miércoles, 14 de septiembre de 2016

"Atrevida Esperanza"


   Desde siempre me acompaña la suerte de poder tratar con personas que leen bastante, investigan, crean, proponen y, generalmente son muy talentosas en sus profesiones o tareas cotidianas por muy modestas que sean. A todo esto mi pequeña desventura consiste en nada menos que chocar  a cada rato con el pesimismo visceral de tan brillantes personalidades que no tienen el menor reparo en hacerme engranar cuando me recitan, con José Santos Discépolo, que "el mundo fue y será una porquería/ en el 510 y el 3000 ¡También!
   ¿Por qué tanto pesimismo cuando está en nosotros, los humanos, poder modificarlo TODO? Sin ir más lejos nuestro planeta. Está casi irreconocible porque lo estamos modificando día a día con nuestras propias manos para bien o para mal. Para bien al adaptarlo a nuestras humanas necesidades y para mal porque lo destruimos con nuestras propias necedades y el meteoro que amenaza con  impactar a la tierra, dentro de doscientos años, podría ser la confirmación exacta de que los humanos somos un experimento fallido como los dinosaurios.
   Sin detenerme en esta posibilidad me siento cómoda en la oportunidad que todavía tenemos de hacer de este mundo un hogar confortable ¿Ganas de contrariar? ¿Afán de discutir por discutir? ¡Qué esperanza! Mi desvelo por la decorosa supervivencia de mi especie en este mundo es una fiebre que necesita optimismo para ser controlada porque no es un síntoma cualquiera; es una señal de alerta ya replicada en millones de personas para que, como  partículas cósmicas al fin, podamos re direccionar el  sentido de nuestros pasos como  viajeros de la eternidad. En lugar de ser vagabundos perdidos en el espacio de las cosas, bien podemos ser dueños, y señores, del tiempo que el universo nos presta  para construir destinos gloriosos.
   Ser todavía menores de edad nos hace girar constantemente alrededor de nuestro cerebro. Crecer significaría orbitar en torno al corazón que nos ofrece las herramientas más sofisticadas  para transformar realidades a partir de modificar interpretaciones equivocadas por no decir imbéciles.
   
   Escribí "corazón" por no decir intuición, por no decir consciencia, ni mente ni alma ni ser interno, ni siquiera espíritu... y lo hice con  mala intención porque tengo para mí que el cerebro es inconsciente; él busca resultados no conveniencias o inconveniencias y ahí está el peligro mientras que, ya lo dijo Alfredo De Musset, "golpéate el corazón, ahí está el genio". Sé muy bien, además, que ahí  está siempre alerta mi querida Esperanza con mucha más energía que la Fe porque Esperanza no es una pasiva espera, ni una confiada vigilia, ni es simple sugestión o creencia ciega. Esperanza es esa gran  atrevida que nos moviliza con sus buenas razones: "si A sucede puede ocurrir B, si B se concreta ya estaremos en C..." y porque la Esperanza no es tonta soy su más fiel colaboradora y trabajo a toda máquina para ella es decir, para mí o, lo que es igual, para USTED aunque usted no sepa que todos somos UNO ni lo quiera saber.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

"¡Culpables!"



    La imagen de una secuencia fotográfica a cargo del reportero ruso Alexei Druzhinin que capturó el  encuentro entre Barak Obama y Vladimir Putín, durante la cumbre del G-20 en la ciudad china de Hangzhou, se propagó por el planeta  a velocidad supersónica porque se esperaba de ellos mucho más que un saludo o una pose para las redes sociales. Se esperaba, en realidad, que se apiadaran de las víctimas de la guerra que ambos promueven en Siria por diferentes motivos. Pero no. El tema principal de la reunión bilateral estuvo centrado en los corredores "humanitarios" que nos son otra cosa que la confirmación fehaciente de la crueldad humana puesta de manifiesto en toda contienda bélica.
    Los jefes de las dos potencias mundiales simularon una reunión de noventa minutos para nada es decir, para que sus punteros  sigan negociando la paz en Siria "respetando el derecho internacional" según el amigo Putín.
    La palabra "respeto" es la primera que siempre violaron los amos del mundo en todas la épocas y parece ser la última en ser pronunciada por  el concierto de las naciones puesto que no se da un solo paso para que haya paz en este mundo. Todos tenemos algún conocimiento referido al tema del negocio de las armas y es bien sabido que muchos pueblos soportan pruebas sobrehumanas porque, sencillamente y con total impunidad, sus gobernantes deciden luchar por su fe, o su querida ideología, a costa del sacrificio ajeno. Así las cosas, la palabra "respeto" en boca del presidente ruso es una broma de pésimo gusto.
    La guerra en Siria sólo se detendrá  cuando los líderes mundiales ya tengan otra en marcha, por ahí nomás, y las víctimas de sus locuras, los refugiados bélicos, tendrán que reinventarse para sobrevivir lejos de su aire, de sus tierras y su cultura. Nunca más actual el concepto de que "El Mundo es Ancho y Ajeno" del peruano Siro Alegría si pensamos que el común de los mortales no tiene representación legítima en los foros internacionales y ni falta que hace tener presencia  en tales escaparates de baratijas para la opinión pública que sería mucho más poderosa si no estuviese manipulada por la política.
    


En tanto que la historia de la humanidad aún  se reescribe a  toda furia con sangre, destrucción y sacrificios, no hay más remedio que aceptar que el espíritu de la raza humana  todavía es muy joven y que a la mayoría de edad se accede con la suficiente cantidad de errores. Aquí sólo puedo decir que los presidentes de Rusia y Estados Unidos, con actitudes tan perversas como las que acaban de tener con  Siria, se declararon pública y descaradamente ¡CULPABLES! por ser aliados de la muerte inmerecida de tantos  hermanos que sólo pretendían acceder al derecho propio de ser sanos, prósperos y felices.
 
 

miércoles, 31 de agosto de 2016

"Leer y Escribir"


    Mucho antes de aprender a escribir la humanidad aprendió a leer: en las huellas de los animales, en la gestualidad que crecía con  significados nuevos, en la naturaleza, en las estrellas... y no es extraño que las primeras escrituras humanas contengan más dibujos que letras. Tampoco es desopilante la expresión: "aprender a leer y escribir". Desde luego, para que hoy exista lectura idiomática primero debe haber algo escrito en alguno de los idiomas de la tierra y, está de más decir, que la razón del comentario inicial era destacar la importancia del Lector que el 24 de agosto, cumpleaños de Jorge Luis Borges, tal vez no haya celebrado su día por no haber leído la noticia de que, en su honor, hubo "poesía en el aire" en muchas esquinas de Buenos Aires. Yo celebro al Lector todo el tiempo porque para él escribo mucho antes de saber hacerlo con todas las letras y porque si algo me hace bien es leer.
   Hija de padres lectores, yo guardo en la memoria títulos de obras que nunca he leído. Las recuerdo, simplemente, porque figuraban en la biblioteca de mis padres y por tal motivo tengo noticias de "Flor de Durazno" de Hugo Wast; "Aura o las Violetas" de José María Vargas Vila; "Carmen" de Próspero Merimé; "El Collar de la Reina" de Alejandro Dumas y libros tan gordos como "El Desenlace del Drama Mundial" de Fernando Chaij.
  
