viernes, 20 de mayo de 2016

"Tiempo de Vendimia"

 
 
   Un niño solo es una llaga abierta en cualquier sociedad pero no se crea que la proximidad física de los padres es siempre garantía de amparo o siquiera de compañía. Hay millones de chicos abandonados en casa con mamá y papá: son los hijos de la indiferencia que ansían tener padres como si no los tuvieran. Afortunadamente el amor hace rondas en cualquier parte, o clase social, y al final de nuestras vidas nos asombra descubrir que son muchos los hijos de nuestro corazón. No importa el cómo -ni el por qué- pero algo sucede que sincronizamos con almas a la deriva todo el tiempo y no pocas veces cosechamos gestos de gratitud inesperados.
    Pocos días atrás, en una tienda importante del centro de mi ciudad, una vendedora salió a recibirme como a una vieja y querida amiga. Yo no demoré mi sonrisa para tratar de contarle lo que necesitaba comprar pero, en lo mejor de mi explicación  descubrí  que aquellos  ojos  brujos de Sofía Loren estaban llenos de lágrimas y alcancé a escuchar que esa linda señorita me decía emocionada:
   -Para vos no pasa un día....
   Caí en la cuenta de que aquella voz era la de mi Valeria querida, abandonada por su madre a los dos meses, y que a los siete años me adoptó como mamá  con una naturalidad que hasta hoy me desconcierta. Después de hacerme llorar un buen rato Valeria me dijo con su franqueza habitual:
   - A mi hija le digo como me decías tantas veces: "¡Para hoy!" y ella se enfurece  como yo  entonces, tan lerda y perezosa como era, y ¿sabes cuál es mi afirmación favorita?
   -"Lo mejor de la vida es también para mí"
   Los hijos del corazón, como los propios, también se van -o se los llevan, sin avisarnos, a donde el diablo perdió el poncho- pero reencontrarlos es siempre una alucinación porque nos siguen mirando con ojos de niños. Valeria no hizo más que confirmármelo regalándome tantos piropos merecidos a medias porque yo también cuento con  maestros geniales y buenos guías que, al final de cuentas, son parte de la familia universal a la que pertenecemos. Todos somos eventuales instructores, hermanos, hijos y padres todo el tiempo porque hasta el enemigo más grande es un maestro de quien aprendemos a defendernos como también a prepararnos para futuras batallas.


 

Y ¿qué será lo de ser padre o madre del corazón? Tal vez signifique instalarnos en la memoria poética de un niño solo es decir, en un  mágico lugar del cual nadie podrá desalojarnos jamás por que es el reino del "amor en acción" (formidable energía que resiste a todos los fuegos incluyendo el de la ingratitud). En ese reino no es posible el abandono ni el olvido porque siempre estamos y, nada más que por eso, la semana pasada no fue de compras; fue de cosecha porque algo limpio, fresco y dulce, como Valeria, ha llegado a mi cesto de uvas benditas por el sol. Era tiempo de vendimia.
 
 
 
 
  


viernes, 13 de mayo de 2016

"¡Oíd Mortales!"


    La mayoría de los actos de nuestra vida son ejecutados por imposición cultural, social o familiar. Uno de ellos es cantar el Himno de nuestra patria en determinadas circunstancias y los argentinos lo entonamos no sólo cuando marchamos en son de protesta; también cuando participamos en actos públicos como simples ciudadanos.
   El pasado 11 de mayo el Himno Nacional Argentino cumplió 203 años. Fue una celebración estrictamente escolar y como temo que un mal día -no muy lejano- esta fecha pase inadvertida como el día del ahorro, del camino o de la escarapela, hoy he decidido este micro homenaje a nuestra máxima identificación ciudadana tan bella como "Aurora" escrita por Héctor Cipriano Quesada y Luigi Illica con música de Héctor Panizza.
   El Himno Nacional Argentino fue escrito por Vicente López y Planes en 1812 y al año siguiente Blas Parera compuso la música. El 11 de Mayo de 1813 fue aprobado, con el título de "Marcha Patriótica",  por La Asamblea General Constituyente. Dos días después Mariquita Sánchez de Thompson la cantó por primera vez en su casa durante una de sus famosas tertulias según cuenta la tradición.  Por un tiempo esta marcha fue llamada "Canción Patriótica Nacional" y en el extranjero se la conocía como  "Oíd Mortales". En 1847 alguien la bautizó como Himno Nacional Argentino hasta el día de hoy.
   En 1860 nuestro compatriota Juan Pedro Esnaola  se encargó de la orquestación de la partitura para piano de Blas Parera.
   En 1900, durante su segunda presidencia,  Julio Argentino Roca ordenó por decreto formar una comisión de músicos para retocar las estrofas del himno y  hacerle  algunas correcciones políticamente convenientes. Como la letra quedó reducida a la primera cuarteta de la primera estrofa y los últimos versos de la novena, más el coro final, la versión original de veinte minutos se redujo a casi cuatro que es como la cantamos en la actualidad.
   Corría el año 1924 y a Marcelo Torcuato de Alvear se le antoja corregir la versión de Esnaola y otra comisión prepara la versión musical definitiva que fue estrenada en el "Teatro Colón" el 25 de Mayo de 1927.
   En 1990 Charly García le puso lo suyo a nuestro Himno Nacional.
   


