parecen de plomo o salpimentados con cal viva y, por tal motivo, la comida ha dejado de brindarle placer si es que alguna vez lo hizo. Sus visitas al médico son cada vez más frecuentes porque hasta siente fuertes palpitaciones en el pecho, de sólo estar, y las piernas pesan demasiado por causa de una retención fenomenal de líquidos...
   ¿Quién será esta pobre alma? Sus amistades son escasas y, en muchos casos, tormentosas. Tiene un empleo donde le pagan bien por dar unos cuantos gritos  diarios ."Me pagan para ser hijo de perra"- suele aclarar a quien quiera escucharlo y, a decir verdad, le encanta que le teman porque en su limitada comprensión "temor" significa "respeto". Esta persona -aparentemente como cualquier otra- vive tomando medicamentos si bien alguna de sus enfermedades, como su psoriasis,  sólo tienen tratamiento porque son más emocionales que físicas. Pero no se crea que todo esto es problemático para el perfil que nos ocupa ¡qué esperanza! Su cabeza  "trabaja a mil" porque de sus gestiones dependen muchas personas que, en sus pensamientos, son menos que nada desde que se llaman "enemigos" ¡Ah... son un montón!, están en todas partes, a su criterio no merecen ni justicia y se siente capacitado y con derecho para destruirlos uno a uno sin piedad porque su querida enfermedad es el odio.
   Del amor se habla todo el tiempo pero del odio no decimos gran cosa como si reconocerlo fuese legitimar una parte nuestra que quisiéramos tener a buen recaudo. Como simulamos ser buenos todo el tiempo, no vaya a ser que arruinemos nuestra imagen pública con sólo nombrar el virus del odio que cada día ataca a más personas en todas partes. Con cualquier excusa pero el hecho es que nos tiende sus tentáculos todo el tiempo y si nos alcanza, no hay escapatoria.  Moriremos enroscados.
   El odio comienza por tomar nuestro vocabulario y caemos en el insulto, la ofensa gratuita, la violencia verbal. Muy pronto el virus nos quita visión y nuestra mirada ya es parcial es decir, injusta. De esto a nublar nuestra razón hay un pequeño paso y ya estamos en su poder. Pobre de nosotros si algún día nos enrolamos en sus legiones porque lo primero que destruiremos será nuestra propia vida que incluye a quienes más amamos y a todo aquello que más nos interesa.
    Esta enfermedad emocional,  tan antigua como la mismísima humanidad, hoy es plaga social extendida en todos los rincones de la tierra.  Se transmite de padres a hijos, de generación en generación además de ser producida por la injusticia, el dolor, la miseria y la desesperación pero, la situación de millones de víctimas actuales nos exige que pisemos la cabeza al reptil venenoso que es el odio. No será fácil hacerlo porque es invisible y, cuando no tiene más remedio que dejarse ver, se presenta como una linda mariposa con aleteos de justicia y libertad claro que tenemos un recurso infalible: miremos con atención  la cara de sus mensajeros.Eso ayudará a percibir que así cómo el miedo y el coraje pueden trabajar en equipo, de tan parecidos que son, así el amor y el odio pueden presentarse con nombre y apariencia cambiados para inocularnos el virus fatal de este último que, como antídoto,reclama fabricación de armas y multiplicación de las miserias humanas.