La celebración de mis seis años fue coronada con la búsqueda de la agasajada porque, harta de tanto jolgorio, encontré refugio en la habitación de mis padres donde me encontraron plácidamente dormida y muy abrazada a "El Deseado De Todas Las Gentes" de Elena G. de White que me regalaba unas ilustraciones de verdad conmovedoras.
   De tanto leer terminamos escribiendo nuestras propias historias y cuántas veces uno cae y se levanta alrededor de un sentimiento, o de una idea, y cuánto es el placer de alcanzar el triunfo de expresar -exactamente- lo que deseábamos comunicar. Es que cuando soltamos la mano aparece la pluma del ángel  que nos dibuja el corazón de las palabras y, si somos capaces  de darle piedra libre al duende de las letras, seremos dignos de sentir el encanto del mundo de las ideas. Cuando llegamos a ese clímax, una banda de música inefable recorre nuestra ciudad, nos atraviesa como partículas de todos los colores y ya podemos sentirnos invitados a la fiesta de escribir.
   Escribir es mucho más que "decir algo". Es encender luces y apagar fuegos; es morir y revivir continuamente pero, no es tan importante como leer porque leyendo somos universos recreadores donde las señales emitidas por otras mentes se convierten en partículas de energía que terminarán siendo tendencias que, como pequeños o grandes faros, darán señales al futuro.
El autor de "Ruinas Circulares", el escritor en lengua española más grande del siglo XX, ¿saben qué dijo?
   -"Muchos están orgullosos de lo que escriben. Yo estoy orgullosos de lo que he leído".
  

domingo, 21 de agosto de 2016

"Regalos del Cielo"

 
   Día del niño.  ¿Del asesinado antes de nacer? ¿Del que lo tiene todo porque nació en cuna de oro? ¿De aquel que mendiga en el portal de una iglesia o por las calles del mundo? ¿Del nene que descubrieron entre los escombros de un edificio bombardeado en Siria? Tal vez el "Día del Niño" sea también el de "La Humanidad" desde que todos cargamos con uno aún sin sospecharlo y no debe haber quien no le daba un mejor trato.
  Ser niño no significa ser ingenuo. Significa ser recién llegado y, por lo mismo, estar desprevenido. Sólo eso. Y nada menos que de esta humana situación se aprovechan los piratas de aviones que van para La Infancia. Nos parece natural ver chicos trabajando cuando lo que debieran hacer es jugar y aprender lo necesario para sobrevivir con algún decoro en esta civilización que se suicida con cierto glamour porque, al hacerlo, supone que "progresa" o imagina que va en dirección correcta hacia el paraíso tecnocrático que es todo a lo que puede aspirar desde que se ha quedado sin sueños de libertad.
 Así como se nos antoja normal la infancia sin familia, al final de cuentas nos parece simplemente anecdótico el desamparo de tanta niñez aplastada por las guerras que no son otra cosa que un largo romance que los humanos tenemos con la muerte. Romance interesado, comercial, con final abierto, que espera de sus protagonistas compromiso y empeño porque hay algo que no debemos olvidar: La Vida que se nos ofrece gratis, una vez desairada se hace la interesante y sale caro reconquistarla; cuesta mucho volver a contar con sus favores.
   Que los niños son La Vida no es ninguna novedad  pero no por ser regalos del cielo son baratijas porque son joyas de precio incalculable y ya que les hemos dado un lugar en el calendario no olvidemos el espacio que tienen merecido en la historia de la humanidad. Estas potencialidades merecen respeto y atención y una de las señales de esos dos merecimientos es el Conocimiento que no se les debe regatear para que no terminen sus día como  gente sin cabeza siguiendo a una manada de humanos aparentes que por andar detrás de mentiras, o de ficciones, no saben por dónde caminan ni ven el tren que terminará con ellos.
    Nos encanta que los chicos se lleven bien con la tecnología pero, ¿esto no debería suceder después de hacer buenas migas con ellos mismos y sus semejantes? Entienden mucho de cibernética pero, ¿sospechan para qué han nacido o qué vocación tienen? Están muy conectados con el mundo pero digamos la verdad: con lo único que cuentan es con un aparato al que se han adherido por pura soledad. Son nuestros hijos pero ¿tenemos idea acerca de quiénes son en realidad y, sobre todo, qué necesitan? No son preguntas para niños; pero son formuladas pensando en ellos porque los Menores están en este mundo porque sus Mayores lo hicieron posible.
   En este día de agasajar a nuestra gente menuda, no estaría de más recordar que si bien el pasaje a la vida terrena es gratis, la permanencia entre los humanos no lo es y muy cerca nuestro hay un corazón de niño que espera la cuota de amor que seamos capaces de darle.
  
  

viernes, 12 de agosto de 2016

"La Gaviota Misteriosa"