Ocho años más tarde Lito Vitale lo adapta para teclados y sintetizadores y fue cuando se grabó un disco del Himno Nacional Argentino en la voces de  Víctor Heredia, Sandra Mihanovich, Pedro Aznar, Juan Carlos Baglieto y Jairo que hizo, para mí, la versión perfecta.
  Nuestro Himno Nacional no es una marcha. Es una canción con aires de música clásica por lo que da gusto entonarlo. Cada ciudadano del mundo ama al himno de su país y se conmueve al escucharlo encontrándose lejos de él porque un himno es un manojo de emociones que guardamos desde la infancia. Mis mayores respetos por todos los himnos de todos los pueblos de la tierra  pero, cuando arranca el mío con sus dos primeros compases de Mozart y luego me pasea por notas de Beethoven... yo... ARGENTINA.

viernes, 6 de mayo de 2016

"Amor en Acción"


      Cuando mi padre estaba ausente yo me ponía cómoda en su escritorio, tomaba uno de sus lápices de punta perfecta y buscaba papel no para dibujar, precisamente, pues lo que yo pretendía era escribir. Como aún no sabía hacerlo, simulaba que lo hacía en súper producción de garabatos que seguían el ritmo de mis parlamentos a viva voz. Cierto día mi tío Dámaso  me sorprendió de lo más concentrada en mi manuscrito parlante y se alejó perplejo pero, cuando papá descubrió mi actividad secreta lo escuché decir encantado:
   -"Mi hija es escritora. Qué se han creído" y me alentó con sus besos hasta el día de hoy después de haberlo perdido a los nueve años. Fue el único que me dio ese título en mi familia y hoy necesito decir que no siempre los padres pueden ver al hijo porque se miran en él como si fuese un espejo. Espejo engañoso, en todo caso, porque nuestro hijo puede tener nuestros rasgos y hasta llevar nuestro nombre sin parecerse a nadie de la familia ni alrededores.
   Hay sentimientos, ideas y conceptos, que nunca se expresan abiertamente pero, en los hechos, los manifestamos sin sonrojarnos:
   -¡Cómo va a ser un genio, o un artista, si es hijo mío!
   -Mi hijo es incapaz de hacer algo indebido.
   -Todo el mundo adora a mi pichón...
   -Para mí siempre será un nene... y cuántas veces los padres se refieren a "las chicas" que ya son abuelas cuando no viudas. Estas deformaciones de la realidad serían una graciosa inocencia si no fuese que los chicos y adolescentes demandan que se los vea tal como son, así sean tontos o geniales, porque necesitan el estímulo de sus seres más cercanos para desarrollar potencialidades y talentos muy pocas veces   advertidos por el entorno. La  soledad de la adolescencia es insoportable cuando no aparecen interlocutores con ánimo de acompañar y conste que no hay que ser catedrático para comprender a un hijo y apoyarlo. Lo único que debe haber es amor en acción -como decía Madre Teresa- porque además de techo, comida, colegio, tecnología y "ropa de marca" los hijos necesitan especial atención a sus dones porque un talento certifica una determinada misión en la vida.
   Nunca escuché a los padres preguntarse: ¿para qué habrá venido mi hijo a este mundo? Aceptado que no son adivinos, con sólo posar la mirada en los talentos de sus hijos estarían bastante encaminados porque un don no habla por hablar así como una vocación no es un simple antojo; es una hoja de ruta o es un plan de vuelo y, sobre todo, una vocación es una guía interior que conduce al éxito y a la alegría de vivir. La gente es muy desgraciada cuando está haciendo un camino que le marcaron otros y no el que le correspondía por derecho de nacimiento como estaba indicado en su foja de aptitudes Es muy común escuchar lo de la asignatura pendiente y vemos que si al fin se cumple con ella se conoce un estado de plenitud que se parece mucho a la promocionada felicidad que no está junto a una persona, ni siquiera en lugar alguno, porque suele hacer sus apariciones en el cumplimiento de nuestra misión en la vida.
    Es habitual que los padres se enfoquen en el futuro económico de sus hijos lo cual es de enorme importancia siempre y cuando no olviden que cuando se trata de jóvenes vidas se está en presencia de "almas vivientes". Se puede ser pobre o rico desempeñando cualquier actividad porque todos los trabajos ofrecen las más variadas posibilidades. Cocó Chanel triunfó como modista, Petrona Carrizo de Gandulfo como cocinera, Wolfgang Amadeus Mozart como músico, Pablo Picasso como pintor, Jairo como cantante... porque fueron leales al don que vino en ellos para señalarles un servicio, una misión o -por qué no- una tarea. A todo esto ¿por qué casi siempre los padres miran sin ver a sus hijos? Tal vez por aquello de que el amor es ciego.  

viernes, 29 de abril de 2016

"El Gran Soñador"

Para el gran soñador todos los obstáculos son insignificantes porque el objetivo es lo único que tiene entidad.
     
Pocas veces una gran producción literaria define como grande a un escritor. ¿Cuántos obras llevan la firma de don Miguel de Cervantes Saavedra?  Tarea para el hogar y, mientras tanto, "El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha" sigue siendo monumento literario de habla hispana porque bastó esa obra para mostrar que "el manco de Lepanto" no era cualquier escritor. A cuatro siglos de su muerte, el Quijote y Sancho Panza siguen estando entre nosotros porque antes de estar en la mira de quien los hizo inmortales ya hacían de las suyas en la vida de un tal Miguel de Cervantes Saavedra que tuvo la idea genial de observarlos detenidamente del derecho, y del revés, con su mirada de escritor. Al cabo de aquel acto de honestidad brutal, Cervantes no los negó ni los expulsó de su perfil personal: eligió darlos a luz y ponerlos de patitas en este mundo.
   Hoy, ser quijote es ser un idealista ingenuo o seguidor de imposibles y pareciera que Sancho es impresentable sin embargo, en el momento menos pensado cualquiera de nosotros puede ser uno de ellos -si no los dos- puesto que son arquetipos de nuestra especie que tienen vecinos muy próximos como es el caso del gran soñador que no es un conspirador, ni abanderado de nada y mucho menos mensajero de nadie... razones por las cuales no suele estar en las multitudes. Posiblemente lo encontremos en el laboratorio, en su taller o por los rincones de este mundo trabajando por sueños propios o ajenos.
   Es bueno soñar por soñar pero es mucho mejor "hacer castillos en el aire para buscarles un lugar en la realidad" así los sueños más preciosos se convierten en bienestar y confort para la humanidad. Mucho antes de que la ciencia y la tecnología se pongan en movimiento muchos han soñado todo lo que hoy podemos disfrutar. Como somos bastante desagradecidos con  soñadores, idealistas y afines colgándoles uno que otro estigma, con la única intención de desacreditarlos, por lo general jugamos a que son invisibles para nuestra vanidad pero el hecho es que sin ellos nuestra estadía planetaria sería una lágrima porque faltaría lugar para la esperanza  que será la hermana pobre de la fe pero, por eso mismo, mucho más accesible.

