viernes, 15 de julio de 2016

"¿Amigos?"

    Gracias a la posibilidad de cambiar que le fue graciosamente concedida  al género humano y, suponiendo que a él pertenezco, a lo largo de mi vida he cambiado más de una vez mi concepto de "amistad". En la adolescencia eran mis amigos aquellos que, a mi parecer, eran como yo porque actuaban de manera similar a la mía y no sólo eso: teníamos la misma facha, hablábamos el mismo argot con idéntica desfachatez y nos sentíamos geniales sólo porque así se nos antojaba... hasta enterarnos por sorpresa de que no hay dos personas iguales y que, para colmo, la gente cambia todo el tiempo en un extraño intento conocido como "crecimiento" lo cual significa que, al crecer, los  amigos brillan por su ausencia.
   Pasado el chubasco, pude concebir a la amistad como una maravillosa cofradía que encendía las luces de mi alma en un amable rincón de pertenencia que hacía las veces de círculo protector. Al poco tiempo me llegó otra sorpresa: las fraternidades se cierran o desaparecen hasta que lo único fraternal sigue siendo el saludo y gracias.
   Hoy, aquí, en el otoño de esta vida, los amigos son mis hermanos del alma. Son aquellos vecinos de ideales y amorosos compañeros en la eterna empresa de los sueños porque amigo es quien tiene una misión muy hermana de la nuestra, el que habla nuestro idioma existencial, el que frecuenta esos lugares comunes de la vida cotidiana y, de no ser así, va por nuestro camino tal vez con diferente premura pero ¡muy cerca! deseándonos lo mejor. Nunca olvido a Mario Arregui que solía decirme con frecuencia: -" No sabes cómo quisiera que tengas fortuna. No mucha. Pero la suficiente para las piruetas que sabe hacer tu corazón".
Hechiceros, protectores, generosos, incomparables, geniales maestros son los hermanos del alma a quienes deseo saludar este 20 de Julio "Día del Amigo" y, ya que estamos, los quiero agasajar con una preciosa página de Gabriela Mistral en su "Desolación"   
  -"Me hablaron de ti alabándote y la alabanza subió a mis entrañas como suben  los vapores del mar.
 Hablaron de ti ensangrentándote con palabras numerosas y te miré en mi corazón y eras puro como la escarcha que amanece dormida en los cristales.
Callaron un día tu nombre para pronunciar otros en glorificación ardiente pero el tuyo, que ya nadie pronunciaba, estaba bien presente como la primavera que cubría de verde los campos aunque nadie estuviera cantándola a esa hora diáfana".

P/D 
Para la AMISTAD olvidar es gestión imposible.
 

viernes, 8 de julio de 2016

"Simplemente, Argentina"


    Este sábado 9 de Julio la República Argentina cumple años. Apenas doscientos. Muy pocos si pensamos en los siglos de vida que tantos países ya cumplieron en otros continentes. Tan joven ella, como buena hija de bizarros soñadores no puede menos que aspirar a concretar un gran destino tal como lo pide su arrogancia porque, hablando con franqueza, ésta  es una chica veleidosa para no desentonar con su nombre y su alma de mujer o, por lo menos, eso es lo que escucho decir cuando me explican que su regente astral es la luna. En línea con esta versión popular, Argentina, -como buena canceriana-  es cambiante, magnética, hechicera, y misteriosa, con una característica adicional que tanto la ciencia como el arte y el deporte, de todo el mundo, le agradecen constantemente puesto que es una nación que tiene luminarias para regalar. Luna estrafalaria del fin del mundo, no alumbra con luz prestada; tiene energía propia  si bien ciertos nubarrones insisten en esconderla durante décadas hasta que ella reaparece en el momento menos pensado para gritarle al mundo, con sólo estar, su poderosa afirmación:-"YO VALGO. YO PUEDO. YO SOY".
Por cierto, esta joven Argentina no ha tenido suerte en el amor porque sus candidatos, salvo excepciones, sólo se interesaron en sus riquezas pero, como está más experimentada en elegir  a sus numerosos postulantes, hasta el más carismático de sus admiradores para ella no es más que un administrador en potencia a quien hará falta controlar  con todas las luces que estén al alcance. La asaltaron muchas veces -pobre piba- y muchos de sus hijos no la merecen sin embargo, una y otra vez decide apostar a su buena estrella parándose en puntas de pie porque hace falta apechugar cuando Don Dinero se dispone a hacerle frente con intenciones de apuntarle a la yugular. Es en esos momentos cuando ella pareciera tomar la espada de San Martín, Belgrano o Güemes para dar sus clases magistrales de supervivencia republicana.
   Argentina termina de remover el personal que tiene a su servicio. Eligió gente sin más antecedentes que su historia personal porque está dispuesta a cambiar ideología por filosofía y cargos públicos por servicio humanitario. Como a estas horas asume que la ociosidad es madre de todos los vicios, y madrina de los capos de la muerte, de todos sus asesores sólo está dispuesta a escuchar al corazón de los argentinos porque ya no es un secreto para nadie que el odio es el peor consejero. No sería extraño que esta joven República más de una vez se vea en apuros por inexperta, confiada o sentimental, y hasta cantando con María Marta Serra Lima: "Como toda mujer/ a menudo me da por callar/injusticias y luego llorar en silencio/o explotar por alguna idiotez/verme mal de cabeza a los pies/como toda mujer ¡como toda!". Y como toda mujer es guardiana de la vida hoy tengo ganas de gritar para decirle:
 

viernes, 1 de julio de 2016

"Nuestra Obra"