            Mi recuerdo para Daisy


   Daisy era picante por temperamento. Su placard la delataba coqueta -y actualizada- de modo que sus nietas lo asaltaban cada fin de semana en solapado intento de parecérsele porque era bueno ser como Daisy en aquella tribu que parecía una familia. Abuela proveedora de propios y ajenos, bien pudo haber tenido una vejez de holgura económica pero su dinero fue siempre a parar en los bolsillos de quienes amaba más que a ella misma: tres muñecas, y un osito demandante de cariño. Esos cuatro nietos fueron los destinatarios de todos sus trabajos hasta bien entrado su otoño y, cuando debió marcharse, lo hizo sin despedirse pero tan digna como había sabido vivir en este mundo.
   Daisy no era devota de ninguna religión. Practicaba un sincretismo personal que desembarcaba en estampas de santos y fotos muy vecinas en el momento del encendido de alguna vela o de ensayar una plegaria. La experiencia religiosa se reducía al silencio sagrado a la hora de tomar mate cuando su querida soledad era el clima perfecto para profundas cavilaciones. Todos respetaban esos silencios aún los que necesitaban decirle que querían comprar un alfajor lo cual era lo mismo que abrir las puertas de alguna entidad bancaria del cielo.
   Es frecuente la devoción por las abuelas; lo raro es el intento de identificarse con ellas pero, cuando una nieta de Daisy necesitaba una psicóloga no era por mucho tiempo porque bastaba que la profesional arriesgara una simple pregunta: ¿A quién te pareces? Con responder a ese interrogante el conflicto quedaba al descubierto.
   Esta mujer amorosa, inquietante y luchadora, no sólo  invirtió dinero en los suyos; también a cada paso les fue dejando pinceladas de vida como aquella que apareció cuando la despidieron en aguas del Río de la Plata. Rioplatense de ley, Daisy dejó bien claro su deseo de que sus cenizas fueran esparcidas en las costas de su inolvidable Uruguay. Cumplir ese mandato costó mucho porque sus nietos hubiesen querido preservar lo que quedaba  de La Nona lo cual, sin embargo, no autorizaba a contradecirla y así fue como, desafiando al suplicio que llega con la pérdida de alguien tan amado, Paulita y Roxy iniciaron el viaje más corto y más largo que dos nietas doloridas puedan compartir. Adoradas por Daisy, esas dos bellas mujercitas se le parecían bastante en ese apego ancestral por lo ritualístico que nos permite codificar -a nuestro modo- todo aquello que nunca podremos comprender y aquel día triste  ambas estuvieron embarcadas en dos viajes simultáneos: uno por el río y otro por aquellas frases y actitudes frecuentes de quien les enseñara no solamente los artilugios de la coquetería; también los de la supervivencia. Pasada la primera hora Paulita sintió que había vivido varias vidas recordando a la "Yaya". Roxana vagabundeaba en el mar  de la tranquilidad de haber sido generosa con quien mejor le enseñara que "cuanto más damos... más tenemos para dar". Había heredado de Daisy su falta de diplomacia pero, en cambio, guardaba en su pecho la mejor copia de aquel corazón tan grande que, en cuestión de minutos, iba a echarse a volar.
Los últimos rastros de La Nona debieron ser dispersados en tierra firme  pero, por causas burocráticas fueron entregados al agua muy cerca de la costa uruguaya. Sus nietas miraron la hora sin verla es decir, para olvidarla. Se pusieron de pie sin darse por enteradas porque no deseaban hacer lo que hacían y se llenaron de vida los ojos cuando les pareció que las lágrimas eran, sencillamente, pura niebla del río. Cada paso que daban pareció guiado por un gran maestro de ceremonias y fue todo tan perfecto que el viento delicioso del mediodía quiso hacer, con lo que quedaba de la abuela, una pirueta inesperada: dibujó una gaviota recién liberada que se dejó ver lo suficiente como para que Paulita y Roxana pudieran aplaudirla y descubrir cómo es de fácil el regreso al infinito.

 

viernes, 5 de agosto de 2016

"Antonio y Benito"

      Experiencia de un niño solo


    Ser hijo único ofrece la ventaja de vivir en una casa grande por pequeña que sea. Puedes disponer de los ambientes como se te antoje y disfrutar de la buena compañía de un ángel, un duende o de tu propia soledad. Antonio era feliz compartiendo sus andanzas con seres que sólo a él frecuentaban y sus cinco años no reclamaban compañía para sus juegos.
   Casi siempre su casa materna estaba repleta de visitas de modo que el niño no siempre contaba con espacio propio y la tarde de este recuerdo era lluviosa con una procesión de tías preparando buñuelos en la cocina. Por supuesto que Él moría por esas delicias pero se hacía el desentendido porque, de asomarse al rincón de las señoras, seguro tenía que soportar sus arrumacos cuando los chicos como éste son reacios a las demostraciones de cariño como si no lo necesitaran o porque, tal vez, lo que demandan es paz.
   Estaba Antonio de lo más tranquilo en el comedor lidiando con uno de sus tantos trenes averiados cuando descubrió a un señor, a quien no había visto antes, cómodamente ubicado en el sillón de la abuela. El chiquilín no pudo menos que sorprenderse pero, antes de amilanarse se acercó con confianza al anciano que lo observaba con tan amoroso interés. Si bien era un extraño, tenía cierto aire de familia sobre todo en el hablar:
   -Hola Tony ¿Cómo te va?
   El bajito interpelado no pudo responder porque en eso llegaban los famosos buñuelos y el visitante pasó a segundo plano pero sólo por un minuto porque el nene de la casa eligió dos buñuelos:
   -Uno para mí; otro para el señor
   -¿Señor?
   Antonio quiso hacer las presentaciones del caso... pero el fantasma se había evaporado.
   -¿Dónde estaba?
   -¿Qué le dijiste?
   -Y Él qué te dijo...hasta que el pibe se hartó de tanta pregunta imbécil y dejó a las mujeres en el comedor hablando todas al unísono como era habitual. Lo último que alcanzó a escuchar fue un comentario de rutina:
   -Este chico me preocupa.
   En realidad, como lo que sucede en la vida de un niño importa poco, o casi nada, no se habló más del encuentro entre Tony y su dudoso visitante. ¡Son cosas de chicos! Pero es a los chicos, precisamente, a quienes se obliga a adoptar comportamientos de adultos como lo es celebrar el Domingo de Ramos sin saber de qué se trata.
   Poco tiempo después del dudoso relato de Antonio acerca de su amigo, invisible, el nene salió de "Misa de Once" casi bañado en agua bendita con su ramo de olivo abrochado a una estampita  que ya en casa pudo observar con la debida atención y, una vez más, alborotó al clan femenino de la familia. Con ella en mano, se atrevió a comentar  con gran entusiasmo:
   -¿Ven? este es el señor que me saludó el otro día en el comedor. Aquél que se fue... sí... ¡es Él! insistió con emocionada sorpresa.
   La figura que Tony terminaba de reconocer era la de alguien a quien le debía su segundo nombre que, hasta ese momento, era desconocido por Él. Antonio se llamaba también Benito como el señor de la estampita religiosa y, por tal motivo, San Benito no sólo era su santo y seguramente protector. Además era la absoluta confirmación de que Antonio se llamaba también "Bendito" que es lo Benito significa en latín.
   Demás está decir que este nombre podría haberle otorgado enorme relevancia personal pero ¡nada de eso!: ni siquiera le produjo alteraciones en su debilidad por los dulces y es el día de hoy que, cada vez que se sirve una exquisitez, lo  hace por partida doble y con doble dudosa intención:
   -Una para Antonio. Otra para Benito.
 

viernes, 29 de julio de 2016

"¡Hola Futuro"!