   Siempre hará falta la figura del Gran Soñador que apuesta  a la imaginación para modificar realidades. El trabajo que dan los sueños no está en ningún discurso: está en la actitud de quien puede ver más alto y lejos que la mayoría sin sentirse avergonzado. Es una bizarra actitud de desafío razonable porque una vez aparecida la luz interior hay que pensar en disponer de suficiente combustible para mantenerla y, además,  es urgente colocarla inmediatamente en foco al tiempo de alinearnos con nuestro eje así podremos afrontarlo todo sin desfallecer. Para los grandes soñadores los obstáculos son insignificantes porque el objetivo es lo único que tiene entidad y soñar despierto, o dormido, es lo de menos. Muchísimos artistas escribieron en sueños sus mejores canciones y más de un científico ha recibido respuestas a difíciles interrogantes cuando el ser interno tuvo ocasión de hablarles en onda alfa. Ese gran guía personal está siempre susurrándonos pero pocas veces le prestamos debida atención y es por sordos empecinados que nos parece loco aquel que se escucha internamente y es capaz de llegar a sus metas que para otros pueden ser inalcanzables. A todo esto, una vez más, yo apuesto por quienes pagan callados lo que valen sus sueños ¿y usted?.



 

 

jueves, 21 de abril de 2016

"Nora y Francis"

Las relaciones interpersonales, y sobre todo familiares, no siempre son tan básicas ni casuales como parecen.
  
   Se dice que en todas nuestras vidas estamos con las mismas personas en roles cambiados. Se dice que nadie se queda con el vuelto de nadie a lo largo de su trayectoria cósmica y que los hermanos, a veces, se relacionan como padres e hijos porque en algún recodo del tiempo no jugaron bien esos roles y necesitan aprenderlos, completarlos  o cumplirlos, y seguramente por esta causa Nora fue mucho más que la hermana mayor de Francis.
   Nadie puedo comprenderlo ni consentirlo como ella. Ninguna mujer despertaba en él tanto respeto como Nora hasta el extremo de terminar casándose con la única novia que contó con la aprobación de su hermana.
   La esposa de Francis, ninguna zopenca, hizo lo necesario para alejar a los hermanos  aprovechando que, como gerente de Banco, a su marido le llovían traslados de corto y largo plazo. De aquí para allá anduvo Francis cumpliendo con su destino sin dejar de ser quien era para Nora. El también tenía buena cintura en el ring de las relaciones familiares y no pocas veces disfrutó de gloriosos atardeceres con su hermana del alma donde se daban diálogos como éste:
   -¿Por qué no te casaste Nora?
   -Porque cuando vino no convino y cuando convino no vino.
   La última vez a solas, con Nora, Francis le confió que tenía ganas de viajar.
   -Es lo que necesitas, querido. No olvides que los viajes son la inversión más inteligente.
   Francis recordaba esas palabras, una y otra vez, durante el viaje que lo hacía el más desdichado de la tierra por no saber si alcanzaría a darle un último abrazo a su hermana. Pero ella podía; siempre pudo. Cuando lo vio acercarse, con las últimas luces de su mente y aún percibiendo la desolación de Francis, no pudo con su genio:
   -¡Cuánto te hiciste esperar!
   En el preciso instante que Nora se fue de gira por las estrellas, su perra Mica trajo cuatro cachorros a este mundo.  Inmediatamente Francis pensó adoptar uno de ellos pero al final decidió volver por él una vez que creciera y apuró el regreso a su hogar más muerto que vivo.  Las piernas apenas le respondían, su mente era un caos; el alma un desierto... aquello era verdadero dolor y Nora ya no estaba para explicárselo o al menos consolarlo o, mejor dicho, eso era lo que él creía  porque a metros de su casa lo sorprendió su señora con un velloncito negro y blanco debajo del tapado azabache.
¡Mira qué me regalaron! Es una hembra. ¿No es una preciosura?
Francis no quiso saber la procedencia ni la raza de la mascota que ni siquiera lo miraba. Tampoco quiso saber cuántas horas tenía de vida (¡nada de nada!) pero un involuntario suspiro lo liberó -como por arte de magia- de su desesperación y hasta pudo dar una orden que posiblemente no era suya:"se llama Nora".



                                         

   
  

viernes, 15 de abril de 2016

"Pasos..."

Nunca es suficiente reiterar que nuestra realidad es pura interpretación personal.