    Si hay un tema irresuelto en este mundo se trata de la indigencia cósmica que afrontamos los  humanos o, para decirlo de otro modo, el total desamparo que amenaza a la humana condición. Leyendo "Entre Dos Líneas" de Pilar Serrano me pareció escuchar a "Tita de Buenos Aires", la gran Tita Merello,  cantando con furia y como sólo ella sabía hacerlo:" Decime Dios ¡dónde estás! que me quiero arrodillar".
   Basta una mirada fugaz sobre nuestra vida, y las ajenas, para comprender que el Dios de nuestro corazón no es tan bueno como nos convendría que fuese. A tal Dios supimos darle millones de nombres a lo largo de la historia de nuestra especie hasta hoy que continuamos rebautizándolo. Ya comenzamos a darle ciertos nombres dictados por la actual evolución cognitiva y, cada vez con mayor frecuencia, en lugar de Dios decimos "universo", "computadora estelar", "inteligencia universal", "mente cósmica"... con cara de  inocentes niños olvidados de que en este mundo amable y azul SOMOS TODOS DIOSES porque la situación socioeconómica planetaria, directa o indirectamente, conscientemente o no,  es NUESTRA OBRA y el destino de la humanidad está en nuestras manos que, por cierto, lucen cada vez más sucias y cerradas.
   Es inobjetable que Dios, o como se llame, carece de sentimientos por la sencilla razón de que no puede tenerlos si su objetivo apunta a la justicia cósmica. Él mismo se encarga todo el tiempo de demostrarnos que es puro pensamiento, pura energía consciente, y que la emoción es una joya concedida al ser humano quien, no sé en qué mal momento, ha decidido  dejar de lucirse con ella. El sentimiento -lo mismo que la emoción- es, en la configuración humana, una valiosa herramienta que nos resistimos a emplear hasta terminar olvidando que la injusticia existe porque el ser humano es injusto; si hay odio es porque el junco pensante sabe odiar... y es infantil reclamar a una autoridad supra terrenal que nos impida ser lo que somos como si suplicáramos a la policía del espacio sideral que nos controle y ¿quieren que les diga lo que saben de sobra? Esa autoridad existe con la ley de acción y reacción en la mano y no hay posibilidad de eludirla.
   Es muy fácil alegar tranquilamente: "yo nada tengo que ver con  la injusticia y el sufrimiento que acosa a tanta gente" pero no estemos tan seguros. La especie humana es UNA a través de todos los tiempos y las actuales tempestades, tanto sociales como económicas y en gran parte naturales, son obra de aquellos vientos que supimos desatar. Los frutos de hoy son cosecha del  ayer cultivados con gran esmero por una  empresa formidable que no es otra que la familia humana universal. Somos todos miembros de esta empresa así que a no hacernos los desentendidos y, mejor, tratemos de corregir la plana con propuestas.
   -¿Qué tal si revalorizamos los sentimientos?
   -¿Qué tal si dejamos de ser votos en una urna para ser ciudadanos?
   -¿Qué tal si dejamos de ser apariencias para volver a ser reales?
   -¿Qué tal si volvemos a reír, silbar, cantar y bailar?
   -¿Qué tal si aprendemos a dar y recibir con alegría?
   -¿Qué tal lavarnos el cerebro con espuma de todos los colores, de todos los pensamientos, para ser soles espléndidos?
   -¿Qué tal embarcarnos en la evolución personal para controlar a la científica y tecnológica?
  
Sigue con tus propuestas. Yo te dejo, con éstas, la aspiración de crecer como almas vivientes cultivando los sentimientos más bellos que nos ha regalado La Vida para permitirnos, a todos y cada uno,  el gran lujo de  vivir "como la gente".-
 

viernes, 24 de junio de 2016

"La Destreza Perdida"


   En todo el mundo el término "crisis" se lleva las palmas en los medios masivos de comunicación. Crisis referente al campo, a países, a parejas y, cuándo no, a individuos incapaces de saber quiénes son o siquiera dónde están parados. Para definir "crisis" lo que sobran son vocablos pero el significado amplio sería "carencia" que es, causalmente, el mal que acosa a La Palabra. En efecto, cada vez hablamos menos porque hemos dejado de creer en ella desde que la verdad es mala palabra para gran parte de la humanidad. Que mentirosos hubo siempre... ¡cierto! pero al embustero hoy le sumamos el cínico, y afines, de manera que "hablar diciendo nada" es participar en el concurso internacional de la ambigüedad que no por nada tiene mucho que ver con "mediocridad".
   En nuestros días la comunicación es descomedida y superficial sin embargo, a este hecho no lo tomamos como peligroso o siquiera preocupante total, "mejor que decir es hacer" aunque sean tonterías o actos repudiables. Olvidamos que el vocablo es el tallo fresco de una semilla sagrada que es el pensamiento y, para terminarla de componer, nos duele  tanto ser pensantes que no nos avergüenza  contratar a un "experto" en relaciones comerciales, políticas o sexuales. Primero fue ¿para qué pensar? Luego llegó ¿para qué hablar? hasta que hoy somos campeones de la brevedad en todo incluidas las relaciones de pareja y las fiestas que rara vez se prolongan hasta el amanecer.
   La tecnología de la comunicación nos ha creado la ilusión de estar muy comunicados cuando, en realidad, nos ha puesto a distancia sideral. El humano de carne y hueso casi ha desaparecido de nuestro campo consciente al extremo de que  la conversación se ha vuelto prescindible. Sólo sabemos discutir y contrariar como si el mundo de cada uno fuese escenario de una batalla librada con armas de juguete como el grito o el silencio. El diálogo está fuera de combate porque carecemos de herramientas adecuadas lidiar con él.
  Cuando no sabemos cómo expresarnos sin ofender, o provocar un desencuentro, deberíamos advertir que la comunicación personalizada es una destreza perdida.
   Muchas veces se nos da por pensar que todo está programado en algún lugar de este planeta, o en cualquier otro, pero dentro de tan aterradora posibilidad ¡qué suerte el arte! Siendo esencialmente humano el arte es el seguro de humanidad con el que contamos los habitantes de este mundo. Mientras subsista la  expresión literaria, y artística, podremos contar con el hecho de continuar siendo humanos y poder comunicarnos como tales... no como máquinas que es lo que tantas veces pretendemos. Gracias al empuje de nuestro espíritu creativo, alado, infinito... no vamos a perder la fiesta de conversar a cualquier hora, en cualquier lugar, y el fuego de la condición humana seguirá siendo el centro del encuentro personal que, valga la redundancia, nos configura como personas porque las palabras hacen eco en lo más escondido de nuestro ser. Por eso son tan valiosas y no es mala idea  tenderlas al viento de los sueños que valen la pena. 
   Todavía somos bajitos en evolución porque el espíritu de la raza humana es joven y, aunque nos empeñemos en lo contrario, humanidad es lo que ganaremos en cada una de nuestras batallas contra la manipulación.

viernes, 17 de junio de 2016

"Fanny"


   Fanny leía todo lo que caía en sus manos. En la famosa década del setenta,  libros y revistas eran tan accesibles que no era raro disfrutar de publicaciones innumerables que hasta podían resultar apabullantes. Las revistas pasaban de mano en mano porque el gran público disfrutaba de una generosa oferta editorial  y, a todo esto, para Fanny las mejores lecturas eran las del  atardecer cuando la cena estaba a punto y los comensales, como siempre, demoraban en llegar. Por cierto era un tiempo mágico  el dedicado a la lectura si bien no tenía un sillón o lugar especial para hacerlo porque para leer prefería recostarse en su cama grande con la compañía apenas perceptible de "Colita", su perro cachafaz, siempre apostado bajo el umbral del dormitorio en evidente afán de protegerla frente a peligros imposibles porque Fanny vivía en un pueblo salteño que no aportaba siquiera una línea en el suplemento de policiales que publicaba el primer tabloide argentino impreso en frío conocido, hasta hoy, como "El Tribuno".
   Desde luego, en su casa la cerradura estaba de adorno, las ventanas siempre abiertas de par en par y Fanny tenía tanto interés  en su mirada que fueron gloriosos aquellos atardeceres norteños de sosegada lectura. Su avidez de información, sin embargo, no era impedimento para que, de vez en cuando, se distrajera con un ruido cualquiera o se detuviera a reflexionar acerca de esa página que terminaba de leer. Como necesitaba descansar la vista, durante unos minutos, con los ojos cerrados desairaba no sólo a la prensa escrita; también a su realidad porque ella sabía instalarse en el silencio -aún sin haber recibido entrenamiento para acceder a semejante paraíso- y era allí donde se encontraba a menudo con el diario o su revista entre manos. Fanny, nunca se enteró de que leer la ayudaba a meditar así como nunca supo explicar qué le sucedió cierto atardecer cuando, enfrascada en la revista "Vosotras", la sorprendió la noche cerrada con una increíble experiencia.
  