 
 
   Esa mutante, gigante y extraña, que es La Humanidad ya cumplió con el trabajo sucio que debió hacer hasta hoy y está cerrando ciclos de muy dolorosos aprendizajes. Desde el preciso momento de inventar su primera herramienta, la formidable evolución cerebral del homínido no se detuvo: tampoco su trayectoria. Después de abandonar el campo para mudarse a la fábrica y de ahí a la oficina, como simple empleado, hoy está de vuelta a casa porque la máquina está ocupando su lugar en todas partes.
   En cinco ciudades europeas se están probando los autobuses sin conductor y el transporte ecológico del Japón será conducido por GPS. Habíamos comenzado por dejar de lavar platos, y ropa, muy poco después de haber superado la barrera de tiempo/espacio en los cielos cercanos para terminar viajando por el infinito. Ya ni siquiera hacemos cuentas y estamos tentados a dejar de pensar a tal punto que son mayoría los países que cayeron en manos de delincuentes...¡porque los electores no somos capaces de elegir bien a los candidatos! Si no sabemos comprender un texto; mucho menos una propuesta electoral.
   El ser humano está asustado. Se quedará sin empleo estatal y sin trabajo esclavo. Dentro de quince años no tendrá nada que hacer dentro de las finanzas ni de la producción ya sea de bienes o de alimentos y se verá convertido en un simple consumidor de lo que le puedan ofrecer las máquinas. En países como Suiza y Finlandia se están agilizando los trámites para acordar un renta de subsistencia universal que deberán otorgar los gobiernos por necesidad de mantener la dinámica de los mercados. La distribución de la riqueza que fue incapaz de hacer la política lo hará la tecnología que, en pequeña escala, ya se está haciendo con los subsidios desde hace bastante tiempo. En resumidas cuentas, nos pagarán para que sigamos vivos y compremos, nos darán un sueldo para que "trabajemos" de consumidores. Cumplido ese rol, seremos libres de generar ingresos como productores de arte, ciencia, tecnología y, además, como proveedores de valores estrictamente humanos que serán muy cotizados.
   El ser humano está perplejo. Las creencias, las ideologías y las diferentes pinceladas culturales que han reducido su entendimiento, durante siglos, ya dejaron de tener vigencia porque ha llegado la hora del desarrollo verdaderamente PERSONAL porque no tendremos más remedio que ocuparnos de nuestro SER para no bajar los niveles de expectativa de vida que  se están reduciendo por causa de enfermedades sociales como lo son las adicciones, la violencia, el estrés y el suicidio. Señoras y Señores: ya no quedan excusas para posponer la tarea de  comenzar a ser HUMANOS con todas las letras.
   El ser humano está inquieto. ¿Y si por ociosidad nos entregamos a la carrera armamentista? Sería una efímera posibilidad pues más temprano que tarde, para salvar el pellejo, nos veremos obligados a reemplazar dinero y estupideces por valores. Por lo pronto, para que la transición no sea tan dolorosa, hay que modificar el chip de nuestro cerebro. Comprender que el bienestar no está en el shopping; está en nuestra mente. Hace falta reprogramarnos a toda velocidad porque el señor futuro no nos está esperando y, según los entendidos, nos está dejando atrás.
No deberíamos hacerle un desaire cuando nos ofrece una vida digna de ser vivida porque, en lugar de rifarla trabajando para otros, la honraremos cultivando nuestros dones. Una vez recuperado el capital/tiempo tendremos entre manos el derecho de disfrutar de nuestros seres queridos,  de las bendiciones de la  naturaleza y hasta del arte del ocio. Gracias a las máquinas, tendremos piolín no sólo para recorrer nuestro mundo; también para explorar el universo y, sobre todo, para estar conectados y en paz con el dios de nuestro corazón.

 

viernes, 22 de julio de 2016

"Luces y Sombras"

    Nebulosa del Águila
 
   
   Seguramente nuestros ancestros fueron capaces de emocionarse con el lucero del alba, la luna, Las Tres Marías, o cuando descubrieron a Sirio con su satélite que desde tiempo inmemorial se llama "Cachorro". Más tarde comenzaron a dibujar en el cielo y ante sus ojos asomaron Las Pléyades, Andrómeda, Orión y tantas otras hasta que hoy la tecnología nos regala tan nítidas imágenes del universo que hablamos de constelaciones, y galaxias, con la perfecta noción de que se trata nada menos que de nuestro "vecindario cósmico". Ha llegado a tal punto la información interestelar que no hace falta ser astrónomo para hablar sin saber de los agujeros negros, por ejemplo, y la mayoría de los mortales tenemos una decorosa idea de lo que es una supernova, o una enana, y ¡qué actualizados! claro que no siempre información es conocimiento.
   El universo es un libro recién abierto por los humanos y lo que alcanza a mostrarnos de él la indiscreción de los satélites es sobreproducción de polvo estelar, explosiones indescriptibles,  coaliciones formidables, energías extrañas para nosotros  que se cuelan o desbarrancan por todas partes, demolición y reconstrucción, presencia y ausencia, atracción y rechazo, luz clara y oscura, todo un espectáculo de terror que, visto a distancia sideral, ofrece las más bonitas imágenes de lo que es la violenta expansión del firmamento. Cuando miramos la oscuridad del cielo, que por una gentileza del sol durante el día podemos ver azul, se nos ocurre que el único movimiento estelar es el de las nubes. Sucede que para los habitantes terrenales, la gestión de los opuestos en el espacio es tan imperceptible como lo es en nuestro mundo interior. ¡Qué extraño! pero, se nos ha negado capacidad para percibir la batalla entre  luz y  sombra que no se dan la más mínima tregua en la particular geografía de la condición humana  que, por muy instalada que esté en nuestros propios genes, está más alejada -de nuestra comprensión-  que la más remota de  las estrellas.  
   Si sabemos casi nada acerca de quiénes somos, en realidad, tal vez se deba a que  nos asusta la idea de ser  microscópicos universos expandiéndonos en tiempo récord: apenas casi un siglo miserable que es demasiado poco para hacer todo el bien y todo el mal. (¡Qué sabiduría la cósmica!)
   Sin aceptar la idea de que nacemos malos o buenos, mejores o peores, pienso en cada uno de mis congéneres como si se tratara de un simple haz de energía al acecho. Sí. Creo que somos energía operando sin cesar aún cuando dormimos y, por tal motivo, tan poderosos que supernovas o enanas, soles o estrellas de barrio, planetas o satélites, todos podemos alumbrar y tenemos energía de sobra para hacer de nuestra familia, de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país y de este mundo, un lugar amable para vivir. Si las sombras de la ignorancia y el odio nunca duermen; a la luz del conocimiento, y el amor, le toca redoblar el paso sin permitirse un respiro.

viernes, 15 de julio de 2016

"¿Amigos?"

