sábado, 21 de febrero de 2015

"Planeta Interior"

   Corría el año 1947. No faltaba mucho para que se cumpliera un siglo de la aparición del primer Manifiesto Comunista. Un año después -el 30 de enero- asesinarían al Mahatma Gandhi, nacería el Estado de Israel y el mundo aparentaba ser el de siempre. Ciertos personajes continuaban jugando a ser eternos como los beduinos del desierto de Judea donde uno de ellos encontró una colección de manuscritos en unas cuevas de Qumrán, en las cercanías del Mar Muerto.
   Los Rollos eran muy anteriores a la época de Jesucristo y hasta la fecha no todos han sido descifrados pero ya en el primero pudo leerse el relato de una guerra, interminable, entre los hijos de las tinieblas y los hijos de la luz que no fue la primera puesto que la historia de las guerras es la historia de la humanidad: desde reyes contra reyes hasta gordos versus flacos como cuenta "Sinué, el egipcio" de Mika Waltari, y así hasta nuestros días de guerra sin fin dentro de cada uno de los moradores de la tierra, y alrededor de todos ellos, por causa de las infaltables escaramuzas  entre la mente y el corazón. Dos colosales contrincantes frente a los cuales todavía no sabemos manejar arma alguna que pueda intimidarlos porque este conflicto tiene su origen en lo más profundo de la esencia humana.
   Por mucho que tratemos de justificarnos, los integrantes de la especie humana tenemos externamente los fuegos que no podemos contener entre los límites de nuestra estructura mental desde que se nos ha dado por desconocer al ánima y, como si no fuésemos capaces de crecer por evolución, intentamos conseguirlo por medio de esporádicos suicidios colectivos. Memoriosos de pura cepa, especialmente para vengarnos, un mal día las personas decidimos abandonar la custodia de esa llama sagrada del corazón que -para decirlo con José Ingenieros- si se apaga no se reenciende jamás y aquí estamos: con nuestros revolucionarios chispazos interiores de vida en su mínima expresión y tan necesitados de reavivarlos a toda costa -en todos los frentes- porque no podemos, no sabemos ni queremos vivir en la oscuridad. Mientras tratamos de reanimarnos vienen bien los fuegos de artificios si no hay otros. Horrendos. peligrosos. No importa en tanto que con algo  podamos alumbrarnos. ¿Así que el mundo entero está en llamas -visibles e invisibles-? Por supuesto. Sus gobernantes y gobernados las necesitamos como hijos de la luz que somos.
   A las llamadas épocas oscuras se les atribuye el despropósito de que la sabiduría fuera patrimonio de grupos muy reducidos exactamente como ocurre en nuestros días si bien  -oh, sorpresa- hoy la ausencia de luz puede ser hazaña de unos cuantos sabios,  oficializados o no, que para nublar la mente de las masas sólo necesitan un medio de comunicación sin contar con el hecho de que, empleando solamente cien megatones de combustible nuclear podrían instalar a la oscuridad como única sobreviviente de nuestro planeta azul al cual estamos convirtiendo en gris con todos gusto. Noche, muerte, nada... la ciencia terminaría siendo culpable de guerra desde que los conflictos bélicos pueden ser comandados por científicos y técnicos nucleares hoy convertidos en soldados de última generación. El coraje y la obediencia ya no sirven para nada porque los dirigentes de este mundo han decidido ponerse a los pies de su majestad, el electrón, dios padre del Poder Nuclear que como a todo poderoso le llegará su Waterloo. Pero esta derrota a la infección bélica instalada en la mente humana sólo podrá ser posible cuando los pasajeros de la tierra sean capaces de avivar sus fuegos secretos como para que a cada partículas enceguecedora pueda oponérsele una chispa de Iluminación que es conocimiento profundo de las leyes de la vida que no son ocultas ni misteriosas: son de elección libre si bien de difícil aplicación por lo que requieren auto entrenamiento.
   Las Leyes De La Vida al ser verificables, en nuestra propia historia, son científicas y si no son de enseñanza académica es porque no pueden incluirse en  programas de instrucción colectiva. Enseñarlas sistemáticamente sería como dar clases en un idioma que el estudiante desconoce porque una misma ley es algo diferente frente a cada gestión existencial por el tema de la singularidad  del sujeto y la de su circunstancia. Por otra parte, si al ser humano no le fue dado el privilegio de manejar a entera voluntad los comandos de su mundo, invisible, podría ser debido a que las señales del universo están incluidas en la programación psicogenética de cada individuo sólo para ser aplicada al pie de cada necesidad o misión que le toque enfrentar.
   Este sofisticado caminante intergaláctico, que es el ser llamado humano, tiene suficiente solvencia interna como para ser sabio y ya  está en sus primeros intentos de respetar al templo físico que la vida le prestó a su ser y al planeta que el cielo puso a su disposición. A estas horas está aprendiendo a preservar en lugar de destruir y se encuentra a un paso de comprender algo elemental: para que el sol siga siendo visible desde la tierra cada cual deberá contar con el suyo en su planeta interior porque harán falta todas las luces -¡todas!- para que los planes del universo sigan en pie y la convivencia entre humanos sea amable alguna vez esto es, en todos los colores en lugar de la primitiva opción del blanco o negro.-