En aquella época no era raro encontrar en revistas femeninas una buen cuento de Poldy Bird y hasta se podía seguir por capítulos "Polvo y Espanto" de Abelardo Arias. La noche recién nacida, que le dio a Fanny una  sorpresa, emocionante y extraña, ella estaba de lo más interesada en "Mamocha" un cuento de su admirada Margarita Belgrano quien con tanta sencillez y buen gusto   desgranaba historias con perfiles magistrales de señoras que, la mayoría de las veces, no lo eran tanto. Precisamente por culpa de "Mamocha" la lágrima estaba al caer  por la pendiente escarpada de la ternura cuando alguien invisible para la lectora del cuento perfecto, y son sumo cuidado de no asustarla, le susurró al oído con una dicción extraña pero perfecta y amorosa:
   -¡Qué bien se la ve!
   Fanny siempre contaba esta experiencia y hoy la escribe su hija mayor.

viernes, 10 de junio de 2016

"¡Muy Buen Día!"


      Lunes 13 de Junio. Día del escritor en homenaje a la fecha de nacimiento de un gran hombre de letras argentino llamado Leopoldo Lugones. En un mundo donde el periodista es tan vecino del locutor, y ser rico pareciera lo mismo que ser feliz, al escritor se lo desdibuja describiéndolo como "alguien que escribe"  como si escribir fuese todo lo que hace el autor de una obra literaria. Para comenzar, todos escribimos desde la lista del mercado hasta le tesis doctoral y es en este punto donde aparece la intriga referente al significado de la palabra "ESCRITOR". Bien vale la pena reiterar que saber escribir no nos transforma en escritores así como saber firmar no nos convierte en letrados ni meter un pollo en el horno nos habilita como cocineros auténticos.
    He dicho, en varias ocasiones, que aportar buen manejo del idioma y buena factura en la trama literaria, siendo mucho, es casi nada cuando falta imaginación y originalidad. Son estas dos condiciones las que aportan voz propia al nacido escritor porque su obra es genio y figura de su personalidad. La mirada del escritor, como la de todo creativo, es exclusiva y salta a la vista de cualquiera por un sencilla razón: El es una persona que piensa en grande lo que la mayoría ni siquiera llegó a imaginarlo. Con horario o sin horario, con sueldo o sin él,  la labor literaria es, como ya está dicho, "la aventura del pensamiento" y no por otra causa el lector exclama a menudo:- "No se me había ocurrido" expresión que avala rotundamente la condición de pensador que asiste a quien se lleva bien con las letras. Esa reiterada sorpresa por la idea original -bien dibujada- también delata poca imaginación colectiva cuando al escritor es lo que le sobra. Naturalmente, sus horarios y sus actitudes no suelen ser comunes, y a veces se lo acusa de no trabajar porque no cumple horarios como la mayoría  de los mortales. Quienes caen en esta trampa olvidan que ninguna profesión se legitima por las horas trabajadas ni por los réditos económicos que pueda proporcionarnos. Por otra parte, a un miembro de cualquier profesión lo avala la capacitación y la capacidad para ejercerla y, después de todo, la literatura no es estrictamente una profesión: es un acto creativo en el marco del cual la rutina y el reloj son accesorios por no decir lo de menos. La obligación y los horarios pueden figurar en el esquema del compromiso laboral pero no suman ni restan en el proceso creativo.
Pensador, visionario,  rebelde, audaz, personal, indomable, el hecho de que escribir sea lo que mejor sabe hacer... parece suficiente motivo para decir de un escritor que es haragán, inútil, raro, además de  muy poco confiable, pero como yo sé que los trabajadores de las letras son luces encendidas que debemos mantener, a toda costa, hoy les regalo una rosa, en esta no tan bonita página, para desearles inspiración y buena vida.

                                            Escritoras y Escritores


                 

   

viernes, 3 de junio de 2016

"Mucha Mujer"


   -Pase Zabalita- dijo el profesor de química a mi compañera de banco en quinto año. Ella lo miró con su mejor cara de odio y le refrescó la memoria:
   -Mi nombre es Rosalía Zabala, señor
   -¡Pase  señorita Zabala!-tuvo que decir con rabia el macho de la clase en un Liceo de Señoritas.
   Recordé este incidente el 29 de mayo último en un homenaje televisivo a Alfonsina Storni con motivo de celebrarse su cumpleaños en la historia de la poesía argentina. En aquel reportaje a una biógrafa de la autora de "El Amo del Mundo", estrenada en 1927, el periodista hablaba de Alfonsina y la entrevistada se refería todo el tiempo a Storni hasta que apareció el diálogo cantado o, tal vez, acordado previamente:
    -Me extraña lo de Storni ...
   -¡Cómo que le extraña! Usted dice Borges y no Jorge Luis, dice Mallea sin acordarse de Eduardo y acabo de escucharlo decir  Galeano ¡olvidándose de otro Eduardo!!!
   El varón tiene tan bien aceitado el mecanismo machista que lo manifiesta de mil maneras sin siquiera advertirlo y la mujer está tan hecha a la medida de la discriminación ancestral que, salvo excepciones, no se le antoja demasiado injusto recibir menor sueldo que un hombre por igual -y hasta mayor- rendimiento laboral. Si todo quedara aquí sólo se trataría de un problema más a resolver pero, sucede que hay una escala de machismo que culmina en el crimen tantas veces amparado por policías, jueces, "coyotes" y políticos.
   Una vez aclarado que, entre nosotros, "coyote" se le dice al que ejerce la trata de personas, hay que aceptar el hecho de que el asesinato de una mujer suele ser una página más en el rubro "Policiales"  o una noticia entre tantas que recibimos con parcial atención porque es algo que le sucede a una "¡pobre mujer!". Con esta expresión artística ya creemos exorcizar a la posibilidad de que nos ocurra algo así.
   La violencia de género es un estigma que las mujeres venimos soportando desde la noche de los tiempos pero resulta que nosotras tenemos bastante que ver con el problema porque el hecho de que el hombre se haya sentido superior, siempre, no nos obligó a sentirnos inferiores que es lo que ocurrió porque, entre otras cosas, los machos nos hicieron creer que las mujeres necesitamos ser "astutas" para ganarles y en este preciso instante me viene a la memoria este cuadro de mi niñez: cuando yo jugaba a las figuritas con mis primos y les ganaba... yo debía salir corriendo porque me molían a coscorrones hasta que aparecía un mayor para defenderme sin dejar de recriminarme, en presencia de ellos, por meterme con los varones. Claro; los hombres hacen su juego y las mujeres sólo servimos para espectadoras -no aplicamos para ser protagonistas-. Hoy, gracias a la flecha del tiempo, más de una mujer puede llegar a serlo y "no sé todavía por cuáles milagros" mi rebeldía resiste al virus mental del sometimiento a los hombres y todavía los disfruto, los agasajo y los enfrento con éxito todas las veces que sean necesarias. 
  Hay muchas maneras de alumbrar a un hombre diferente al que conocemos en la actualidad  si bien para esto hace falta ser mucha mujer.
   NO celebre chistes que denigren a las suegras.
   NO festeje canciones que nos toman por objetos.
   NO ignore a la violencia en cualquiera de sus formas.
   NO sea servil con su pareja sin dejar de ser atenta.
   NO se preste al juego sucio de nadie en contra de una mujer indefensa.
   NO le falte el respeto a los años de una mujer acusándola de tener un marido joven o la cara fresca.
    No puedo dejar de decir que cada treinta horas una mujer es asesinada por un hombre en Argentina y, ya que estamos, hace pocos días un sujeto dijo de mí a sus secuaces al no poder doblegarme: ¡Es mujer!... como si no tuviera una hija así que, lo mismo que ayer:

   
   
  

viernes, 27 de mayo de 2016

"La Llave"

 
   Manucho era un hombre formal, inteligente y riguroso, con las contradicciones propias de cualquier agnóstico que se precie de serlo como la de estar casado con una mujer muy católica y, para colmo, ser profesor de historia en un colegio franciscano al que se dirigía, precisamente, aquella mañana otoñal de su extraña experiencia.
   En el instante de ser detenido su coche por un semáforo, el paisaje que tuvo frente a sus ojos se transformó en la postal de una época muy lejana donde él, en persona, era un simple desconocido husmeando a través de una ventanilla de algo así como un carruaje. En medio del barullo propio de un gran mercado al aire libre, Manucho pudo sentir las voces del gentío, entender lo que decían, observar sus ropas y hasta llegó a reparar en el piso de tierra bañado por un glorioso sol del mediodía. Se sintió encantado con olores y colores familiares.  Descubrió, además, a una mujer muy joven apostada al costado del camino con las manos juntas -en posición de saludo- que lo miraba con malicia. Ella le sonreía con picardía bajo una especie de capucha color terracota que hacía juego con el vestido largo y bastante ajustado que llevaba puesto. Pudo ver que del cordón que ceñía su cintura colgaba una llave negra y nada más... porque un bocinazo lo devolvió al volante de su auto que rodaba por el centro de una ciudad argentina en el flamante siglo veintiuno.
   El profesor incrédulo se instaló durante varios días en aquella visión del camino a clase hasta llegar a la conclusión de que había soñado despierto o que, por un instante, se había dormido. Recién entonces se animó  a contar la experiencia con su personal interpretación y ese capítulo de su historia quedó cerrado hasta que debió reabrirlo cuando, no mucho después, la visión de la mujer del camino reapareció en la figura de su hija cuando participaba en las dramatizaciones de Semana Santa.
   Un sorprendido profesor de sobrenombre Manucho no quería, no podía  ni sabía aceptar que esa estampa de su realidad ofreciera tanta similitud con la de un hecho supuestamente soñado. Terminada la puesta teatral, ya de regreso a casa el hombre se las ingenió para cargar el bolso que llevaba la ropa de su hija mayor en su actuación. Tanto necesitaba examinar esas prendas que buscó una excusa para quedarse a solas en el garage y revisar en secreto lo que, en realidad, no eran más que unos trapos mal cosidos. Lo único rescatable era la pollera larga que dejaba ver algo así como un remiendo precario que hacía las veces de bolsillo donde el arrogante escéptico descubrió  casi sin querer, ¡una llave negra, rústica y de mayor tamaño que las habituales!
   Si se había sentido ridículo revisando el bolso de su hija, a escondidas, cuando encontró lo que encontró no fue más que un pobre tipo que sentía de lo más ofendida su cordura. ¡No podía ser! Pero guardó su descubrimiento en la gaveta de su coche con la intención de examinarlo en otro momento con más serenidad sólo que la misteriosa llave, con su mensaje cifrado correspondiente, hasta el día de hoy no está a la vista. ¡Desapareció con el escepticismo de Manucho!

viernes, 20 de mayo de 2016

"Tiempo de Vendimia"

 
 
   Un niño solo es una llaga abierta en cualquier sociedad pero no se crea que la proximidad física de los padres es siempre garantía de amparo o siquiera de compañía. Hay millones de chicos abandonados en casa con mamá y papá: son los hijos de la indiferencia que ansían tener padres como si no los tuvieran. Afortunadamente el amor hace rondas en cualquier parte, o clase social, y al final de nuestras vidas nos asombra descubrir que son muchos los hijos de nuestro corazón. No importa el cómo -ni el por qué- pero algo sucede que sincronizamos con almas a la deriva todo el tiempo y no pocas veces cosechamos gestos de gratitud inesperados.
    Pocos días atrás, en una tienda importante del centro de mi ciudad, una vendedora salió a recibirme como a una vieja y querida amiga. Yo no demoré mi sonrisa para tratar de contarle lo que necesitaba comprar pero, en lo mejor de mi explicación  descubrí  que aquellos  ojos  brujos de Sofía Loren estaban llenos de lágrimas y alcancé a escuchar que esa linda señorita me decía emocionada:
   -Para vos no pasa un día....
   Caí en la cuenta de que aquella voz era la de mi Valeria querida, abandonada por su madre a los dos meses, y que a los siete años me adoptó como mamá  con una naturalidad que hasta hoy me desconcierta. Después de hacerme llorar un buen rato Valeria me dijo con su franqueza habitual:
   - A mi hija le digo como me decías tantas veces: "¡Para hoy!" y ella se enfurece  como yo  entonces, tan lerda y perezosa como era, y ¿sabes cuál es mi afirmación favorita?
   -"Lo mejor de la vida es también para mí"
   Los hijos del corazón, como los propios, también se van -o se los llevan, sin avisarnos, a donde el diablo perdió el poncho- pero reencontrarlos es siempre una alucinación porque nos siguen mirando con ojos de niños. Valeria no hizo más que confirmármelo regalándome tantos piropos merecidos a medias porque yo también cuento con  maestros geniales y buenos guías que, al final de cuentas, son parte de la familia universal a la que pertenecemos. Todos somos eventuales instructores, hermanos, hijos y padres todo el tiempo porque hasta el enemigo más grande es un maestro de quien aprendemos a defendernos como también a prepararnos para futuras batallas.