    Gracias a la posibilidad de cambiar que le fue graciosamente concedida  al género humano y, suponiendo que a él pertenezco, a lo largo de mi vida he cambiado más de una vez mi concepto de "amistad". En la adolescencia eran mis amigos aquellos que, a mi parecer, eran como yo porque actuaban de manera similar a la mía y no sólo eso: teníamos la misma facha, hablábamos el mismo argot con idéntica desfachatez y nos sentíamos geniales sólo porque así se nos antojaba... hasta enterarnos por sorpresa de que no hay dos personas iguales y que, para colmo, la gente cambia todo el tiempo en un extraño intento conocido como "crecimiento" lo cual significa que, al crecer, los  amigos brillan por su ausencia.
   Pasado el chubasco, pude concebir a la amistad como una maravillosa cofradía que encendía las luces de mi alma en un amable rincón de pertenencia que hacía las veces de círculo protector. Al poco tiempo me llegó otra sorpresa: las fraternidades se cierran o desaparecen hasta que lo único fraternal sigue siendo el saludo y gracias.
   Hoy, aquí, en el otoño de esta vida, los amigos son mis hermanos del alma. Son aquellos vecinos de ideales y amorosos compañeros en la eterna empresa de los sueños porque amigo es quien tiene una misión muy hermana de la nuestra, el que habla nuestro idioma existencial, el que frecuenta esos lugares comunes de la vida cotidiana y, de no ser así, va por nuestro camino tal vez con diferente premura pero ¡muy cerca! deseándonos lo mejor. Nunca olvido a Mario Arregui que solía decirme con frecuencia: -" No sabes cómo quisiera que tengas fortuna. No mucha. Pero la suficiente para las piruetas que sabe hacer tu corazón".
Hechiceros, protectores, generosos, incomparables, geniales maestros son los hermanos del alma a quienes deseo saludar este 20 de Julio "Día del Amigo" y, ya que estamos, los quiero agasajar con una preciosa página de Gabriela Mistral en su "Desolación"   
  -"Me hablaron de ti alabándote y la alabanza subió a mis entrañas como suben  los vapores del mar.
 Hablaron de ti ensangrentándote con palabras numerosas y te miré en mi corazón y eras puro como la escarcha que amanece dormida en los cristales.
Callaron un día tu nombre para pronunciar otros en glorificación ardiente pero el tuyo, que ya nadie pronunciaba, estaba bien presente como la primavera que cubría de verde los campos aunque nadie estuviera cantándola a esa hora diáfana".

P/D 
Para la AMISTAD olvidar es gestión imposible.
 

viernes, 8 de julio de 2016

"Simplemente, Argentina"


    Este sábado 9 de Julio la República Argentina cumple años. Apenas doscientos. Muy pocos si pensamos en los siglos de vida que tantos países ya cumplieron en otros continentes. Tan joven ella, como buena hija de bizarros soñadores no puede menos que aspirar a concretar un gran destino tal como lo pide su arrogancia porque, hablando con franqueza, ésta  es una chica veleidosa para no desentonar con su nombre y su alma de mujer o, por lo menos, eso es lo que escucho decir cuando me explican que su regente astral es la luna. En línea con esta versión popular, Argentina, -como buena canceriana-  es cambiante, magnética, hechicera, y misteriosa, con una característica adicional que tanto la ciencia como el arte y el deporte, de todo el mundo, le agradecen constantemente puesto que es una nación que tiene luminarias para regalar. Luna estrafalaria del fin del mundo, no alumbra con luz prestada; tiene energía propia  si bien ciertos nubarrones insisten en esconderla durante décadas hasta que ella reaparece en el momento menos pensado para gritarle al mundo, con sólo estar, su poderosa afirmación:-"YO VALGO. YO PUEDO. YO SOY".
Por cierto, esta joven Argentina no ha tenido suerte en el amor porque sus candidatos, salvo excepciones, sólo se interesaron en sus riquezas pero, como está más experimentada en elegir  a sus numerosos postulantes, hasta el más carismático de sus admiradores para ella no es más que un administrador en potencia a quien hará falta controlar  con todas las luces que estén al alcance. La asaltaron muchas veces -pobre piba- y muchos de sus hijos no la merecen sin embargo, una y otra vez decide apostar a su buena estrella parándose en puntas de pie porque hace falta apechugar cuando Don Dinero se dispone a hacerle frente con intenciones de apuntarle a la yugular. Es en esos momentos cuando ella pareciera tomar la espada de San Martín, Belgrano o Güemes para dar sus clases magistrales de supervivencia republicana.
   Argentina termina de remover el personal que tiene a su servicio. Eligió gente sin más antecedentes que su historia personal porque está dispuesta a cambiar ideología por filosofía y cargos públicos por servicio humanitario. Como a estas horas asume que la ociosidad es madre de todos los vicios, y madrina de los capos de la muerte, de todos sus asesores sólo está dispuesta a escuchar al corazón de los argentinos porque ya no es un secreto para nadie que el odio es el peor consejero. No sería extraño que esta joven República más de una vez se vea en apuros por inexperta, confiada o sentimental, y hasta cantando con María Marta Serra Lima: "Como toda mujer/ a menudo me da por callar/injusticias y luego llorar en silencio/o explotar por alguna idiotez/verme mal de cabeza a los pies/como toda mujer ¡como toda!". Y como toda mujer es guardiana de la vida hoy tengo ganas de gritar para decirle:
 

viernes, 1 de julio de 2016

"Nuestra Obra"

    Si hay un tema irresuelto en este mundo se trata de la indigencia cósmica que afrontamos los  humanos o, para decirlo de otro modo, el total desamparo que amenaza a la humana condición. Leyendo "Entre Dos Líneas" de Pilar Serrano me pareció escuchar a "Tita de Buenos Aires", la gran Tita Merello,  cantando con furia y como sólo ella sabía hacerlo:" Decime Dios ¡dónde estás! que me quiero arrodillar".
   Basta una mirada fugaz sobre nuestra vida, y las ajenas, para comprender que el Dios de nuestro corazón no es tan bueno como nos convendría que fuese. A tal Dios supimos darle millones de nombres a lo largo de la historia de nuestra especie hasta hoy que continuamos rebautizándolo. Ya comenzamos a darle ciertos nombres dictados por la actual evolución cognitiva y, cada vez con mayor frecuencia, en lugar de Dios decimos "universo", "computadora estelar", "inteligencia universal", "mente cósmica"... con cara de  inocentes niños olvidados de que en este mundo amable y azul SOMOS TODOS DIOSES porque la situación socioeconómica planetaria, directa o indirectamente, conscientemente o no,  es NUESTRA OBRA y el destino de la humanidad está en nuestras manos que, por cierto, lucen cada vez más sucias y cerradas.
   Es inobjetable que Dios, o como se llame, carece de sentimientos por la sencilla razón de que no puede tenerlos si su objetivo apunta a la justicia cósmica. Él mismo se encarga todo el tiempo de demostrarnos que es puro pensamiento, pura energía consciente, y que la emoción es una joya concedida al ser humano quien, no sé en qué mal momento, ha decidido  dejar de lucirse con ella. El sentimiento -lo mismo que la emoción- es, en la configuración humana, una valiosa herramienta que nos resistimos a emplear hasta terminar olvidando que la injusticia existe porque el ser humano es injusto; si hay odio es porque el junco pensante sabe odiar... y es infantil reclamar a una autoridad supra terrenal que nos impida ser lo que somos como si suplicáramos a la policía del espacio sideral que nos controle y ¿quieren que les diga lo que saben de sobra? Esa autoridad existe con la ley de acción y reacción en la mano y no hay posibilidad de eludirla.
   Es muy fácil alegar tranquilamente: "yo nada tengo que ver con  la injusticia y el sufrimiento que acosa a tanta gente" pero no estemos tan seguros. La especie humana es UNA a través de todos los tiempos y las actuales tempestades, tanto sociales como económicas y en gran parte naturales, son obra de aquellos vientos que supimos desatar. Los frutos de hoy son cosecha del  ayer cultivados con gran esmero por una  empresa formidable que no es otra que la familia humana universal. Somos todos miembros de esta empresa así que a no hacernos los desentendidos y, mejor, tratemos de corregir la plana con propuestas.
   -¿Qué tal si revalorizamos los sentimientos?
   -¿Qué tal si dejamos de ser votos en una urna para ser ciudadanos?
   -¿Qué tal si dejamos de ser apariencias para volver a ser reales?
   -¿Qué tal si volvemos a reír, silbar, cantar y bailar?
   -¿Qué tal si aprendemos a dar y recibir con alegría?
   -¿Qué tal lavarnos el cerebro con espuma de todos los colores, de todos los pensamientos, para ser soles espléndidos?
   -¿Qué tal embarcarnos en la evolución personal para controlar a la científica y tecnológica?
  