 
    Antigua casa con patio andaluz, jardín enorme. Huerta modelo separada del predio vecino tan sólo por una hilera de prolijo verdor. Matrimonio de ancianos ausentes, mucama interna que un viernes como aquél desaparecía, y   moradora solitaria  ya pasada la medianoche.
    El concierto del viento se servía de las casuarinas,  y los limoneros, para jugarle una mala pasada al miedo en el transcurso de la noche más larga del año. Aquel 21 de junio Lucía no había querido involucrarse en la salida de sus tíos porque tenía más ganas de leer que de salir a saludar al invierno recién llegado. Terminaban de obsequiarle "Buenos Días Tristeza" de Francoise Sagan y, si bien las novelas solían decirle muy poco, aquella noche larga la Sagan era por demás tentadora con título tan seductor si hasta parecía tener urgencia por decir lo suyo en medio de una dudosa beatitud emparentada con aquel silencio engañoso porque, en caso de decidirse a oír, la noche hablaba fuerte a esas horas. Gatos, ratas, murciélagos, lechuzas y perros cabreros del vecindario, no dejaban de rimar con esos ruidos propios del lado oscuro de las casas y, por qué no, de sus ocupantes. Panorama nocturno, al fin, era simplemente anecdótico para alguien como Lucía tan buena amiga de su querida soledad. Sin embargo, aquella vez fue diferente.
   Estaba por comenzar  su primer  encuentro con la Sagan cuando a Lucía le pareció escuchar pasos de dudosa procedencia que no siempre parecían dirigirse hacia ella. De pronto se sentían lejanos y de sólo estar... se acallaban o se detenían. La joven lectora intentaba una y otra vez ser capaz de hacerle un gran desaire al miedo atribuyéndole a la noche tanto movimiento raro en su entorno pero, llegó el momento en el cual las explicaciones tranquilizadoras resultaron francamente inútiles.
   Como había que hacer algo, porque aquel asedio se hacía sentir cada vez con mayor contundencia, Lucía intentó espiar por la ventana.  Con luz apagada y pasos de seda cruzó la habitación para descorrer la cortina casi sin tocarla. Si la reja y el vidrio la tranquilizaron, mucho más la presencia de un gato dormido plácidamente sobre uno de los sillones de la galería que daba al jardín. Sin encender luces, buscó refugio en la pequeña radio a pila que viajaba con ella para acompañarla en sus desvelos y, aquella noche, el jazz pareció murmurarle esas palabras tranquilizadoras que estaba necesitando porque casi se duerme sólo que, de pronto, ¡otra vez los pasos que se detuvieron nada menos que frente a su puerta! ¿Gritar? ¿Para qué? Nadie podía escucharla con semejante ventarrón de modo que rezar fue la única alternativa. Después de "Padre nuestro que estás en los cielos" la oración se borraba de su memoria hasta que la  frustrada devota se plantó de brazos cruzados, con un pie sobre otro porque el piso parecía de hielo, y esperó ya rendida al asesino que de un momento a otro...(¿por qué no había ido a jugar a las cartas?)...  Al tiempo que el silencio enviaba señales cada vez más aciagas, la periodista condenada a muerte no podía evitar que su temor le dictara posibles titulares referentes a su trágica partida de este mundo. Uno más impresionante que otro al extremo de poder aterrar al mismísimo asaltante  que, de a ratos, parecía desistir del ataque como perdonándole la via a esa pobre infeliz y se alejaba casi en puntas de pie aunque parecía tropezar con una maceta o algo así.
   En un momento dado el gato huyó despavorido dando un salto fenomenal. Lucía decidió entonces que era hora de buscar algo contundente para defenderse de su agresor. Se encontraba en esos inútiles afanes cuando una especie de estruendo le produjo un aturdimiento inmovilizador. Vio la puerta derribada y un flaco encapuchado apuntándola con su arma pero... no. El gran ruido había sido causado por la puerta del garage porque los dueños de casa estaban de regreso. En cuanto Lucía lo pudo admitir corrió hacia los recién llegados con la novedad de que había alguien en la huerta y en cuestión de minutos llegó el vigilante de la cuadra y se presentó un patrullero lo cual dio cierta tranquilidad a la señorita casi muerta de miedo y, también, mucha vergüenza cuando vio a uno de los policías con una doble página del diario "La Razón" estrujada en la mano libre del arma reglamentaria mientras que, un poco más allá, su tío recogía otras que había usado para proteger del frío a sus almácigos... sin tomar recaudos de cara a una eventual visita del viento.
    Aún temblorosa, helada, casi al borde del infarto, la frustrada lectora de "Bonjour Tristesse", apenas si pudo pedir:
   -Por favor, oficial suelte ese papel un momento...
  Y los pasos volvieron a oídos del más viejo compañero de la humanidad: el miedo. Lucía no necesitó más demostraciones para saber que unos papeles manejados por el viento casi la mataron de susto sin contar con que no le permitieron leer ni una página del libro elegido  y fue cierto, una vez más, que el temor, como el amor, pueden hacerte creer... exactamente... lo que quieras.

viernes, 8 de abril de 2016

"El Cisne En La Laguna"


   De vez en cuando, a determinadas personas les propongo un tema que me parece ideal para su perfil y sus letras. Generalmente, ponen manos a la obra, me lo hacen saber, trabajan la idea, la siguen o la dejan, pero hay uno que es muy resistido desde la sola mención de su nombre y es el referido a la propia sombra esto es, el lado oscuro de nuestra personalidad.
   Lo cierto es que, como la Luz y La sombra se disputan el universo entero, no es extraño que se enfrenten o sean adversarios en esa singular parcela de consciencia donde se registra, se activa y se define nuestra propia vida, nuestra época del alma, nuestro espacio estelar es decir, nuestra dimensión humana continuamente asediada por estas dos potencias contrarias. Lo maravilloso es que en esta guerra secreta, formidable, cada cual es único elector porque el triunfo de una u otra es resultado de una batalla personal puesto que, finalmente, se trata de una elección.
   Cada persona -asistida por sus genes, medio ambiente, coeficiente intelectual y psíquico- es muy dueña de inclinarse hacia la luz o la oscuridad y, por qué no, hacia algún tono del gris. Cualquiera sea su preferencia, que en realidad es  su tendencia, será siempre inquietante y peligrosa. Lo curioso es que resulta humanamente imposible saber cuántos o quiénes están inscriptos en cada uno de los bandos. Si bien es posible advertir en qué lado de la trinchera estamos, y podemos llegar a  percibir resultados y consecuencias, esta dualidad nos confunde porque hasta hoy no hay victoria para el día ni para la noche desde que el equilibrio hace el juego a los opuestos que vendrían a ser cara y cruz de una moneda.
   No creo que sea conveniente renegar de nuestra sombra. Para ser franca, lo mejor   es mantenerla en la mira, controlarla como si nada y hasta podríamos regalarle un poco de misericordia porque, en más de una ocasión, eso es lo que merecemos. Por otra parte ¿quién ha dicho que La Sombra es inexorablemente oscura? Si el entorno lo permite, puede ser tan luminosa como la de un cisne en la laguna y  aquí me detengo en el recuerdo de  Atahualpa Yupanki que era amigo de su sombra, le cantaba y no sólo a la que proyectaba su figura; también a "la otra" -a la invisible- tan temida y con tan mala prensa. En su "Vidala Para mi Sombra"  le canta a las dos:
   -"Sombra cuídame mucho lo que tenga que dejar
     cuando me moje hasta adentro la oscuridad"
   Al final de cuentas, Luz y Sombra es lo que somos, lo que seremos, y si bien no hay mejor idea  que la de intentar un parecido con los ángeles... por ahora, al menos por ahora, somos otra cosa. A veces, simples hijos de... humanos.