 

Y ¿qué será lo de ser padre o madre del corazón? Tal vez signifique instalarnos en la memoria poética de un niño solo es decir, en un  mágico lugar del cual nadie podrá desalojarnos jamás por que es el reino del "amor en acción" (formidable energía que resiste a todos los fuegos incluyendo el de la ingratitud). En ese reino no es posible el abandono ni el olvido porque siempre estamos y, nada más que por eso, la semana pasada no fue de compras; fue de cosecha porque algo limpio, fresco y dulce, como Valeria, ha llegado a mi cesto de uvas benditas por el sol. Era tiempo de vendimia.
 
 
 
 
  


viernes, 13 de mayo de 2016

"¡Oíd Mortales!"


    La mayoría de los actos de nuestra vida son ejecutados por imposición cultural, social o familiar. Uno de ellos es cantar el Himno de nuestra patria en determinadas circunstancias y los argentinos lo entonamos no sólo cuando marchamos en son de protesta; también cuando participamos en actos públicos como simples ciudadanos.
   El pasado 11 de mayo el Himno Nacional Argentino cumplió 203 años. Fue una celebración estrictamente escolar y como temo que un mal día -no muy lejano- esta fecha pase inadvertida como el día del ahorro, del camino o de la escarapela, hoy he decidido este micro homenaje a nuestra máxima identificación ciudadana tan bella como "Aurora" escrita por Héctor Cipriano Quesada y Luigi Illica con música de Héctor Panizza.
   El Himno Nacional Argentino fue escrito por Vicente López y Planes en 1812 y al año siguiente Blas Parera compuso la música. El 11 de Mayo de 1813 fue aprobado, con el título de "Marcha Patriótica",  por La Asamblea General Constituyente. Dos días después Mariquita Sánchez de Thompson la cantó por primera vez en su casa durante una de sus famosas tertulias según cuenta la tradición.  Por un tiempo esta marcha fue llamada "Canción Patriótica Nacional" y en el extranjero se la conocía como  "Oíd Mortales". En 1847 alguien la bautizó como Himno Nacional Argentino hasta el día de hoy.
   En 1860 nuestro compatriota Juan Pedro Esnaola  se encargó de la orquestación de la partitura para piano de Blas Parera.
   En 1900, durante su segunda presidencia,  Julio Argentino Roca ordenó por decreto formar una comisión de músicos para retocar las estrofas del himno y  hacerle  algunas correcciones políticamente convenientes. Como la letra quedó reducida a la primera cuarteta de la primera estrofa y los últimos versos de la novena, más el coro final, la versión original de veinte minutos se redujo a casi cuatro que es como la cantamos en la actualidad.
   Corría el año 1924 y a Marcelo Torcuato de Alvear se le antoja corregir la versión de Esnaola y otra comisión prepara la versión musical definitiva que fue estrenada en el "Teatro Colón" el 25 de Mayo de 1927.
   En 1990 Charly García le puso lo suyo a nuestro Himno Nacional.
   


Ocho años más tarde Lito Vitale lo adapta para teclados y sintetizadores y fue cuando se grabó un disco del Himno Nacional Argentino en la voces de  Víctor Heredia, Sandra Mihanovich, Pedro Aznar, Juan Carlos Baglieto y Jairo que hizo, para mí, la versión perfecta.
  Nuestro Himno Nacional no es una marcha. Es una canción con aires de música clásica por lo que da gusto entonarlo. Cada ciudadano del mundo ama al himno de su país y se conmueve al escucharlo encontrándose lejos de él porque un himno es un manojo de emociones que guardamos desde la infancia. Mis mayores respetos por todos los himnos de todos los pueblos de la tierra  pero, cuando arranca el mío con sus dos primeros compases de Mozart y luego me pasea por notas de Beethoven... yo... ARGENTINA.

viernes, 6 de mayo de 2016

"Amor en Acción"


      Cuando mi padre estaba ausente yo me ponía cómoda en su escritorio, tomaba uno de sus lápices de punta perfecta y buscaba papel no para dibujar, precisamente, pues lo que yo pretendía era escribir. Como aún no sabía hacerlo, simulaba que lo hacía en súper producción de garabatos que seguían el ritmo de mis parlamentos a viva voz. Cierto día mi tío Dámaso  me sorprendió de lo más concentrada en mi manuscrito parlante y se alejó perplejo pero, cuando papá descubrió mi actividad secreta lo escuché decir encantado:
   -"Mi hija es escritora. Qué se han creído" y me alentó con sus besos hasta el día de hoy después de haberlo perdido a los nueve años. Fue el único que me dio ese título en mi familia y hoy necesito decir que no siempre los padres pueden ver al hijo porque se miran en él como si fuese un espejo. Espejo engañoso, en todo caso, porque nuestro hijo puede tener nuestros rasgos y hasta llevar nuestro nombre sin parecerse a nadie de la familia ni alrededores.
   Hay sentimientos, ideas y conceptos, que nunca se expresan abiertamente pero, en los hechos, los manifestamos sin sonrojarnos:
   -¡Cómo va a ser un genio, o un artista, si es hijo mío!
   -Mi hijo es incapaz de hacer algo indebido.
   -Todo el mundo adora a mi pichón...
   -Para mí siempre será un nene... y cuántas veces los padres se refieren a "las chicas" que ya son abuelas cuando no viudas. Estas deformaciones de la realidad serían una graciosa inocencia si no fuese que los chicos y adolescentes demandan que se los vea tal como son, así sean tontos o geniales, porque necesitan el estímulo de sus seres más cercanos para desarrollar potencialidades y talentos muy pocas veces   advertidos por el entorno. La  soledad de la adolescencia es insoportable cuando no aparecen interlocutores con ánimo de acompañar y conste que no hay que ser catedrático para comprender a un hijo y apoyarlo. Lo único que debe haber es amor en acción -como decía Madre Teresa- porque además de techo, comida, colegio, tecnología y "ropa de marca" los hijos necesitan especial atención a sus dones porque un talento certifica una determinada misión en la vida.
   Nunca escuché a los padres preguntarse: ¿para qué habrá venido mi hijo a este mundo? Aceptado que no son adivinos, con sólo posar la mirada en los talentos de sus hijos estarían bastante encaminados porque un don no habla por hablar así como una vocación no es un simple antojo; es una hoja de ruta o es un plan de vuelo y, sobre todo, una vocación es una guía interior que conduce al éxito y a la alegría de vivir. La gente es muy desgraciada cuando está haciendo un camino que le marcaron otros y no el que le correspondía por derecho de nacimiento como estaba indicado en su foja de aptitudes Es muy común escuchar lo de la asignatura pendiente y vemos que si al fin se cumple con ella se conoce un estado de plenitud que se parece mucho a la promocionada felicidad que no está junto a una persona, ni siquiera en lugar alguno, porque suele hacer sus apariciones en el cumplimiento de nuestra misión en la vida.
    Es habitual que los padres se enfoquen en el futuro económico de sus hijos lo cual es de enorme importancia siempre y cuando no olviden que cuando se trata de jóvenes vidas se está en presencia de "almas vivientes". Se puede ser pobre o rico desempeñando cualquier actividad porque todos los trabajos ofrecen las más variadas posibilidades. Cocó Chanel triunfó como modista, Petrona Carrizo de Gandulfo como cocinera, Wolfgang Amadeus Mozart como músico, Pablo Picasso como pintor, Jairo como cantante... porque fueron leales al don que vino en ellos para señalarles un servicio, una misión o -por qué no- una tarea. A todo esto ¿por qué casi siempre los padres miran sin ver a sus hijos? Tal vez por aquello de que el amor es ciego.  

viernes, 29 de abril de 2016

"El Gran Soñador"

Para el gran soñador todos los obstáculos son insignificantes porque el objetivo es lo único que tiene entidad.
     