Sigue con tus propuestas. Yo te dejo, con éstas, la aspiración de crecer como almas vivientes cultivando los sentimientos más bellos que nos ha regalado La Vida para permitirnos, a todos y cada uno,  el gran lujo de  vivir "como la gente".-
 

viernes, 24 de junio de 2016

"La Destreza Perdida"


   En todo el mundo el término "crisis" se lleva las palmas en los medios masivos de comunicación. Crisis referente al campo, a países, a parejas y, cuándo no, a individuos incapaces de saber quiénes son o siquiera dónde están parados. Para definir "crisis" lo que sobran son vocablos pero el significado amplio sería "carencia" que es, causalmente, el mal que acosa a La Palabra. En efecto, cada vez hablamos menos porque hemos dejado de creer en ella desde que la verdad es mala palabra para gran parte de la humanidad. Que mentirosos hubo siempre... ¡cierto! pero al embustero hoy le sumamos el cínico, y afines, de manera que "hablar diciendo nada" es participar en el concurso internacional de la ambigüedad que no por nada tiene mucho que ver con "mediocridad".
   En nuestros días la comunicación es descomedida y superficial sin embargo, a este hecho no lo tomamos como peligroso o siquiera preocupante total, "mejor que decir es hacer" aunque sean tonterías o actos repudiables. Olvidamos que el vocablo es el tallo fresco de una semilla sagrada que es el pensamiento y, para terminarla de componer, nos duele  tanto ser pensantes que no nos avergüenza  contratar a un "experto" en relaciones comerciales, políticas o sexuales. Primero fue ¿para qué pensar? Luego llegó ¿para qué hablar? hasta que hoy somos campeones de la brevedad en todo incluidas las relaciones de pareja y las fiestas que rara vez se prolongan hasta el amanecer.
   La tecnología de la comunicación nos ha creado la ilusión de estar muy comunicados cuando, en realidad, nos ha puesto a distancia sideral. El humano de carne y hueso casi ha desaparecido de nuestro campo consciente al extremo de que  la conversación se ha vuelto prescindible. Sólo sabemos discutir y contrariar como si el mundo de cada uno fuese escenario de una batalla librada con armas de juguete como el grito o el silencio. El diálogo está fuera de combate porque carecemos de herramientas adecuadas lidiar con él.
  Cuando no sabemos cómo expresarnos sin ofender, o provocar un desencuentro, deberíamos advertir que la comunicación personalizada es una destreza perdida.
   Muchas veces se nos da por pensar que todo está programado en algún lugar de este planeta, o en cualquier otro, pero dentro de tan aterradora posibilidad ¡qué suerte el arte! Siendo esencialmente humano el arte es el seguro de humanidad con el que contamos los habitantes de este mundo. Mientras subsista la  expresión literaria, y artística, podremos contar con el hecho de continuar siendo humanos y poder comunicarnos como tales... no como máquinas que es lo que tantas veces pretendemos. Gracias al empuje de nuestro espíritu creativo, alado, infinito... no vamos a perder la fiesta de conversar a cualquier hora, en cualquier lugar, y el fuego de la condición humana seguirá siendo el centro del encuentro personal que, valga la redundancia, nos configura como personas porque las palabras hacen eco en lo más escondido de nuestro ser. Por eso son tan valiosas y no es mala idea  tenderlas al viento de los sueños que valen la pena. 
   Todavía somos bajitos en evolución porque el espíritu de la raza humana es joven y, aunque nos empeñemos en lo contrario, humanidad es lo que ganaremos en cada una de nuestras batallas contra la manipulación.

viernes, 17 de junio de 2016

"Fanny"


   Fanny leía todo lo que caía en sus manos. En la famosa década del setenta,  libros y revistas eran tan accesibles que no era raro disfrutar de publicaciones innumerables que hasta podían resultar apabullantes. Las revistas pasaban de mano en mano porque el gran público disfrutaba de una generosa oferta editorial  y, a todo esto, para Fanny las mejores lecturas eran las del  atardecer cuando la cena estaba a punto y los comensales, como siempre, demoraban en llegar. Por cierto era un tiempo mágico  el dedicado a la lectura si bien no tenía un sillón o lugar especial para hacerlo porque para leer prefería recostarse en su cama grande con la compañía apenas perceptible de "Colita", su perro cachafaz, siempre apostado bajo el umbral del dormitorio en evidente afán de protegerla frente a peligros imposibles porque Fanny vivía en un pueblo salteño que no aportaba siquiera una línea en el suplemento de policiales que publicaba el primer tabloide argentino impreso en frío conocido, hasta hoy, como "El Tribuno".
   Desde luego, en su casa la cerradura estaba de adorno, las ventanas siempre abiertas de par en par y Fanny tenía tanto interés  en su mirada que fueron gloriosos aquellos atardeceres norteños de sosegada lectura. Su avidez de información, sin embargo, no era impedimento para que, de vez en cuando, se distrajera con un ruido cualquiera o se detuviera a reflexionar acerca de esa página que terminaba de leer. Como necesitaba descansar la vista, durante unos minutos, con los ojos cerrados desairaba no sólo a la prensa escrita; también a su realidad porque ella sabía instalarse en el silencio -aún sin haber recibido entrenamiento para acceder a semejante paraíso- y era allí donde se encontraba a menudo con el diario o su revista entre manos. Fanny, nunca se enteró de que leer la ayudaba a meditar así como nunca supo explicar qué le sucedió cierto atardecer cuando, enfrascada en la revista "Vosotras", la sorprendió la noche cerrada con una increíble experiencia.
  