viernes, 1 de abril de 2016

"La Niña"


     A cinco kilómetros del río Bermejo, en la argentina provincia de Salta, está ubicada la antigua  ciudad de "Embarcación" y en "Villa Amanda", lujosa residencia de uno de sus barrios selectos, había lugar de sobra no sólo para una sala de exposición de óleos que producía la señora de la casa. También para un gran taller de carpintería donde su amado Pedro Testa despuntaba el vicio de ebanista cuando no andaba en sus andanzas de cazador de jabalíes ya que bien podía alardear  de envidiable puntería no sólo para derribar animales; también mujeres y adversarios políticos. El siempre andaba detrás de algún cargo público que le permitiera llevar aquélla... su gran vida.
   En la comedia hogareña de "Villa Amanda", de marzo a diciembre, tenía discretas participaciones "La Niña" que no era otra que la hija mayor del administrador de una  finca cercana. En cuando comenzaban las clases, la primogénita de los Rossi ya era confiada a esos amigos ricos de "Embarcación" que se encargaban de la educación de la nena con tantísimo esmero que no sólo recibía lecciones de piano; también contaba con caballete y delantal propios para jugar a ser pintora mientras Amanda inundaba de luz sus paisajes en las tardes de otoño, sus preferidas para estropear pinceles. Los fines de semana La Niña era requerida por sus tíos, de las afueras, donde se la veía feliz no sólo correteando con sus primos  sino, además, yendo y viniendo al almacén de la esquina  porque en aquella casa, donde sobraba amor, siempre faltaba algo (por no decir casi todo).
   Turista habitual, en todas partes, la pequeña huésped de los Testa ya conocía las dos caras de la moneda  en lo referente a la riqueza  y a la pobreza. En sus habituales paseos dominicales del centro a las orillas de la ciudad, ella era observadora involuntaria de dos mundos opuestos  donde a nadie se le ocurría tender puentes que hicieran posible algún tipo de comunicación menos traumática que la habitual. Desde el polvo de sus zapatitos negros de charol hasta una que otra novedad en el vocabulario, servían para remarcar diferencias siempre salpicadas de mala fe puesto que tanto el rico como el pobre son endiabladamente humanos. Nada santa, La Niña vivía preguntando "¿Qué tiene?"...Nada. Qué iba a "tener"... hasta que descubrió el  significado de esa palabra, el día menos pensado, al comprender que tener lo mismo que los afortunados era lo ideal.
   Sucedió una tarde cuando jugar  en la vereda no le pareció tan bueno como de costumbre. Tres de sus amigas estrenaban zuecos ruidosos -y bonitos- en tanto que La Niña se sintió inexistente al no hacerse sentir cuando corría. Le dio tanto miedo ser invisible, o al menos no estar tan presente como los zapatos de sus amigas, que de improviso decidió abandonar el juego y se sentó calladita en el umbral de "Villa Amanda". Inesperada espectadora, hubiera podido pasar por   cansada, triste o hambrienta, tal vez, pero Pedro Testa, sabiendo tanto de mujeres, qué no iba a conocer los matices del eterno femenino así que comprendió muy bien a la pichona  de ala herida y en el acto decidió tomar cartas en el asunto. Sin dar parte a nadie, como de costumbre, en menos que canta un gallo ya estuvo  eligiendo el más vistoso de los cinturones elásticos de su  señora y, también sin ser advertido, pasó por el cuarto de la nena porque necesitaba tener un zapato como referente del tamaño de sus pies. Con las manos llenas de cosas mal habidas, se encerró en su cuarto propio con la idea de encontrar tachuelas de colores y un buen trozo de cedro colorado.
   Pedro Testa Maurín era dichoso. Iba a sorprender  nada menos que a una futura mujer con sus ocultas habilidades de zapatero prodigioso. Lo que nunca había hecho por una dama estaba a punto de hacerlo por la hija de su mejor amigo. ¿Acaso no era sensacional?.
   Al día siguiente La Niña fue invitada al taller no bien regresó de la escuela. Se encontró con Don Pedro encendiendo su pipa con una chispa recién aparecida en sus ojos de zorro viejo. Ella, que a menudo descubría esos destellos y hasta jugaba a decodificarlos, en el acto comprendió que se trataba de una linda sorpresa.
   -Tengo algo para usted- Lo escuchó decir.
   Presidiendo el chiquitaje guardado debajo de la mesa de carpintero, estaban los zuecos colorados esperando una lagrimita de emoción que los bautizara y así fue. Era la primerísima vez que un hombre que no era su padre la halagaba de semejante manera. En aquel ambiente de complicidad oloroso  a tabaco y viruta de madera, no esperó un instante más para acomodarse en el regazo de su mago personal pedaleando con los zuecos con tanta energía que uno voló por el aire. Lo recuperó en un periquete y luego de simular unos pasos   de  algo así como un  "Carnavalito", para el autor de su alegría, salió taconeando sin siquiera darle las gracias porque de pronto fue  requerida por la segunda faceta de su femineidad: había que desfilar; había que hacer ruido para demostrar, a sus ocho años, que una hembra que se precie necesita pisar fuerte. Se le escapaba, pobre niña, que tal privilegio era dudoso porque  apenas llegaría a perdurar lo que lograra resistir un par de zuecos rojos fabricado, graciosamente, por un hombre. Pasados los años, La Niña completó el aprendizaje al comprender que para pisar firme no hace falta calzado ni obsequio alguno. Lo que se requiere es tener peso específico es decir, ser muy hombre o mucha mujer.