Pocas veces una gran producción literaria define como grande a un escritor. ¿Cuántos obras llevan la firma de don Miguel de Cervantes Saavedra?  Tarea para el hogar y, mientras tanto, "El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha" sigue siendo monumento literario de habla hispana porque bastó esa obra para mostrar que "el manco de Lepanto" no era cualquier escritor. A cuatro siglos de su muerte, el Quijote y Sancho Panza siguen estando entre nosotros porque antes de estar en la mira de quien los hizo inmortales ya hacían de las suyas en la vida de un tal Miguel de Cervantes Saavedra que tuvo la idea genial de observarlos detenidamente del derecho, y del revés, con su mirada de escritor. Al cabo de aquel acto de honestidad brutal, Cervantes no los negó ni los expulsó de su perfil personal: eligió darlos a luz y ponerlos de patitas en este mundo.
   Hoy, ser quijote es ser un idealista ingenuo o seguidor de imposibles y pareciera que Sancho es impresentable sin embargo, en el momento menos pensado cualquiera de nosotros puede ser uno de ellos -si no los dos- puesto que son arquetipos de nuestra especie que tienen vecinos muy próximos como es el caso del gran soñador que no es un conspirador, ni abanderado de nada y mucho menos mensajero de nadie... razones por las cuales no suele estar en las multitudes. Posiblemente lo encontremos en el laboratorio, en su taller o por los rincones de este mundo trabajando por sueños propios o ajenos.
   Es bueno soñar por soñar pero es mucho mejor "hacer castillos en el aire para buscarles un lugar en la realidad" así los sueños más preciosos se convierten en bienestar y confort para la humanidad. Mucho antes de que la ciencia y la tecnología se pongan en movimiento muchos han soñado todo lo que hoy podemos disfrutar. Como somos bastante desagradecidos con  soñadores, idealistas y afines colgándoles uno que otro estigma, con la única intención de desacreditarlos, por lo general jugamos a que son invisibles para nuestra vanidad pero el hecho es que sin ellos nuestra estadía planetaria sería una lágrima porque faltaría lugar para la esperanza  que será la hermana pobre de la fe pero, por eso mismo, mucho más accesible.

   Siempre hará falta la figura del Gran Soñador que apuesta  a la imaginación para modificar realidades. El trabajo que dan los sueños no está en ningún discurso: está en la actitud de quien puede ver más alto y lejos que la mayoría sin sentirse avergonzado. Es una bizarra actitud de desafío razonable porque una vez aparecida la luz interior hay que pensar en disponer de suficiente combustible para mantenerla y, además,  es urgente colocarla inmediatamente en foco al tiempo de alinearnos con nuestro eje así podremos afrontarlo todo sin desfallecer. Para los grandes soñadores los obstáculos son insignificantes porque el objetivo es lo único que tiene entidad y soñar despierto, o dormido, es lo de menos. Muchísimos artistas escribieron en sueños sus mejores canciones y más de un científico ha recibido respuestas a difíciles interrogantes cuando el ser interno tuvo ocasión de hablarles en onda alfa. Ese gran guía personal está siempre susurrándonos pero pocas veces le prestamos debida atención y es por sordos empecinados que nos parece loco aquel que se escucha internamente y es capaz de llegar a sus metas que para otros pueden ser inalcanzables. A todo esto, una vez más, yo apuesto por quienes pagan callados lo que valen sus sueños ¿y usted?.



 

 

jueves, 21 de abril de 2016

"Nora y Francis"

Las relaciones interpersonales, y sobre todo familiares, no siempre son tan básicas ni casuales como parecen.
  
   Se dice que en todas nuestras vidas estamos con las mismas personas en roles cambiados. Se dice que nadie se queda con el vuelto de nadie a lo largo de su trayectoria cósmica y que los hermanos, a veces, se relacionan como padres e hijos porque en algún recodo del tiempo no jugaron bien esos roles y necesitan aprenderlos, completarlos  o cumplirlos, y seguramente por esta causa Nora fue mucho más que la hermana mayor de Francis.
   Nadie puedo comprenderlo ni consentirlo como ella. Ninguna mujer despertaba en él tanto respeto como Nora hasta el extremo de terminar casándose con la única novia que contó con la aprobación de su hermana.
   La esposa de Francis, ninguna zopenca, hizo lo necesario para alejar a los hermanos  aprovechando que, como gerente de Banco, a su marido le llovían traslados de corto y largo plazo. De aquí para allá anduvo Francis cumpliendo con su destino sin dejar de ser quien era para Nora. El también tenía buena cintura en el ring de las relaciones familiares y no pocas veces disfrutó de gloriosos atardeceres con su hermana del alma donde se daban diálogos como éste:
   -¿Por qué no te casaste Nora?
   -Porque cuando vino no convino y cuando convino no vino.
   La última vez a solas, con Nora, Francis le confió que tenía ganas de viajar.
   -Es lo que necesitas, querido. No olvides que los viajes son la inversión más inteligente.
   Francis recordaba esas palabras, una y otra vez, durante el viaje que lo hacía el más desdichado de la tierra por no saber si alcanzaría a darle un último abrazo a su hermana. Pero ella podía; siempre pudo. Cuando lo vio acercarse, con las últimas luces de su mente y aún percibiendo la desolación de Francis, no pudo con su genio:
   -¡Cuánto te hiciste esperar!
   En el preciso instante que Nora se fue de gira por las estrellas, su perra Mica trajo cuatro cachorros a este mundo.  Inmediatamente Francis pensó adoptar uno de ellos pero al final decidió volver por él una vez que creciera y apuró el regreso a su hogar más muerto que vivo.  Las piernas apenas le respondían, su mente era un caos; el alma un desierto... aquello era verdadero dolor y Nora ya no estaba para explicárselo o al menos consolarlo o, mejor dicho, eso era lo que él creía  porque a metros de su casa lo sorprendió su señora con un velloncito negro y blanco debajo del tapado azabache.
¡Mira qué me regalaron! Es una hembra. ¿No es una preciosura?
Francis no quiso saber la procedencia ni la raza de la mascota que ni siquiera lo miraba. Tampoco quiso saber cuántas horas tenía de vida (¡nada de nada!) pero un involuntario suspiro lo liberó -como por arte de magia- de su desesperación y hasta pudo dar una orden que posiblemente no era suya:"se llama Nora".