En aquella época no era raro encontrar en revistas femeninas una buen cuento de Poldy Bird y hasta se podía seguir por capítulos "Polvo y Espanto" de Abelardo Arias. La noche recién nacida, que le dio a Fanny una  sorpresa, emocionante y extraña, ella estaba de lo más interesada en "Mamocha" un cuento de su admirada Margarita Belgrano quien con tanta sencillez y buen gusto   desgranaba historias con perfiles magistrales de señoras que, la mayoría de las veces, no lo eran tanto. Precisamente por culpa de "Mamocha" la lágrima estaba al caer  por la pendiente escarpada de la ternura cuando alguien invisible para la lectora del cuento perfecto, y son sumo cuidado de no asustarla, le susurró al oído con una dicción extraña pero perfecta y amorosa:
   -¡Qué bien se la ve!
   Fanny siempre contaba esta experiencia y hoy la escribe su hija mayor.

viernes, 10 de junio de 2016

"¡Muy Buen Día!"


      Lunes 13 de Junio. Día del escritor en homenaje a la fecha de nacimiento de un gran hombre de letras argentino llamado Leopoldo Lugones. En un mundo donde el periodista es tan vecino del locutor, y ser rico pareciera lo mismo que ser feliz, al escritor se lo desdibuja describiéndolo como "alguien que escribe"  como si escribir fuese todo lo que hace el autor de una obra literaria. Para comenzar, todos escribimos desde la lista del mercado hasta le tesis doctoral y es en este punto donde aparece la intriga referente al significado de la palabra "ESCRITOR". Bien vale la pena reiterar que saber escribir no nos transforma en escritores así como saber firmar no nos convierte en letrados ni meter un pollo en el horno nos habilita como cocineros auténticos.
    He dicho, en varias ocasiones, que aportar buen manejo del idioma y buena factura en la trama literaria, siendo mucho, es casi nada cuando falta imaginación y originalidad. Son estas dos condiciones las que aportan voz propia al nacido escritor porque su obra es genio y figura de su personalidad. La mirada del escritor, como la de todo creativo, es exclusiva y salta a la vista de cualquiera por un sencilla razón: El es una persona que piensa en grande lo que la mayoría ni siquiera llegó a imaginarlo. Con horario o sin horario, con sueldo o sin él,  la labor literaria es, como ya está dicho, "la aventura del pensamiento" y no por otra causa el lector exclama a menudo:- "No se me había ocurrido" expresión que avala rotundamente la condición de pensador que asiste a quien se lleva bien con las letras. Esa reiterada sorpresa por la idea original -bien dibujada- también delata poca imaginación colectiva cuando al escritor es lo que le sobra. Naturalmente, sus horarios y sus actitudes no suelen ser comunes, y a veces se lo acusa de no trabajar porque no cumple horarios como la mayoría  de los mortales. Quienes caen en esta trampa olvidan que ninguna profesión se legitima por las horas trabajadas ni por los réditos económicos que pueda proporcionarnos. Por otra parte, a un miembro de cualquier profesión lo avala la capacitación y la capacidad para ejercerla y, después de todo, la literatura no es estrictamente una profesión: es un acto creativo en el marco del cual la rutina y el reloj son accesorios por no decir lo de menos. La obligación y los horarios pueden figurar en el esquema del compromiso laboral pero no suman ni restan en el proceso creativo.
Pensador, visionario,  rebelde, audaz, personal, indomable, el hecho de que escribir sea lo que mejor sabe hacer... parece suficiente motivo para decir de un escritor que es haragán, inútil, raro, además de  muy poco confiable, pero como yo sé que los trabajadores de las letras son luces encendidas que debemos mantener, a toda costa, hoy les regalo una rosa, en esta no tan bonita página, para desearles inspiración y buena vida.

                                            Escritoras y Escritores


                 

   

viernes, 3 de junio de 2016

"Mucha Mujer"


   -Pase Zabalita- dijo el profesor de química a mi compañera de banco en quinto año. Ella lo miró con su mejor cara de odio y le refrescó la memoria:
   -Mi nombre es Rosalía Zabala, señor
   -¡Pase  señorita Zabala!-tuvo que decir con rabia el macho de la clase en un Liceo de Señoritas.
   Recordé este incidente el 29 de mayo último en un homenaje televisivo a Alfonsina Storni con motivo de celebrarse su cumpleaños en la historia de la poesía argentina. En aquel reportaje a una biógrafa de la autora de "El Amo del Mundo", estrenada en 1927, el periodista hablaba de Alfonsina y la entrevistada se refería todo el tiempo a Storni hasta que apareció el diálogo cantado o, tal vez, acordado previamente:
    -Me extraña lo de Storni ...
   -¡Cómo que le extraña! Usted dice Borges y no Jorge Luis, dice Mallea sin acordarse de Eduardo y acabo de escucharlo decir  Galeano ¡olvidándose de otro Eduardo!!!
   El varón tiene tan bien aceitado el mecanismo machista que lo manifiesta de mil maneras sin siquiera advertirlo y la mujer está tan hecha a la medida de la discriminación ancestral que, salvo excepciones, no se le antoja demasiado injusto recibir menor sueldo que un hombre por igual -y hasta mayor- rendimiento laboral. Si todo quedara aquí sólo se trataría de un problema más a resolver pero, sucede que hay una escala de machismo que culmina en el crimen tantas veces amparado por policías, jueces, "coyotes" y políticos.
   Una vez aclarado que, entre nosotros, "coyote" se le dice al que ejerce la trata de personas, hay que aceptar el hecho de que el asesinato de una mujer suele ser una página más en el rubro "Policiales"  o una noticia entre tantas que recibimos con parcial atención porque es algo que le sucede a una "¡pobre mujer!". Con esta expresión artística ya creemos exorcizar a la posibilidad de que nos ocurra algo así.
   La violencia de género es un estigma que las mujeres venimos soportando desde la noche de los tiempos pero resulta que nosotras tenemos bastante que ver con el problema porque el hecho de que el hombre se haya sentido superior, siempre, no nos obligó a sentirnos inferiores que es lo que ocurrió porque, entre otras cosas, los machos nos hicieron creer que las mujeres necesitamos ser "astutas" para ganarles y en este preciso instante me viene a la memoria este cuadro de mi niñez: cuando yo jugaba a las figuritas con mis primos y les ganaba... yo debía salir corriendo porque me molían a coscorrones hasta que aparecía un mayor para defenderme sin dejar de recriminarme, en presencia de ellos, por meterme con los varones. Claro; los hombres hacen su juego y las mujeres sólo servimos para espectadoras -no aplicamos para ser protagonistas-. Hoy, gracias a la flecha del tiempo, más de una mujer puede llegar a serlo y "no sé todavía por cuáles milagros" mi rebeldía resiste al virus mental del sometimiento a los hombres y todavía los disfruto, los agasajo y los enfrento con éxito todas las veces que sean necesarias. 
  Hay muchas maneras de alumbrar a un hombre diferente al que conocemos en la actualidad  si bien para esto hace falta ser mucha mujer.
   NO celebre chistes que denigren a las suegras.
   NO festeje canciones que nos toman por objetos.
   NO ignore a la violencia en cualquiera de sus formas.
   NO sea servil con su pareja sin dejar de ser atenta.
   NO se preste al juego sucio de nadie en contra de una mujer indefensa.
   NO le falte el respeto a los años de una mujer acusándola de tener un marido joven o la cara fresca.
    No puedo dejar de decir que cada treinta horas una mujer es asesinada por un hombre en Argentina y, ya que estamos, hace pocos días un sujeto dijo de mí a sus secuaces al no poder doblegarme: ¡Es mujer!... como si no tuviera una hija así que, lo mismo que ayer:

   
   
  

viernes, 27 de mayo de 2016

"La Llave"

 
   Manucho era un hombre formal, inteligente y riguroso, con las contradicciones propias de cualquier agnóstico que se precie de serlo como la de estar casado con una mujer muy católica y, para colmo, ser profesor de historia en un colegio franciscano al que se dirigía, precisamente, aquella mañana otoñal de su extraña experiencia.
   En el instante de ser detenido su coche por un semáforo, el paisaje que tuvo frente a sus ojos se transformó en la postal de una época muy lejana donde él, en persona, era un simple desconocido husmeando a través de una ventanilla de algo así como un carruaje. En medio del barullo propio de un gran mercado al aire libre, Manucho pudo sentir las voces del gentío, entender lo que decían, observar sus ropas y hasta llegó a reparar en el piso de tierra bañado por un glorioso sol del mediodía. Se sintió encantado con olores y colores familiares.  Descubrió, además, a una mujer muy joven apostada al costado del camino con las manos juntas -en posición de saludo- que lo miraba con malicia. Ella le sonreía con picardía bajo una especie de capucha color terracota que hacía juego con el vestido largo y bastante ajustado que llevaba puesto. Pudo ver que del cordón que ceñía su cintura colgaba una llave negra y nada más... porque un bocinazo lo devolvió al volante de su auto que rodaba por el centro de una ciudad argentina en el flamante siglo veintiuno.
   El profesor incrédulo se instaló durante varios días en aquella visión del camino a clase hasta llegar a la conclusión de que había soñado despierto o que, por un instante, se había dormido. Recién entonces se animó  a contar la experiencia con su personal interpretación y ese capítulo de su historia quedó cerrado hasta que debió reabrirlo cuando, no mucho después, la visión de la mujer del camino reapareció en la figura de su hija cuando participaba en las dramatizaciones de Semana Santa.
   Un sorprendido profesor de sobrenombre Manucho no quería, no podía  ni sabía aceptar que esa estampa de su realidad ofreciera tanta similitud con la de un hecho supuestamente soñado. Terminada la puesta teatral, ya de regreso a casa el hombre se las ingenió para cargar el bolso que llevaba la ropa de su hija mayor en su actuación. Tanto necesitaba examinar esas prendas que buscó una excusa para quedarse a solas en el garage y revisar en secreto lo que, en realidad, no eran más que unos trapos mal cosidos. Lo único rescatable era la pollera larga que dejaba ver algo así como un remiendo precario que hacía las veces de bolsillo donde el arrogante escéptico descubrió  casi sin querer, ¡una llave negra, rústica y de mayor tamaño que las habituales!
   Si se había sentido ridículo revisando el bolso de su hija, a escondidas, cuando encontró lo que encontró no fue más que un pobre tipo que sentía de lo más ofendida su cordura. ¡No podía ser! Pero guardó su descubrimiento en la gaveta de su coche con la intención de examinarlo en otro momento con más serenidad sólo que la misteriosa llave, con su mensaje cifrado correspondiente, hasta el día de hoy no está a la vista. ¡Desapareció con el escepticismo de Manucho!

viernes, 20 de mayo de 2016

"Tiempo de Vendimia"

 
 
   Un niño solo es una llaga abierta en cualquier sociedad pero no se crea que la proximidad física de los padres es siempre garantía de amparo o siquiera de compañía. Hay millones de chicos abandonados en casa con mamá y papá: son los hijos de la indiferencia que ansían tener padres como si no los tuvieran. Afortunadamente el amor hace rondas en cualquier parte, o clase social, y al final de nuestras vidas nos asombra descubrir que son muchos los hijos de nuestro corazón. No importa el cómo -ni el por qué- pero algo sucede que sincronizamos con almas a la deriva todo el tiempo y no pocas veces cosechamos gestos de gratitud inesperados.
    Pocos días atrás, en una tienda importante del centro de mi ciudad, una vendedora salió a recibirme como a una vieja y querida amiga. Yo no demoré mi sonrisa para tratar de contarle lo que necesitaba comprar pero, en lo mejor de mi explicación  descubrí  que aquellos  ojos  brujos de Sofía Loren estaban llenos de lágrimas y alcancé a escuchar que esa linda señorita me decía emocionada:
   -Para vos no pasa un día....
   Caí en la cuenta de que aquella voz era la de mi Valeria querida, abandonada por su madre a los dos meses, y que a los siete años me adoptó como mamá  con una naturalidad que hasta hoy me desconcierta. Después de hacerme llorar un buen rato Valeria me dijo con su franqueza habitual:
   - A mi hija le digo como me decías tantas veces: "¡Para hoy!" y ella se enfurece  como yo  entonces, tan lerda y perezosa como era, y ¿sabes cuál es mi afirmación favorita?
   -"Lo mejor de la vida es también para mí"
   Los hijos del corazón, como los propios, también se van -o se los llevan, sin avisarnos, a donde el diablo perdió el poncho- pero reencontrarlos es siempre una alucinación porque nos siguen mirando con ojos de niños. Valeria no hizo más que confirmármelo regalándome tantos piropos merecidos a medias porque yo también cuento con  maestros geniales y buenos guías que, al final de cuentas, son parte de la familia universal a la que pertenecemos. Todos somos eventuales instructores, hermanos, hijos y padres todo el tiempo porque hasta el enemigo más grande es un maestro de quien aprendemos a defendernos como también a prepararnos para futuras batallas.


 

Y ¿qué será lo de ser padre o madre del corazón? Tal vez signifique instalarnos en la memoria poética de un niño solo es decir, en un  mágico lugar del cual nadie podrá desalojarnos jamás por que es el reino del "amor en acción" (formidable energía que resiste a todos los fuegos incluyendo el de la ingratitud). En ese reino no es posible el abandono ni el olvido porque siempre estamos y, nada más que por eso, la semana pasada no fue de compras; fue de cosecha porque algo limpio, fresco y dulce, como Valeria, ha llegado a mi cesto de uvas benditas por el sol. Era tiempo de vendimia.