  
 

viernes, 25 de marzo de 2016

"Intento Extraterrestre"


A mis hermanos mayores... los poetas
   Durante varios minutos el señor x se apuntaló  en su furia, calculó mal mi fuerza y su distancia por hacerlo de manera rudimentaria, puso su mejor cara de académico y me apuntó al corazón con munición gruesa.Yo no mostré señales del impacto. Como lo esperaba desde hacía mucho tiempo fue fácil mantener mi serenidad. Ilesa, confiada, a mi atacante lo puse fuera de combate en el primer round:
   -Usted vive en el mundo de las reflexiones. Yo prefiero el de las percepciones y así está perfecto. Usted tiene la programación apropiada para cumplir su misión y yo la que necesito para cumplir con la mía. Ninguno de los dos está fuera de lugar ni está en falta. Sólo somos dos células que funcionan a favor de determinados objetivos que, mire usted, son los que justifican nuestra existencia en este preciso instante.
   -Con esta mujer no se puede hablar- dijo a toda voz, se puso en marcha y salió para siempre de mi vista y de mi vida.
   Existen muchos personajes descollantes del mundo intelectual que se creen autorizados para descalificar a los nativos del universo de las emociones como es el caso de los poetas que nuestra sociedad se empeña en sacar de circulación cuando insiste en el intento de amedrentarlos con la amenaza del hambre y la desolación.
   Un día escuché decir que el publicitario es el pariente rico del periodista y hoy se me ocurre pensar que los poetas son los hermanos mayores del escritor porque no sólo saben escribir: ellos saben decir porque, además de contar con las alas del pensamiento, pueden acceder a  las percepciones más exquisitas. El escritor necesita información, buen manejo del idioma en el que trabaja, imaginación, singular personalidad, experiencia de vida, mirada clara... todas herramientas de las que también se sirve el autor de la poesía pero el poeta tiene un plus: la emoción desnuda, recién nacida en aguas muy profundas. Yo adoro a los poetas porque "saben nombrar aún aquello que Dios no ha tenido ninguna vergüenza de crear". Representantes geniales de un mundo fascinante, como lo es el de las percepciones, cuántas veces los poetas no alcanzan a expresar lo que sienten, como desearían hacerlo, por la desmesura de un registro que excede a la palabra.
   En esta época, en la que de un electrodoméstico que ya no funciona se dice que "se murió", como si objetos y personas fuesen lo mismo, hacer poesía es todo un intento extraterrestre pero, a no desmayar, porque siempre lo ha sido y a los sacerdotes del culto a la emoción nunca les interesó abandonar sus propios mundos aún al precio de morir de dolor, de hambre o de frío, entre estatuas que caminan... ¡como si fuesen humanas!.
   El 21 de marzo en el mundo no se festejó demasiado a la poesía. Varios días después yo sigo celebrando a los poetas (a todas ellas, a todos ellos) y, como los quiero populares, que vuelva Luis Aguilé para cantar: "Viva la noche/Viva el derroche/ Viva la copa de Champan/ Vivan los versos/De los poetas/ Que nunca más  se olvidarán".
 
 

jueves, 17 de marzo de 2016

"La Casa Encantada"

    Muchas veces, lo visible y lo invisible se encuentran... en un punto inaccesible para la razón.
 
 
 
   El tren se detuvo parsimoniosamente en la estación del pueblo donde Daniel tenía viejos queridos amigos uno de los cuales, Víctor Manuel, lo estaba esperando para celebrar las bodas de plata con su Marietta. Daniel, ya divorciado, llegó sin compañía pero con  la promesa de quedarse varios días con el matrimonio amigo que le tenía preparado un dormitorio acogedor en una casa vecina, de su propiedad, por entonces deshabitada.
   Los ex compañeros de andanzas juveniles cruzaron eufóricos la cancha de fútbol fenomenal que separaba a la estación  de trenes de la casa de Víctor Manuel ubicada en la clásica calle angosta paralela a las vías que hay en algunos pueblos y no hizo falta ingresar en ella para percibir que el espíritu de fiesta ya estaba instalado en el corazón de sus moradores.
    El festejo se extendió hasta las cuatro de la madrugada. Una vez despedido el último invitado, Daniel se instaló en aquella casa especialmente acondicionada para que se sintiera cómodo durante los días que había decidido quedarse. Si bien, como le dijeron, estaba deshabitada desde hacía algún tiempo, lucía cálida y, sobre todo, olía a jazmines porque era primavera. Daniel encendió todas las luces (todas). Inmediatamente reparó en una gran galería cerrada con un enrejado de madera como los tantos que había visto en Palma de Mallorca, en un lejano recorrido por España. Esa galería daba a los patios traseros que no  eran de tierra: estaban cubiertos por un dominó de cerámicas sobre el cual se lucían dos reposeras y una mesa rectangular demasiado pequeña para el gusto del huésped que decidió pasar por el cuarto de baño antes de meterse en cama. Como estaba solo no cerró la puerta y ya se retiraba cuando quiso ver qué imagen le devolvía el espejo sólo que, además de la suya, vio la de un sujeto calvo, grueso, de negro, que lo observaba con atención. Daniel dio media vuelta. Nadie. "Tomé demasiado" -pensó- y ya de paso por el comedor, tomó una silla, la llevó al dormitorio para acomodar en ella su ropa. Cuando quiso colocar el pantalón la silla no estaba lo cual lo llevó a pensar que tan sólo había pensado llevarla. Regresó al comedor por la silla y todo bien.
   El eventual ocupante de la casa estaba por dormirse cuando escuchó ruidos en el patio. Un baldazo de agua tras otro, cepillado y secado del piso con evidente torpeza. Pasos... Aquello le pareció un despropósito y saltó de la cama para avisar que había gente en la casa que necesitaba descansar pero, se encontró con la única presencia de la luna desparramada sobre el piso en blanco y negro. A esas horas Daniel estaba de lo más sobrio porque el miedo se había bebido los tragos que pudo tener  de más. Bastante inquieto regresó al dormitorio. Dejó el velador encendido y pudo dormir hasta que lo despertó un portazo brutal. Cuando descubrió que la puerta del dormitorio se había cerrado se sintió preso pero no. Pudo salir, instalarse en el living a fumar y, sobre todo, a rebobinar lo sucedido aquella noche vieja porque los pájaros ya estaban celebrando el nuevo día lo cual lo animó a intentar un sueño. Había escuchado decir que la luz del día acompaña.
    El amigo de Víctor Manuel despertó cerca del mediodía. La silla no estaba y su ropa debidamente acomodada en el respaldo de la cama y le bastó dar unos pasos para advertir que ¡casi todas la puertas estaban abiertas!.
     Aunque pueda parecer una mentira, Daniel no pensaba  reportar tan mala noche pero, no bien ingresó a casa de su amigo, advirtió que todos esperaban que describiera con lujo de detalles su noche encantada porque estaba comprobado que en aquella propiedad nadie podía vivir y ésa era la única razón por la cual estaba deshabitada.
    El huésped cumplió sus días de visita prometidos hospedándose en la casa de su amigo después de oír historias poco creíbles acerca de esa vivienda tomada por gente invisible, iracunda, incivilizada y por demás insoportable. Su propia experiencia no era más que un capítulo en la saga fantástica lo cual no le gustaba ni medio.
   Se lo estaba haciendo saber a Víctor Manuel mientras esperaba el tren del regreso cuando descubrió al gordo del espejo muy sentado en un banco del andén y entonces Daniel comprendió: ese ser quería cerciorarse de su partida.