                                         

   
  

viernes, 15 de abril de 2016

"Pasos..."

Nunca es suficiente reiterar que nuestra realidad es pura interpretación personal.

 
    Antigua casa con patio andaluz, jardín enorme. Huerta modelo separada del predio vecino tan sólo por una hilera de prolijo verdor. Matrimonio de ancianos ausentes, mucama interna que un viernes como aquél desaparecía, y   moradora solitaria  ya pasada la medianoche.
    El concierto del viento se servía de las casuarinas,  y los limoneros, para jugarle una mala pasada al miedo en el transcurso de la noche más larga del año. Aquel 21 de junio Lucía no había querido involucrarse en la salida de sus tíos porque tenía más ganas de leer que de salir a saludar al invierno recién llegado. Terminaban de obsequiarle "Buenos Días Tristeza" de Francoise Sagan y, si bien las novelas solían decirle muy poco, aquella noche larga la Sagan era por demás tentadora con título tan seductor si hasta parecía tener urgencia por decir lo suyo en medio de una dudosa beatitud emparentada con aquel silencio engañoso porque, en caso de decidirse a oír, la noche hablaba fuerte a esas horas. Gatos, ratas, murciélagos, lechuzas y perros cabreros del vecindario, no dejaban de rimar con esos ruidos propios del lado oscuro de las casas y, por qué no, de sus ocupantes. Panorama nocturno, al fin, era simplemente anecdótico para alguien como Lucía tan buena amiga de su querida soledad. Sin embargo, aquella vez fue diferente.
   Estaba por comenzar  su primer  encuentro con la Sagan cuando a Lucía le pareció escuchar pasos de dudosa procedencia que no siempre parecían dirigirse hacia ella. De pronto se sentían lejanos y de sólo estar... se acallaban o se detenían. La joven lectora intentaba una y otra vez ser capaz de hacerle un gran desaire al miedo atribuyéndole a la noche tanto movimiento raro en su entorno pero, llegó el momento en el cual las explicaciones tranquilizadoras resultaron francamente inútiles.
   Como había que hacer algo, porque aquel asedio se hacía sentir cada vez con mayor contundencia, Lucía intentó espiar por la ventana.  Con luz apagada y pasos de seda cruzó la habitación para descorrer la cortina casi sin tocarla. Si la reja y el vidrio la tranquilizaron, mucho más la presencia de un gato dormido plácidamente sobre uno de los sillones de la galería que daba al jardín. Sin encender luces, buscó refugio en la pequeña radio a pila que viajaba con ella para acompañarla en sus desvelos y, aquella noche, el jazz pareció murmurarle esas palabras tranquilizadoras que estaba necesitando porque casi se duerme sólo que, de pronto, ¡otra vez los pasos que se detuvieron nada menos que frente a su puerta! ¿Gritar? ¿Para qué? Nadie podía escucharla con semejante ventarrón de modo que rezar fue la única alternativa. Después de "Padre nuestro que estás en los cielos" la oración se borraba de su memoria hasta que la  frustrada devota se plantó de brazos cruzados, con un pie sobre otro porque el piso parecía de hielo, y esperó ya rendida al asesino que de un momento a otro...(¿por qué no había ido a jugar a las cartas?)...  Al tiempo que el silencio enviaba señales cada vez más aciagas, la periodista condenada a muerte no podía evitar que su temor le dictara posibles titulares referentes a su trágica partida de este mundo. Uno más impresionante que otro al extremo de poder aterrar al mismísimo asaltante  que, de a ratos, parecía desistir del ataque como perdonándole la via a esa pobre infeliz y se alejaba casi en puntas de pie aunque parecía tropezar con una maceta o algo así.
   En un momento dado el gato huyó despavorido dando un salto fenomenal. Lucía decidió entonces que era hora de buscar algo contundente para defenderse de su agresor. Se encontraba en esos inútiles afanes cuando una especie de estruendo le produjo un aturdimiento inmovilizador. Vio la puerta derribada y un flaco encapuchado apuntándola con su arma pero... no. El gran ruido había sido causado por la puerta del garage porque los dueños de casa estaban de regreso. En cuanto Lucía lo pudo admitir corrió hacia los recién llegados con la novedad de que había alguien en la huerta y en cuestión de minutos llegó el vigilante de la cuadra y se presentó un patrullero lo cual dio cierta tranquilidad a la señorita casi muerta de miedo y, también, mucha vergüenza cuando vio a uno de los policías con una doble página del diario "La Razón" estrujada en la mano libre del arma reglamentaria mientras que, un poco más allá, su tío recogía otras que había usado para proteger del frío a sus almácigos... sin tomar recaudos de cara a una eventual visita del viento.
    Aún temblorosa, helada, casi al borde del infarto, la frustrada lectora de "Bonjour Tristesse", apenas si pudo pedir:
   -Por favor, oficial suelte ese papel un momento...
  Y los pasos volvieron a oídos del más viejo compañero de la humanidad: el miedo. Lucía no necesitó más demostraciones para saber que unos papeles manejados por el viento casi la mataron de susto sin contar con que no le permitieron leer ni una página del libro elegido  y fue cierto, una vez más, que el temor, como el amor, pueden hacerte creer... exactamente... lo que quieras.

viernes, 8 de abril de 2016

"El Cisne En La Laguna"