viernes, 11 de marzo de 2016

"Las Tres Marías"

Pensando en mis hermanas, las mujeres...

 

     Soy nacida en Argentina donde la vicepresidente es Gabriela Michetti con el agregado de que la provincia más grande es decir, la de Buenos Aires, está gobernada por la joven talentosa María Eugenia Vidal. Entre nosotros el Ministerio de Seguridad de la Nación está en manos de Patricia Bullrich y la Canciller de la Nación Argentina se llama Susana Malcorra. Todo esto sin aclarar que contamos con las valiosas Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, Vilma Ripol, Alcira Argumedo, Victoria Donda, Graciela Camaño... todo un universo de mujeres políticas ¡fantásticas! que pagan calladas lo que valen sus sueños lo cual me reconforta como hermana de todas ellas pero, como  todas ellas, tengo una espina clavada en el corazón: a menos de cien días de este nuevo año ya hay dieciséis femicidios en nuestro país con un agravante, para mí, porque el primero ocurrió en mi Salta natal. En el pueblo de "Chicoana", el 4 de Enero de 2016, Daniela Martínez -a los 22 años-  fue estrangulada por su pareja que luego hizo la pamplina de suicidarse.
   La noticia de que cada treinta horas hay una mujer atacada, y que el setenta por ciento de las veces es con un arma de fuego, no debe sorprendernos porque todos ponemos nuestro granito de arena para denigrar a la mujer. ¿Qué no? A mí me enseñaron a cantar desde muy chica: "La casa de mi suegra/la lleva el viento/la lleva el viento/por qué no la llevará/ con ella adentro/ con ella adentro". Y ni hablar de la programación machista que nos acorrala todo el tiempo. En las encuestas telefónicas se nos pide: "si es varón marque 1; si es mujer marque 2" y para no seguir tan apenada, celebro que en España los nuevos semáforos muestren la figura de la peatona, tal como ocurre en Madrid, como también me alegra que en la ciudad de Buenos Aires las calles de Puerto Madero lleven nombres de mujeres ilustres. He leído por ahí que  se trata de "gestos interesantes" pero NO: son clases oportunas de urbanidad; pequeñas grandes tácticas pedagógicas que, con el tiempo, harán escuela.
   Para no instalarme en la queja, ni en el conflicto, hoy quiero agasajar a mis hermanas, las mujeres, evocando con orgullo a las famosas "Tres Marías" de las letras sudamericanas del siglo pasado: la chilena Gabriela Mistral, premio Nobel de Literatura, (1945), Juana de Ibarbourou de Uruguay y nuestra Alfonsina Storni de quien voy a transcribir una poesía que, no hace mucho, compartió Mamen Andalucía: "La Caricia Perdida"

Gabriela

Juana







                      
Se me va de los dedos la caricia sin causa
Se me va de los dedos... en el viento, al pasar,
La caricia que vaga sin destino ni objeto
La caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con pasión infinita
Pude amar al primero que acertara a llegar
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida rodará, rodará.
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
Si estremecen la ramas un dulce suspirar,
Alfonsina
Si te oprimen los dedos los floridos senderos,
La caricia perdida rodará, rodará.
Si no ves esa mano, ni sombra que besa,
Si es el aire que trae la ilusión de besar,
Ah, viajero, que tienes en los ojos el cielo
En el viento, fundida, ¿me reconocerás?.



                                                       P/D
                                        No más caricias perdidas.
                                          ¡NI UNA MENOS!



               


                                  
                                 
                   






viernes, 4 de marzo de 2016

¡Ay, Carnaval!


     Tránsito interrumpido por unas horas. Iluminación extra. Ruido descomunal. Murgas y comparsas. Disfrazados. Mujeres bonitas, o no demasiado, que desfilan provocando tanta envidia como admiración. Multitud buscando diversión en el lugar equivocado. En Argentina, salvo en muy pocas provincias, el carnaval agoniza resistiéndose a dejar de ser esa invitación a la alegría que fue durante siglos. Hasta no hace mucho tiempo, entre nosotros los bailes de carnaval fueron cosa seria. Los clubes competían sin reparos en la contratación de orquestas y bandas bien instalados en el gusto popular. Con serpentina o sin ella, con antifaz o sin él, el carnaval invitaba a la aventura sentimental porque en medio de tanto desenfado el disfraz, o la careta, eran muy buenos aliados de la trampa o, por lo menos, de la picardía.
   Hoy, carnaval es una fecha en rojo del almanaque por mucho que los municipios puedan promocionarlo. Nos molesta que obstruyan la circulación y hasta la voz de los animadores que nos gritan el nombre de los concursantes cuando pasan frente al palco sin conseguir los aplausos casi siempre merecidos. Qué indiferencia para tanta expectativa pero... es así.
   A demasiada velocidad nos estamos olvidando de conversar, de reír, de cantar y divertirnos. Cada vez nos encerramos más en nosotros y no precisamente para encontrar nuestro eje; nos encarcelamos en el silencio para adormecernos y si es con ayuda de alguna droga mejor. Es como si en un contrato imbécil estuviera escrito que hemos renunciado a participar de la fiesta que es la vida porque, sencillamente, no tenemos ganas de seguir participando a menos que se trate de un concurso o programa televisivo de los cuales se pueda esperar buen dinero.
   Hay un dato olvidado: la diversión no es sofisticada; es cuestión de tener afinidad con ella cuando las endorfinas y la frescura nos asisten desde que divertirse es tan natural como sentir pena, rabia, envidia o cualquier otro estado emocional. Otro dato, preocupante por cierto, es que estamos dejando de ser naturales o como verdaderamente somos. En algún momento,  no sé de qué manera, nos han metido en la serie donde lo más destacable es la depresión cuando no la evasión. Ahora sí que somos individuos en serio. Cada cual en su burbuja velando por sus intereses, rumiando sus penas  y gastando bastante dinero para que nos diviertan cuando necesitamos aparentar que lo hacemos. En realidad los famosos "animadores" no nos alegran; sólo nos entretienen acaparando nuestra atención durante pocos minutos para que el pasatiempo sea realidad en nuestra comprensión y, lo peor, hasta los niños han dejado de pasarla bien por falta de espacios para entretenerse con recursos propios. A tal punto a los chicos se los ha dejado sin alas que hace falta  contratar a un payaso, o a un cuatro de copas, para que puedan sentir que están de fiesta y ¿qué decir de los adolescentes? Ellos siempre estuvieron en la "La  Resistencia". Aún hoy antes de ir a...donde sea...es toda una celebración el ritual de elegir vestuario entre la trapisonda de la familia para salir bien disfrazados. Sigue siendo una aventura adolescente encontrar esos aros de la abuela que serán el comentario de la noche o reformar-arruinar ropa de quien sea para no desentonar después de tantas comunicaciones para organizar la salida. Es cierto que la previa también puede estar en el cordón de una vereda con cerveza y cigarrillo en mano pero esto sólo quiere decir, como tan bien lo cantaba Celia Cruz, que "la vida es un carnaval" así que nada para envidiar a los corsos del pasado. Hoy, como ayer, somos todos portadores de un disfraz cumpliendo diferentes roles con nuestras antiguas o modernas máscaras que deben estar muy a tono con cada situación que nos toque resolver y con cada sitio que debamos frecuentar. Lo peligroso es  llegar a frescura cero. Desentonemos un poquito. Siempre es posible ser personales o, para mejor decirlo, personas que cantan, lloran y ríen por la bendita razón de estar vivos en un planeta de ensueño como el nuestro.








viernes, 26 de febrero de 2016

"El Terreno"

No siempre es así pero, no hay que sorprenderse.

  

   Las madres se miran en sus hijos porque son sus obras. Una mujer se cree en inmejorables condiciones cuando esos hijos son varones y, además, abogados así que... nadie se atreva con ella porque entonces la humanidad podrá descubrir lo que es capaz de hacer un buen muchacho cuando de defender a su madre se trata. Con tan positivos pensamientos este mundo es amable y el futuro se ve color de rosa como le sucedía a María Sara hasta que, de sólo estar, decidió vender un terreno heredado no hacía mucho tiempo. El predio, muy bien ubicado a seis cuadras del centro comercial de una importante ciudad del norte argentino, estaba cercado por una tapia de gran altura si bien, en el frente, una puerta precaria mostraba su estado de abandono.
   Cuando la heredera recordó que el terreno era suyo se encontró con un rosario  de deudas más trabas burocráticas que incluían un breve juicio de sucesión, como lo dispone la legislación argentina, todo lo cual no era problemático para la madre de tres hombres de leyes.
   Al cabo de un año el mayor de sus hijos le dijo algo al respecto:
   -En cuando tenga un respiro iremos al pueblo para poner tu asunto en marcha. Luego habrá que esperar. Estas cosas llevan su tiempo.
   Dos años después acudió al menor, su preferido, para pedirle que hiciera alguna gestión para iniciar el expediente. Su predilecto le dijo exactamente lo que ella necesitaba escuchar:
   -Me estoy ocupando madre.
   Promediando el trecer año María Sara, al borde de perder los estribos, decidió hablar con quien había nacido entre el primero y último de sus hijos. El doc le dio una respuesta inesperada:
   -¡Mamá!!!!! Estamos en plena campaña electoral. Se está jugando mi futuro. No tengo tiempo ni para dormir y hoy me sales con tu terrenito.
   Al comprender que se le estaba yendo la mano en el trato que le daba a su madre, la abrazó sin muchas ganas, al instante declamó un brillante contra discurso es decir, le dijo unas cuantas mentiras que- como siempre- en boca de un abogado son tranquilizadoras.
   Las lágrimas de las madres muchas veces van por dentro y las quejas no suenan porque se ahogan en el corazón. Pasados los años, toda vez que María Sara se encontraba en apuros económicos no podía evitar pensar en aquel dinero muerto de risa que no se dejaba tocar. Si alguien le aconsejaba designar a un letrado que se encargara del terreno, ella  enfurecía:
   - Con tres hijos abogados ¿cómo voy a pensar en la designación de un defensor de mis derechos?
   Siete largos años después la madre pudo tomar coraje para  hablar con "sus" abogados. Ellos, con  su mejor cara de ángeles le hablaron cariñosamente:
   -Pero Gordita: ¿cuánto hace que estás con el tema del terrenito? Todo a su tiempo. Cada día se cotiza mejor tu parcela ¿cuál es el problema?. Esta semana empezaremos a encargarnos.  
   Por lo visto "quedaron así".
   Hoy he pasado frente al terreno de María Sara. Ya no está muerto de risa. Está visible, muy presentable y EN VENTA. Junto al  cartelón, donde figuran sus dimensiones, hice colocar otro más modesto, y tal vez más vendedor, donde se pudo leer