   De vez en cuando, a determinadas personas les propongo un tema que me parece ideal para su perfil y sus letras. Generalmente, ponen manos a la obra, me lo hacen saber, trabajan la idea, la siguen o la dejan, pero hay uno que es muy resistido desde la sola mención de su nombre y es el referido a la propia sombra esto es, el lado oscuro de nuestra personalidad.
   Lo cierto es que, como la Luz y La sombra se disputan el universo entero, no es extraño que se enfrenten o sean adversarios en esa singular parcela de consciencia donde se registra, se activa y se define nuestra propia vida, nuestra época del alma, nuestro espacio estelar es decir, nuestra dimensión humana continuamente asediada por estas dos potencias contrarias. Lo maravilloso es que en esta guerra secreta, formidable, cada cual es único elector porque el triunfo de una u otra es resultado de una batalla personal puesto que, finalmente, se trata de una elección.
   Cada persona -asistida por sus genes, medio ambiente, coeficiente intelectual y psíquico- es muy dueña de inclinarse hacia la luz o la oscuridad y, por qué no, hacia algún tono del gris. Cualquiera sea su preferencia, que en realidad es  su tendencia, será siempre inquietante y peligrosa. Lo curioso es que resulta humanamente imposible saber cuántos o quiénes están inscriptos en cada uno de los bandos. Si bien es posible advertir en qué lado de la trinchera estamos, y podemos llegar a  percibir resultados y consecuencias, esta dualidad nos confunde porque hasta hoy no hay victoria para el día ni para la noche desde que el equilibrio hace el juego a los opuestos que vendrían a ser cara y cruz de una moneda.
   No creo que sea conveniente renegar de nuestra sombra. Para ser franca, lo mejor   es mantenerla en la mira, controlarla como si nada y hasta podríamos regalarle un poco de misericordia porque, en más de una ocasión, eso es lo que merecemos. Por otra parte ¿quién ha dicho que La Sombra es inexorablemente oscura? Si el entorno lo permite, puede ser tan luminosa como la de un cisne en la laguna y  aquí me detengo en el recuerdo de  Atahualpa Yupanki que era amigo de su sombra, le cantaba y no sólo a la que proyectaba su figura; también a "la otra" -a la invisible- tan temida y con tan mala prensa. En su "Vidala Para mi Sombra"  le canta a las dos:
   -"Sombra cuídame mucho lo que tenga que dejar
     cuando me moje hasta adentro la oscuridad"
   Al final de cuentas, Luz y Sombra es lo que somos, lo que seremos, y si bien no hay mejor idea  que la de intentar un parecido con los ángeles... por ahora, al menos por ahora, somos otra cosa. A veces, simples hijos de... humanos.

viernes, 1 de abril de 2016

"La Niña"


     A cinco kilómetros del río Bermejo, en la argentina provincia de Salta, está ubicada la antigua  ciudad de "Embarcación" y en "Villa Amanda", lujosa residencia de uno de sus barrios selectos, había lugar de sobra no sólo para una sala de exposición de óleos que producía la señora de la casa. También para un gran taller de carpintería donde su amado Pedro Testa despuntaba el vicio de ebanista cuando no andaba en sus andanzas de cazador de jabalíes ya que bien podía alardear  de envidiable puntería no sólo para derribar animales; también mujeres y adversarios políticos. El siempre andaba detrás de algún cargo público que le permitiera llevar aquélla... su gran vida.
   En la comedia hogareña de "Villa Amanda", de marzo a diciembre, tenía discretas participaciones "La Niña" que no era otra que la hija mayor del administrador de una  finca cercana. En cuando comenzaban las clases, la primogénita de los Rossi ya era confiada a esos amigos ricos de "Embarcación" que se encargaban de la educación de la nena con tantísimo esmero que no sólo recibía lecciones de piano; también contaba con caballete y delantal propios para jugar a ser pintora mientras Amanda inundaba de luz sus paisajes en las tardes de otoño, sus preferidas para estropear pinceles. Los fines de semana La Niña era requerida por sus tíos, de las afueras, donde se la veía feliz no sólo correteando con sus primos  sino, además, yendo y viniendo al almacén de la esquina  porque en aquella casa, donde sobraba amor, siempre faltaba algo (por no decir casi todo).
   Turista habitual, en todas partes, la pequeña huésped de los Testa ya conocía las dos caras de la moneda  en lo referente a la riqueza  y a la pobreza. En sus habituales paseos dominicales del centro a las orillas de la ciudad, ella era observadora involuntaria de dos mundos opuestos  donde a nadie se le ocurría tender puentes que hicieran posible algún tipo de comunicación menos traumática que la habitual. Desde el polvo de sus zapatitos negros de charol hasta una que otra novedad en el vocabulario, servían para remarcar diferencias siempre salpicadas de mala fe puesto que tanto el rico como el pobre son endiabladamente humanos. Nada santa, La Niña vivía preguntando "¿Qué tiene?"...Nada. Qué iba a "tener"... hasta que descubrió el  significado de esa palabra, el día menos pensado, al comprender que tener lo mismo que los afortunados era lo ideal.
   Sucedió una tarde cuando jugar  en la vereda no le pareció tan bueno como de costumbre. Tres de sus amigas estrenaban zuecos ruidosos -y bonitos- en tanto que La Niña se sintió inexistente al no hacerse sentir cuando corría. Le dio tanto miedo ser invisible, o al menos no estar tan presente como los zapatos de sus amigas, que de improviso decidió abandonar el juego y se sentó calladita en el umbral de "Villa Amanda". Inesperada espectadora, hubiera podido pasar por   cansada, triste o hambrienta, tal vez, pero Pedro Testa, sabiendo tanto de mujeres, qué no iba a conocer los matices del eterno femenino así que comprendió muy bien a la pichona  de ala herida y en el acto decidió tomar cartas en el asunto. Sin dar parte a nadie, como de costumbre, en menos que canta un gallo ya estuvo  eligiendo el más vistoso de los cinturones elásticos de su  señora y, también sin ser advertido, pasó por el cuarto de la nena porque necesitaba tener un zapato como referente del tamaño de sus pies. Con las manos llenas de cosas mal habidas, se encerró en su cuarto propio con la idea de encontrar tachuelas de colores y un buen trozo de cedro colorado.
   Pedro Testa Maurín era dichoso. Iba a sorprender  nada menos que a una futura mujer con sus ocultas habilidades de zapatero prodigioso. Lo que nunca había hecho por una dama estaba a punto de hacerlo por la hija de su mejor amigo. ¿Acaso no era sensacional?.
   Al día siguiente La Niña fue invitada al taller no bien regresó de la escuela. Se encontró con Don Pedro encendiendo su pipa con una chispa recién aparecida en sus ojos de zorro viejo. Ella, que a menudo descubría esos destellos y hasta jugaba a decodificarlos, en el acto comprendió que se trataba de una linda sorpresa.
   -Tengo algo para usted- Lo escuchó decir.
   Presidiendo el chiquitaje guardado debajo de la mesa de carpintero, estaban los zuecos colorados esperando una lagrimita de emoción que los bautizara y así fue. Era la primerísima vez que un hombre que no era su padre la halagaba de semejante manera. En aquel ambiente de complicidad oloroso  a tabaco y viruta de madera, no esperó un instante más para acomodarse en el regazo de su mago personal pedaleando con los zuecos con tanta energía que uno voló por el aire. Lo recuperó en un periquete y luego de simular unos pasos   de  algo así como un  "Carnavalito", para el autor de su alegría, salió taconeando sin siquiera darle las gracias porque de pronto fue  requerida por la segunda faceta de su femineidad: había que desfilar; había que hacer ruido para demostrar, a sus ocho años, que una hembra que se precie necesita pisar fuerte. Se le escapaba, pobre niña, que tal privilegio era dudoso porque  apenas llegaría a perdurar lo que lograra resistir un par de zuecos rojos fabricado, graciosamente, por un hombre. Pasados los años, La Niña completó el aprendizaje al comprender que para pisar firme no hace falta calzado ni obsequio alguno. Lo que se requiere es tener peso específico es decir, ser muy hombre o mucha mujer.